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El Hacha Diabólica


En el siglo 17 el ancestro del Santo mató a un demonio que fue quemado por la Inquisición en la hoguera. Ha vuelto para vengarse.

Otro de las inusuales, baratas y divertidas películas del Santo hechas por Vergara. Como El Barón de Brákola y Atacan las Brujas, la película incluye extensos flashbacks de tiempos coloniales, en los que aparece un ancestro del Santo. De hecho, El Hacha Diabólica incluye una suerte de escena primigenia del Santo en la que un hombre común y corriente (cuyo rostro, sin embargo, no se nos muestra nunca) se transforma mágicamente en el Santo, el Enmascarado de Plata, con todos los elementos de su traje del siglo 20. Otra cosa interesante es que la película incluye una escena en la que se desenmascara al Santo: un actor que no aparece luego en los créditos (de largos y gruesos cabellos negros y pómulos prominentes) se saca la máscara de plata y da un beso a Bety González: de la cara se ve una pequeña parte, pero es evidente que no se trata de Rodolfo Guzmán Huerta.

La película comienza en 1603: una procesión de monjes deposita el cuerpo del Santo en una tumba. Una vez que se retiran aparece repentinamente un hombre de capuchón negro que grita que se vengará del Santo, así le tome siglos lograrlo.
Enseguida nos trasladamos al presente: Santo pelea con el Lobo Negro, pero un hombre con un hacha aparece misteriosamente en el ring y trata de matar al héroe, empujando fuera al otro púgil y al referí. Las balas de la policía no penetran en el hombre encapuchado, que desaparece tan misteriosamente como apareció. Un periodista se mofa del asunto, dando por sentado de que se trata de un truco publicitario, pero el hombre del hacha no aparece en las fotografías que tomó del match.
Santo sale con Alicia, su rubia amiga. Se detienen a platicar un rato. Le dice que le gusta, pero que sabe que en algún lugar hay una mujer de la que ha estado siempre enamorado. Alicia le pide ver su cara y él se la saca ("Serás la primera y la última en verlo sin máscara", le dice). Se besan.
Santo duerme (completamente vestido) cuando se aparece el hombre del hacha y trata de matarlo nuevamente, pero una mujer gritando, que aparece no se sabe de dónde, salva al héroe. Santo lleva el hacha -que esta vez no desaparece al desvanecerse el Encapuchado Negro- a su amigo el dr. Zanoni. Al magnificarla, se dan cuenta de que el hacha data de 1603 y que tiene una calavera grabada en su hoja. La máscara del Santo, que le fue dada por su padre, lleva también un pequeño dibujo esotérico, con la palabra Abracadabra en un triángulo). Zanoni le cuenta que Abraca fue un famoso mago en el siglo 17. Mientras habla se materializa misteriosamente una mujer. Es Isabel de Arango, la que salvó con sus gritos la vida del Santo: si el Santo derrota al asesino del hacha, su amor podrá renacer nuevamente. Entonces ella desaparece. Santo se queda lelo: "Me he olvidado de todo", dice.
Zanoni y Santo se conectan ellos mismos a una máquina (colocándose unos fríjoles en la cabeza), lo que les permite viajar hacia el pasado. En 1603, un hombre (que se cubre la cara con su manto la mayor parte del tiempo) invoca a Arimán (un demonio, aparentemente representado por un enorme murciélago embalsamado) para que este vaya en su ayuda. Está prendado de Isabel de Arango, pero ella quiere a otro. En un baile, el novio de Isabel lleva una máscara plateada y el amigo malvado, una negra. Sostienen un duelo de espadas, que termina con el rufián malherido. Se tambalea hacia un calabozo secreto donde tiene su altar a Arimán. Una voz le dice que debe entregar su alma a Satanás a cambio de la ayuda del demonio de Arimán. El hombre accede y se convierte en el Encapuchado Negro.
Arimán le dice que no puede hacer que Isabel se enamore del Encapuchado Negro, pero sí le da un cofre lleno de joyas y oro. El Encapuchado tendrá poder y riqueza, a menos que sea desenmascarado y derrotado. Secuestra entonces a Isabel y la encadena en su calabozo. Su novio no logra encontrarla y, desesperado, se va a ver al brujo Abraca, que vive en una caverna. Abraca le dice: "Isabel ya no pertenece a este mundo", pero transforma al hombre en el Santo para que pueda pelear. De regreso en la ciudad, el Santo y la Inquisición capturan al Encapuchado Negro, que al ser quemado en la hoguera se transforma en un murciélago y se aleja volando. Santo, desalentado, entra a un monasterio a pasar sus últimos días.
De vuelta en 1964, Zanoni sugiere que el Santo trate de localizar el lugar de reposo de Isabel revisando las casas aún existentes de la época colonial. Se aparece el Encapuchado Negro en otro intento de matar al Santo; después de mirar la pelea con un ligero interés durante un rato, Zanoni se interpone entre los púgiles, salvando así la vida del Santo. Al morir, se transforma en el brujo barbudo Abraca.
El siguiente rival del Santo en el ring es poseído a su vez por el alma del Encapuchado Negro y se cambia en un vicioso púgil. La multitud (la escena fue filmada en un ring de verdad) se enfurece y comienza a arrojar objetos al cuadrilátero.
Santo vuelve con Alicia y se dirigen como de costumbre a su estacionamiento. Él la dice que puede estar en peligro, de modo que prefiere que no se vean por un momento. Ella va a casa y se prepara para irse a la cama, pero siente que hay algo raro en el ambiente y llama al Santo. Este la escucha gritar al otro lado del auricular. Corre a su departamento sólo para encontrarla muerta (la escena fue rodada más bien torpemente, pues su cadáver sólo se puede ver breve y parcialmente y es sólo cuando el Santo llama a la policía para informarles del asesinato que la audiencia se entera de que ella no ha sido secuestrada o algo). Dice el Santo a la poli: "Juro que el asesino pagará por su crimen".
Después de una corta pesquisa, el Santo ubica la casa donde cree que se encuentra el cuerpo de Isabel. Hay una larga secuencia en la que él pasea por la casa. Se aparece entonces el espíritu de Abrca, que le previene de un peligro. Se abre una puerta secreta y el Santo encuentra el calabozo oculto del Encapuchado Negro (y el esqueleto de Isabel encadenado a la pared).
Santo y el Encapuchado Negro pelean, pero el Santo agarra una enorme antorcha y le quita la capucha. El villano se transforma en un murciélago, pero el Santo lo clava a la pared con un clavo. Isabel recupera su forma humana y dice que está preparada para el eterno reposo. El Santo dice que continuará luchando por la bondad y la justicia, los muebles se difuminan y el Santo se queda en una habitación vacía.

1964 Director José Díaz Morales Guión Rafael García Travesí , Fernando Osés Reparto Santo (él mismo), Lorena Velázquez (Isabel de Arango), Fernando Osés (Encapuchado Negro), Bety González (Alicia), Mario Sevilla (Abraca; Dr. Zanoni), Mario Orea (monje), Guillermo Hernández Lobo Negro (primer rival), José Álvarez Valdéz, Mario Zebadua Colocho (reportero), Martha Lasso Rentería, Emilio Garibay, Carlos Suárez & Margarito Luna (hombres de la Inquisición), Víctor Velázquez (funcionario de la Inquisición), Juan Garza (segundo rival), Jorge Mateos, Roy Fletcher (agente de seguridad de la arena).

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©traducción mQh
©ciudadela 60, agosto 2003

Atacan las Brujas


La Reina de las Brujas quiere sacrificar al Santo en honor de su señor Satanás.
Aunque barata, es una película entretenida y comparte todas los rasgos de otras pleículas y el Santo y Blue Demon producidas Vergara.
Las dos últimas películas de el Santo para este productor -El Barón Brákola y Profanadores de Tumbas- son algo mejores (vale decir, más bizarras y más campy), pero Atacan las Brujas y El Hacha Diabólica también tienen sus grandes momentos.
La película empieza con una larga secuencia de créditos. Ofelia tiene visiones de Satanás, del Santo, de animales embalsamados, de lagartos vivos y otras cosas extrañas. El Santo entra a un viejo edificio y pelea con dos enmascarados, que finalmente lo reducen. Lo atan a una mesa y a Ofelia a otra.
Los discípulos (cuatro o cinco mujeres vestidas al estilo griego clásico y tres gordinflones) invocan a la Reina de las Brujas, Mayra, que les promete sacrificar al Santo y a Ofelia en honor de su amo Satanás (que tiene cuernos y la cara peluda).
Santo logra liberarse y, con su cuerpo y brazos, arroja una sombra en la forma de una cruz. Las brujas huyen.
Ofelia despierta repentinamente. Ha vuelto a tener el mismo sueño, una y otra vez. Ofelia le cuenta a su amigo Arturo que después de la muerte de sus padres, Elisa Cárdenas, la antigua secretaria, la ha visitado con noticias sobre el testamento: Ofelia deberá vivir en la vieja mansión durante un año antes de poder heredar. Arturo le dice que el héroe enmascarado de sus sueños existe de verdad y se llama el Santo.
Arturo discute el caso con el Santo: la verdadera Elisa Cárdenas murió hace 15 años y su cuerpo ha sido ocupado por una bruja. Pero, ¿por qué? Santo recorre la vieja casa y es atacado por unos matones. De casualidad hace el signo de la cruz y los matones ponen pies en polvorosa. Cuando se aleja, el Santo recoge a una atractiva y joven mujer. No lo sabe, pero es Medusa, una de las asistentes de Mayra, que lo conduce a otra vieja casona, donde se dedica a aparecer y desaparecer. Se aparece repentinamente en el dormitorio, con un bikini minúsculo. El Santo se dice a sí mismo: "Soy la víctima de una seducción infernal".
En lugar de besar a Medusa, la empuja: "¡Vuelve a las tinieblas de donde has venido!" Derrumbando la puerta a patadas, el Santo escapa.
Con Arturo vuelve a la casa, que ahora está llena de telarañas. Al entrar a la habitación con la puerta destrozada, encuentran un ataúd en lugar de un cama. Arturo le dice al Santo que las brujas sólo pueden ser derrotadas con el signo de la cruz y la luz del día. Santo no lo entiende cómo pudo espantarlas. Cuando parten (Santo se marcha en su elegante coche deportivo, Arturo tiene un cacharro), Arturo tiene visiones de la carretera y de un choque. Los secuaces de Mayra secuestran al inconsciente Arturo. Mayra ordena mentalmente a Ofelia a quitarse la cruz que lleva, y así Ofelia también es capturada.
En las mazmorras de las brujas Arturo, hipnotizado, y tres matones dominan al Santo cuando este se aparece por ahí. Santo y Ofelia deben ser sacrificados en honor a Satanás en un momento preciso, pero Mayra no quiere esperar; sin embargo, Santo pega un brinco, se apodera de varias antorchas (ha escuchado decir a Mayra que son vulnerables ante la cruz, la luz diurna y extintores de fuego -¡gracias Mayra por la información!). Las brujas se transforman en murciélagos y escapan volando. Más tarde, Satanás le dirá a Mayra que debe sacrificar a Santo y a Ofelia, o sino se enfadará mucho.
Es tiempo para una pelea en el ring. Curiosamente, esta pelea parece haber sido sacada de otra película anterior del Santo, ya que se puede ver a Augusto Benedico en la esquina del Santo, y su rival es Fernando Osés, uno de los secuaces de las brujas, pero aparentemente en otro rol aquí.
Santo está durmiendo (con su máscara, capa, malla, etc.) y es hipnotizado por Mayra. Medusa hipnotiza a Ofelia -que duerme en el cuarto de al lado- apuntándola con sus largas uñas. Arturo entra en el cuarto y se lo llevan. Cuando despierta el Santo se apresura hacia el cuartel general de las brujas, pero las mazmorras están vacías. A la noche siguiente, Mayra envía a un gigantesca araña a morder al Santo, pero él la aplasta. Se aparece Ofelia, que dice que se ha escapado, pero tienen que salvar a Arturo. Vuelve a la vieja casona. Repentinamenet, Ofelia se cambia en Mayra: ¡era un truco!
Santo entra, casi cae en un pozo lleno de estacas (dos de los matones le aplastan los dedos, pero él no se suelta; finalmente, uno de los matones cae en el pozo y muere empalado). Lo amarran a un mesa para el sacrificio, pero -como hizo antes ya dos veces (bueno, una de esas veces fue en el sueño de Ofelia)- se libera y escapa corriendo. Vuelve con una enorme cruz de madera que agita como un letrero de vía férrea, la que (como en Horror Hotel) hace que las brujas prendan fuego (una de ellas es un muñeco que prende fuego, el resto de las brujas son ‘quemadas' por medio de superimposiciones). Antes de arder, Mayra le clava el puñal ceremonial a Arturo, pero se cura milagrosamente. Santo dice que el mal que han causado las brujas desaparece cuando mueren). Mientras Ofelia y Arturo se abrazan, el Santo brinca en su coche deportivo y se aleja.

Atacan las Brujas está construido de manera algo torpe: la secuencia inicial es bastante extraña y no se reconoce inmediatamente como un sueño (o, para ser más precisos, empieza como sueño pero no parece ser uno). La trama no es más que una serie repetitiva de secuestros, sacrificios abortados y fugas. Hay algunos toques y secuencias divertidas, como por ejemplo el intento fallido de Mayra de seducir al Santo, pero en general la película fue montada tan descuidadamente que es difícil apreciar estos aspectos positivos.
Básicamente, esta película es una versión más barata de Santo vs. las Mujeres Vampiro, usando muchos detalles estilísticos y de la trama (como hasta los trajes de las vampiras) de una película anterior. No es tan buena como su predecesora, pero, en general, es ligeramente entretenida.

1964 Director José Díaz Morales Guión Rafael García Travesí, Fernando Osés
Reparto Santo (él mismo), Lorena Velázquez (Elisa Cárdenas-Mayra), María Eugenia San Martín (Ofelia), Ramón Bugarini (Arturo), Fernando Osés (matón), Crox Alvarado (matón y abogado), Edaena Ruiz (Medusa), Guillermo Hernández Lobo Negro (matón); Altia Michel, María Montiel, Alma Pichardi (Alma Rojo), Rito Romero, Juan Garza.


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Blue Demon Contra el Poder Satánico


"Estaré a tu lado cada vez que me necesites".
En esta película, Blue Demon combate al practicante de magia negra (Jaime Fernández) que ha vuelto de la muerte. En el primer episodio se muestra una pelea entre el Santo y Fernando Osés. Al final del segundo episodio, Santo entra al camerino de Blue Demon.
Santo: "Felicitaciones, Blue Demon. Sé que, como yo, has decidido dedicar tu vida y tus poderes al servicio de las fuerzas del bien. Te esperan muchos peligros y problemas. No pierdas la esperanza".
Blue Demon: "Gracias, Santo. Si llego a necesitar ayuda... dime, ¿puedo contar contigo?
Santo: "Estará a tu lado cada vez que me necesites".

1964 Director Chano Urueta Reparto Blue Demon, Jaime Fernández, Martha Elena Cervantes, Fernando Osés, Santo.

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©ciudadela 59, julio 2003"

El Espectro del Estrangulador


El Estrangulador, cuya cara ha robado a una de sus víctimas, deja inconsciente al Santo y lo entierra vivo en un atúd.
La cantidad de tiempo dedicada a la trama como tal es desdeñable; en lugar de eso, hay incontables (digamos ocho) números musicales y tres matches de lucha libre (de las cuales sólo uno está relacionado con la película). En un momento hay cuatro canciones seguidas.
A propósito de esto, algunos de los actores que aparecen en los créditos (específicamente Manuel Dondé y Guillermo Bravo Sosa) no aparecen para nada en la película -estuvieron en la primera, pero no en la secuela. Una nota trivial: Ofelia Montesco estuvo en la primera película y es representada por una figura de cera (supuestamente su cuerpo preservado) en esta. Los tres títulos de esta serie son El Espectro del Estrangulador, El Violador de Cadáveres y Trampa Fatal.

A medida que pasan los créditos, una ambulancia corre a través de la noche. Llega al teatro, de donde sacan el cadáver del Estrangulador. Al día siguiente, el ayudante del Estrangulador, Tor, lee el diario: Estrangulador Matado por la Policía. Sin embargo, Tor sabe mejor. Se va a la morgue y roba el cuerpo de su amo, matando al asistente de la morgue. Pero el Estrangulador no está muerto y pronto vuelve a su escondite, donde toca su órgano y se ríe histéricamente (de estas risas histéricas hay un montón en la película). Tor hace unas máscaras muy realistas (hechas de piel humana sacada de las víctimas del criminal) para cubrir la cara del Estrangulador, horriblemente mutilada (el Estrangulador también tiene un ojo tuerto, pero cuando lleva la máscara sus dos ojos se ven bien). La máscara que le gusta se parece a Roberto Cañedo.
Mientras, el inspector de policía Villegas informa de la desaparición del cuerpo del Estrangulador (y de todos sus disfraces y trajes). El inspector dice que Laura reabrirá el teatro y esto probablemente conduzca al Estrangulador hacia un lugar abierto. Santo está un poco preocupado de que su hijo adoptivo Milton (que es cantante) pueda correr riesgo, pero Villegas desdeña el peligro. Santo le da a Milton un radio-reloj pulsera de modo que pueda llamarle cuando tenga problemas.
El Estrangulador llama a Santo a su laboratorio y dice que comenzará un nuevo reinado del terror a menos que Santo se encuentre con él esa noche. Después de que Santo sale, Milton hace tocar la cinta y alerta a la policía. Cuando Santo llega al escondite del Estrangulador (que debe de ser su escondite alternativo) le aplican cloroformo y lo meten en una prensa perforadora gigantesca. El aparato amenaza apachurrar al Santo, pero este escapa fácilmente y llega la policía. Pero Tor y el Estrangulador escapan.
Después de un largo interludio musical, el Estrangulador mata a una de las bataclanas cuando sale del teatro, escapando a través de los cloacas. Después de un match con El Espanto (durante el cual El Espanto aparece sin máscara -un desvío interesante, aparentemente metraje de un match real), el Santo va al cementerio en caso de que el Estrangulador y Tor decidan robar el cadáver de su última víctima. Y efectivamente se encuentran allí. El Santo es noqueado, metido en un ataúd y enterrado vivo. Finalmente se libera. El próximo match del Santo es con el Enmascarado Negro, que trata de estrangularlo con una cuerda. Pero finalmente se descubre que es Tor, que mató al Enmascarado Negro. El Estrangulador apaga la luz de la arena y escapan. El Estrangulador mata a Julián, el director del show, y adopta su personalidad en el teatro. Un candelabro, que ha sido cortado por el Estrangulador, cae sobre el escenario pero no hiere a nadie. Luego, Milton es secuestrado por el Estrangulador, pero el joven logra contactarse con el Santo a través de su radio-reloj pulsera. Llega el Santo al escondite de los malvados (a Tor lo mata la policía durante una cacería en coche), escapa de un par de trampas (incluyendo un pozo y gas vene-noso). Tiene una buena pelea con el Estrangulador (vale decir, con el doble de Cañedo, que lleva un maquillaje similar, mutilado, pero que de otro modo no se parece en nada a él). Comienza un incendio y el Estrangulador se quema (y grita durante un largo rato -incluso después de que Santo y Milton salgan del edificio).
El Espectro del Estrangulador realmente no tiene argumento. El Estrangulador quiere matar gente por razones que nunca se explican; cómo se las arregla para cometer crímenes sin que lo descubran y luego robar los cuerpos de sus víctimas es confuso y la actitud más bien cortés del inspector Villegas parece rara. Santo mismo no sólo tiene relativamente hablando poco que hacer.
Otro aspecto del guión que se menciona una sola vez para ser olvidado luego es la rivalidad (tanto romántica como profesional) entre Irene y Laura. Aunque Gerardo Zepeda desempeña uno de sus mejores papeles (en lugar de sólo hacer de matón o monstruo bobo, en realidad es él quien está detrás de los disfraces del Estrangulador), sus luchas con Santo no son excitantes, ni están bien montadas. La secuencia final es mejor, con algo de música frenética, fuego, muebles volcados, etc., pero las trampas mortales que Santo encuentra en su camino (prensa perforadora gigante, ser enterrado vivo, el pozo lleno de gas ponzoñoso) desencantan.

1963 Director René Cardona [Sr.] Guión Rafael García Travesí Reparto Santo (Santo), Roberto Cañedo (el Estrangulador), María Duval (Laura), Carlos López Moctezuma (Inspector Villegas), Begoña Palacios (Irene), Alberto Vázquez (Javier), Milton Ray (Milton), Julián de Meriche (don Julián), Mayté Carol, Gloria Chávez, Julio Ahuet (detective), Manuel Dondé, José Cora, Guillermo Bravo Sosa, Salvador Terroba (ayudante de Villegas), Gerardo Zepeda (Tor), Edith Barr (cantante), La Sonora Santanera (grupo musical), Manuel Garay (Méndez, policía de civil en el internado), Picoro (anunciador).

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©ciudadela 59, julio 2003

Santo Vs. el Estrangulador


Santo debe resolver el misterio de las bailarinas de un teatro de variedades.
Alguien ha estado estrangulando a las bailarinas del Teatro de Variedades.
Cuando un tramoyista (el asistente del director Tito Novaro) descubre a otro empleado, Marcos, apuntando con su pistola a la estrella, Laura, se transforma en un sospechoso (aunque sólo estaba tratando de eliminar la competencia de la cantante Lilián, a la que ama). El inspector de policía, Villegas, pide ayuda al Santo. El Estrangulador deja una gardenia por cada una de sus víctimas y el Santo dice: "Esta flor tiene dos significados: amor y muerte".
Mientras Santo investiga, el cantante Javier y su novia Irene (la hermana de Laura y una artista) tratan de resolver el misterio. Aunque él normalmente sólo mata mujeres, el Estrangulador decide hacer una excepción en el caso de Javier y se mete subrepticiamente a su dormitorio para apuñalarlo, pero el Santo lo sorprende y hace fracasar el intento. El Estrangulador escapa, pero, irritado llama a un matón y ordena matar al enmascarado de plata. El Santo es llevado con engaños a un lejano lugar, pero el asesino (y dos matones) atacan al super héroe con sus manos antes que dispararle en una emboscada. El Santo los derrota a todos; la policía llega y dispara a los dos hombres (a uno justo antes de que apuñale al Santo por la espalda). El tercer asaltante dice que no sabe quién lo contrató.
Lilián rechaza a Marcos porque él falló en noquear a Laura. Marcos (como dijimos antes, un antiguo luchador) vuelve al ring para tratar de impresionarla. Su rival, el Santo se mete a las vigas de la arena y trata de matar al Santo, pero falla el disparo y mata a Marcos. Al dejar la arena, Santo descubre a un joven, Milton, en la parte trasera de su coche. Milton dice que es un huérfano y que ha escogido al Santo para que sea su nuevo padre. Bueno, esto es realmente ridículo. Santo finalmente acepta adoptarlo como hijo, aunque dice que el chico deberá quedarse en un internado durante la semana y que Santo lo visitará los fines de semana (pero se retira enseguida y el Santo dice que no lo quiere tener todo el día dando vueltas en su laboratorio secreto).
Aunque el inspector Villegas ha ordenado el cierre de Variedades, la gerente Claudia obtiene una orden judicial y reabre el teatro. La próxima víctima del Estrangulador es Lilián. Después de algunas canciones (incluyendo a Javier cantando ´Cuando Calienta el Sol´ y a Milton haciendo una versión española de ´Blame It on the Bossa Nova´). Santo y Villegas se encuentran para ponerle una trampa al Estrangulador. A Laura casi la estrangula el asesino en su camerino, pero Santo llega y lo asusta.
El reparto se reúne en el despacho de Claudia. Villegas les cuenta que el Estrangulador es un antiguo artista llamado Goudini, un artista de cambio rápido y un impresionista que ha hecho suyo el arte de seducir a sus actrices co-protagonistas, hasta que una bailarina le arrojó en la cara ácido. La actriz había sido asesinada y Goudini había desaparecido -él ha estado viviendo en las catacumbas debajo del Teatro Variedades. El asesino travesti escapa a través de un pasaje secreto pero es localizado y disparado por la policía, cayendo a su muerte desde el techo del teatro.
Cuando Santo se aleja rápidamente en su coche convertible deportivo blanco, Laura le pregunta a Villegas: "Quién era?" Villegas dice: "Es un hombre -o más bien, una leyenda- al servicio del bien y de la justicia".

1963 Director René Cardona Reparto Santo (él mismo), María Duval (Laura Montes), Roberto Cañedo (Goudini, el Estrangulador), Carlos López Moctezuma (Inspector Villegas), Ofelia Montesco (Lilián), Begoña Palacios (Irene), Alberto Vázquez (Javier), Eric del Castillo (Jerry Marcos), Emma Arvizu (Claudia), Julián de Meriche (Julián Fiorelli), Milton Ray (Milton), Mayte Carol, Gloria Chávez, Julio Ahuet (agente de policía), Manuel Dondé (hombre sospechoso), José Cora, Guillermo Bravo Sosa (conserje del teatro), Salvador Terroba, Edith Barr (cantante), La Sonora Santanera (grupo musical), Nothanael León Frankestein (sicario), Jesús Gómez (policía), Picoro (anunciador), Benny Galan y Fernando Osés (rivales del Santo en el ring).

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©ciudadela 59, julio 2003

Santo Contra las Mujeres Vampiro


Los vampiros buscan sangre humana para revivir a Zorina, la Reina Vampira.
Esta es probablemente la película de Santo mejor conocida internacionalmente. La versión inglesa estuvo durante varias décadas en las programaciones fijas de los canales de televisión y fue bien recibida en Francia y otros países europeos.
La película empieza cuando, en las mazmorras de una vieja casona (en realidad, un castillo), se abre un atáud y la vieja vampira Tundra se despierta. Llama a sus vampíricos criados y revive a tres vampiros hombres. Tundra y los tres vampiros recobran su aspecto juvenil y salen en búsqueda de sangre para revivir a Zorina, la reina vampira. Es tiempo de que Zorina se una a su amo Satanás (representado por la sombra en una pared de una figura con largos cuernos y una barba puntiaguda) en el infierno (para los vampiros, es algo bueno), para elegir a la sucesora de Zorina. Hace 200 años lo intentaron y fracasaron y ahora tienen una segunda oportunidad.
Su sucesora es Diana, la hija del profesor Orlof. Orlof sugiere al inspector de policía, Carlos, y a Jorge -el novio de Diana- que ella está en peligro, pero no les da más detalles (aunque el lunar de nacimiento en forma de murciélago en el hombro de Diana parece ser una seña). Diana, a punto de acostarse, descubre a Tundra en su espejo -cuando se la ve en el espejo, el viejo y crujiente aspecto de Tundra vuelve a reaparecer- y grita, pero su padre la calma. Sin embargo, él llama al púgil contra el crimen, Santo, a través de su televisión-teléfono. Santo no está en casa. Orlof le deja un recado.
Tundra y sus matones matan a una mujer y secuestran a su escolta. Un policía que trata de pararlos es hipnotizado por ellos. Él ve a Tundra transformarse en murciélago y alejarse volando, pero sus superiores no le creen. Entretanto, en los cuarteles de los vampiros, a la víctima le sacan la sangre en una copa (un detalle bonito, Tundra tiene que retirar una serpiente viva de la copa; saca al reptil como si fuera una pelusa de polvo). Zorina y las otras vampiras beben la sangre y recobran su aspecto juvenil (sus polvorientas mortajas negras se transforman en inmaculados camisones blancos).
Santo escucha la historia de boca de Orlof. Le dice que no podrá asistir a la fiesta de Diana la noche siguiente (tiene un compromiso previo en la arena), pero Carlos y el policía estarán a mano. Sin embargo, Tundra y el vampiro Igor matan a varios huéspedes y roban sus invitaciones. Como es un baile de disfraces, sus trajes de vampiros no llaman la atención. Mientras Tundra distrae a Jorge, Igor baila con Diana. El profesor Orlof sospecha, pero Tundra apaga la lámpara y escapan con Diana, con Marcus y Taras cubriendo sus espaldas. Santo y el policía les dan caza, logrando que los vampiros se deshagan de Diana para poder transformarse en murciélagos y escapar.
El plan de la policía es vigilar el nightclub de donde los vampiros sacan a sus víctimas, pero Tundra los escucha y lo informa a la enfucerida Zorina, que vaporiza a una pareja de ayudantes de Tundra para demostrar su punto. Deben deshacerse de Santo y secuestrar a Diana cuanto antes.
Igor mata al luchador enmascarado en su camerino y suplanta al hombre para la pelea con Santo. Santo desenmascara a Igor, mostrando su cara peluda y como de hombre lobo (que Igor nunca tuvo, ni antes ni después). La policía y Santo se lanzan sobre el vampiro, pero este se transforma en murciélago y se echa a volar.
En el nightclub, se ven juntas a Tundra y Zorina (Diana las ve en el espejo de su polvera y sus caras de momia las delatan). En la confusión, los vampiros se las arreglan para secuestrar a Diana. El Santo pelea contra la retaguardia -Taras y Marcus- y aunque Taras escapa, Marcus entra en la sombra de una larga cruz de piedra y estalla en llamas.
Orlof descifra un antiguo documento que revela la ubicación de la guarida de los vampiros y envía por radio la información a Santo en su coche. Santo va al lugar y es capturado por los vampiros, que lo aporrean repetidas veces después de haberlo atado a una mesa, posiblemente ablandándolo antes de morderlo. Diana también está atada, esperando las mordidas fatales. Sin embargo, los vampiros gastan un tiempo inapreciable en tratar de sacarle la máscara al Santo (¿para qué? ¿A quién le interesa ahora saber quién es?) y el sol sale. Ya que los vampiros no cerraron las cortinas negras de las ventanas de sus mazmorras, los rayos de sol entran y tocan a Tundra, Igor y Taras, quemándolos a todos. El Santo se libera y pone fuego a los ataúdes de las otras mujeres vampiros (incluyendo a Zorina), que gritan todas en agonía cuando son quemadas. Cuando Carlos, Orlof y Jorge llegan al castillo, ven salir a Santo llevando a Diana. Se aleja solo en su Jaguar.

1962 Director Alfonso Corona Blake Reparto Santo [Samson]), Lorena Velázquez (Zorina),María Duval (Diana), Jaime Fernández (Carlos [Insp. Charles Andrews]), Augusto Benedico (Prof. Orlof [Prof. Rolof]), Ofelia Montesco (Tundra), Xavier Loyá (Jorge [George]), Fernando Osés (Igor), Guillermo Hernández Lobo Negro (Marcus), Nothanael León Frankestein (Taras), Cavernario Galindo (él mismo [Wellington, hombre de las cavernas]), Ray Mendoza (él mismo [Roz Mendoza]), Black Shadow (él mismo), Bobby Bonales, Eduardo Bonada, Wally Barron (ayudante de Santo en el ring), Ricardo Adalid (policía de civil en una recepción), Víctor Velázquez (coronel), Laura Marquetti, Javier Samperio, Marco Antonio Arzate, Gonzalo García, Margarito Luna (policía de civil), José Chávez Agundes, René Barrera (policía de civil en la puerta), Jorge Casanova (víctima), Miguel Tejeda Santillana, Pedro de la Torre, Carlos Robles Gil (mayordomo), Mario Sevilla (criado), Pícoro (anunciador), Fabián Grey (cantante), Armando Acosta (camarero).

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©ciudadela 58, junio 2003

Santo Contra el Cerebro Diabólico


La periodista Virginia infiltra como camarera una banda de malvados.
Santo vs. El Cerebro Diabólico no es una mala película, a pesar de la desilusionante ausencia de un científico loco o de un malvado misterioso y de que Santo sólo es usado como una suerte de deus ex machina, que casi no tiene diálogos y que no posee ninguna personalidad particular. La película rebosa acción y está bien producida con un reparto de veteranos y montones de figurantes, e incluye una buena actuación de Luis Aceves Castañeda como un lascivo dictador de una pequeña ciudad. Fernando Casanova está bien como héroe, y Ana Bertha Lepe se ve bien (se la introduce por medio de un primer plano de sus nalgas, envueltas en una estrecha falda). Una nota trivial: el despacho del jefe de los detectives es el mismo set que el usado en las películas de Neutrón (con el mismo y raro mapa colgado de la pared).
Al comenzar la película, los agentes de policía Fernando y Conrado están persiguiendo a todo un cargamento de gánsteres dirigidos por el look-alike de Fu Manchú (Fernando Osés, que más tarde aparece en otro rol como uno de los matones de Canales). El malvado asiático entra al cabaret que maneja y estalla una salvaje pelea cuando Fernando y Conrado tratan de detenerlo. Finalmente, el criminal es capturado. Sin embargo, Fernando se entera de que su novia, la periodista Virginia, he desobedecido sus órdenes y ha ido a Valle del Río a entrevistar al cacique, Refugio Canales. Fernando y Conrado piden permiso en la policía para poder rastrearla.
Entran a la ciudad simulando ser compradores de ganado. Cuando entran a la cantina local, Virginia -que está trabajando clandestinamente, como camarera- se esconde de ellos. Un borracho en el bar critica a Canales y está a punto de ser golpeado por Roque, uno de los hombres de canales, cuando interviene Fernando. Estalla otra pelea, en la que participan todos los clientes, incluso las camareras. Repentinamente, Refugio Canales entra y para la pelea. Se muestra sorprendentemente amistoso con Fernando y Conrado, que se sientan con dos camareras, esperando obtener alguna clave sobre el paradero de Virginia.
Entretanto, el sospechoso recepcionista del hotel -que trabaja para Canales-, registra la maleta de Fernando. Encuentra una chapa policial y un extraño reloj pulsera. No sabe que es un transmisor de radio conectado al cuartel general del Santo y sus sorprendidos comentarios son grabados. Santo y sus asociados los rebobinan, pero no saben dónde está Fernando.
Canales se encuentra en audición con la nueva camarera, Virginia, en el cuarto trasero de la cantina. Le dice con gestos que levante sus faldas y le muestre sus piernas (también muestra un profundo escote cuando se inclina), diciéndole cada vez "más arriba, más arriba", hasta que son interrumpidos cuando Carlos, el recepcionista del hotel, entra apresuradamente con la noticia de los dos policías espías.
Sigue una escena rara en la que la camarera La Jarocha habla, borracha, con Virginia sobre su triste vida, cortada por Cuco Sánchez con una canción igualmente triste. Virginia se entera de que Fernando ha estado preguntando por ella (aunque ella usa un nombre falso, pero La Jarocha no se da cuenta).
Fernando y Conrado descubren que su equipaje ha sido revisado y contactan a Santo a través del radio. Él dice que los ayudará después de su próxima pelea. Esta pelea es contra Nothanael León Frankestein, que sacude su puño con furia gritándole a la multitud, aunque el Santo lo despacha fácilmente en la primera ronda.
De regreso en Valle del Río, dos hombres entran y tratan de apuñalar a Fernando y Conrado, que duermen, pero los policías han puesto dobles en sus camas. Estalla una pelea. Fernando está a punto de lograr que uno de los hombres hable cuando un cuchillo cruza la ventana y mata al matón. En la recepción del hotel, Fernando intenta de que Carlos levante la liebre, pero deben hacer frente repentinamente a Roque y otros de sus hombres. Santo aparece y estalla otra pelea, pero cuando Canales y el resto de la banda aparecen, Fernando, Santo y Conrado escapan.
Más tarde, Fernando y Conrado entran otra vez a la ciudad, crudamente disfrazados, con barbas falsas y grandes y nasones de masilla, impostando el acento popular norteño. Pero son descubiertos cuando el matón Carlos ve a Fernando con su reloj pulsera especial. Los prisioneros son llevados a Canales, que siente curiosidad por el aparato. Conrando se inclina y, pronunciando claramente, le dice: "Señor Refugio Canales, presidente principal de Valle del Río, ¿por qué nos tiene prisioneros en su despacho?" Santo oye esto por el radio de su coche (un Mercedes convertible deportivo). Para que hablen, Canales hace que sus hombres amarren con cuerdas a Fernando y Conrado; las cuerdas son gradualmente tensadas hasta que se desmayan; son revividos con cubos de agua para comenzar la tortura otra vez.
Esta secuencia es bastante larga e intensa. Virginia entra corriendo a la habitación y susurra "Fernando" (y luego trata de negar que lo conoce).
Canales dice que él le sacará la información que necesita y le dice a sus hombres que arrojen a los prisioneros a un despeñadero cercano.
Sin embargo, el Santo los ubica (aquí hay algunos bonitos injertos de Santo montando un caballo) y otra pelea estalla al borde del precipicio. Durante la pelea el Santo arroja a dos malvados por el precipicio (otro tipo se cae torpemente y Fernando noquea a uno al borde), luego pincha a Roque, de modo que este tropieza. El matón Renato escapa para advertir a Canales, impidiendo que el malvado viole a Virginia (otra larga escena con montones de primeros planos de los apasionados y babosos besos de Canales sobre Virginia, mientras ella le tira el pelo y le pincha la cara).
Santo, Fernando y Conrado llegan a la casa, pero son capturados a punta de pistola por Renato y el resto de la pandilla. Sin embargo, descubren que Canales ha huido, llevándose a Virginia y su mal habido botín. Estalla otra pelea.
La policía (¿de dónde?) llega a hacerse cargo. Santo, Fernando y Conrado salen en persecución de Canales, que está de camino hacia una pista de aterrizaje secreta, con su piloto privado y Virginia. El Santo llega primero (después de todo, conduce un Mercedes, mientras que Fernando y Conrado están empantanados en una estación con un wagon prestado de la policía. Se cuelga del fuselaje del avión y, agarrándose con las piernas a un poste, impide que el avión despegue.
Aparece Fernando y le pega a Canales. Después le da unas palmadas a la sucia Virginia, mientras Santo se aleja y se despide con la mano.

1961 Director Federico Curiel Reparto Santo, Fernando Casanova (Fernando Lavalle), Ana Bertha Lepe (Virginia), Beto El Boticario [Roberto Ramírez] (Conrado), Luis Aceves Castañeda (Refugio Canales), Celia Viveros (La Jarocha, camarera), José Chávez Trowe (Roque), Carlos Rincón Gallardo, Fernando Osés (gángster asiático; asesino de Canales), Magda Monzón (camarera), José Loza (Adrián, borracho), Agusto [sic] Benedico (ayudante de Santo), Víctor Velázquez (Morales, editor de diario), Enrique Conto, Manuel Dondé (Carlos, matón), Emilio Garibay (Renato, matón), Cuco Sánchez (cantante), Antonio Bribiesca (guitarrista), Trío Los Gallos (trío vocal), Manuel Vergara ´Manver´(hombre bochinchero en la cantina), Mario Cid (matón en el coche), Jesús Gómez (matón en el cabaret), Rubén Márquez (cliente de la cantina que hace avances a La Jarocha), Manuel Gordo Guevara (bartendero), Juan Garza (matón), Armando Acosta (oficial de policía en la casa de Canales), Vicente Indio Cacama Lara (matón), Victorio Blanco (Cocodrilo, viejo borracho), René Cardona Sr.? (campesino en el funeral), Nothanael León Frankestein (rival de Santo en el ring).

©http://www.wam.umd.edu/~dwilt/santo.html
©traducción mQh
©ciudadela 58, junio 2003

Santo en el Hotel de la Muerte


Episodio 3. El Tesoro de la Muerte. Descubre que los secuestros tenían por fin alejar a los intrusos.
Naturalmente, el cuerpo desaparece antes de que pueda ser examinado. Fernando entra a una bodega y oye al cocinero dar instrucciones a través de un radio; estalla una pelea, con más malvados apareciendo cada segundo (mientras el misterioso capo pregunta por radio una y otra vez: "¿Qué está pasando?") Santo finalmente aparece y se mete a la pelea. Uno de los matones escapa y cuando llega la policía, Santo también ha desaparecido. Más tarde le cuenta a Fernando que ha seguido al matón hasta las pirámides antes de perder el rastro.
Fernando decide que las mujeres deben quedarse en una sola habitación esa noche por razones de seguridad. Como el bungalow del profesor Corbera es el más grande, lo obligan a dejarlo. Corbera es el malvado detrás de los asesinatos. El hombre que escapa le dice: "Ese hombre [Santo] es un huracán dando puñetazos y tiene la fuerza de un toro".
Corbera necesita un aparato de la habitación, de modo que envía a dos de sus hombres por un pasaje secreto a por él. Todos duermen, excepto Virginia, que está en el baño y es secuestrada.
Don Armando rehúsa pagar al chantajista y saca un arma. Santo le impide disparar, pero entonces el chantajista agarra la pistola. Finalmente, Santo lo persigue y lo empuja a la piscina, donde lo arrestan. Sin embargo, advierten la ausencia de Virginia cuando las mujeres corren hacia fuera (en sus camisones) a ver qué ocurre (la cantante percusionista es arrestada cuando el chantajista la delata).
En las pirámides, Santo es capturado por el recepcionista del hotel, uno de los hombres de Corbera, para llevarlo al laboratorio del científico. Fernando descubre el pasaje secreto desde el hotel y llega a tropezones a un cuarto lleno de las víctimas del asesino -figuras de cera de las mujeres desaparecidas (aunque una de las figuras pestañea varias veces cuando él le toca la mejilla). Él también es capturado por los hombres de Corbera. El científico dice: "Nunca he matado a nadie", sólo quería asustar a los huéspedes y a don Eusebio para que se fueran y le dejaran buscar el tesoro en paz (nunca se explica cómo construyó el pasaje secreto desde el cuarto de su hotel hasta las pirámides sin que Eusebio se enterara). Pero ahora todos tienen que morir (gracias a Fernando y a la curiosidad del Santo) -se hace entrar a las mujeres asesinadas. Corbera decide sacarle la máscara al Santo, pero descubre que es Conrado (una gran sorpresa). Aparece el Santo verdadero y estalla una pelea. Corbera huye a través de un pasaje y se zambulle por una escalera en un cuarto lleno de objetos de oro: ¡el tesoro! Ríe como loco.
Santo abandona la pirámide y se mete de un brinco en su coche deportivo plateado (su ayudante lo está esperando, pero se hace a un lado para que Santo pueda conducir). Cuando pasa junto a Fernando y Virginia, grita: "No se preocupen por el profesor: tiene un castigo merecido".
©http://www.wam.umd.edu/~dwilt/santo.html
©traducción mQh
©ciudadela 57, mayo 2003