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Las Luchadoras del Cine Mexicano


Las películas de luchadoras formaron un pequeño ciclo del cine mexicano, con momias, maldiciones, tesoros escondidos, científicos locos, robots y espías.
Las luchadoras fueron las estrellas de un puñado de películas de lucha libre mexicana producidas desde mediados de los años sesenta a principios de los setenta.
Estas películas difieren de las ya establecidas de lucha libre en que las protagonistas eran mujeres (las mujeres luchadoras habían aparecido en el mundo de la lucha desde hacía algún tiempo, pero el énfasis de esas películas recaía en gran parte en personajes masculinos como El Santo y Blue Demon) y en que ninguna de las luchadoras usaba máscara.
También es significativo el hecho de que las luchadoras del cine no eran en realidad luchadoras en el ring. Más bien, eran personajes creados y luego representados. Es algo similar a la creación de los dos luchadores de la vida real que también aparecieron en películas: Mil Máscaras y El Tinieblas. A diferencia de estos personajes enmascarados, sin embargo, las luchadoras sólo existían en el mundo de las películas.
La primera de dos películas en la serie coloca a las chicas en territorio familiar, enfrentándolas a un científico loco y una maldición azteca. Eran películas de presupuestos modestos, en blanco y negro, en las que actuaron la atractiva Lorena Velázquez y la starlet norteamericana Elizabeth Campbell. Los personajes se encuentran en una película inicial de 1962, Las Luchadoras contra el Médico Asesino, en la que el científico demente Roberto Caneda trata de transplantar un cerebro humano y elige como donante a la hermana de una de las luchadoras. También entran en escena dos agentes del servicio secreto (Armando Sylvestre y Chucho Salinas) que al principio dan la mala noticia a Velázquez, y luego se involucran con las chicas.
La película cubre bastante terreno, con la inclusión de un monstruo (un hombre con el cerebro de una gorila, en un papel de Gerardo M. Zapeda), la muerte aparentemente violenta del doctor loco en el incendio del laboratorio hacia la mitad de la película y su subsecuente aparición para un enfrentamiento. Finalmente es capaz de sacarle el cerebro de gorila e implantarlo en el cuerpo de la luchadora secuestrada, y está muy cerca de eliminar a las luchadoras.
Se rodó la segunda película después del éxito de taquilla de la primera, y se lanzó en 1964 con las mismas actrices. Para los fans de la serie de la Momia Azteca, la trama de Las Luchadoras contra la Momia es un terreno muy familiar. Como en películas de momias previas, las fuerzas siniestras buscan el legendario tesoro perdido de los aztecas. La diferencia aquí es que los intrigantes son una banda oriental.
Después de algunas escaramuzas con la banda, las heroínas entran a la tumba donde se encuentra el secreto (sabiendo que la maldición pesa sobre el sitio, la banda fue esencialmente engañada para que hicieran el trabajo sucio por ellas). Al entrar, el desgraciado cuarteto invoca la maldición que pesa sobre el códice azteca y su momia guardiana.
El difícil analizar el primer par de películas de luchadoras en un nivel artístico, ya que fueron producidas sin pretensiones artísticas. Son menos fluidas que otras películas del género de la misma época. La iluminación y la fotografía son borrosas, pero eso en realidad les da más ambiente. Esto es particularmente verdad de las escenas nocturnas exteriores.
Por otro lado, las películas tienen ocasionalmente aspectos descuidados que debieron ser arreglados o alterados. Hay dos en Las Luchadoras contra la Momia que son especialmente irritantes. En una toma un murciélago de goma sale de la habitación con el simple acto de poner en reverso el metraje de su entrada (o sea, que vuela hacia atrás). En otra escena, el murciélago toca con un ala el peto de una chica encadenada a un altar, y el peto cae al suelo. Pero en la toma siguiente, el peto está de vuelta en su lugar.
Varios años más se decidió producir una nueva película de luchadoras, esta vez en color. Aquí las cosas se pusieron interesantes. Elizabeth Campbell se había marchado de México hacía tiempo, en circunstancias algo oscuras; Lorena Velázquez estaba presumiblemente ocupada en otra proyectos, y se decidió hacer un reparto completamente nuevo.
Además, se decidió que sería una opción viable en realidad hacer un remake de la primera película, Las Luchadoras contra el Médico Asesino, agregando algunos nuevos giros a la trama.
El guión es probablemente uno de los más usados en la historia del cine mexicano. Aparte de ser usado dos veces en la serie de las Luchadoras, fue desempolvado de nuevo en 1973 para que sirviera de base a Santo y Blue Demon contra el Dr. Frankenstein.
El remake Las Luchadoras contra el Robot Asesini fue lanzado en 1969. Incluye en el reparto a un habitual de las luchas, Carlos Agosti. Se usó el concepto del robo de cerebros, pero esta vez el secuestrado fue uno de los tíos de las chicas. En este caso, el científico loco estaba secuestrando a otros científicos, usando un robot vestido de negro programado para succionar sus ondas cerebrales, para que hicieran el trabajo sucio. También había un monstruo en el sótano (Gerardo Zapeda, que hizo de monstruo Gomar en la primera versión), pero el robot se encargó de la mayor parte de la acción.
Desafortunadamente, la película salió perjudicada con el nuevo reparto, cuya actuación es extremadamente mediocre. También muy enervante son las revisiones en el relato sacado casi literalmente de un episodio de la serie de televisión británica Los Vengadores, El Retorno de los Cibernautas. Incluso el robot de abrigo negro, sombrero y gafas de sol es un plagio.
El cuarto filme de las Luchadoras fue incluso más diferente, ya que se redujeron a sólo una.
Lorena Velázques y Elizabeth Campbell aparecieron juntas como luchadoras en Las Lobas del Ring, de Calderón.

22 de enero de 2005
©save the galaxy
©traducción mQh

Las Luchadoras del Cine Mexicano


Las películas de luchadoras formaron un pequeño ciclo del cine mexicano, con momias, maldiciones, tesoros escondidos, científicos locos, robots y espías.
Las luchadoras fueron las estrellas de un puñado de películas de lucha libre mexicana producidas desde mediados de los años sesenta a principios de los setenta.
Estas películas difieren de las ya establecidas de lucha libre en que las protagonistas eran mujeres (las mujeres luchadoras habían aparecido en el mundo de la lucha desde hacía algún tiempo, pero el énfasis de esas películas recaía en gran parte en personajes masculinos como El Santo y Blue Demon) y en que ninguna de las luchadoras usaba máscara.
También es significativo el hecho de que las luchadoras del cine no eran en realidad luchadoras en el ring. Más bien, eran personajes creados y luego representados. Es algo similar a la creación de los dos luchadores de la vida real que también aparecieron en películas: Mil Máscaras y El Tinieblas. A diferencia de estos personajes enmascarados, sin embargo, las luchadoras sólo existían en el mundo de las películas.
La primera de dos películas en la serie coloca a las chicas en territorio familiar, enfrentándolas a un científico loco y una maldición azteca. Eran películas de presupuestos modestos, en blanco y negro, en las que actuaron la atractiva Lorena Velázquez y la starlet norteamericana Elizabeth Campbell. Los personajes se encuentran en una película inicial de 1962, Las Luchadoras contra el Médico Asesino, en la que el científico demente Roberto Caneda trata de transplantar un cerebro humano y elige como donante a la hermana de una de las luchadoras. También entran en escena dos agentes del servicio secreto (Armando Sylvestre y Chucho Salinas) que al principio dan la mala noticia a Velázquez, y luego se involucran con las chicas.
La película cubre bastante terreno, con la inclusión de un monstruo (un hombre con el cerebro de una gorila, en un papel de Gerardo M. Zapeda), la muerte aparentemente violenta del doctor loco en el incendio del laboratorio hacia la mitad de la película y su subsecuente aparición para un enfrentamiento. Finalmente es capaz de sacarle el cerebro de gorila e implantarlo en el cuerpo de la luchadora secuestrada, y está muy cerca de eliminar a las luchadoras.
Se rodó la segunda película después del éxito de taquilla de la primera, y se lanzó en 1964 con las mismas actrices. Para los fans de la serie de la Momia Azteca, la trama de Las Luchadoras contra la Momia es un terreno muy familiar. Como en películas de momias previas, las fuerzas siniestras buscan el legendario tesoro perdido de los aztecas. La diferencia aquí es que los intrigantes son una banda oriental.
Después de algunas escaramuzas con la banda, las heroínas entran a la tumba donde se encuentra el secreto (sabiendo que la maldición pesa sobre el sitio, la banda fue esencialmente engañada para que hicieran el trabajo sucio por ellas). Al entrar, el desgraciado cuarteto invoca la maldición que pesa sobre el códice azteca y su momia guardiana.
El difícil analizar el primer par de películas de luchadoras en un nivel artístico, ya que fueron producidas sin pretensiones artísticas. Son menos fluidas que otras películas del género de la misma época. La iluminación y la fotografía son borrosas, pero eso en realidad les da más ambiente. Esto es particularmente verdad de las escenas nocturnas exteriores.
Por otro lado, las películas tienen ocasionalmente aspectos descuidados que debieron ser arreglados o alterados. Hay dos en Las Luchadoras contra la Momia que son especialmente irritantes. En una toma un murciélago de goma sale de la habitación con el simple acto de poner en reverso el metraje de su entrada (o sea, que vuela hacia atrás). En otra escena, el murciélago toca con un ala el peto de una chica encadenada a un altar, y el peto cae al suelo. Pero en la toma siguiente, el peto está de vuelta en su lugar.
Varios años más se decidió producir una nueva película de luchadoras, esta vez en color. Aquí las cosas se pusieron interesantes. Elizabeth Campbell se había marchado de México hacía tiempo, en circunstancias algo oscuras; Lorena Velázquez estaba presumiblemente ocupada en otra proyectos, y se decidió hacer un reparto completamente nuevo.
Además, se decidió que sería una opción viable en realidad hacer un remake de la primera película, Las Luchadoras contra el Médico Asesino, agregando algunos nuevos giros a la trama.
El guión es probablemente uno de los más usados en la historia del cine mexicano. Aparte de ser usado dos veces en la serie de las Luchadoras, fue desempolvado de nuevo en 1973 para que sirviera de base a Santo y Blue Demon contra el Dr. Frankenstein.
El remake Las Luchadoras contra el Robot Asesini fue lanzado en 1969. Incluye en el reparto a un habitual de las luchas, Carlos Agosti. Se usó el concepto del robo de cerebros, pero esta vez el secuestrado fue uno de los tíos de las chicas. En este caso, el científico loco estaba secuestrando a otros científicos, usando un robot vestido de negro programado para succionar sus ondas cerebrales, para que hicieran el trabajo sucio. También había un monstruo en el sótano (Gerardo Zapeda, que hizo de monstruo Gomar en la primera versión), pero el robot se encargó de la mayor parte de la acción.
Desafortunadamente, la película salió perjudicada con el nuevo reparto, cuya actuación es extremadamente mediocre. También muy enervante son las revisiones en el relato sacado casi literalmente de un episodio de la serie de televisión británica Los Vengadores, El Retorno de los Cibernautas. Incluso el robot de abrigo negro, sombrero y gafas de sol es un plagio.
El cuarto filme de las Luchadoras fue incluso más diferente, ya que se redujeron a sólo una.
Lorena Velázques y Elizabeth Campbell aparecieron juntas como luchadoras en Las Lobas del Ring, de Calderón.

22 de enero de 2005
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©traducción mQh

Las Luchadoras del Cine Mexicano


Las películas de luchadoras formaron un pequeño ciclo del cine mexicano, con momias, maldiciones, tesoros escondidos, científicos locos, robots y espías.
Las luchadoras fueron las estrellas de un puñado de películas de lucha libre mexicana producidas desde mediados de los años sesenta a principios de los setenta.
Estas películas difieren de las ya establecidas de lucha libre en que las protagonistas eran mujeres (las mujeres luchadoras habían aparecido en el mundo de la lucha desde hacía algún tiempo, pero el énfasis de esas películas recaía en gran parte en personajes masculinos como El Santo y Blue Demon) y en que ninguna de las luchadoras usaba máscara.
También es significativo el hecho de que las luchadoras del cine no eran en realidad luchadoras en el ring. Más bien, eran personajes creados y luego representados. Es algo similar a la creación de los dos luchadores de la vida real que también aparecieron en películas: Mil Máscaras y El Tinieblas. A diferencia de estos personajes enmascarados, sin embargo, las luchadoras sólo existían en el mundo de las películas.
La primera de dos películas en la serie coloca a las chicas en territorio familiar, enfrentándolas a un científico loco y una maldición azteca. Eran películas de presupuestos modestos, en blanco y negro, en las que actuaron la atractiva Lorena Velázquez y la starlet norteamericana Elizabeth Campbell. Los personajes se encuentran en una película inicial de 1962, Las Luchadoras contra el Médico Asesino, en la que el científico demente Roberto Caneda trata de transplantar un cerebro humano y elige como donante a la hermana de una de las luchadoras. También entran en escena dos agentes del servicio secreto (Armando Sylvestre y Chucho Salinas) que al principio dan la mala noticia a Velázquez, y luego se involucran con las chicas.
La película cubre bastante terreno, con la inclusión de un monstruo (un hombre con el cerebro de una gorila, en un papel de Gerardo M. Zapeda), la muerte aparentemente violenta del doctor loco en el incendio del laboratorio hacia la mitad de la película y su subsecuente aparición para un enfrentamiento. Finalmente es capaz de sacarle el cerebro de gorila e implantarlo en el cuerpo de la luchadora secuestrada, y está muy cerca de eliminar a las luchadoras.
Se rodó la segunda película después del éxito de taquilla de la primera, y se lanzó en 1964 con las mismas actrices. Para los fans de la serie de la Momia Azteca, la trama de Las Luchadoras contra la Momia es un terreno muy familiar. Como en películas de momias previas, las fuerzas siniestras buscan el legendario tesoro perdido de los aztecas. La diferencia aquí es que los intrigantes son una banda oriental.
Después de algunas escaramuzas con la banda, las heroínas entran a la tumba donde se encuentra el secreto (sabiendo que la maldición pesa sobre el sitio, la banda fue esencialmente engañada para que hicieran el trabajo sucio por ellas). Al entrar, el desgraciado cuarteto invoca la maldición que pesa sobre el códice azteca y su momia guardiana.
El difícil analizar el primer par de películas de luchadoras en un nivel artístico, ya que fueron producidas sin pretensiones artísticas. Son menos fluidas que otras películas del género de la misma época. La iluminación y la fotografía son borrosas, pero eso en realidad les da más ambiente. Esto es particularmente verdad de las escenas nocturnas exteriores.
Por otro lado, las películas tienen ocasionalmente aspectos descuidados que debieron ser arreglados o alterados. Hay dos en Las Luchadoras contra la Momia que son especialmente irritantes. En una toma un murciélago de goma sale de la habitación con el simple acto de poner en reverso el metraje de su entrada (o sea, que vuela hacia atrás). En otra escena, el murciélago toca con un ala el peto de una chica encadenada a un altar, y el peto cae al suelo. Pero en la toma siguiente, el peto está de vuelta en su lugar.
Varios años más se decidió producir una nueva película de luchadoras, esta vez en color. Aquí las cosas se pusieron interesantes. Elizabeth Campbell se había marchado de México hacía tiempo, en circunstancias algo oscuras; Lorena Velázquez estaba presumiblemente ocupada en otra proyectos, y se decidió hacer un reparto completamente nuevo.
Además, se decidió que sería una opción viable en realidad hacer un remake de la primera película, Las Luchadoras contra el Médico Asesino, agregando algunos nuevos giros a la trama.
El guión es probablemente uno de los más usados en la historia del cine mexicano. Aparte de ser usado dos veces en la serie de las Luchadoras, fue desempolvado de nuevo en 1973 para que sirviera de base a Santo y Blue Demon contra el Dr. Frankenstein.
El remake Las Luchadoras contra el Robot Asesini fue lanzado en 1969. Incluye en el reparto a un habitual de las luchas, Carlos Agosti. Se usó el concepto del robo de cerebros, pero esta vez el secuestrado fue uno de los tíos de las chicas. En este caso, el científico loco estaba secuestrando a otros científicos, usando un robot vestido de negro programado para succionar sus ondas cerebrales, para que hicieran el trabajo sucio. También había un monstruo en el sótano (Gerardo Zapeda, que hizo de monstruo Gomar en la primera versión), pero el robot se encargó de la mayor parte de la acción.
Desafortunadamente, la película salió perjudicada con el nuevo reparto, cuya actuación es extremadamente mediocre. También muy enervante son las revisiones en el relato sacado casi literalmente de un episodio de la serie de televisión británica Los Vengadores, El Retorno de los Cibernautas. Incluso el robot de abrigo negro, sombrero y gafas de sol es un plagio.
El cuarto filme de las Luchadoras fue incluso más diferente, ya que se redujeron a sólo una.
Lorena Velázques y Elizabeth Campbell aparecieron juntas como luchadoras en Las Lobas del Ring, de Calderón.

22 de enero de 2005
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El Hombre detrás de la Máscara de Plata


El Santo empezó como El Murciélago Enmascarado II. Se llamó luego El Hombre Rojo y El Demonio Negro antes de transformarse en El Santo y emprenderlas contra vampiros nazis y marcianos.
Rodolfo Guzmán Huerta, el atleta cuya identidad de luchador como El Santo se hizo leyenda en México tras una larga carrera en el ring y apariciones en una serie de populares películas, nació el 23 de septiembre de 1917 en el distrito mexicano de Hidalgo. El mundo de la lucha libre profesional estaba todavía en sus inicios en los años treinta. La lucha enmascarada fue introducida por un luchador visitante estadounidense en 1934. Este truco capturó la imaginación de la audiencia y los luchadores empezaron a diseñar identidades únicas. La lucha enmascarada continuó evolucionando en los años sesenta, cuando las identidades del ring se hicieron más estrafalarias e inventivas. En sus primeros días, sin embargo, los principales trucos de un luchador no eran frecuentemente más que un nombre llamativo y una pinta única.
En sus primeros días en el ring, Guzmán probó varias identidades en un intento de capturar el entusiasmo de sus fans. Comenzó compitiendo bajo el nombre de Rudy Guzmán en junio de 1934, dividiendo su tiempo entre el trabajo en el ring y trabajando como carpintero y pintor de casas. Pensando que su carrera pugilística no estaba avanzando a la velocidad que quería, Guzmán decidió que necesitaba algo más para hacerse un nombre. Como los luchadores enmascarados estaban capturando la imaginación del público, decidió experimentar con una personalidad enmascarada para ver si le daba el empujón que necesitaba.
El resultado fue un nuevo nombre, que le atrajo una poco bienvenida atención. Para su nueva identidad, Guzmán eligió el nombre de El Murciélago Enmascarado II. El primer Murciélago Enmascarado había sido un rudo popular (y traicionero) y el segundo mexicano enmascarado y Guzmán esperaba que la adopción de ese nombre -ligeramente alterado- sería suficiente para generar interés entre el público.
Desafortunadamente, al Murciélago original no le gustó la idea y Guzmán tuvo que abandonar su nueva identidad. En 1936 Guzmán adoptó otra identidad, la del Hombre Rojo. Casi un año después volvió a cambiar y se transformó en El Demonio Negro, que mantuvo hasta 1942, cuando ideó su identidad en el ring que sería definitiva. Este último concepto lo mantendría durante todo el resto de su carrera y finalmente, en la mente de sus compatriotas, sobrepasaría la identidad del atleta mismo.
Algunas fuentes dice que su fuente de inspiración fue la novela de Dumas, ‘El hombre de la máscara de hierro’. Otros dicen que la elección fue una sugerencia del entendido promotor con el que Guzmán estaba trabajando en esa época. Cualquiera sea el motivo, Guzmán creó una personalidad verdaderamente inmortal.
Cambiándose a ‘técnico’ (el luchador de ‘cara de niño’ o ‘bueno’) y adoptando una máscara plateada, Guzmán se transformó en El Santo, El Hombre de la Máscara Plateada. Hasta esa época, los luchadores enmascarados, como el Maravilla Enmascarado, eran tratados como viciosos y traicioneros por la prensa y eran frecuentemente percibidos por canallas que ocultaban sus intenciones oscuras, y pensamientos todavía más oscuros detrás de una máscara que lo ocultaba todo. Esta imagen estaba en realidad fundada en la verdad, ya que uno de los primeros luchadores en entrar en la legión de los luchadores enmascarados fue uno que había caído en desgracia y que usó una máscara para ocultar su identidad.
El Santo era diferente. Su carácter se reflejaba en la pureza de su máscara plateada, y fue promovido como un luchador honesto que nunca se rebajaba a los trucos usados por otros luchadores. Más que eso, El Santo fue promocionado (sobre todo en sus películas) como el adalid de los oprimidos -un hombre que, detrás de su máscara, era del pueblo.
La imagen pegó y desde su debut en Ciudad de México el 26 de julio de 1942, El Santo se transformó en un luchador popular.
También era extremadamente bueno en lo que hacía. En una carrera que se extendió por cuarenta años, El Santo ganó más de diez títulos, incluyendo el Cinturón de Peso Mediano y Peso Medio Ligero Mundial de la NWA.
Irónicamente, El Santo rechazó en 1952 la oportunidad de ser el protagonista en la primera película de lucha libre, aptamente titulada El Enmascarado de Plata. Inseguro sobre si la película caería bien a la audiencia, El Santo continuó peleando hasta 1958, cuando fue finalmente seducido a aparecer en dos películas producidas en Cuba -El Cerebro del Mal y Santo contra Hombres Infernales. El Enmascarado de Plata fue mostrado con El Médico Asesino (uno de los primeros artistas en las películas de lucha libre -fue también uno de los rudos en Huracán Ramírez, lanzada el mismo año).
Es interesante observar que El Santo no fue mencionado por su nombre en ninguna de esas películas. Era simplemente un agente secreto enmascarado de la policía cuya fuerza e inocencia eran utilizadas en situaciones en que los enfoques policiales más convencionales no daban resultados. En la segunda de estas películas participó también Fernando Oses (que aparecería en muchas películas de lucha libre en la década siguiente) como un segundo agente enmascarado. Más tarde Oses se especializó en representar a malvados específicos (en El Hacha Diabólica), incluso a un enemigo sobrenatural que volvía del más allá para matar el Hombre de la Máscara de Plata.
En los años siguientes, en una veintena de títulos, la persona dramática de El Santo fue continuamente definida y redefinida. Pasó por una serie de amores y, finalmente, en el sugestivo filme de suspense en blanco y negro El Espectro del Estrangulador, adoptó a un hijo. También se hizo agente de la Interpol en varias de sus películas, que fueron rodadas en Haití y otras locaciones exóticas -un lejano reflejo de sus primeras películas en las que aparecía simplemente como un amigo que ayudaba al detective Fernando Cassanova, apareciéndose cuando lo llamaban por un radio en un reloj pulsera, y luego, cuando los líos se solucionaban, desaparecía en una onda.
Las primeras películas variaban entre melodramas criminales bastante comunes a excéntricos guiones en que El Santo debía luchar contra zombis o hacer frente a amenazas sobrenaturales que las autoridades convencionales obviamente no podían derrotar. En los años sesenta se introdujo la fotografía a color y guiones cada vez más sensacionalistas. El Santo (ocasionalmente formando equipo con Mil Máscaras y Blue Demon -dos otros luchadores llevados al cine con aventuras propias) hicieron frente a vampiros neo-nazis, marcianos y otros rivales de valía. Por supuesto, siempre emergía triunfador.
Ya en sus cuarenta en la década del 50, cuando debutó en sus películas, El Santo se retiró del ring hacia 1982 -porque estaba perdiendo agudeza. Continuó haciendo apariciones hasta su muerte, de un paro cardíaco, el 5 de febrero de 1984.
Pero el espectáculo no había terminado. El funeral de El Santo (fue sepultado con su máscara en una ceremonia a la que asistieron sus compañeros enmascarados) reunió a miles de personas. Tanta gente asistió al funeral que impidieron el traslado de su ataúd a su sepultura final en el Mausoleo del Ángel.
Yace allí, su sepultura dominada por un relieve esculpido en plata de el rostro enmascarado de El Santo.
La leyenda de El Santo sigue viva a través de su hijo, Jorge Guzmán, que actualmente pelea con la máscara plateada bajo el nombre de El Hijo del Santo. El Hijo del Santo tenía su propia versión de lucha cinematográfica y participó en algunas películas hacia el término del ciclo de películas. En su primera película recibió la máscara de El Santo y las habilidades de su padre, representando por un figurante ya que la película fue producida después de la muerte real de El Santo. Compartió la pantalla con Mil Máscaras en Frontera sin Ley y ha aparecido recientemente en un nuevo e imaginativo proyecto titulado Infraterrestre.

21 de enero de 2005
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©traducción mQh

Santo, la Leyenda del Enmascarado de Plata


El Santo muere de un ataque al corazón y su hijo continúa la lucha contra el Mal.
Película interesante, si no completamente lograda, que combina algunos elementos verídicos con un montón de ficción. La primera parte alterna dos historias diferentes: en una ciudad de provincias, el codicioso don Severo trata de hacerse con la finca de Marcos Arriaga, un viudo con un joven hijo (Benito), que es un gran fan del Santo. Entretanto, en la capital, el Santo sufre un ataque al corazón y muere. Su hijo, que ha estado peleando como El Hombre Rojo, se reúne con el agente de su padre, Carlos Suárez. Carlos lleva al joven a una casa de propiedad del Santo, y le entrega la llave de una caja donde se guarda la máscara plateada ‘original’. Carlos le dice que posee "poderes especiales" y le insta a usarla. Sin embargo, el Hijo no cree merecer la posición de su padre y sigue peleando como El Hombre Rojo.
Entretanto, Marcos es detenido por instigación de don Severo y Benito se marcha a la ciudad a pedirle ayuda al Santo. El niño llega y traba amistad con un barrendero, Lucas, que lo presenta a ‘Santito’, una especie de gángster. Cuando Benito le dice que quiere ver al famoso luchador, los hombres le cuentan que el Santo ha muerto, pero que su hijo sigue vivo. Entristecido, Benito se monta en un autobús para volver a casa. De vuelta en el campo, Marcos se ha atrincherado en su casa con una escopeta. Don Severo le da 24 horas para que la desocupe.
El Hijo, gracias a las maquinaciones de Carlos y los otros luchadores, ha decidido finalmente ponerse la máscara de plata (pero no es la verdadera) y pelea como El Hijo del Santo. Gana un match y se coloca la máscara mágica. Benito llega a casa justo para ver cómo don Severo y sus matones sitian la casa de su padre. Corre dentro. Cuando la casa empieza a arder, el Hijo del Santo (llevando su traje plateado completo, y no el traje con el pecho desnudo que prefería su padre) llega al lugar en su elegante coche y hace un hoyo en la pared con un rayo láser para que Marcos y Benito puedan escapar. Su reloj de metal hace rebotar las balas; uno de los brazaletes causa que el coche de don Severo se estrelle. Don Severo: "¿Quién eres tú?" El Hijo: "Tu peor pesadilla". Don Severo renuncia a sus reclamos sobre la finca.
De vuelta en la casa de su padre, el Hijo habla con el retrato de cuerpo entero del Santo que cuelga de la pared: "Desde ahora, será mi responsabilidad. Y la acepto con orgullo". La película termina con un título: "Este no es el fin..., es el comienzo de una nueva era. La aventura recién ha comenzado".

Santo, la Leyenda... no está tan bien montada como pudo haber sido: demasiado metraje sobre Benito y sus problemas (lo que indica que la película trataba de ganarse una audiencia juvenil) y el Hijo tiene sólo un breve momento de acción en las escena finales, aunque sí hay una cantidad razonable de metraje en la arena. Las escenas con el Santo (representado, aunque no se lo menciona en los créditos, por Daniel García, que llevó la máscara de Huracán Ramírez en la mayoría de las películas donde aparece el héroe nacional) son buenas y el escondite secreto del Santo (lleno de recuerdos y equipos usados en la lucha contra el crimen) está bien hecho. Incluso hay diálogos inteligentes. Marta, la novia de Marcos, le dice al codicioso don Severo: "Espero que te pudras en tu dinero". Don Severo replica irónicamente: "Sería una bonita manera de morir".

1992 Director Guión Gilberto de Anda Reparto El Hijo del Santo (él mismo), Ernesto Gómez Cruz (Lucas Pereda López), Tony Bravo (Marcos Arriaga), Daniela Castro (Martha), Carlos Suárez (él mismo), Erik Sánchez (Benito), José Carlos Ruiz (don Severo), Luis Guevara (licenciado), Rojo Graw [sic] (Santito), Gilberto de Anda (policía en el gimnasio), Alfredo Ramírez (operador de cine), Daniel García (Santo). Luchadores El Tirante, Espanto Jr., Blue Panther, Tornado, Cobarde.

18 de enero de 2005
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©traducción mQh

Santo en la Frontera del Terror


Un doctor malvado opera y mata a los trabajadores mexicanos de un rancho tejano para sacarles los ojos y otros órganos y venderlos.
Gerardo y Fernando quieren cruzar ilegalmente la frontera de México con Estados Unidos. El coyote que los guiará dice que trabajarán en el rancho de míster Richards y que serán bien pagados y bien tratados. Fernando necesita el dinero para pagar la operación de Florecita, la hermanita ciega de su novia Azucena, que canta en una cantina. Cuando Fernando y Azucena son atacados por unos parroquianos borrachos, Santo y su compañero Carlitos, que pasaban por ahí, se vuelcan en su ayuda. Santo se saca la máscara de modo que Florecita pueda tocarle la cara. Dice que él pagará su operación. Fernando y Gerardo todavía piensan viajar a Estados Unidos a trabajar (ahora Fernando dice que comprará un camión con el dinero que gane); Santo anuncia que peleará en la tierra de los gringos, así que pueden recurrir a él si necesitan ayuda.
Gerardo y Fernando cruzan la frontera y son contratados por míster Richards. Su capataz el Monje es un personaje de aspecto arisco, y un tipo de apariencia misteriosa, el doctor Sombra, los somete a un examen médico. Más tarde, llama a un contacto en McAllen, Tejas, y dice que "la mercadería ha llegado". El doctor Sombra y sus guardias armados llevan a uno de los campesinos de la granja a una sala de operaciones. La próxima vez que lo vemos, Sombra ha puesto unos ojos en un jarro de cristal. El ‘donante' muerto es sacado para ser enterrado. Sombra usa el dinero que obtiene con la venta de los ojos (y, aparentemente, de otros órganos) para financiar sus experimentos de transplante de cerebros. Tiene dos ayudantes de aspecto zombi, los resultados de metidas de pata quirúrgicas anteriores. El Monje descubre la trama y decide abandonar el plan.
Entretanto, Azucena está preocupada ya que Fernando no ha tomado contacto con ella (a los trabajadores no se les deja salir del rancho). Santo y Carlitos llegan a la granja; el Santo se introduce furtivamente. Mientras, el Monje trata de chantajear al doctor Sombra, pero lo encierran, junto con Gerardo y Fernando, que fueron atrapados cuando trataban de escapar. El doctor Sombra dice que los trabajadores mexicanos murieron para salvar las vidas de otros que "valen más que ellos".
El Santo irrumpe e interroga a Sombra. Libera a Gerardo, Fernando y al Monje (que alega que no sabía nada de los planes de Sombra -y está diciendo la verdad, aunque no es que no haya tratado). Sin embargo, Sombra y sus zombis finalmente capturan al Santo (y a Carlitos, que ha seguido al Santo aunque se suponía que había ido a llamar a la policía). En la pelea que sigue, matan al Monje. Sombra hipnotiza a un mexicano y lo envía de vuelta a México a engañar a nuevos trabajadores para llevarlos al rancho con ofertas de salarios altos y buen trato. Sombra y sus zombis meten al Santo y a Carlitos en una cabina con una bomba de tiempo (pero escaparán).
Entretanto, el dueño del rancho, míster Richards, ha vuelto y libera a Gerardo y Fernando. Cuando aterriza un helicóptero para llevarse el jarro con los ojos, descubren que el jarro ha desaparecido: lo tiene Richards. Ha estado investigando el pasado de Sombra, y descubierto que es muy oscuro. Sombra envía a sus zombis para capturar a Richards, Gerardo y Fernando. Santo y Carlitos intervienen, así que Sombra trata de escapar en el helicóptero, pero Gerardo coge un arma y lo echa abajo.
De vuelta en México, el Santo, Gerardo, Fernando, Carlitos y Azucena están presentes cuando le sacan las vendas a Florecita: ¡puede ver!

Lo que pudo haber sido una interesante película -llevando el tema de la explotación de los inmigrantes mexicanos ilegales en Estados Unidos a un extremo de cuento de hadas- termina en una serie de innumerables refriegas, escapes, capturas, canciones y tomas de Florecita en camino a la sala de operaciones, etcétera. Cómo pudo míster Richards ser tan distraído como para no darse cuenta de que había guardias armados y una valla de alambre de púa en su rancho y que los trabajadores desaparecían y que Sombra era acompañado por dos zombis es simplemente increíble: incluso si toda la trama estuviera bien camuflada, ¿qué hacía el doctor Sombra, para empezar, en el rancho?

1979 Director Guión Rafael Pérez Grovas Historia Sergio David, Carlos Suárez Reparto Santo (Santo), Gerardo Reyes (Gerardo), Carmen del Valle (Azucena), Carlos Suárez (Carlitos), Jean Safont (Dr. Sombra), Federico Falcón (Fernando), Miguel Angel Fuentes (monje), Sarita Gómez (Florecita), Fernando Yapur, César Gómez, Roberto Gómez, Sixto Hinojosa, Guillermo Ayala, Angélica Sierra, Abel Casillas, Oscar Ricci, Guillermo Inclán, Lilia Landua, Armando García Vaca, Enrique Estrada.
Luchadores Cien Caras, Bobby Lee, Ringo Mendoza, Karloff Lagarde, Mocho Kotta, Jungla, Sangre Chicana, Carnicero Aguilar.


13 de enero de 2005
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Santo y Mantequilla en la Venganza de la Llorona


Eugenia hace un pacto con el diablo, mata a sus hijos, se suicida y vuelve a la vida para matar a los descendientes de su amante infiel.
Lo extraño de esta película es que el Santo y su compañero, el boxeador Mantequilla Nápoles, nunca tienen contacto directo con el monstruo del filme, la Llorona. De hecho, Mantequilla lo dice él mismo al final, observando que le habría gustado haberla visto. En lugar de eso, los dos héroes pasan el tiempo peleando contra los robustos matones de Severo Segovia (René Cardona Sr., que se ve muy demoníaco con su pelo gris y barba de chivo, y que se deleita en su papel). Es un poco decepcionante, aunque no habría sido elegante que Santo y Mantequilla forcejearan con un monstruo femenino. Otro detalle irritante es la presencia de dos ‘guapos' niños, incluyendo a una (Alejandra Murga) cuyas líneas de diálogo son dobladas por un adulto que trata de sonar como bebita. Para los que siguen esto con atención, los matches de lucha libre y uno de box incluidos en la película son todos de plató (el anunciador dice que ocurren en un ring especialmente construido en el ‘estudio B' de un canal de televisión).

El profesor Lira le pide al Santo que lo ayude a entrar en la tumba de doña Eugenia Esparza y saque un medallón que llevaba; el medallón contiene un mapa que da indicaciones para llegar a un tesoro de doblones de oro. Santo se niega, pero el profesor Lira le explica que durante la época colonial, Eugenia hizo un pacto con el Demonio (representado por una emisaria vestida de negro y que tiene extrañas cejas, aunque en lo demás es muy normal). Eugenia descubre que su amante, con el que ha tenido tres hijos, se quiere casar con otra. Eugenia lo quiere castigar, así que envenenará a sus hijos (la enviada del Demonio le proporciona el veneno) y se matará a sí misma; entonces su amante será detenido por robar unos dineros que pertenecen a la corona (y que Eugenia esconde) y será ejecutado. Sin embargo, la enviada demoníaca le asegura que si su infiel amante se libra de la condena, ella podrá retornar de la tumba y vengarse.
El profesor Lira le cuenta al Santo que Gonzaga (el amante de Eugenia) fue absuelto del robo del tesoro (aunque nunca fue encontrado) y doña Eugenia vuelve periódicamente como ‘La Llorona' para matar a los primogénitos de los descendientes de Gonzaga. El próximo al que le toca el turno es Carlitos, el sobrino de Lira. Lira le dice al Santo que el tesoro será entregado a un orfelinato, y así se romperá el hechizo de la Llorona. Santo acepta ayudarlo. Su amigo el boxeador Mantequilla Nápoles lo quiere acompañar.
Sin embargo, el inescrupuloso ayudante de Lira, Álvarez, ha informado a Severo Segovia, jefe de una banda de maleantes, de la existencia del tesoro. Los malvados siguen a Santo, Lira y Mantequilla hasta la caverna donde está oculto el ataúd de Eugenia. Lilia y Sonia, las sobrinas deLira, también los siguen. Lira saca el medallón del cuerpo momificado de Eugenia, pero Lilia y Sonia son accidentalmente encerradas en la caverna con el cadáver, el que vuelve repentinamente a la vida. Las dos mujeres son liberadas; cuando Lira vuelve al coche, los hombres de Segovia lo atacan y tratan de robarle el medallón, pero el Santo, Mantequilla y -sin que la nadie la vea- la Llorona intervienen.
La Llorona se propone matar a varios descendientes de Gonzaga. Bajo el aspecto de doña Eugenia, se muda a vivir como vecina del profesor Lira y traba amistad con Carlitos y su hermanita Martita. Álvarez roba el medallón y lo vende a Segovia (y lo matan por la espalda por sus esfuerzos), pero este no puede descifrar el mapa y se lo entrega al Santo cuando el luchador y su amigo el boxeador descubren el escondite de Segovia. La Llorona estrangula al profesor Lira.
Santo y Mantequilla encuentran el tesoro en una vieja casona (que, convenientemente, no ha sido derribada ni ocupada desde la época colonial). Tienen que hacerse camino luchando con los secuaces de Segovia para escapar con el cofre de doblones y joyas. Entretanto, la Llorona se apresta a matar a Carlitos y Martita. Pero cuando entregan el tesoro al orfelinato, la Llorona desaparece.
Ni mala ni buena.

1974 Director Miguel M. Delgado Guión Lic. Francisco Cavazos Reparto Santo (Santo), [José] ‘Mantequilla' Nápoles (él mismo), Kiki Herrera Calles (doña Eugenia Esparza), Alfonso Castaño (Prof. Esteban Lira) René Cardona Sr. (Severo Segovia), Ana Lilia Tovar (Lilia), Sonia Cavazos (Sonia), Carlos Suárez (matón de un ojo), Marcia Montes (enviado del diablo), Alejandra Murga (Martita), Jorgito Rodríguez (Carlitos), Enrique Llanes (anunciador), Jorge Guzmán, Sonia Fuentes, Kid Rapidez (entrenador de Mantequilla), José Rojas (referí), Roberto Y. Palacios (Prof. Álvarez), Octavio Menduet y Alejandra Meyer (víctimas), El Greco, Tony Salazar, Marco Antonio Arzate, Alfonso Romero, Ismael Ramírez, Estebán Vilchis, Armando Estrada, Angel Aguilar, Memo Rubio, Reyes Oliva, Roberto Vázquez.

9 de enero de 2005
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Santo y Blue Demon contra el Dr. Frankenstein


Frankenstein quiere revivir a su esposa muerta hace 80 años y necesita para ello el cerebro superior del Santo.
Una mujer que vuelve de su trabajo a casa es secuestrada por un musculoso negro que camina de manera muy tiesa, como si fuera un robot. La lleva al laboratorio secreto del doctor Irving Frankenstein. Frankenstein y su ayudante Molina tratan de transplantar el cerebro de la mujer a la cabeza de otra, y al revés. Pero la operación fracasa y las dos mueren. Pero en lugar de deshacerse secretamente de los cuerpos, Frankenstein las reanima y las echa a la calle. Las mujeres, todavía con camisones de hospital, las manos envueltas en vendas manchadas de sangre y profundas ojeras negras, vuelven a sus casas: una estrangula a su hermana, la otra mata a su marido (el que, después de denunciar ante la policía la desaparición de su mujer, se fue a casa, se puso el pijama y se acostó a dormir).
Frankenstein, que tiene en realidad 113 años, aunque se ve más joven, está experimentando con transplantes de cerebro para ver si puede revivir a su esposa Sandra, que murió de cáncer cerebral 80 años antes (él conserva el cuerpo en una caja de cristal; aparentemente no se detiene a pensar que su esposa con un cerebro nuevo cambiaría de personalidad). Molina le lleva a dos viejos científicos para que lo ayuden: Frankenstien les da un dosis de suero que restaura su juventud, y ellos acceden a colaborar con él.
El único éxito de Frankenstein es el zombi negro Golem, el que es movido por un artefacto electrónico colocado en su cerebro. Pero Golem, aunque tremendamente fuerte, es torpe y lento. Frankenstein quiere hacerse con el cerebro de Santo para su próximo experimento. Decide secuestrar a Alicia Robles, una joven cuyo padre es un luchador profesional y una amiga íntima del Santo y Blue Demon. Alicia es atrapada cuando sale de su trabajo, y Golen mata a varios agentes de policía que tratan de intervenir.
Santo y Blue Demon son informados del secuestro. El inspector Gutiérrez, de la policía, acoge de buena gana su ayuda; también asigna al caso a dos mujeres detectives, Marta y Carmen. Cuando Frankenstein lee sobre esto, se intranquiliza: "Los policías que usan pantalones no me preocupan, pero las que usan faldas me ponen nerviosos. Nunca he creído en la intuición femenina". Envía a sus secuaces a secuestrar a las mujeres, pero Santo y Blue Demon desbaratan el intento. Sin embargo, Golem lleva y los dos luchadores se dan cuenta (después de observar cómo el zombi tuerce un atizador de chimenea con las manos) de que la discreción es la mejor parte de la valentía y desaparecen por la parte de atrás con las dos mujeres detectives.
Frankenstein envía una nota al Santo: liberará a Alicia si el Santo ocupa su lugar. Santo le da a Blue Demon un reloj de pulsera que contiene un transmisor; ha puesto el transmisor en el reloj en caso de que las cosas se pongan peligrosas. Santo accede a acompañar a los hombres de Frankenstein, pero el doctor loco se niega a liberar a Alicia. Santo es amarrado a una mesa de operaciones para el experimento. Activa el reloj y aparece Blue Demon para liberarlo. Derrotan a los hombres de Frankenstein y liberan a Alicia. Sin embargo, el jefe de los secuaces y Golem, escapan.
Para vengarse, Frankenstein se hace pasar por un promotor (enmascarado) de lucha libre extranjero, con Golem como su luchador (enmascarado también) llamado Mortis. Pelea con el Santo y está estrangulando al enmascarado de plata cuando Blue Demon ve al ayudante de Frankenstein en la audiencia. Obliga al hombre a revelar la trama. Frankenstein ordena a Golem que baje del ring y huyen hacia las pasarelas arriba en la arena. Blue Demon y el Santo los persiguen: Golem y Frankenstein caen a sus muertes. Tras su muerte, el cuerpo de Frankenstein se descompone rápidamente.

Santo y Blue Demon contra el Dr. Frankenstein no es una mala película, aunque no es tan salvaje como pudo ser. Incluso aunque los héroes no aparecen en la película sino pasados diez minutos, las primeras secuencias, en las que las mujeres zombis salen del laboratorio de Frankenstein y se van a sus casas (donde matan a sus parientes), compensan esta omisión por su mero exceso.
Jorge Mondragón, como el empleador de Alicia, el profesor Ruiz, sirve sobre todo como diversión. Denuncia a la policía la desaparición de Alicia, pero no sabe mucho de su vida personal, excepto que piensa que está casada tanto con el Santo como con Blue Demon. Más tarde, dice: "Dijo que su novio era el Santo", pero entonces cambia de parecer y determina: "Dijo que no tenía novio". Cuando se alejan, Blue Demon le pregunta al Santo: "¿De qué manicomio se escapó el profesor Ruiz?"
Aunque Blue Demon tiene como siempre poco que decir, le dan una novia (Angélica Chaín en uno de sus primeros papeles), que aparece en un par de escenas, y en una escena en la comisaría de policía exhibe algo de personalidad. "Si este asesino sádico cae en nuestras manos...", empieza, pero el Santo lo interrumpe y termina la frase: "... lo entregaremos a las autoridades". "Si las circunstancias lo permiten", agrega Blue; "si no..." (y hace un gesto sugerente con el puño).
Jorge Russek se roba la película con frase como esta: "Cuando se pelea a muerte, a veces tienes que matar". El resto del reparto se porta bien, aunque Jorge Casanova (como uno de los viejos científicos que se unen al equipo de Frankenstein) aparece debajo de una peluca demasiado obvia en las escenas en que hace de viejo (en las escenas en que hace de joven, simplemente es él mismo, pero sin peluca ni barba).

1974 Director Miguel M. Delgado Guión Francisco Cavazos, Alfred Salazar Historia Alfredo Salazar Reparto Santo (Santo), Blue Demon (Blue Demon), Sasha Montenegro (Alicia Robles), Jorge Russek (Dr. Irving Frankenstein), Ivonne Govea (Marta), Jorge Mondragón (Prof. Ruiz), Carlos Suárez (henchman), Sonia Aguilar (Carmen), Rubén Aguirre (Dr. Genaro Molina), Jorge Casanova (Dr. Mora), Sebastián Verti, Carlos Nieto (Comandante. Gutiérrez), Octavio Menduet (marido asesinado), Sonia Fuentes, Angélica Chaín (Lilia), Agustín Meza de la Peña, Carlos Bravo y Fernández ‘Carl Hillos' (periodista), Lina Michel (primera víctima, Berta).
Luchadoreswrestlers Ray Mendoza, Enrique Vera, El Ángel, César Valentino, El Gran Marcus; Enrique Llanes (anunciador); referís: Roberto Rangel, José Rojas y Marhala.


22 de diciembre de 2004
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