Anónimo Mortal
El antiguo comandante de un campo de exterminio nazi, que ha escapado con vida de los tribunales de guerra, viaja a México para vengarse de los que declararon contra él.
En la secuencia antes de los créditos, un hombre mayor convence al anciano propietario de una joyería de que le deje entrar a pesar de que ya ha cerrado para comprarle un regalo de cumpleaños a su esposa. Una vez dentro, el cliente saca una pistola con silenciador. "¿Es un atraco?", pregunta el tendero. "No, es un asesinato", dice el intruso antes de disparar.
El inspector Ponce y el detective Rocha, de la policía, investigan el asunto. No fue un atraco, ya que no se robó nada. La viuda del joyero dice que no puede imaginar que alguien quiera matar a su marido.
El agente inmobiliario Campos lleva a Fisher, un cliente, a la azotea de un alto edificio que espera venderle. "Aquí arriba está libre del smog", dice Campos, justo antes de que Fisher lo empuje a su muerte desde el tejado. El socio de Campos no tiene idea de quién puede haber sido el asesino; sin embargo, Rocha le muestra a su jefe un escrito anónimo que recibió Campos: "Te toca morir la próxima semana. Te condenaste a ti mismo". Cuando la historia llega a los diarios, el empresario Mario Gaos está preocupado: él también recibió una nota similar, con una fecha fijada para su asesinato. Su esposa Ester quiere que llame a la policía, pero Mario dice: "La única persona que puede salvarme, es el Santo".
Después de un match entre el Santo y El Polaco, Mario visita al héroe enmascarado en su camerino. Santo está acompañado por Yvette y Pablo, sus colegas en la lucha contra el crimen. Van a casa de Mario para hablar sobre el caso, y Santo dice que lo protegerán día y noche. Cuando Sale se marcha, tratan de matarlo desde un coche. Entretanto, Ponce y Rocha se enteran de que el joyero también había recibido, por correo, una amenaza de muerte.
Yvette se instala en la oficina de Mario para darle protección. Sin embargo, un limpia-cristales entra por otra habitación. Mario le ordena salir. Yvette y el hombre se enzarzan en una pelea, pero ella se distrae cuando estalla una bomba que el hombre había colocado debajo del escritorio de Mario. Mario muere. El asesino golpea a Yvette y escapa. Más tarde, estudiando el caso, Yvette se pregunta si acaso los asesinatos son políticos. Pablo dice que no, ya que las víctimas trabajaban todas en oficios muy alejados de la política. "Ahora", dice el Santo. "¿Pero antes?" Yvette investiga a las víctimas: el joyero y Campos emigraron ambos a México en 1945; Gaos llegó más tarde, desde Argentina, y Ester era su segunda mujer.
Ponce y Rocha llegan y critican al Santo por no aparecerse cuando Gaos pidió ayuda. Acceden a compartir sus pistas. Ponce recibe una llamada telefónica: un hombre llamado Henkel dice que recibió una amenaza de muerte y que apenas escapó con vida. Santo se dirige con la policía al lugar de los hechos. Henkel dice que es un vendedor de maquinaria y no tiene enemigos. Cuando Santo le pregunta si participó en la Segunda Guerra Mundial, Henkel tartamudea y dice finalmente, sin convencer a nadie, que no. Más tarde, Santo vuelve al asunto y Henkel confiesa que se opuso a Hitler durante la guerra, aunque es alemán. (Más tarde, se enteran de que Max Henkel, un alemán que declaró en los tribunales de crímenes de guerra, había muerto aparentemente en 1947). Cuando Santo se marcha, se encuentra con Ester, que dice que descubrió importantes documentos entre los papeles de su marido. Santo accede a visitarla al día siguiente, ya que esa noche tiene un match.
La lucha del Santo contra El Nazi (que es un luchador corriente, sin máscara ni traje que vaya con su nombre) es interrumpida cuando un francotirador (que está sentado entre la audiencia -aparentemente nadie encuentra raro que lleve un brazalete con una suástica y un rifle, pero quién sabe lo que tiene en la cabeza el público de los luchadores mexicanos) suelta un tiro, pero no da en el Santo, sino en su rival, que cae muerto. En su casa, Ester es llamada por teléfono: como el francotirador ha fracasado, se le ordena a ella matar al Santo al día siguiente.
A Santo no le impresionan los documentos que le muestra Ester, y le pregunta por qué realmente quería que fuera a su casa. Ella se atora, y le prepara al hombre de la máscara de plata un trago envenenado. Afortunadamente suena el teléfono: es Ponce, que le dice al Santo que la autopsia demuestra que Gaos lo estaban envenenando de a poco. (Pero, entonces, ¿por qué lo hicieron volar por los aires?). Santo cuelga y le dice a Ester que tiene que marcharse. "¿Descubrió el inspector algo importante?", pregunta Ester. "Sí, y muy oportunamente", replica el Santo. "No te has tomado el trago", dice Ester. Santo: "Afortunadamente". "¿Por qué?", pregunta Ester. "Oh... porque tengo que conducir", dice el Santo, saliendo.
Henkel llama al Santo citándolo en una bodega. Naturalmente es una trampa y tres nazis lo atacan. El Santo los derrota, pero dos de ellos escapan (el tercero es matado accidentalmente por uno de sus compañeros) al llegar la policía. El inspector Ponce no entiende por qué los nazis aparecen repentinamente en México 25 años después de la guerra. "En Europa, en Estados Unidos y en algunos países sudamericanos, el nazismo ha comenzado a florecer nuevamente", sugiere Pablo. Especulan que las víctimas pueden haber causado algún daño a Hitler y sus partidarios durante la guerra. Henkel, cuando lo interrogan, niega haber llamado él al Santo. Confiesa que declaró contra el comandante de un campo de concentración, Von Struber, que fue condenado a la horca. (Más tarde la investigación de Pablo revelará que todas las víctimas fueron testigos contra Von Struber, que no fue ejecutado, pues escapó). Otro testigo, coincidentemente, está viviendo en México (aparentemente después de la guerra todos los nazis escaparon hacia Argentina y todos sus enemigos emigraron a México).
El doctor Fournier, el último testigo, dice que recuerda el caso. Von Struber "envió a mucha gente a los hornos". Piensa que Henkel murió muchos años antes. El mismo nazi que hizo volar a Gaos es enviado a matar a Fournier, pero Pablo interviene y lo mata. Entretanto, Yvette ha seguido a Henkel hasta una remota fábrica en el campo y se mantiene en contacto por radio. Santo decide unirse a ella, pero sorprende a un nazi colocando una bomba en su coche (el luchador arranca las llantas mientras el terrorista lloriquea de miedo). Sin embargo, el nazi no quiere hablar y, para asegurarse de ello, sus compañeros lo matan en el vestíbulo del cuartel general de la policía.
Yvette es capturada por Ester y llevada al escondite de los nazis. Es obligada a llamar por radio al Santo para decirle que está bien, pero se las arregla para informar al Santo sobre sus penurias y ubicación. Santo descubre una entrada secreta hacia el escondite de los nazis en un cementerio rural, pero también es capturado. Se descubre que Henkel es Von Struber, que quiere vengarse de los que declararon contra él en el tribunal de crímenes de guerra. Ester es su hija, que se casó con Gaos solamente para ayudar a la venganza de los nazis.
Santo y sus amigos son encerrados en un calabozo, sólo que este calabozo no es tal, sino "una cámara de gas", dice el Santo. Sin embargo, escapan cuando dos guardias tratan más bien torpemente de abrir la puerta y entrar. Entretanto la policía cierra el cerco y uno de los colegas de Von Struber quiere rendirse. Von Struber prefiere pelear y suicidarse, como hizo Hitler, y mata cobardemente a su subordinado. Trata de matar a Yvette, pero sólo logra matar a Ester, su hija. Finalmente, se esconde en el peor de los escondites: en su propia cámara de gas, que se llena repentinamente de gas, matándolo. Santo y los otros escapan y se encuentran con el inspector Ponce afuera.
1972 Director Aldo Monti Guión Carlos Enrique Taboada Reparto Santo (él mismof), Armando Silvestre (Inspector Ponce), Tere Velázquez (Yvette), Gregorio Casals (Pablo), Jorge Radó (Henkel' alias Paul von Struegel), Sasha Montenegro (Ester), Raymundo Capetillo (Rocha), Xavier Massé (Mario Gaos), Fernando Wagner (viejo Nazi), Jorge Mondragón (Landeros), Joaquín Bauche (Fournier), Antonio Raxel (limpiador de cristales nazi), Manolo Calvo (Fisher), Armando Arreola (Campos), Margarita Herman (esposa de joyero), José Mora (¿joyero?), Carlos Suárez (hombre que coloca una bomba en el coche del Santo), El Polaco y El Nazi (rivales del Santo).
21 de diciembre de 2004
©dwilt
©traducción mQh
En la secuencia antes de los créditos, un hombre mayor convence al anciano propietario de una joyería de que le deje entrar a pesar de que ya ha cerrado para comprarle un regalo de cumpleaños a su esposa. Una vez dentro, el cliente saca una pistola con silenciador. "¿Es un atraco?", pregunta el tendero. "No, es un asesinato", dice el intruso antes de disparar.El inspector Ponce y el detective Rocha, de la policía, investigan el asunto. No fue un atraco, ya que no se robó nada. La viuda del joyero dice que no puede imaginar que alguien quiera matar a su marido.
El agente inmobiliario Campos lleva a Fisher, un cliente, a la azotea de un alto edificio que espera venderle. "Aquí arriba está libre del smog", dice Campos, justo antes de que Fisher lo empuje a su muerte desde el tejado. El socio de Campos no tiene idea de quién puede haber sido el asesino; sin embargo, Rocha le muestra a su jefe un escrito anónimo que recibió Campos: "Te toca morir la próxima semana. Te condenaste a ti mismo". Cuando la historia llega a los diarios, el empresario Mario Gaos está preocupado: él también recibió una nota similar, con una fecha fijada para su asesinato. Su esposa Ester quiere que llame a la policía, pero Mario dice: "La única persona que puede salvarme, es el Santo".
Después de un match entre el Santo y El Polaco, Mario visita al héroe enmascarado en su camerino. Santo está acompañado por Yvette y Pablo, sus colegas en la lucha contra el crimen. Van a casa de Mario para hablar sobre el caso, y Santo dice que lo protegerán día y noche. Cuando Sale se marcha, tratan de matarlo desde un coche. Entretanto, Ponce y Rocha se enteran de que el joyero también había recibido, por correo, una amenaza de muerte.
Yvette se instala en la oficina de Mario para darle protección. Sin embargo, un limpia-cristales entra por otra habitación. Mario le ordena salir. Yvette y el hombre se enzarzan en una pelea, pero ella se distrae cuando estalla una bomba que el hombre había colocado debajo del escritorio de Mario. Mario muere. El asesino golpea a Yvette y escapa. Más tarde, estudiando el caso, Yvette se pregunta si acaso los asesinatos son políticos. Pablo dice que no, ya que las víctimas trabajaban todas en oficios muy alejados de la política. "Ahora", dice el Santo. "¿Pero antes?" Yvette investiga a las víctimas: el joyero y Campos emigraron ambos a México en 1945; Gaos llegó más tarde, desde Argentina, y Ester era su segunda mujer.
Ponce y Rocha llegan y critican al Santo por no aparecerse cuando Gaos pidió ayuda. Acceden a compartir sus pistas. Ponce recibe una llamada telefónica: un hombre llamado Henkel dice que recibió una amenaza de muerte y que apenas escapó con vida. Santo se dirige con la policía al lugar de los hechos. Henkel dice que es un vendedor de maquinaria y no tiene enemigos. Cuando Santo le pregunta si participó en la Segunda Guerra Mundial, Henkel tartamudea y dice finalmente, sin convencer a nadie, que no. Más tarde, Santo vuelve al asunto y Henkel confiesa que se opuso a Hitler durante la guerra, aunque es alemán. (Más tarde, se enteran de que Max Henkel, un alemán que declaró en los tribunales de crímenes de guerra, había muerto aparentemente en 1947). Cuando Santo se marcha, se encuentra con Ester, que dice que descubrió importantes documentos entre los papeles de su marido. Santo accede a visitarla al día siguiente, ya que esa noche tiene un match.
La lucha del Santo contra El Nazi (que es un luchador corriente, sin máscara ni traje que vaya con su nombre) es interrumpida cuando un francotirador (que está sentado entre la audiencia -aparentemente nadie encuentra raro que lleve un brazalete con una suástica y un rifle, pero quién sabe lo que tiene en la cabeza el público de los luchadores mexicanos) suelta un tiro, pero no da en el Santo, sino en su rival, que cae muerto. En su casa, Ester es llamada por teléfono: como el francotirador ha fracasado, se le ordena a ella matar al Santo al día siguiente.
A Santo no le impresionan los documentos que le muestra Ester, y le pregunta por qué realmente quería que fuera a su casa. Ella se atora, y le prepara al hombre de la máscara de plata un trago envenenado. Afortunadamente suena el teléfono: es Ponce, que le dice al Santo que la autopsia demuestra que Gaos lo estaban envenenando de a poco. (Pero, entonces, ¿por qué lo hicieron volar por los aires?). Santo cuelga y le dice a Ester que tiene que marcharse. "¿Descubrió el inspector algo importante?", pregunta Ester. "Sí, y muy oportunamente", replica el Santo. "No te has tomado el trago", dice Ester. Santo: "Afortunadamente". "¿Por qué?", pregunta Ester. "Oh... porque tengo que conducir", dice el Santo, saliendo.
Henkel llama al Santo citándolo en una bodega. Naturalmente es una trampa y tres nazis lo atacan. El Santo los derrota, pero dos de ellos escapan (el tercero es matado accidentalmente por uno de sus compañeros) al llegar la policía. El inspector Ponce no entiende por qué los nazis aparecen repentinamente en México 25 años después de la guerra. "En Europa, en Estados Unidos y en algunos países sudamericanos, el nazismo ha comenzado a florecer nuevamente", sugiere Pablo. Especulan que las víctimas pueden haber causado algún daño a Hitler y sus partidarios durante la guerra. Henkel, cuando lo interrogan, niega haber llamado él al Santo. Confiesa que declaró contra el comandante de un campo de concentración, Von Struber, que fue condenado a la horca. (Más tarde la investigación de Pablo revelará que todas las víctimas fueron testigos contra Von Struber, que no fue ejecutado, pues escapó). Otro testigo, coincidentemente, está viviendo en México (aparentemente después de la guerra todos los nazis escaparon hacia Argentina y todos sus enemigos emigraron a México).
El doctor Fournier, el último testigo, dice que recuerda el caso. Von Struber "envió a mucha gente a los hornos". Piensa que Henkel murió muchos años antes. El mismo nazi que hizo volar a Gaos es enviado a matar a Fournier, pero Pablo interviene y lo mata. Entretanto, Yvette ha seguido a Henkel hasta una remota fábrica en el campo y se mantiene en contacto por radio. Santo decide unirse a ella, pero sorprende a un nazi colocando una bomba en su coche (el luchador arranca las llantas mientras el terrorista lloriquea de miedo). Sin embargo, el nazi no quiere hablar y, para asegurarse de ello, sus compañeros lo matan en el vestíbulo del cuartel general de la policía.
Yvette es capturada por Ester y llevada al escondite de los nazis. Es obligada a llamar por radio al Santo para decirle que está bien, pero se las arregla para informar al Santo sobre sus penurias y ubicación. Santo descubre una entrada secreta hacia el escondite de los nazis en un cementerio rural, pero también es capturado. Se descubre que Henkel es Von Struber, que quiere vengarse de los que declararon contra él en el tribunal de crímenes de guerra. Ester es su hija, que se casó con Gaos solamente para ayudar a la venganza de los nazis.
Santo y sus amigos son encerrados en un calabozo, sólo que este calabozo no es tal, sino "una cámara de gas", dice el Santo. Sin embargo, escapan cuando dos guardias tratan más bien torpemente de abrir la puerta y entrar. Entretanto la policía cierra el cerco y uno de los colegas de Von Struber quiere rendirse. Von Struber prefiere pelear y suicidarse, como hizo Hitler, y mata cobardemente a su subordinado. Trata de matar a Yvette, pero sólo logra matar a Ester, su hija. Finalmente, se esconde en el peor de los escondites: en su propia cámara de gas, que se llena repentinamente de gas, matándolo. Santo y los otros escapan y se encuentran con el inspector Ponce afuera.
1972 Director Aldo Monti Guión Carlos Enrique Taboada Reparto Santo (él mismof), Armando Silvestre (Inspector Ponce), Tere Velázquez (Yvette), Gregorio Casals (Pablo), Jorge Radó (Henkel' alias Paul von Struegel), Sasha Montenegro (Ester), Raymundo Capetillo (Rocha), Xavier Massé (Mario Gaos), Fernando Wagner (viejo Nazi), Jorge Mondragón (Landeros), Joaquín Bauche (Fournier), Antonio Raxel (limpiador de cristales nazi), Manolo Calvo (Fisher), Armando Arreola (Campos), Margarita Herman (esposa de joyero), José Mora (¿joyero?), Carlos Suárez (hombre que coloca una bomba en el coche del Santo), El Polaco y El Nazi (rivales del Santo).
21 de diciembre de 2004
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©traducción mQh
El Santo y el Misterio en las Bermudas
Científicos construyen una ciudad submarina y secuestran a gente de la superficie en espera del fin del mundo.
Esta película debe ser considerada el fin' del género del luchador enmascarado, aunque el Santo protagonizaría todavía cuatro películas más y Mil Máscaras aparecería en algunas películas en las próximas dos décadas. Pero hacia 1977 las películas del héroe enmascarado como parte normal de la escena fílmica mexicana eran cosas del pasado. Y, de hecho, la película parece ideada para poner fin al género, ya que termina con la desaparición de los tres héroes enmascarados de la faz de la Tierra, y con una explosión nuclear.
Cuando empieza la película un misterioso faro emerge del mar y un avión de pasajeros desaparece. Entonces se produce una repentina tormenta. Al día siguiente, Romero y un joven amigo salen a pescar en el muelle. El niño saca un extraño objeto: la máscara del Santo, cubierta de algas. Ramiro dice que años antes estuvo presente cuando sucedieron extrañas cosas, como aviones y barcos que desaparecían.
Después de un match, el Santo, Blue Demon y Mil Máscaras son recibidos por sus fans, incluyendo a Ramiro, un viejo amigo del Santo. Varias atractivas jóvenes en bikini tratan de acercarse al Santo y a otros junto a la piscina, pero los luchadores deben marcharse para preparar una importante reunión. Entretanto, se produce otra misteriosa tormenta y Ramiro se queda a la deriva en el mar en su pequeño bote. Está a punto de transformarse en carne de tiburón cuando aparecen el Santo, Blue Demon y Mil Máscaras y lo salvan.
En la reunión, los luchadores se enteran por un representante de la nación de Irania que su país está a punto de firmar un tratado de paz con el suyo (presumiblemente México). Pero los agentes de otro país planean secuestrar a la Princesa Soreida, que es quien debe firmar el tratado. Santo conoce a Soreida, cuya madre vive en Estados Unidos. Una falsa princesa intentará engañar a los agentes enemigos y Soreida se hará pasar por una karateka extranjera.
Mil Máscaras es atacado por tres hombres que lo dejan inconsciente y le roban el reloj. Lo ayuda una de las chicas atractivas que conoció en la piscina, sin saber que ella pertenece a la banda de agentes extranjeros. Más tarde presenta a dos amigos al Santo y a Blue Demon. Santo y Rina vuelven al cuarto de su hotel "a conversar", pero Rina le echa un somnífero. Luego lo interroga sobre su misión de protección de Soreida y -como una ocurrencia tardía- le pregunta qué piensa de las tres jóvenes que conoció. Él dice que pensaba que eran "hipócritas y perversas", pero Rina era sincera. Ella revive al Santo y le cuenta que su padre es un científico que desapareció en un vuelo sobre el océano.
Después de un entrenamiento en el gimnasio de una escuela secundaria, Santo, Blue Demon y Mil Máscaras son atacados por la banda de espías. Entretanto, se aparecen dos hombres con brillantes trajes plateados y secuestran a Rina. La llevan al muelle y escapan en un yate de recreo, siendo perseguidos por los luchadores. Sin embargo, el yate desaparece repentinamente. Rina se encuentra a sí misma en un extraño lugar habitado por hombres en monos plateados. El líder, que está recostado en una tumbona amarilla, le pregunta por qué se había asociado a los espías. Ella le dice que había infiltrado a la banda para descubrir si sabían algo sobre su padre desaparecido. El líder le dice que no podrá volver nunca al "mundo de la superficie" y ordena que la lleven para "ser purificada".
De vuelta en la superficie, llega un yate con la falsa princesa, que se transforma en blanco de una bala asesina -pero quien muere es uno de sus guardaespaldas. Soreida y dos ayudantes son recibidos en el aeropuerto por el Santo y sus amigos. El espía jefe toma fotografías de Soreida en una demostración de kárate, y luego las compara con un álbum de fotos de la "familia real de Irania", y se da cuenta de que la supuesta princesa es un doble. Pero es demasiado tarde para ella, sin embargo, pues es asesinada por otro espía en su cuarto en el hotel. El espía jefe mata a uno de los colegas de Soreida, y luego escapa en helicóptero.
Más tarde, los espías atacan y disparan contra los guardaespaldas de Soreida (sin dar milagrosamente en el Santo, Blue Demon y Mil Máscaras, que están justo al lado de ellos). Soreida logra mantener a raya a las dos espías que quedan hasta que la rescatan; las prisioneras revelan la ubicación del cuartel general de los espías y los tres luchadores se dirigen hacia el lugar (Santo en su Cadillac azul convertiblem Mil Máscaras en Mercedes dorado y Blue Demon en su Corvette rojo). Pelean y triunfan. Sin embargo, el espía jefe sigue libre y trata de matar a Soreida, la que es salvada en el último momento por Mil Máscaras (se insinúa un romance entre ella y el luchador).
Entretanto, Rina ha sido purificada poniéndole un bikini y parada en una fuente. Está dichosa de encontrar a su padre: fue llevado a la ciudad secreta por los científicos que la habían construido. Ellos son los que eligen a las personas en la superficie para llevarlas a la ciudad en el mar, ya que están convencidos de que la Tierra está condenada a desaparecer. Rina confiesa que echa de menos al Santo.
Se firma el tratado y Soreida aborda su yate y se marcha a casa. El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras la acompañan. Pero tan pronto como el yate se pone en movimiento, un extraño faro emerge del mar.
"Y nunca se les volvió a ver", termina Ramiro. Agrega: "La predicción del apocalipsis se está haciendo verdad. Se acerca el fin del mundo". La película termina con metraje de una explosión nuclear.
1977 Director Gilberto Martínez Solares Guión Gilberto y Adolfo Martínez Solares Idea Rogelio Agrasánchez Reparto Santo (Santo), Blue Demon (Blue Demon), Mil Máscaras (Mil Máscaras), Silvia Manríquez (Rina), Sandra Duarte (espía), Carlos Suárez (espía jefe), Gaynor Kote (Princesa Soreida), Ernesto Solis (Ramiro), Humberto Cabañas (espía), Julio César Agrasánchez (niño), Rebeca Sexton (espía), Leticia Montemayor, José Luis Elizondo, Marco Antonio Marín.
23 de diciembre de 2004
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©traducción mQh
Esta película debe ser considerada el fin' del género del luchador enmascarado, aunque el Santo protagonizaría todavía cuatro películas más y Mil Máscaras aparecería en algunas películas en las próximas dos décadas. Pero hacia 1977 las películas del héroe enmascarado como parte normal de la escena fílmica mexicana eran cosas del pasado. Y, de hecho, la película parece ideada para poner fin al género, ya que termina con la desaparición de los tres héroes enmascarados de la faz de la Tierra, y con una explosión nuclear.Cuando empieza la película un misterioso faro emerge del mar y un avión de pasajeros desaparece. Entonces se produce una repentina tormenta. Al día siguiente, Romero y un joven amigo salen a pescar en el muelle. El niño saca un extraño objeto: la máscara del Santo, cubierta de algas. Ramiro dice que años antes estuvo presente cuando sucedieron extrañas cosas, como aviones y barcos que desaparecían.
Después de un match, el Santo, Blue Demon y Mil Máscaras son recibidos por sus fans, incluyendo a Ramiro, un viejo amigo del Santo. Varias atractivas jóvenes en bikini tratan de acercarse al Santo y a otros junto a la piscina, pero los luchadores deben marcharse para preparar una importante reunión. Entretanto, se produce otra misteriosa tormenta y Ramiro se queda a la deriva en el mar en su pequeño bote. Está a punto de transformarse en carne de tiburón cuando aparecen el Santo, Blue Demon y Mil Máscaras y lo salvan.
En la reunión, los luchadores se enteran por un representante de la nación de Irania que su país está a punto de firmar un tratado de paz con el suyo (presumiblemente México). Pero los agentes de otro país planean secuestrar a la Princesa Soreida, que es quien debe firmar el tratado. Santo conoce a Soreida, cuya madre vive en Estados Unidos. Una falsa princesa intentará engañar a los agentes enemigos y Soreida se hará pasar por una karateka extranjera.
Mil Máscaras es atacado por tres hombres que lo dejan inconsciente y le roban el reloj. Lo ayuda una de las chicas atractivas que conoció en la piscina, sin saber que ella pertenece a la banda de agentes extranjeros. Más tarde presenta a dos amigos al Santo y a Blue Demon. Santo y Rina vuelven al cuarto de su hotel "a conversar", pero Rina le echa un somnífero. Luego lo interroga sobre su misión de protección de Soreida y -como una ocurrencia tardía- le pregunta qué piensa de las tres jóvenes que conoció. Él dice que pensaba que eran "hipócritas y perversas", pero Rina era sincera. Ella revive al Santo y le cuenta que su padre es un científico que desapareció en un vuelo sobre el océano.
Después de un entrenamiento en el gimnasio de una escuela secundaria, Santo, Blue Demon y Mil Máscaras son atacados por la banda de espías. Entretanto, se aparecen dos hombres con brillantes trajes plateados y secuestran a Rina. La llevan al muelle y escapan en un yate de recreo, siendo perseguidos por los luchadores. Sin embargo, el yate desaparece repentinamente. Rina se encuentra a sí misma en un extraño lugar habitado por hombres en monos plateados. El líder, que está recostado en una tumbona amarilla, le pregunta por qué se había asociado a los espías. Ella le dice que había infiltrado a la banda para descubrir si sabían algo sobre su padre desaparecido. El líder le dice que no podrá volver nunca al "mundo de la superficie" y ordena que la lleven para "ser purificada".
De vuelta en la superficie, llega un yate con la falsa princesa, que se transforma en blanco de una bala asesina -pero quien muere es uno de sus guardaespaldas. Soreida y dos ayudantes son recibidos en el aeropuerto por el Santo y sus amigos. El espía jefe toma fotografías de Soreida en una demostración de kárate, y luego las compara con un álbum de fotos de la "familia real de Irania", y se da cuenta de que la supuesta princesa es un doble. Pero es demasiado tarde para ella, sin embargo, pues es asesinada por otro espía en su cuarto en el hotel. El espía jefe mata a uno de los colegas de Soreida, y luego escapa en helicóptero.
Más tarde, los espías atacan y disparan contra los guardaespaldas de Soreida (sin dar milagrosamente en el Santo, Blue Demon y Mil Máscaras, que están justo al lado de ellos). Soreida logra mantener a raya a las dos espías que quedan hasta que la rescatan; las prisioneras revelan la ubicación del cuartel general de los espías y los tres luchadores se dirigen hacia el lugar (Santo en su Cadillac azul convertiblem Mil Máscaras en Mercedes dorado y Blue Demon en su Corvette rojo). Pelean y triunfan. Sin embargo, el espía jefe sigue libre y trata de matar a Soreida, la que es salvada en el último momento por Mil Máscaras (se insinúa un romance entre ella y el luchador).
Entretanto, Rina ha sido purificada poniéndole un bikini y parada en una fuente. Está dichosa de encontrar a su padre: fue llevado a la ciudad secreta por los científicos que la habían construido. Ellos son los que eligen a las personas en la superficie para llevarlas a la ciudad en el mar, ya que están convencidos de que la Tierra está condenada a desaparecer. Rina confiesa que echa de menos al Santo.
Se firma el tratado y Soreida aborda su yate y se marcha a casa. El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras la acompañan. Pero tan pronto como el yate se pone en movimiento, un extraño faro emerge del mar.
"Y nunca se les volvió a ver", termina Ramiro. Agrega: "La predicción del apocalipsis se está haciendo verdad. Se acerca el fin del mundo". La película termina con metraje de una explosión nuclear.
1977 Director Gilberto Martínez Solares Guión Gilberto y Adolfo Martínez Solares Idea Rogelio Agrasánchez Reparto Santo (Santo), Blue Demon (Blue Demon), Mil Máscaras (Mil Máscaras), Silvia Manríquez (Rina), Sandra Duarte (espía), Carlos Suárez (espía jefe), Gaynor Kote (Princesa Soreida), Ernesto Solis (Ramiro), Humberto Cabañas (espía), Julio César Agrasánchez (niño), Rebeca Sexton (espía), Leticia Montemayor, José Luis Elizondo, Marco Antonio Marín.
23 de diciembre de 2004
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Chanoc y el Hijo del Santo contra los Vampiros Asesinos
Santo traspasa a su hijo la tarea de defender a los pobres y a los débiles.
Santo hace una aparición especial en esta película, donde el protagonista es su hijo, El Hijo del Santo. En una secuencia antes de los créditos, Santo y Marcos Vargas se encuentran en una caverna. Santo lleva su traje, pero Marcos está de paisano. Hay una máscara plateada en una caja de cristal. El Santo dice:
"Hijo mío, te has estado preparando para ocupar mi lugar. Te he enseñado a querer a los pobres y a los débiles, y ahora estás listo para ayudarlos y defenderlos, a luchar por la justicia y la ley. Y, sobre todo, a ser el amigo del pueblo. Te daré mi máscara, que ha sido mi orgullo y mi emblema. Cuando te la pongas, tendrás que honrarla siempre, incluso cuando tu propia vida corra peligro. Si te sientas capaz de dedicar tu vida, jura como hago yo. Pero primero tienes que saber algo: una vez que te la pongas, no podrás retroceder nunca más. Ahora dime, ¿estás dispuesto?"
Su hijo responde afirmativamente. Santo echa una cápsula que explota y forma una nube de humo, y Marcos es remplazado por el Hijo del Santo con su traje completo. Los dos hombres se abrazan y dan la mano.
En este momento empiezan los créditos. La película no es muy buena. Después de esta secuencia con el Santo es mejor echarse una siesta.
1981 Director Rafael Pérez Grovas Reparto El Hijo del Santo, Nelson Velázquez (Chanoc), Arturo Cobo Cobitos' (Tzekub), Carlos Suárez (Carlitos), Santo (él mismo), Marcos Vargas (Marcos).
6 de enero de 2005
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Santo hace una aparición especial en esta película, donde el protagonista es su hijo, El Hijo del Santo. En una secuencia antes de los créditos, Santo y Marcos Vargas se encuentran en una caverna. Santo lleva su traje, pero Marcos está de paisano. Hay una máscara plateada en una caja de cristal. El Santo dice:"Hijo mío, te has estado preparando para ocupar mi lugar. Te he enseñado a querer a los pobres y a los débiles, y ahora estás listo para ayudarlos y defenderlos, a luchar por la justicia y la ley. Y, sobre todo, a ser el amigo del pueblo. Te daré mi máscara, que ha sido mi orgullo y mi emblema. Cuando te la pongas, tendrás que honrarla siempre, incluso cuando tu propia vida corra peligro. Si te sientas capaz de dedicar tu vida, jura como hago yo. Pero primero tienes que saber algo: una vez que te la pongas, no podrás retroceder nunca más. Ahora dime, ¿estás dispuesto?"
Su hijo responde afirmativamente. Santo echa una cápsula que explota y forma una nube de humo, y Marcos es remplazado por el Hijo del Santo con su traje completo. Los dos hombres se abrazan y dan la mano.
En este momento empiezan los créditos. La película no es muy buena. Después de esta secuencia con el Santo es mejor echarse una siesta.
1981 Director Rafael Pérez Grovas Reparto El Hijo del Santo, Nelson Velázquez (Chanoc), Arturo Cobo Cobitos' (Tzekub), Carlos Suárez (Carlitos), Santo (él mismo), Marcos Vargas (Marcos).
6 de enero de 2005
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El Puño de la Muerte y La Furia de los Karatekas
Una niña cae del espacio con un cristal por cuyo control dos hermanas, una buena y una mala, se pelean hasta la muerte.
Estas son las últimas películas del Santo, rodadas en Florida (a partir del 17 de septiembre de 1981). Furia es la segunda entrega de Puño y las dos películas básicamente giran sobre la lucha entre dos hermanas (las dos representadas por la espectacular Grace Renat -la hermana buena lleva un bikini de piel blanca, y la mala uno de piel negra) por el control de un "cristal de poder". También implicada en la trama se encuentra la Niña de la Selva', que aparentemente cayó con un cristal, siendo niña, del espacio (y que vuelve al final de la segunda película). Santo y su compañero Cliff (Carlos Suárez) se unen a la hermana buena, mientras Tinieblas es el principal maleante de la hermana mala.
Las películas tienen como paisaje un reino no especificado en las selvas orientales, y la parte karateka' del título apenas se justifica por la presencia de un doble de Martin Short (Steve Cheng) como un experto en artes marciales. Desafortunadamente, a pesar de la presencia del Santo, Tinieblas y Cheng, las escenas de acción no impresionan. Es igualmente doloroso ver pelear al Santo: en Furia tiene tres apagadas peleas con Tinieblas, y una (algo mejor) con Cheng. En Puño tiene un decepcionante match en el ring y, más adelante, una muy suaves escenas de acción (aunque en una secuencia un rival se queda enganchado en las hélices de un avión y es cortado por la mitad, una escena inusualmente sangrienta para una película del Santo).
Técnicamente hablando, tanto Puño como Furia son toscas. Las escenas con la pantalla dividida (mostrando a las hermanas Renat al mismo tiempo) son extremadamente rudimentarias, y las otras tomas son estropeadas por borrones en las lentes de las cámaras, etc. La Renat mala crea un monstruo, representado por un hombre fornido con pequeños mechones de pelo en el pecho y un maquillaje facial de pacotilla. En Furia se le unen otros tipos con disfraces de gorila de confección.
En el lado positivo, una Renat muy ligera de ropas gasta un montón de tiempo demostrando sus danzas exóticas, y Furia refuerza su reparto con Edgardo Gazcón y René Cardona Sr. También las locaciones en Florida (en el Museo de Vizcaya y el Castillo de Coral) son atractivas y son usadas eficientemente.
Las dos películas son difícilmente un buen fin de la carrera cinematográfica del Santo.
1982 Director Alfredo B. Crevenna Adaptación Alfredo B. Crevenna, Sergio Álvarez A. Historia Ramón Obón Reparto de El Puño de la Muerte: Santo (él mismo), Grace Renat (Kungyan; Queria); César Sobrevals (Raguri), Steve Cheng (Príncipe Ching-Ka), Gilberto Trujillo, Carlos Suárez (Cliff), Tinieblas [Manuel Leal] (Tinieblas), Sandra Duarte (Niña de la Selva'), Franky', Ismael Ramírez.
Reparto de La Furia de las Karatekas: el mismo que en el El Puño de la Muerte, salvo que no aparece Gilberto Trujillo. Edgardo Gazcón (Príncipe Tegal), René Cardona (Profesor Williams).
18 de enero de 2005
©dwilt
©traducción mQh
Estas son las últimas películas del Santo, rodadas en Florida (a partir del 17 de septiembre de 1981). Furia es la segunda entrega de Puño y las dos películas básicamente giran sobre la lucha entre dos hermanas (las dos representadas por la espectacular Grace Renat -la hermana buena lleva un bikini de piel blanca, y la mala uno de piel negra) por el control de un "cristal de poder". También implicada en la trama se encuentra la Niña de la Selva', que aparentemente cayó con un cristal, siendo niña, del espacio (y que vuelve al final de la segunda película). Santo y su compañero Cliff (Carlos Suárez) se unen a la hermana buena, mientras Tinieblas es el principal maleante de la hermana mala.Las películas tienen como paisaje un reino no especificado en las selvas orientales, y la parte karateka' del título apenas se justifica por la presencia de un doble de Martin Short (Steve Cheng) como un experto en artes marciales. Desafortunadamente, a pesar de la presencia del Santo, Tinieblas y Cheng, las escenas de acción no impresionan. Es igualmente doloroso ver pelear al Santo: en Furia tiene tres apagadas peleas con Tinieblas, y una (algo mejor) con Cheng. En Puño tiene un decepcionante match en el ring y, más adelante, una muy suaves escenas de acción (aunque en una secuencia un rival se queda enganchado en las hélices de un avión y es cortado por la mitad, una escena inusualmente sangrienta para una película del Santo).
Técnicamente hablando, tanto Puño como Furia son toscas. Las escenas con la pantalla dividida (mostrando a las hermanas Renat al mismo tiempo) son extremadamente rudimentarias, y las otras tomas son estropeadas por borrones en las lentes de las cámaras, etc. La Renat mala crea un monstruo, representado por un hombre fornido con pequeños mechones de pelo en el pecho y un maquillaje facial de pacotilla. En Furia se le unen otros tipos con disfraces de gorila de confección.
En el lado positivo, una Renat muy ligera de ropas gasta un montón de tiempo demostrando sus danzas exóticas, y Furia refuerza su reparto con Edgardo Gazcón y René Cardona Sr. También las locaciones en Florida (en el Museo de Vizcaya y el Castillo de Coral) son atractivas y son usadas eficientemente.
Las dos películas son difícilmente un buen fin de la carrera cinematográfica del Santo.
1982 Director Alfredo B. Crevenna Adaptación Alfredo B. Crevenna, Sergio Álvarez A. Historia Ramón Obón Reparto de El Puño de la Muerte: Santo (él mismo), Grace Renat (Kungyan; Queria); César Sobrevals (Raguri), Steve Cheng (Príncipe Ching-Ka), Gilberto Trujillo, Carlos Suárez (Cliff), Tinieblas [Manuel Leal] (Tinieblas), Sandra Duarte (Niña de la Selva'), Franky', Ismael Ramírez.
Reparto de La Furia de las Karatekas: el mismo que en el El Puño de la Muerte, salvo que no aparece Gilberto Trujillo. Edgardo Gazcón (Príncipe Tegal), René Cardona (Profesor Williams).
18 de enero de 2005
©dwilt
©traducción mQh
Esta Noche Poseeré Tu Cadáver
Zé do Caixao, palafrenero científico, secuestra a las mujeres malas del pueblo para violarlas y crear una raza superior de humanos malos y sin sentimientos.
Un palafrenero -de abrigo relativamente ajustado y sombrero negros- que desvaría incoherencias metafísicas comete aparentemente varios asesinatos de mujeres, sembrando el terror en la cantina y calles del pueblo. Pareciera que lo apresan, que han tratado de lincharlo incluso, y que es sometido a juicio y dejado en libertad por falta de pruebas en el primer minuto de la película. El palafrenero se acerca a su casa -que es una tenebrosa funeraria junto al cementerio- y, a medida que avanza por la calle principal del pueblo, los niños y la gente se retiran asustados y persignándose y cerrando los postigos, y las mujeres corren a casa apretando a sus bebés en los brazos y jalando a los hijos de la mano. El palafrenero -Zé do Caixão, vale decir José del Ataúd- adora a los niños y salva a uno de morir atropellado por un motorista. Cuando Zé -un hombre delgado, de cara carcomida y de una barba puritana evidentemente falsa, ya que es de diferente color que el resto del pelaje, con una sola ceja marcadamente arqueada y largas y cultivadas uñas de vampiro- ve acercarse a toda velocidad por la calle del pueblo a un motorista y se lanza sobre un niño que hacía de gallinita ciega y al que los amiguitos con los que jugaba lo habían olvidado cuando huían desesperados. Caen los dos rodando y Zé, para consolar al pequeñín, saca una cajita de música y se la acerca a la oreja. Se acerca la madre y se lleva, asustada, al chiquillo. Zé es un paria.
La noche misma de su regreso, empiezan a desaparecer del pueblo varias mujeres, y los pueblerinos sospechan del palafrenero y temen que las mujeres hayan sido matadas por Zé, al que consideran un demonio. Efectivamente es Zé quien las ha secuestrado y encerrado en una habitación con varias cunas (tanto así que las actrices han debido doblar las piernas para poder tenderse en ellas). Sorprendentemente, parecen muy resignadas. Zé les explica que las ha secuestrado porque son, en primer lugar, malas, diciendo, por ejemplo, que lo son porque no se han casado por la iglesia -implicando así que ellas se merecen compartir su destino- y porque son guapas. Pero, por eso, han sido elegidas para jugar un papel en la creación de una nueva raza de hombres superiores y eternos, desprovistos de sentimientos, y ellas serán sometidas a pruebas para determinar quién de todas portará la semilla -como se expresan tan floridamente los personajes- de Zé en su vientre. Al resto, dice, las matará, si acaso no se le ocurre nada mejor. Zé tiene un siniestro ayudante de joroba movediza y una gigante oreja aplastada, con una mejilla llena de llagas y de mirada de zombi lascivo y siempre babeando por su boca abierta.
Entre los desvaríos de Zé -tiene a las mujeres en su casona acorralada por tumbas junto al, más bien, en el cementerio y el ambiente es naturalmente nocturno y brumoso, porque en el cementerio hay, además, pantanos de arenas movedizas-, está la negación de la existencia de Dios y dice que sólo vive el Demonio y -y esto suena muy coherente- que si fuera falso lo que él afirma, entonces él no haría lo que hace, porque Dios sería entonces más fuerte, lo que sería imposible porque Dios no existe, y, por tanto -concluye extrañamente- sólo existe la sangre. Con la sangre quiere decir, según se deduce, la materia, en el sentido de que es materia la transmisión de los genes y, por tanto, sólo vale luchar por la perfección de la raza, y que si él, que es el Mal, o sea la perfección, logra acoplarse con una mujer igualmente mala, tendrán un hijo que será la perfección más perfecta del Mal y procrearán una raza de hombres superiores y carentes de sentimientos y principios, y, además, eterna. ¡Y él acusa, lanzando miradas de desprecio y suficiencia, a los pueblerinos de ser supersticiosos!
Dicho y hecho, cuando ellas duermen en sus cunas, Zé introduce a la habitación una invasión de peludas tarántulas que se montan sobre las mujeres, especialmente en el culo, las tetas y la cara, hasta que ellas finalmente despiertan y Zé enciende la luz y descubren a gritos y aullidos de terror que las tarántulas se las están poco menos que comiendo vivas. Sólo una de ellas no se apanica ni tiembla. Es Marcia. Y Zé cree que es la mujer que él espera y que le dará ese hijo perfecto que mejorará la raza.
Le regala a su ayudante, el jorobado Bruno, una de las desafortunadas, que el monstruo se lleva discretamente a violarla a otra parte. Vuelve con ella al cabo, y la coloca, muerta, en una cama. Le explica a Zé que ella estaba gritando mucho cuando la violaba y que le había apretado el pescuezo y la había parece que matado sin darse cuenta. Zé le consuela, diciéndole que no lo lamente, que no era más que una perdedora. Parece que las mujeres se dan cuenta ahora de la situación en que están y empiezan a chillar. Zé abre con un mecanismo una compuerta y convence a las mujeres de que entren ahí. Es un diminuto patio. Se mete luego en la cama con Marcia para hacerle un bebé y, con otro truco, abre una ventana que da al patio subterráneo en que ha encerrado a las mujeres. Ahí empieza a echarles un buen montón de culebras. Mientras las serpientes venenosas meten miedo a las histéricas mujeres, las pican y las estrangulan, él se monta encima de Marcia. Una de ellas, antes de morir, lo maldice y le anuncia que volverá a nacer para castigarlo, reencarnándose en su propio cadáver -lo que todavía me parece bastante incomprensible. Él se muere de la risa. Pero a Marcia le da un repente y le dice que no puede seguir follando porque siente compasión por las mujeres. Zé la deja marchar. Luego le dirá a Bruno que se deshaga de los cadáveres y este los arroja al pantano.
El ojo de Zé se posa casualmente en una atractiva bigotuda, Laura, que es la futura novia del hijo del coronel del pueblo. Zé se quiere acercar a ella, pero se lo impide un hércules, Homero, vestido de levantador de pesas turco, musculoso, rapado, y con un ojo postizo. Con una buena paliza le recompensa Zé, zarandeándolo por el cuello, con demoníaca fuerza, con un bastón. Cae a una charca el hombrón y se acerca Zé a la joven. "Te espero esta medianoche en la Avenida de las Flores Rojas", le dice misteriosamente. Por la noche se escapa la chica de su casa y se viene a la avenida a esperar a Zé. Laura resulta ser todavía más malvada que Zé y este se queda prendido.
Laura no vuelve a casa. Todo el mundo se entera de que ha humillado al novio y de que se queda a vivir en la funeraria. El novio le propone a Zé comprarle a doble precio las propiedades si le entrega a Laura y si se marcha inmediatamente del pueblo. Zé, engañándolo, acepta. Cuando vuelve el chiquillo con el dinero, Bruno lo agarra, por detrás, por el cuello y Zé le da un tortazo con el bolso con el dinero que le llevaba. El chico se desmaya y Bruno lo amarra. Zé se aparece y le muestra cómo morirá, poniéndole un ejemplo ilustrativo con un ratón de laboratorio. Este es colocado debajo de un enorme pedazo de roca -de un metro cúbico-, que dejan caer sobre el animal, que muere aplastado, su sangre salpicando por todos lados. Lo ponen luego a él mismo. Prende fuego a la cuerda de la que cuelga la roca, y le dice que dejará que Dios decida. Si es tan bueno como dicen, dice, apagará la llama y te salvarás. Pero si yo soy superior a él, entonces la llama seguirá, la cuerda se romperá y tú te irás al cielo y saludarás de mi parte a los angelitos, o si te vas al infierno le darás mi dirección al diablo. Jejejeje. La cuerda se rompe. Luego se acerca a Laura y le dice alegremente que mató a su hermana. Lejos de lamentarlo, la mujer se echa en brazos del vampiro, pidiéndole que la folle.
Truncador, el levantador de pesas, está de vigilante en la acera de la casa de Laura. Para distraerlo, Ze pide a Marcia -que le debe la vida- que lo seduzca por un rato. Marcia se lo lleva a la cama y después de calentarle la tetera y de que el monstruo le dijera: "Te quiero sólo para mí", le dice que todo es posible, pero que ella es cara, porque le gustan las joyas, el lujo y el dinero. Él le dice que conseguirá ese dinero. Truncador parte en búsqueda de una botella de champaña y entra a la cantina, por donde se aparece el jorobado cojo y semi ciego a decir que su señor apuesta cualquier cosa al poker. Truncador inquiere si acaso también apuesta dinero. Al cabo de una hora comienza la partida, con todos los pueblerinos mirando por la espalda, y Truncador pierde miserablemente.
Sale de la cantina y Bruno se le echa encima con un palo, dejándolo mal herido. Cuando salen todos, lo que ven es el cadáver del hijo del coronel con la cabeza reventada, el bolso con el dinero, y Truncador, con una roca cerca de él. Lo acusan del asesinato y lo meten a la cárcel. Luego logra escapar y avisa al coronel de lo que verdaderamente ha ocurrido. El coronel decide tomar la justicia en sus manos y encarga a Truncador formar una milicia para terminar con el monstruo. Salen en su búsqueda y lo atrapan en el pueblo, la noche del parto en que Bruno salió a comunicar y celebrar que Laura esperaba su hijo y que se había empinado demasiadas copas. Se le echan encima y finalmente lo dominan, subiéndolo amarrado a un carro. Se sienta encima de él para llevárselo al coronel, pero en el camino, cerca del cementerio, Zé se llena de energía, sale de su letargo y lo primero que se le ocurre hacer, es cortarle la garganta a uno de los vigilantes con unas cuchillas que lleva en los zapatos. Se escapa en la noche. Entra al cementerio. Lo siguen. Zé se esconde detrás de un árbol y sorprende a uno de los seguidores clavándole un hacha gigantesca en la mitad de la frente. Se deja atrapar por la cuadrilla y los engaña, haciéndolos caer en un pantano de arenas movedizas. Mueren todos. El coronel está convencido de que a sus hombres los mató Zé, pero el jefe de policía, Homero, le dice que no tienen pruebas.
En la cantina del pueblo, se entera Zé, espiando la conversación de uno de los maridos que había perdido a su mujer, que una de las asesinadas estaba embarazada. Lleno de culpa -porque amaba a los niños-, vuelve a casa, a confesarse con Laura. Esta lo consuela diciéndole que eran seres inferiores. Creo que después se le aparece el fantasma de la muerta, amenazándolo, como la primera vez, con que se reencarnará en su cadáver muerto y otras excentricidades, y desapareciendo en medio de espeluznantes carcajadas. Sale Zé al cementerio que tiene en el patio, con varias tumbas recién abiertas o recién cerradas, y unas manos que salen de las tumbas y de la tierra lo cogen de los tobillos y los brazos, impidiéndole avanzar, y tratando de jalarlo. Lo que finalmente consiguen, cayendo Zé por un oscuro hoyo, por el que va a dar al infierno.
El infierno donde cae Zé es de color -hasta el momento la película era blanco y negro- y es subterráneo y sofocante. Manos y cabezas sangrantes emergen de las padres, y se oyen gritos y quejidos de dolor y temor que ponen los pelos de punta. Un demonio de cuerpo pintado y con tangas se pasea con un trípode pinchando a los condenados. Algunas almas han sido amarradas o están empotradas o con los pies metidos en un cubo con cemento, y los demonios les dan de latigazos. Hay todavía un demonio peor que, con un martillo, clavetea unos gigantescos clavos en la frente de los muertos. Hay otros muertos que se ahogan en una lagunita. Y otras escenas de torturas, algunas divertidas. Cuando quiere salir de ahí, se encuentra con él mismo, todo pintarrajeado, sentado en un trono, y cogiendo con su mano uvas y otras frutas que unas sacerdotisas semi-desnudas y coloreadas, sentadas en abanico en torno a él, llevan en unas bandejitas. Jejeje. Escapa por un hoyo negro.
Y cae en la cama junto a Laura. En estado de conmoción, le cuenta que acaba de estar en el infierno, que ha sido condenado por sus crímenes, y que Dios, después de todo, existe, conclusión con la que más se cabrea todavía porque dice que Dios no existe, y que, de existir, habría que matarlo, por lo malo que es. Y si Dios significa ser el más malo de todos, entonces todos nosotros podemos ser dioses, porque se puede todavía ser más malo que Dios -consuelo de tontos. Pero Laura lo calma y lo llama a la razón. Entonces se acuerdan de que todavía no han follado y de que él "le plante la semilla" de la nueva raza inmortal científica.
Se queda así preñada Laura. Pero las cosas no marchan bien. Los pueblerinos y el jefe de policía sospechan que el hijo del coronel ha sido secuestrado y posiblemente asesinado por Zé. Marcia se arrepiente de todas las cosas malas que ha hecho, y se toma un veneno. La encuentran por la mañana moribunda. Antes de morir, confiesa todo y su mucamo cuenta a su vez la historia a todo el pueblo. Se enteran de que efectivamente la desaparición de las mujeres se debe a sus siniestras actividades y que han sido verdaderamente asesinadas. Y se dirigen hacia él.
El embarazo marcha mal. Laura tiene un aborto y el doctor le dice a Zé que uno de las dos morirá en el parto, que no puede salvar al bebé y a la mamá. Zé le dice que salve al hijo, lo que Laura acepta feliz. Muere. Pero también muere el bebé. Zé intenta revivirla, recurriendo a encantaciones e invocaciones, pero todo fracasa.
Llegan los pueblerinos a su casa, con antorchas, guadañas y escopetas. Zé huye, desvariando como siempre. Se encuentra con un cura, que le dirá que todavía es tiempo de arrepentirse. Pero Zé toma un crucifijo, se ríe demoníacamente y se burla de todos, y los insulta, tirándoles finalmente el crucifijo por la cabeza. Los desprecia porque son tontos, dice. Él es un incomprendido. Los humanos normales no entienden ni aprecian sus esfuerzos por mejorar la raza, ni agradecen su gentileza de querer compartir con ellos sus genialidades. Uno de los vigilantes con escopeta le pega dos tiros en la espalda y Zé cae finalmente al suelo, en un pozo en medio de las tumbas. Mientras todos miran cómo intenta salir de ahí, empiezan a aparecer y a flotar en la superficie huesos humanos, y a Zé le da un patatús. Cuando parece que se hunde en serio, o más definitivamente, en el fango del pantano, después de que se aparece el fantasma de la mujer embarazada cuyo hijo mató, se arrepiente de todo y pide urgentemente un crucifijo. Pero es demasiado tarde. Y desaparece en la poza de agua, camino al infierno.
1966 Director José Mojica Marins Guión Aldonora de Sa Oporto José Mojica Marins Reparto Wohlers Nadia Freitas Antonio Fracari José Lobo Esmeralda Ruchel Paula Ramos Tania Mendon (?) Lya Lagutte Carmen Marins Mina Monte Roque Rodrigues
©Claudio Lisperguer
Un palafrenero -de abrigo relativamente ajustado y sombrero negros- que desvaría incoherencias metafísicas comete aparentemente varios asesinatos de mujeres, sembrando el terror en la cantina y calles del pueblo. Pareciera que lo apresan, que han tratado de lincharlo incluso, y que es sometido a juicio y dejado en libertad por falta de pruebas en el primer minuto de la película. El palafrenero se acerca a su casa -que es una tenebrosa funeraria junto al cementerio- y, a medida que avanza por la calle principal del pueblo, los niños y la gente se retiran asustados y persignándose y cerrando los postigos, y las mujeres corren a casa apretando a sus bebés en los brazos y jalando a los hijos de la mano. El palafrenero -Zé do Caixão, vale decir José del Ataúd- adora a los niños y salva a uno de morir atropellado por un motorista. Cuando Zé -un hombre delgado, de cara carcomida y de una barba puritana evidentemente falsa, ya que es de diferente color que el resto del pelaje, con una sola ceja marcadamente arqueada y largas y cultivadas uñas de vampiro- ve acercarse a toda velocidad por la calle del pueblo a un motorista y se lanza sobre un niño que hacía de gallinita ciega y al que los amiguitos con los que jugaba lo habían olvidado cuando huían desesperados. Caen los dos rodando y Zé, para consolar al pequeñín, saca una cajita de música y se la acerca a la oreja. Se acerca la madre y se lleva, asustada, al chiquillo. Zé es un paria.La noche misma de su regreso, empiezan a desaparecer del pueblo varias mujeres, y los pueblerinos sospechan del palafrenero y temen que las mujeres hayan sido matadas por Zé, al que consideran un demonio. Efectivamente es Zé quien las ha secuestrado y encerrado en una habitación con varias cunas (tanto así que las actrices han debido doblar las piernas para poder tenderse en ellas). Sorprendentemente, parecen muy resignadas. Zé les explica que las ha secuestrado porque son, en primer lugar, malas, diciendo, por ejemplo, que lo son porque no se han casado por la iglesia -implicando así que ellas se merecen compartir su destino- y porque son guapas. Pero, por eso, han sido elegidas para jugar un papel en la creación de una nueva raza de hombres superiores y eternos, desprovistos de sentimientos, y ellas serán sometidas a pruebas para determinar quién de todas portará la semilla -como se expresan tan floridamente los personajes- de Zé en su vientre. Al resto, dice, las matará, si acaso no se le ocurre nada mejor. Zé tiene un siniestro ayudante de joroba movediza y una gigante oreja aplastada, con una mejilla llena de llagas y de mirada de zombi lascivo y siempre babeando por su boca abierta.
Entre los desvaríos de Zé -tiene a las mujeres en su casona acorralada por tumbas junto al, más bien, en el cementerio y el ambiente es naturalmente nocturno y brumoso, porque en el cementerio hay, además, pantanos de arenas movedizas-, está la negación de la existencia de Dios y dice que sólo vive el Demonio y -y esto suena muy coherente- que si fuera falso lo que él afirma, entonces él no haría lo que hace, porque Dios sería entonces más fuerte, lo que sería imposible porque Dios no existe, y, por tanto -concluye extrañamente- sólo existe la sangre. Con la sangre quiere decir, según se deduce, la materia, en el sentido de que es materia la transmisión de los genes y, por tanto, sólo vale luchar por la perfección de la raza, y que si él, que es el Mal, o sea la perfección, logra acoplarse con una mujer igualmente mala, tendrán un hijo que será la perfección más perfecta del Mal y procrearán una raza de hombres superiores y carentes de sentimientos y principios, y, además, eterna. ¡Y él acusa, lanzando miradas de desprecio y suficiencia, a los pueblerinos de ser supersticiosos!
Dicho y hecho, cuando ellas duermen en sus cunas, Zé introduce a la habitación una invasión de peludas tarántulas que se montan sobre las mujeres, especialmente en el culo, las tetas y la cara, hasta que ellas finalmente despiertan y Zé enciende la luz y descubren a gritos y aullidos de terror que las tarántulas se las están poco menos que comiendo vivas. Sólo una de ellas no se apanica ni tiembla. Es Marcia. Y Zé cree que es la mujer que él espera y que le dará ese hijo perfecto que mejorará la raza.
Le regala a su ayudante, el jorobado Bruno, una de las desafortunadas, que el monstruo se lleva discretamente a violarla a otra parte. Vuelve con ella al cabo, y la coloca, muerta, en una cama. Le explica a Zé que ella estaba gritando mucho cuando la violaba y que le había apretado el pescuezo y la había parece que matado sin darse cuenta. Zé le consuela, diciéndole que no lo lamente, que no era más que una perdedora. Parece que las mujeres se dan cuenta ahora de la situación en que están y empiezan a chillar. Zé abre con un mecanismo una compuerta y convence a las mujeres de que entren ahí. Es un diminuto patio. Se mete luego en la cama con Marcia para hacerle un bebé y, con otro truco, abre una ventana que da al patio subterráneo en que ha encerrado a las mujeres. Ahí empieza a echarles un buen montón de culebras. Mientras las serpientes venenosas meten miedo a las histéricas mujeres, las pican y las estrangulan, él se monta encima de Marcia. Una de ellas, antes de morir, lo maldice y le anuncia que volverá a nacer para castigarlo, reencarnándose en su propio cadáver -lo que todavía me parece bastante incomprensible. Él se muere de la risa. Pero a Marcia le da un repente y le dice que no puede seguir follando porque siente compasión por las mujeres. Zé la deja marchar. Luego le dirá a Bruno que se deshaga de los cadáveres y este los arroja al pantano.
El ojo de Zé se posa casualmente en una atractiva bigotuda, Laura, que es la futura novia del hijo del coronel del pueblo. Zé se quiere acercar a ella, pero se lo impide un hércules, Homero, vestido de levantador de pesas turco, musculoso, rapado, y con un ojo postizo. Con una buena paliza le recompensa Zé, zarandeándolo por el cuello, con demoníaca fuerza, con un bastón. Cae a una charca el hombrón y se acerca Zé a la joven. "Te espero esta medianoche en la Avenida de las Flores Rojas", le dice misteriosamente. Por la noche se escapa la chica de su casa y se viene a la avenida a esperar a Zé. Laura resulta ser todavía más malvada que Zé y este se queda prendido.
Laura no vuelve a casa. Todo el mundo se entera de que ha humillado al novio y de que se queda a vivir en la funeraria. El novio le propone a Zé comprarle a doble precio las propiedades si le entrega a Laura y si se marcha inmediatamente del pueblo. Zé, engañándolo, acepta. Cuando vuelve el chiquillo con el dinero, Bruno lo agarra, por detrás, por el cuello y Zé le da un tortazo con el bolso con el dinero que le llevaba. El chico se desmaya y Bruno lo amarra. Zé se aparece y le muestra cómo morirá, poniéndole un ejemplo ilustrativo con un ratón de laboratorio. Este es colocado debajo de un enorme pedazo de roca -de un metro cúbico-, que dejan caer sobre el animal, que muere aplastado, su sangre salpicando por todos lados. Lo ponen luego a él mismo. Prende fuego a la cuerda de la que cuelga la roca, y le dice que dejará que Dios decida. Si es tan bueno como dicen, dice, apagará la llama y te salvarás. Pero si yo soy superior a él, entonces la llama seguirá, la cuerda se romperá y tú te irás al cielo y saludarás de mi parte a los angelitos, o si te vas al infierno le darás mi dirección al diablo. Jejejeje. La cuerda se rompe. Luego se acerca a Laura y le dice alegremente que mató a su hermana. Lejos de lamentarlo, la mujer se echa en brazos del vampiro, pidiéndole que la folle.
Truncador, el levantador de pesas, está de vigilante en la acera de la casa de Laura. Para distraerlo, Ze pide a Marcia -que le debe la vida- que lo seduzca por un rato. Marcia se lo lleva a la cama y después de calentarle la tetera y de que el monstruo le dijera: "Te quiero sólo para mí", le dice que todo es posible, pero que ella es cara, porque le gustan las joyas, el lujo y el dinero. Él le dice que conseguirá ese dinero. Truncador parte en búsqueda de una botella de champaña y entra a la cantina, por donde se aparece el jorobado cojo y semi ciego a decir que su señor apuesta cualquier cosa al poker. Truncador inquiere si acaso también apuesta dinero. Al cabo de una hora comienza la partida, con todos los pueblerinos mirando por la espalda, y Truncador pierde miserablemente.
Sale de la cantina y Bruno se le echa encima con un palo, dejándolo mal herido. Cuando salen todos, lo que ven es el cadáver del hijo del coronel con la cabeza reventada, el bolso con el dinero, y Truncador, con una roca cerca de él. Lo acusan del asesinato y lo meten a la cárcel. Luego logra escapar y avisa al coronel de lo que verdaderamente ha ocurrido. El coronel decide tomar la justicia en sus manos y encarga a Truncador formar una milicia para terminar con el monstruo. Salen en su búsqueda y lo atrapan en el pueblo, la noche del parto en que Bruno salió a comunicar y celebrar que Laura esperaba su hijo y que se había empinado demasiadas copas. Se le echan encima y finalmente lo dominan, subiéndolo amarrado a un carro. Se sienta encima de él para llevárselo al coronel, pero en el camino, cerca del cementerio, Zé se llena de energía, sale de su letargo y lo primero que se le ocurre hacer, es cortarle la garganta a uno de los vigilantes con unas cuchillas que lleva en los zapatos. Se escapa en la noche. Entra al cementerio. Lo siguen. Zé se esconde detrás de un árbol y sorprende a uno de los seguidores clavándole un hacha gigantesca en la mitad de la frente. Se deja atrapar por la cuadrilla y los engaña, haciéndolos caer en un pantano de arenas movedizas. Mueren todos. El coronel está convencido de que a sus hombres los mató Zé, pero el jefe de policía, Homero, le dice que no tienen pruebas.
En la cantina del pueblo, se entera Zé, espiando la conversación de uno de los maridos que había perdido a su mujer, que una de las asesinadas estaba embarazada. Lleno de culpa -porque amaba a los niños-, vuelve a casa, a confesarse con Laura. Esta lo consuela diciéndole que eran seres inferiores. Creo que después se le aparece el fantasma de la muerta, amenazándolo, como la primera vez, con que se reencarnará en su cadáver muerto y otras excentricidades, y desapareciendo en medio de espeluznantes carcajadas. Sale Zé al cementerio que tiene en el patio, con varias tumbas recién abiertas o recién cerradas, y unas manos que salen de las tumbas y de la tierra lo cogen de los tobillos y los brazos, impidiéndole avanzar, y tratando de jalarlo. Lo que finalmente consiguen, cayendo Zé por un oscuro hoyo, por el que va a dar al infierno.
El infierno donde cae Zé es de color -hasta el momento la película era blanco y negro- y es subterráneo y sofocante. Manos y cabezas sangrantes emergen de las padres, y se oyen gritos y quejidos de dolor y temor que ponen los pelos de punta. Un demonio de cuerpo pintado y con tangas se pasea con un trípode pinchando a los condenados. Algunas almas han sido amarradas o están empotradas o con los pies metidos en un cubo con cemento, y los demonios les dan de latigazos. Hay todavía un demonio peor que, con un martillo, clavetea unos gigantescos clavos en la frente de los muertos. Hay otros muertos que se ahogan en una lagunita. Y otras escenas de torturas, algunas divertidas. Cuando quiere salir de ahí, se encuentra con él mismo, todo pintarrajeado, sentado en un trono, y cogiendo con su mano uvas y otras frutas que unas sacerdotisas semi-desnudas y coloreadas, sentadas en abanico en torno a él, llevan en unas bandejitas. Jejeje. Escapa por un hoyo negro.
Y cae en la cama junto a Laura. En estado de conmoción, le cuenta que acaba de estar en el infierno, que ha sido condenado por sus crímenes, y que Dios, después de todo, existe, conclusión con la que más se cabrea todavía porque dice que Dios no existe, y que, de existir, habría que matarlo, por lo malo que es. Y si Dios significa ser el más malo de todos, entonces todos nosotros podemos ser dioses, porque se puede todavía ser más malo que Dios -consuelo de tontos. Pero Laura lo calma y lo llama a la razón. Entonces se acuerdan de que todavía no han follado y de que él "le plante la semilla" de la nueva raza inmortal científica.
Se queda así preñada Laura. Pero las cosas no marchan bien. Los pueblerinos y el jefe de policía sospechan que el hijo del coronel ha sido secuestrado y posiblemente asesinado por Zé. Marcia se arrepiente de todas las cosas malas que ha hecho, y se toma un veneno. La encuentran por la mañana moribunda. Antes de morir, confiesa todo y su mucamo cuenta a su vez la historia a todo el pueblo. Se enteran de que efectivamente la desaparición de las mujeres se debe a sus siniestras actividades y que han sido verdaderamente asesinadas. Y se dirigen hacia él.
El embarazo marcha mal. Laura tiene un aborto y el doctor le dice a Zé que uno de las dos morirá en el parto, que no puede salvar al bebé y a la mamá. Zé le dice que salve al hijo, lo que Laura acepta feliz. Muere. Pero también muere el bebé. Zé intenta revivirla, recurriendo a encantaciones e invocaciones, pero todo fracasa.
Llegan los pueblerinos a su casa, con antorchas, guadañas y escopetas. Zé huye, desvariando como siempre. Se encuentra con un cura, que le dirá que todavía es tiempo de arrepentirse. Pero Zé toma un crucifijo, se ríe demoníacamente y se burla de todos, y los insulta, tirándoles finalmente el crucifijo por la cabeza. Los desprecia porque son tontos, dice. Él es un incomprendido. Los humanos normales no entienden ni aprecian sus esfuerzos por mejorar la raza, ni agradecen su gentileza de querer compartir con ellos sus genialidades. Uno de los vigilantes con escopeta le pega dos tiros en la espalda y Zé cae finalmente al suelo, en un pozo en medio de las tumbas. Mientras todos miran cómo intenta salir de ahí, empiezan a aparecer y a flotar en la superficie huesos humanos, y a Zé le da un patatús. Cuando parece que se hunde en serio, o más definitivamente, en el fango del pantano, después de que se aparece el fantasma de la mujer embarazada cuyo hijo mató, se arrepiente de todo y pide urgentemente un crucifijo. Pero es demasiado tarde. Y desaparece en la poza de agua, camino al infierno.
1966 Director José Mojica Marins Guión Aldonora de Sa Oporto José Mojica Marins Reparto Wohlers Nadia Freitas Antonio Fracari José Lobo Esmeralda Ruchel Paula Ramos Tania Mendon (?) Lya Lagutte Carmen Marins Mina Monte Roque Rodrigues
©Claudio Lisperguer
La Invasión de los Selenitas 8
La serie de los años cincuenta, ‘Radar Men from the Moon’, giraba sobre los esfuerzos de los hombres de la Luna -los selenitas- por apoderarse de la Tierra. Pero el comando Cody lo impediría. Capítulo 8: The Enemy Planet.
Capítulo 8: El Planeta Enemigo
Pero Commando y Ted habían abandonado la avioneta al darse cuenta de que los malvados les apuntaban. Ted salta en paracaídas, mientras Cody usa su traje volante.
En el laboratorio de Cody, Henderson, el espía de Washington, dice que no se podrá defender la Tierra si no tienen cañones de rayos. Dice que no se pueden fabricar sin lunario. Cody dice entonces que él viajará a la Luna a ver si puede robar algo de ese mineral. "Cualquier cosa es mejor que estar sentados aquí como patos de latón de tómbola". Joan llama a Henk para que prepare el cohete. Henderson da su permiso.
Cody, Ted y Joan llegan al cohete en el desierto y lo abordan en dirección a la Luna. El viaje les tomará dos horas, dice Cody.
Alunizan finalmente y Cody sale del cohete a buscar a un selenita, dice, al que obligará a que le diga dónde guardan el lunario. Efectivamente al poco rato divisa a un selenita en traje espacial parado encima de una montaña. Se le echa encima y agarra el cable de alimentación de oxígeno del selenita, amenazándolo con volver a cortárselo si no le dice dónde está el secreto. Cody se lleva al selenita al cohete.
Mientras el selenita come sentado a la mesa, Cody se mete en su traje, pues se hará pasar por él. Disfrazado de selenita, Ted entra a la ciudad sin despertar sospechas y encuentra de primeras un cajón con lunario. Sale de la ciudad arrastrándolo. Ted lo espera en la puerta. Descubren que es demasiado pesado como para transportarlo, pero justo en ese momento llega un tanque selenita. El artillero se baja a llamar por teléfono junto a una puerta de la ciudad y ese momento es aprovechado por los terrícolas para escapar con el tanque. El artillero reporta la pérdida y pide otro tanque, que llega efectivamente de inmediato. Se monta en él y empiezan a dar caza a los terrícolas.
Al divisarlos, les disparan con rayos. Cody, que conduce, dice que para usar el cañón del tanque deben girar. El tanque queda averiado y Ted sale del tanque en traje volante a ver si puede detener a los selenitas con unas granadas. Los selenitas vuelven a disparar, impactando nuevamente. Esta vez Cody cae. La caída hace que los cables de alimentación se rompan y el comandante parece perder el sentido.
©Claudio Lisperguer
©The Enemy Planet
Capítulo 8: El Planeta EnemigoPero Commando y Ted habían abandonado la avioneta al darse cuenta de que los malvados les apuntaban. Ted salta en paracaídas, mientras Cody usa su traje volante.
En el laboratorio de Cody, Henderson, el espía de Washington, dice que no se podrá defender la Tierra si no tienen cañones de rayos. Dice que no se pueden fabricar sin lunario. Cody dice entonces que él viajará a la Luna a ver si puede robar algo de ese mineral. "Cualquier cosa es mejor que estar sentados aquí como patos de latón de tómbola". Joan llama a Henk para que prepare el cohete. Henderson da su permiso.
Cody, Ted y Joan llegan al cohete en el desierto y lo abordan en dirección a la Luna. El viaje les tomará dos horas, dice Cody.
Alunizan finalmente y Cody sale del cohete a buscar a un selenita, dice, al que obligará a que le diga dónde guardan el lunario. Efectivamente al poco rato divisa a un selenita en traje espacial parado encima de una montaña. Se le echa encima y agarra el cable de alimentación de oxígeno del selenita, amenazándolo con volver a cortárselo si no le dice dónde está el secreto. Cody se lleva al selenita al cohete.
Mientras el selenita come sentado a la mesa, Cody se mete en su traje, pues se hará pasar por él. Disfrazado de selenita, Ted entra a la ciudad sin despertar sospechas y encuentra de primeras un cajón con lunario. Sale de la ciudad arrastrándolo. Ted lo espera en la puerta. Descubren que es demasiado pesado como para transportarlo, pero justo en ese momento llega un tanque selenita. El artillero se baja a llamar por teléfono junto a una puerta de la ciudad y ese momento es aprovechado por los terrícolas para escapar con el tanque. El artillero reporta la pérdida y pide otro tanque, que llega efectivamente de inmediato. Se monta en él y empiezan a dar caza a los terrícolas.
Al divisarlos, les disparan con rayos. Cody, que conduce, dice que para usar el cañón del tanque deben girar. El tanque queda averiado y Ted sale del tanque en traje volante a ver si puede detener a los selenitas con unas granadas. Los selenitas vuelven a disparar, impactando nuevamente. Esta vez Cody cae. La caída hace que los cables de alimentación se rompan y el comandante parece perder el sentido.
©Claudio Lisperguer
©The Enemy Planet
La Invasión de los Selenitas 7
La serie de los años cincuenta, ‘Radar Men from the Moon’, giraba sobre los esfuerzos de los hombres de la Luna -los selenitas- por apoderarse de la Tierra. Pero el comando Cody lo impediría. Capítulo7: Camouflaged Destruction.
Capítulo 7: Destrucción Camuflada
Cuando va cayendo, Cody suspende la caída con su máquina y se echa a volar de nuevo. Llega finalmente a su laboratorio, donde informa a Ted y Joan que se irá al café Al a ver si averigua algo.
En el café Al conoce a un parroquiano que está a la barra y que conoce efectivamente a Graber. Es un mecánico que incluso ha hablado con él, le dice. Justamente ayer le pidió Graber ayuda para montar una plataforma en un camión, pero el parroquiano no fue capaz de hacerlo y lo envió al taller de mecánica de Benson, al otro lado de la ciudad.
Krog llama a Retik en la Luna y le dice que ya tiene el cañón de rayos para atacar. Dice que como las autoridades han enviado muchas tropas al área de la montaña donde está el laboratorio, su plan es atacar los trenes con soldados. Retik le da su visto bueno, encareciéndole que las defensas de la Tierra deben ser destruidas antes de la invasión.
En el taller de Benson, Cody hace preguntas. Hay unos camiones ahí, pero Benson dice que no sabe no vio a los choferes porque llegaron ahí por la noche. Cody se pone a revisar uno de ellos. En ese momento entra Graber y Daly. Graber ordena a Daly cachear a Cody. Benson toma una llave y ataca a los malvados. Se agarran todos a puñetazos. Benson cae inconsciente y Cody debe enfrentar a los dos malos. Aunque se defiende valientemente, cae finalmente al suelo y los gángsteres se escapan en el camión.
El comandante vuelve al laboratorio. Está Joan, que le dice: "Probablemente llevan [en el camión] el cañón de rayos". Le dice que mandó a Ted al aeropuerto a esperar. Recibe justo en ese momento una llamada. Los malos acaban de atacar un tren de tropas. Le dice a Joan que avise a Ted y que le diga que tome un avión en la dirección del ataque. Él se irá a localizar al camión. Joan llama por radio a Ted Richards.
Ted despega en una avioneta. Cody, entretanto, ha localizado en la carretera el camión y lo persigue. Los malvados se dan cuenta de que son seguidos desde el aire y Daly se asoma por la puerta y comienza a dispararle a Cody con su rifle. No le da, pero lo obliga a alejarse. Cody da instrucciones a Ted y le dice que abordará la avioneta.
Ya en el cabina prosiguen la cacería. La avioneta desciende algo y Cody, con la mano, arroja sobre el camión una pequeña bomba. Aunque estalla, no cae sobre el camión y los malvados escapan. Deciden parar y sacan el cañón de rayos. Disparan contra la avioneta, sin darle. Giran el camión y vuelven a disparar. Esta vez, la avioneta estalla en mil pedazos.
©Claudio Lisperguer
©Camouflaged Destruction
Capítulo 7: Destrucción CamufladaCuando va cayendo, Cody suspende la caída con su máquina y se echa a volar de nuevo. Llega finalmente a su laboratorio, donde informa a Ted y Joan que se irá al café Al a ver si averigua algo.
En el café Al conoce a un parroquiano que está a la barra y que conoce efectivamente a Graber. Es un mecánico que incluso ha hablado con él, le dice. Justamente ayer le pidió Graber ayuda para montar una plataforma en un camión, pero el parroquiano no fue capaz de hacerlo y lo envió al taller de mecánica de Benson, al otro lado de la ciudad.
Krog llama a Retik en la Luna y le dice que ya tiene el cañón de rayos para atacar. Dice que como las autoridades han enviado muchas tropas al área de la montaña donde está el laboratorio, su plan es atacar los trenes con soldados. Retik le da su visto bueno, encareciéndole que las defensas de la Tierra deben ser destruidas antes de la invasión.
En el taller de Benson, Cody hace preguntas. Hay unos camiones ahí, pero Benson dice que no sabe no vio a los choferes porque llegaron ahí por la noche. Cody se pone a revisar uno de ellos. En ese momento entra Graber y Daly. Graber ordena a Daly cachear a Cody. Benson toma una llave y ataca a los malvados. Se agarran todos a puñetazos. Benson cae inconsciente y Cody debe enfrentar a los dos malos. Aunque se defiende valientemente, cae finalmente al suelo y los gángsteres se escapan en el camión.
El comandante vuelve al laboratorio. Está Joan, que le dice: "Probablemente llevan [en el camión] el cañón de rayos". Le dice que mandó a Ted al aeropuerto a esperar. Recibe justo en ese momento una llamada. Los malos acaban de atacar un tren de tropas. Le dice a Joan que avise a Ted y que le diga que tome un avión en la dirección del ataque. Él se irá a localizar al camión. Joan llama por radio a Ted Richards.
Ted despega en una avioneta. Cody, entretanto, ha localizado en la carretera el camión y lo persigue. Los malvados se dan cuenta de que son seguidos desde el aire y Daly se asoma por la puerta y comienza a dispararle a Cody con su rifle. No le da, pero lo obliga a alejarse. Cody da instrucciones a Ted y le dice que abordará la avioneta.
Ya en el cabina prosiguen la cacería. La avioneta desciende algo y Cody, con la mano, arroja sobre el camión una pequeña bomba. Aunque estalla, no cae sobre el camión y los malvados escapan. Deciden parar y sacan el cañón de rayos. Disparan contra la avioneta, sin darle. Giran el camión y vuelven a disparar. Esta vez, la avioneta estalla en mil pedazos.
©Claudio Lisperguer
©Camouflaged Destruction
La Invasión de los Selenitas 6
La serie de los años cincuenta, ‘Radar Men from the Moon’, giraba sobre los esfuerzos de los hombres de la Luna -los selenitas- por apoderarse de la Tierra. Pero el comando Cody lo impediría. Capítulo 6: Hills of Death.
Capítulo 6: Colinas de la Muerte
Naturalmente, antes del impacto Cody y Ted habían saltado del coche, salvando así la vida.
Entretanto al laboratorio de Krog han llegado Graber y otro maleante. Graber le entrega el botín a Krog. Justo en ese momento lo llama Retik desde la Luna. Le pregunta si tiene alguna bomba atómica suficientemente fuerte como para provocar una erupción volcánica en el Monte Alta. Dice que causará mucho daño, porque la erupción del volcán provocará lluvias torrenciales e inundaciones que echarán por el suelo las defensas y el transporte en la Tierra. Le ordena que empiece a usar su cañón de rayos para neutralizar las defensas de los terrícolas antes de invadir el planeta. Krog ordena a los malvados que alquilen un avión y que arrojen la bomba atómica de inmediato. "Les daré la bomba", dice, y se mete debajo de la mesa a retirarla. La bomba es como una bala gigante, del tamaño de una caja de un extintor.
Los dos gángsteres, en una avioneta, sobrevuelan el volcán y dejan caer la bomba, provocando efectivamente una terrible explosión y posterior erupción del volcán. Según el Daily Chronicle, la erupción causa además un terremoto y violentas tormentas de rayos.
Cody ha chequeado los aeropuertos y ha trazado a Graber como uno de los que alquiló la avioneta. Sospecha, con Joan y Ted, que los malvados arrojaron una bomba atómica para despertar al volcán dormido. La dirección que dieron en el aeropuerto los malvados es falsa, pero Cody tiene en sus manos un encendedor que el gerente del aeropuerto tomó prestado de uno de los maleantes, olvidando devolvérselo. Es un encendedor del café Al. Allá se dirigen.
Efectivamente, les dice el bartendero, los maleantes son parroquianos. Le dice Cody, pasándola una tarjeta: "Si los ves, llámame". Cuando van saliendo, entran los dos gángsteres y se agarran todos a puñetazos. Cody cae bajo el impacto de los puños y el bartendero coge su escopeta para intervenir. Pero es demasiado tarde. Los gángsteres ya tienen a Ted bajo su control y escapan del café, llevándoselo secuestrado.
En el café el comandante vuelve en sí. Le dice al bartendero que no se atreve a llamar a la policía por temor a que los gángsteres maten a su amigo.
En la carretera Ted abre la puerta del coche y se deja caer. Se oculta entre los matorrales. Graber y el otro gángster ni siquiera inician su búsqueda, diciéndose que es imposible encontrarlo ahí y deciden esperar en Clark Mountain hasta que los compinches envíen un nuevo coche.
Joan y Cody esperan desesperados en el laboratorio de Cody. Allí reciben la llamada de Ted, que está en un café de la carretera 17. Mientras se coloca el traje volante, Cody le dice a Joan que llame a la policía y que les diga que bloqueen la carretera. Se aleja volando a la búsqueda de los malvados.
Graber y Daly esperan. Graber limpia su arma y le dice a Daly que no se preocupe. Cody los divisa desde el cielo y se acerca a ellos por entre las rocas. Pero los malvados lo ven y empiezan a dispararle. Cody dispara a su vez y los malvados escapan, después de que una bala de Cody ha impactado en la pistola de Graber. Pero llegan a un precipicio de donde no pueden retroceder. Graber se mete en un hoyo en la tierra. Aparece Cody, y le dice a Daly que arroje su arma. Así hace el malo, pero entonces sale Graber de su hoyo y le tira lo que parece ser una pelota de rugby al comandante. Al impactar en su espalda, el comandante se desploma en el vacío.
©Claudio Lisperguer
©Hills of Death
Capítulo 6: Colinas de la MuerteNaturalmente, antes del impacto Cody y Ted habían saltado del coche, salvando así la vida.
Entretanto al laboratorio de Krog han llegado Graber y otro maleante. Graber le entrega el botín a Krog. Justo en ese momento lo llama Retik desde la Luna. Le pregunta si tiene alguna bomba atómica suficientemente fuerte como para provocar una erupción volcánica en el Monte Alta. Dice que causará mucho daño, porque la erupción del volcán provocará lluvias torrenciales e inundaciones que echarán por el suelo las defensas y el transporte en la Tierra. Le ordena que empiece a usar su cañón de rayos para neutralizar las defensas de los terrícolas antes de invadir el planeta. Krog ordena a los malvados que alquilen un avión y que arrojen la bomba atómica de inmediato. "Les daré la bomba", dice, y se mete debajo de la mesa a retirarla. La bomba es como una bala gigante, del tamaño de una caja de un extintor.
Los dos gángsteres, en una avioneta, sobrevuelan el volcán y dejan caer la bomba, provocando efectivamente una terrible explosión y posterior erupción del volcán. Según el Daily Chronicle, la erupción causa además un terremoto y violentas tormentas de rayos.
Cody ha chequeado los aeropuertos y ha trazado a Graber como uno de los que alquiló la avioneta. Sospecha, con Joan y Ted, que los malvados arrojaron una bomba atómica para despertar al volcán dormido. La dirección que dieron en el aeropuerto los malvados es falsa, pero Cody tiene en sus manos un encendedor que el gerente del aeropuerto tomó prestado de uno de los maleantes, olvidando devolvérselo. Es un encendedor del café Al. Allá se dirigen.
Efectivamente, les dice el bartendero, los maleantes son parroquianos. Le dice Cody, pasándola una tarjeta: "Si los ves, llámame". Cuando van saliendo, entran los dos gángsteres y se agarran todos a puñetazos. Cody cae bajo el impacto de los puños y el bartendero coge su escopeta para intervenir. Pero es demasiado tarde. Los gángsteres ya tienen a Ted bajo su control y escapan del café, llevándoselo secuestrado.
En el café el comandante vuelve en sí. Le dice al bartendero que no se atreve a llamar a la policía por temor a que los gángsteres maten a su amigo.
En la carretera Ted abre la puerta del coche y se deja caer. Se oculta entre los matorrales. Graber y el otro gángster ni siquiera inician su búsqueda, diciéndose que es imposible encontrarlo ahí y deciden esperar en Clark Mountain hasta que los compinches envíen un nuevo coche.
Joan y Cody esperan desesperados en el laboratorio de Cody. Allí reciben la llamada de Ted, que está en un café de la carretera 17. Mientras se coloca el traje volante, Cody le dice a Joan que llame a la policía y que les diga que bloqueen la carretera. Se aleja volando a la búsqueda de los malvados.
Graber y Daly esperan. Graber limpia su arma y le dice a Daly que no se preocupe. Cody los divisa desde el cielo y se acerca a ellos por entre las rocas. Pero los malvados lo ven y empiezan a dispararle. Cody dispara a su vez y los malvados escapan, después de que una bala de Cody ha impactado en la pistola de Graber. Pero llegan a un precipicio de donde no pueden retroceder. Graber se mete en un hoyo en la tierra. Aparece Cody, y le dice a Daly que arroje su arma. Así hace el malo, pero entonces sale Graber de su hoyo y le tira lo que parece ser una pelota de rugby al comandante. Al impactar en su espalda, el comandante se desploma en el vacío.
©Claudio Lisperguer
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