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pan y cine y el santo

El Regreso de Chandú 2


Capítulo 2: La Casa en la Colina. A pesar de contar con la protección de Chandú, la princesa egipcia Nadji es secuestrada por los fanáticos de una secta misteriosa.
Chandler se salva de morir por un dardo envenenado que le lanzó el gran sacerdote a través de la ventana abierta. Cuando el camarero chino cae, llama a la princesa a gritos. Llega esta presurosa con la anfitriona para que Chandú le diga que el camarero está muerto. "Otra vez has arriesgado tu vida por mí", le dice ella, coqueta. "Nito pertenecía a la secta secreta", la dice él. Y la informa de la reunión en Los Angeles que planean los conjurados. Le dice que es mejor que ella se traslade al yate de la anfitriona en el puerto.
En la casa del árbol muerto, un señor de turbante y traje negros, corbata y pañuelo en el bolsillo, hace una especie de juramento, se le unen dos acólitos y empieza a hablar con un tigre y a pedirle que le muestre el futuro. Mirando las llamas frente a la estatua de metal de un dios perro o tigre, lo único que ve, empero, es a Chandú, que en ese momento está hablando por teléfono con el director del museo de arqueología diciendo que debe marcharse inesperadamente y si puede enviar a alguien a recoger las momias que ha donado al museo.
Tras la conversación, entran a la biblioteca desde donde llama la anfitriona y otro señor. La dice él que Nadji corre gran peligro. Ella le pregunta por qué no dejar todo en manos de la policía.
Pero Chandler rechaza la idea. Dice que la policía no lo tomará en serio -una acusación de magia. Y cree que la publicidad no será buena para la princesa.
Entonces entra la princesa y nos enteramos que es la mañana del día siguiente. "Tienes que dejarme volver a Egipto", le dice. "Sólo te he traído peligros".
Junto a la ventana, un hombre con tijeras podadoras parece tener interés en oír lo que se habla dentro.
Chandler tranquiliza a la princesa diciéndole que ahí no corre peligro. Le dice que debe marcharse.
Le pide a su sobrino Bob que lo acompañe al coche y aha, le da un beso en la boca a la anfitriona. (Estaba yo creído que era su hermana. No sé si en Estados Unidos era habitual, en la primera parte del siglo 20, que los hermanos se besasen en la boca).
Salen. "Dejo todo en tus manos, Bob", dice Chandler al sobrino. "Nadji no debe salir de la casa". El sobrino le dice que no se preocupe.
Le informa el tío al sobrino que vendrán los hombres del museo a por las momias. Y que excepto ellos, nadie más debe entrar a la casa.
El jardinero observa atentamente la escena, y cuando Bob vuelve a entrar a la casa, consulta su reloj.
Dos hombres que ya conocemos, uno de ellos con un enorme sombrero de copa, muy Dickens, se suben a hurtadillas a la furgoneta de madera del museo. Justamente, de inmediato salen dos empleados del museo y también se montan en la cabina. Deben de ser los que van a la casa de la hermana de Chandler, pero los dos hampones se les echan encima.
Entretanto, la princesa Nadji y Bob y su hermana rubia matan el tiempo leyendo en el porche. Se acerca el jardinero con un pequeño florero de rosas blancas en la mano. Sube al porche y deposita el florero en una de las mesas, junto a la princesa. Coge una rosa y se la ofrece a la princesa. "¡Gracias! ¡Qué bella es!", dice la princesa, oliéndola profundamente.
Entretanto, los dos hampones se detienen y sacan a los dos empleados inertes del museo y los trasladan sobre sus hombros no se sabe dónde.
En el muelle, justamente, el capitán del yate le dice a Chandler que puede llevar a la princesa Nadji cuando quiera.
Entretanto, la princesa reparte su tiempo entre leer y olfatear la rosa, por lo que pronto le entra un profundo sopor. La anfitriona, que saca de repente una voz de enorme parecido con la de Marilyn Monroe, la sugiere que se eche a dormir.
La princesa, que lleva un vestido largo muy sencillo y enormes pendientes redondos, deja el libro y entra a la casa. Se dirige a su dormitorio, siempre olfateando la rosa. Perose lleva la mano a la sien y cae redonda -antes de llegar a la cama.
Entra entonces el falso jardinero al dormitorio y coge en sus brazos a la princesa. Pero no alcanza a salir que el sobrino y su hermana tocan a la puerta, sin duda preocupados por la salud de la princesa. El falso jardinero la deja sobre la cama y se mete él mismo en un gigantesco armario que decora el aposento de la egipcia.
"Creo que está durmiendo", dice la rubia, que luce una larga falda blanca y una blusa de flores. "No me importa", dice Bob. "Mi tío me la encargó y entraré a verla".
Entran. La princesa, aparentemente, duerme. Se apresuran pues a salir hacia una salita, donde se separan. Bob sale aparentemente de la casa. Y la chiquilla se mete por otra puerta.
El falso jardinero sale de su escondite, recoge nuevamente a la princesa y la lleva hasta la salita, dejándola en un sofá. Destapa entonces un sarcófago que hay en la salita y, aparentemente, el jardinero esconde ahí a la princesa. Los hampones de la furgoneta, que entretanto han llegado a la mansión, trasladan a la momia al vehículo. Entretanto, Chandler viene a toda velocidad por la carretera.
En el jardín, el mismísimo Bob observa displicente a los conspiradores cuando meten el sarcófago en la furgoneta. Se mete las manos a los bolsillos y entra a casa.
La furgoneta desaparece a toda prisa, segundos antes de que llegue Chandler en su descapotado. Entra a casa.
La sobrina lo saluda alegremente. Chandler la dice que todo el mundo debe abordar el yate la noche. Su madre mira sonriendo. Pregunta él por la princesa. Está durmiendo, le dice la sobrina.
Bob fanfarronea, incluso se mece sobre sus piernas, cuando dice que nunca perdió de vista a la princesa.
"¡Tío Frank, tío Frank!", grita la rubia cuando, en el dormitorio de la princesa, descubre que ha desaparecido de la cama.
Todos corren allá. Tío Frank mira la rosa, la recoge, la huele. "Drogas", dice, y la deja caer nuevamente.
Entretanto, la furgoneta del museo corre a toda velocidad por la carretera asfaltada, hasta que dobla por un camino de tierra.
Mientras, en la sala de Chandler, este y los suyos miran incrédulos el hueco donde estuvo antes el sarcófago. El tío Chandler corre el cortinaje y encuentra ahí a la momia verdadera. "Debemos encontrar el lugar donde se reunirán", dice. Y sale a toda prisa, sube al coche con su sobrino y se marcha.
Entretanto, la furgoneta del museo llega a la casa del árbol muerto. Trasladan el sarcófago al interior, donde arden las llamas frente a la estatua del dios tigre o perro de cabeza gigante. Aparece el hombre del turbante negro. Destapan el sarcófago. El sacerdote la pasa la mano sobre la cara, como suelen hacer los hipnotizadores, y la dice algo así como que la han liberado para siempre de las garras de Chandú.
Este viene a toda prisa por la autopista, pero con tan mala fortuna que en un puente sobre una cura, se lanza sobre la baranda, rompiéndola y cayendo al vacío.

¿Sobrevivirá Chandler ese terrible accidente? ¿Qué será de la princesa sin su ayuda? ¿La sacrificarán los fanáticos de la secta de ubasti?

El Retorno de Chandú. Capítulo 2: La Casa en la Colina. 1935 Director Ray Taylor Guión Harry A. Earnshaw Vera M. Oldham R.R. Morgan Adaptación Barry Barringer Reparto Bela Lugosi María Alba Lucien Prival Clara Kimball Young Deane Benton Phyllis Ludwig Cyril Armbrister Elias Lazaroff Murdock McQuard Wilfred Lucas Joseph Swickard Jack Clarck Frazer Acosta

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Tercera Edad de Woody Allen


[David Segal] Luego de los elogios por la última película de Woody Allen y cuando se acerca el estreno de ‘Scoop', las cosas se ven mejor para el director, ¿no?

Nueva York, Estados Unidos. Woody Allen se está despidiendo con el mismo apretón de manos que me dio para decir hola hace treinta minutos. "Espero no haberle deprimido", dice, disculpándose.
El escritor y director de 70 años ha estado meditando sobre la vida, el sexo, el trabajo, la muerte y su normalmente inútil búsqueda de esperanza, y, francamente, la mera depresión es difícilmente una respuesta correcta. Aquí, la respuesta que corresponde es el terror desenfrenado.
Sí, el mundo de acuerdo a Woody está tan privado de significación, tan despiadado y tan absurdo que la única respuesta adecuada es acurrucarse en un sofá y aullar por tu mami. También podrías ensayar el método de Allen, que es hacer una película todos los años y tratar, aunque sea brevemente, de olvidar la oscuridad.
"Dentro del campo de concentración, haces lo que puedes", dice, saltando directamente a la metáfora de la vida como Auschwitz. "Es muy difícil mantenerse animado. Tienes que convencerte constantemente de un montón de cosas, y alguna gente se miente mejor a sí misma que a otros. Si miras la realidad por mucho tiempo, te mata".
¿Qué esperabas? ¿Una charla para subirte el ánimo?
¿Pensabas que una cita con Woody Allen te levantaría el ánimo? Ya no es el bromista ansioso y gesticulador que ha representado en tantas de sus películas, un poco de vodevil vía Camus. Hay pocos gags en la vida real de Woody Allen, que dice que fuera de su trabajo él es rara vez divertido.
En lugar de eso, es hablador, triste, y aunque parece sentirse vagamente incómodo con el ambiente -una sala de recepción vacía en el Mark Hotel, donde pasa la tarde cotorreando con los entrevistadores-, sobre pocos temas se pone casi evangélicamente apasionado. Y ninguno más que el escalofriante sin sentido de la vida.
"Es simplemente terrible", dice, encogiéndose un poco, "y, en ese contexto, tienes que encontrar una respuesta para la pregunta: ¿Para qué seguir?"
La respuesta, al menos por hoy, es la campaña publicitaria para ‘Scoop', su segunda película al hilo escenificada en Londres. Se estrena el viernes, es una comedia con Scarlett Johannson como estudiante de periodismo que se enamora de un atractivo aristócrata (Hugh Jackman) que podría ser también un asesino en serie. Johannson recibe un dato para el reportaje de un famoso periodista (la estrella de ‘Deadwood', Ian McShane), que vuelve de la muerte y la ayuda en su pesquisa. Su asustadizo compinche es un mago de la vieja escuela, Allen mismo, que pretende ser el padre de Johannson y la ayuda a hacerse camino entre los estamentos privilegiados de la sociedad británica.
A pesar de la trama, ‘Scoop' es la película más ligera de Allen desde hace un tiempo, una media vuelta de la enervantemente sombría ‘Match Point', lanzada el año pasado para aclamación del público y nominada para una Academy Award como el mejor guión. Esa película logró dar un ingenioso giro en la carrera de Allen, que se había apagado con una racha de películas insignificantes a mediados de los noventa. Alza la mano si viste ‘Melinda y Melinda', su última película neoyorquina. Tuvo una recaudación de 3.8 millones de dólares en Estados Unidos.
La estrella de Allen había caído tan bajo que dice que una de sus películas recientes recaudó más dinero en París que en todo Estados Unidos. Para cuando escribió ‘Match Point', no pudo encontrar productores americanos dispuestos a ceder el control creativo total que siempre ha exigido.
"Cuando inviertes en una película de Woody Allen", dice Letty Aronson, su hermana y co-productora ejecutiva durante largo tiempo, "no lees el guión, no tienes nada que decir sobre el reparto. Y el sistema de estudios en Hollywood ha sido usurpado por tipos que se consideran a sí mismos como fuerzas creativas, y no solamente financistas".
Un grupo de inversores europeos, entre ellos la BBC, financiaron ‘Match Point' a condición de que Allen la rodara en Inglaterra. Cuando la película fue estrenada y recaudó 90 millones de dólares en todo el mundo, en las reseñas y comentarios se dijo que Woody Allen había vuelto. Fue sorprendente que reconquistara su público con una película que no tenía ni una sola risa. Pero ¿qué importa? Estaba de vuelta.
En todo caso, eso era lo que se estaba diciendo. Y Woody Allen no estaba convencido.
"No estuve fuera", dice, con paciencia. "Y no estoy de vuelta. ‘Match Point' fue una película sobre la suerte, y me trajo mucha suerte a mí. La hice como hago todas mis películas, y funcionó. Cuando necesitaba un día lluvioso, llovía. Y si necesitaba sol, salía el sol. Kate Winslet se retiró a último momento porque quería estar con su familia, y Scarlett Johannson estuvo disponible a los dos días. Era como si no hubiera podido arruinar esta película, hiciera lo que hiciera".

Llenando el Vacío Cósmico
Es correcto decir que nadie se impresiona menos con Woody Allen que Woody Allen mismo. Ha confesado hace tiempo padecer lo mismo que su personaje de ‘Recuerdos' [Stardust Memories], llamado ‘melancolía de Ozymandias', la tristeza que produce mirar un conjunto de obras y creer que no perdurarán. No es falsa modestia. Odiaba tanto a ‘Manhattan' que después de terminarla, quiso comprarla al estudio y destruirla. En los buenos días, admite que le gustan cuatro de sus películas (‘Recuerdos' y ‘Match Point', entre ellas). El resto le daba lo mismo.
"Es extraño", dice, "porque yo soy un cómico que hace películas cómicas con esta visión deprimente y eso es lo que hace que mis películas sean interesantes o lo que las torpedea".
En medio de un salón mayormente vacío, sentado a una pequeña mesa redonda, se ve como en el escenario ideal para un té o un interrogatorio. En esta asoleada tarde, su publicista lo trata como a una planta exótica que sólo puede ser mirada por períodos de media hora, no sea que se marchite. Allen es más resistente que eso. Diane Keaton dijo una vez que tiene esas cosas de acero. Tiene un aire de gravedad que no se aprecia en sus películas.
Un buen dibujate captaría a Allen con un par de garabatos -la cabeza isósceles, los marcos negros, la mirada cortésmente perdida. Está más canoso y más frágil de lo que lo recuerdas, su voz es más suave y un poco ronca, pero está envejeciendo con dignidad, si no gracia. Su padre murió a los cien, lo que él encuentra alentador.
"Es una lucha constante para ver que tu cuerpo no se ha roto", dice. "Gastas más tiempo en su mantención y eso es aburrido, como descubrirás algún día".
Si Allen viviera otro par de décadas y trabajara la mitad de lo habitual, podría fácilmente hacer otra docena de películas. Pero si para mañana, habrá hecho una filmografía que no tiene precedentes. Con la posible excepción de Charlie Chaplin, nadie en Estados Unidos ha dirigido, escrito y actuado en tantas excelentes películas como Woody Allen, y lo ha hecho solo, excepto con un ocasional co-guionista, sin que nadie censure sus diálogos.
Los críticos y el público han mandado al traste algunos de sus producciones, pero entre las 37 películas que ha hecho -eso es contando ‘Historias de Nueva York' [New York Stories], una trilogía a la que contribuyó con una película-, hay una asombrosa variedad de memorables. Líricas tomas sobre el amor y la neurosis (‘Annie Hall', ‘Maridos y mujeres' [Husbands and Wives]), películas con comedias con la Gran Pregunta (‘Delitos y faltas' [Crimes and Misdemeanors], ‘Zelig') y saltos de realismo mágico (‘La rosa púrpura del Cairo' [The Purple Rose of Cairo]. Más la ocasional película histórica, como ‘Balas sobre Broadway' [Bullets Over Broadway], y alguna profundamente seria y reflexiva, como ‘Interiores' [Interiors] y ‘Otra mujer' [Another Woman]. Un total de 21 nominaciones a una Academy Award, la mayoría a la mejor dirección y mejor guión. Tres Óscares, incluyendo uno a la mejor película por ‘Annie Hall'.
Podemos maravillarnos mirando esta lista y todavía reconocer que nuestra relación con Woody Allen ha estado llena de baches. Es el único director con el que los cinéfilos rompen, como si fuera un novio o algo parecido. Uno escucha montones de variaciones sobre el tema. Después de ‘Celebrity', yo rompí con él. O le di la espalda después de ‘Desmontando a Harry' [Deconstructing Harry].
Detrás del desprecio está (1) la sensación mencionada antes de que en algún momento a mediados de los años noventa, perdió su talento. O (2), el lío con Soon-Yi. (En 1992, para los que necesiten recordarlo, Allen empezó a salir con Soon-Yi Previn, la hija adoptiva de 21 años de su ex novia Mia Farrow, una relación que condujo a una encarnizada lucha por los niños que Farrow y Allen habían adoptado juntos, una batalla que Allen perdió). Para algunos, la opción por Soon-Yi, con la que ha estado casado por más de una década, fue la evidencia de que Allen y la realidad habían dejado de verse, o de que era demasiado tortuoso como para seguir considerándolo divertido.
También existe (3), la combinación entre (1) y (2). ‘Match Point' reconquistó a muchos de sus fans, pero Allen no apareció en esa película, lo que la hizo más digerible para los que tenían dudas sobre Woody. Con ‘Scoop' veremos si Allen y su audiencia relativamente modesta de los años ochenta se abrazan y reconcilian. Él espera que la respuesta sea positiva, pero a diferencia de un montón de amantes despechados, no está muriéndose por ello.
"Yo hago una película y la pongo allá fuera", dice. "Espero que le guste a todo el mundo, ese es mi mayor deseo. Si no les gusta, me decepcionaré, pero no voy a cambiar mi modo de trabajar. No voy a hacer algo diferente para ganar la preferencia del público".
Para Allen, el punto no la popularidad o la inmortalidad. El punto es la terapia. Durante meses seguidos, el arte de hacer cine lo sumerge en una actividad que lo distrae terriblemente, que es la de escribir un guión, buscar actores, seleccionar el vestuario y crear un reino sobre el que tiene un control total. Distrae a la mente de la melancolía. Además, es un estilo de vida bastante agradable.
"Nunca quise que las películas fueran un fin. Quería que fueran un medio para llevar una vida decente -conocer a mujeres atractivas, salir, vivir con decencia. No en la opulencia, pero con alguna seguridad. Hoy sigo creyendo lo mismo. Un tipo como Spielberg se va a vivir al desierto para hacer una película. Si Scorsese hace una película en India, se instala allá y vive allá durante cuatro meses. Quiero decir, para mí, si no estoy filmando en mi barrio, me siento perdido. No tengo una dedicación a mi trabajo en ese sentido. No tengo dedicación".
Necesitas uno dos jíbaros para explicar cómo alguien tan prolífico -también ha escrito montones de artículos cómicos para el New Yorker, más una ocasional pieza de teatro- se puede considerar a sí mismo un zángano. Pero no está jugando.
"Mira, me toma meses escribir un guión. Esto no es ‘'Finnegans Wake'", dice. "Saco la máquina de escribir, la llevo a mi escritorio, tres días después tengo un presupuesto. Luego hacemos la pre-producción, que toma unas diez semanas. Quiero decir, no tengo un presupuesto de cien millones de dólares. Estoy trabajando con 15 millones de dólares. Tengo que rodar la película en diez semanas, como máximo".
Cuando las cámaras están rodando, sabe lo que quiere, pero a menos que se le ocurra una broma, está casado con el guión. Estimula la improvisación. Si un actor se olvida del diálogo, Allen se lo lee en voz alta y espera que él o ella lo recuerde. Si eso no funciona -y el problema persiste-, el actor es, a veces, despedido. Uno de ellos fue Annabelle Gurwitch, despedida de una pieza que estaba dirigiendo Allen. Más tarde contó la experiencia en una antología que editó, titulada ‘Fired!' [¡Está despedida!]. Lo que más recuerda fue la sucinta tasación de Allen: "Pareces una retardada".
"La gente se preocupa de que puede ser despedida", dice Aronson. "Pero eso es muy raro, porque él elige a la gente por su talento a la hora de actuar, no por su fama. Y sólo ocurre en esos casos en lo que piensa que realmente no va a resultar".
El perfeccionismo no es su estilo. Interrogado sobre por qué no trata de hacer películas como Stanley Kubrick, lo que estar refinándolas durante años, Allen dice quejumbrosamente que no es algo que lo mueva.
"Kubrick era un gran artista. Estoy todo el tiempo diciéndolo y la gente piensa que estoy siendo irónico, que no es el caso. Kubrick era un tipo que estaba obsesionado con los detalles y que hacía cien tomas, y, sabes, yo no soy así. Si estoy rodando una película y son las seis de la tarde y tengo que hacer una toma, la hago y pienso que podría haber hecho una mejor toma si me hubiera quedado, pero yo dejo de trabajar a las seis. Mi personal me adora porque saben que trabajar en mis películas significa que van a estar en casa a las seis".

Reflexiones
Todo esto empezó con un chiste y un sobre. Woody Allen era entonces Allan Stewart Konigsberg, hijo de un taxista en Brooklyn, y estamos a fines de los años cuarenta, cuando los diarios publicaban chistes breves para divertirse. Después de que se publicaran un montón de los suyos, una firma de relaciones públicas lo localizó y le ofreció un trabajo, escribiendo frases ingeniosas para que los famosos las incluyeran en sus columnas, como Walter Winchell. Cuando salía de la escuela en la tarde, se sentaba frente a su máquina de escribir y tipeaba cincuenta al día.
Antes de salir de la secundaria, Allen estaba ganando 1.600 dólares a la semana escribiendo para la televisión, para estrellas como Sid Caesar, y más tarde para el programa ‘Tonight', de Ed Sullivan y otros. Su primer guión, en 1965, fue ‘¿Qué tal, Pussycat?' [What's New, Pussycat?], que dice que el estudio estropeó. Juró con no permitir que nadie cambiara nunca más sus diálogos y después de ‘Toma el dinero y corre' [Take the Money and Run] en 1969, nadie lo volvió a hacer.
No le gusta detenerse en el pasado, aunque sólo sea porque su vida de entonces le parece indistinta y la muerte es un chiste que transforma el pasado y el presente en una farsa cruel.
"Es como los dos trenes al principio de mi película ‘Recuerdos'", dice. "Hay un tren con todos esos magníficos triunfadores y un tren con todos los perdedores. Quieres estar en el tren con los triunfadores, pero cinco minutos después estás llegando al mismo terminal. Mi setenta o más años serán mejores que los de un vagabundo en las calles de Calcuta, pero vamos a terminar en el mismo lugar".
No hay consuelo. No hay religión. No hay drogas. Ni siquiera existe el placer de adquirir sabiduría.
"Lo bueno de pasar de 19 a 25 es que dejarás de cometer los errores que cometen Los Tres Chiflados y que cometías tú cuando eras adolescente", dice. "Pero una vez que empiezas a subir en años, como cuando llegas a los setenta, te das cuenta que no hay nada bueno en eso. Esas despampanantes mujeres que ves en las calles pertenecen a un mundo que ya terminó para ti.
"Sabes, esto no es apropiado", murmulla, como si se arrepintiera. "Uno de los grandes pasatiempos de mi vida era mirar a las chicas en minifalda, y eso ya pasó. Ya no están disponibles para ti, y en los pocos casos en los que podrías usar tu magia, te das cuenta que no tiene mucho sentido porque no puedes pensar en un futuro cuando tienes 70 y ella 22. El coqueteo también termina, aunque es una gran parte del disfrute de la vida de todos".
¿Pero cómo puede ser esto? Gracias a Woody Allen, un par de generaciones de mequetrefes y simplones pudieron salir con chicas. Allen creó el arquetipo del necio que se queda con la más guapa. ¿No puede mirar hacia atrás con un poco más de alegría?
"No, porque yo siempre fui el tipo que estaba fuera y trataba de entrar. Recuerdo una vez que estaba en Chicago y me invitaron a la mansión Playboy. Esto fue hace mucho tiempo. Y este enjambre de chicas guapas estaba allá y no pude hacer contacto con ninguna de ellas. Y el tipo que estaba conmigo me dijo: ‘Hablan conmigo solamente porque estoy contigo. Me puedo acostar con cualquiera de ellas porque estoy contigo'. Y yo, yo mismo no me podía ir a la cama con ninguna".
No está criticando a sus antiguas novias, y no le falta el respeto a su mujer, de la que dice a menudo que es lo mejor que le ha pasado en su vida amorosa. Se trata simplemente de que no tuvo la experiencia de las chicas grupi. Y, como en un montón de cosas, eso lo deja sintiéndose estafado.
"Para mí, ser famoso no me ayudó mucho. Ayudó un poco. Warren Beatty me dijo una vez hace muchos años, que ser una estrella es como estar en una casa de putas con una tarjeta de crédito, y yo nunca supe si era así o no. Para mí, era como estar en una casa de putas con una tarjeta de crédito caducada".

27 de julio de 2006
©washington post
viene de mQh

La Casa Comegente


[A.P. Sott] ‘Monster House', un logrado largometraje de animación, con fantasmas e implantes.
Uno de los arquetipos más espeluznantes de nuestra imaginación infantil -la oscura y misteriosa casa al otro lado de la calle- es devuelta literalmente a la vida en ‘Monster House', un largometraje de animación maravillosamente terrorífico, dirigido por Gil Kenan.
Al principio, la casa, ubicada en una cuadra de barrio perfectamente corriente, no parece otra cosa que la desvencijada casa del señor Nebbercracker, un viejo cascarrabias con los dientes malos, espeluznantes implantes y con la voz de Steve Buscemi. Pronto queda claro -para un valiente niño-detective llamado DJ y sus dos jóvenes compinches, y luego para todo el mundo- que la destartalada mansión victoriana está poseída por una fuerza maligna y demoníaca. Se apodera de los juguetes; se come a la gente. Y ya que se trata de una película dirigida a una audiencia para la que las funciones corporales más asquerosas son una perpetua fuente de carcajadas, la vuelve a vomitar. La casa ruge, eructa, escupe fuego y al final resulta ser... Kathleen Turner.
Si digo que ‘Monster House' es, de momento, la mejor película infantil del verano (‘Ant Bully' y ‘Barnyard' se incorporarán a la competencia en las próximas semanas), podría sonar como un elogio extravagante -o quizás como un elogio contenido. De cualquier modo, la modestia puede ser considerada, junto con su ingenio, una de las virtudes de la película. Dura 86 minutos -durante los cuales no observé ni un movimiento de mis acompañantes de 7 años- y no pierde el tiempo en Lecciones Valiosas pegadas normalmente en las películas para la familia, como etiquetas de nutrición en cajas de cereales azucarados, para confortar a padres ansiosos de que la porquería tiene algún valor. ‘Monster House' es una película sin pretensiones, escrita elegantemente (por Dan Harmon, Rob Schrab y Pamela Pettler) y muy divertida.
También representa para los nerds tecnológicos entre el público, un interesante refinamiento de las técnicas de animación. Como ‘El expreso polar' de Robert Zemecki, ‘Monster House' (en la que Zemecki hizo de productor ejecutivo) utiliza movimientos captados digitalmente de actores reales antes que algoritmos creados en el ordenador sobre la base de imágenes animadas. La gente en la película se ven un poco como figuritas modeladas en plástico (las de ‘El expreso polar' se veían como muñecas de porcelana), pero sus gestos son asombrosamente fluidos e imprevisibles, haciendo que apreciamos la calidad de la actuación mejor que en las películas corrientes de animación. Las posturas y gestos de DJ (Mitchell Musso) y sus amigos -un niño regordete llamado Chowder (Sam Lerner) y una pija pelirroja llamada Jenny (Spencer Locke)- se ven todos genuinamente espontáneos y traviesos. Parecen niños de verdad, antes que muñecos de cartón super bonitos y cabezones.
Y por lo general también hablan y se comportan como niños de verdad, o, al menos, como personajes sacados de la rica tradición de niños héroes valientes e intelectualmente curiosos. DJ desciende de la Enciclopedia Brown (quizás mediante Jimmy Neutron, pero qué importa) y Jenny tiene un temperamental parecido con Harriet la Espía. Estoy seguro que Chowder os hará recordar a alguien de la escuela, donde quiera que fuese. Los adultos de la película -los nerviosos padres de DJ (Fred Willard y Catherine O'Hara), que se marchan a un congreso de dentistas el día antes de Halloween, Zee (Maggie Gyllenhaal), la gruñona niñera que ocupa su lugar, y los torpes agentes de policía de la ciudad (Kevin James y Nick Cannon)- son previsiblemente inútiles. Los niños, dejados a sus aires, deben luchar contra el mal que, sin que nadie se de cuenta, florece entre ellos.
Kenan -este es su largometraje debut- es un entretenido narrador. ‘Monster House' también lleva el inconfundible sello creativo de Zemeckis y su colega como productor ejecutivo, Steven Spielberg. Hay pocos momentos de divertidos auto-homenajes: un balón de baloncesto Wilson con una cara humana emborronada; aparatos de fontanería cobran vida con los sigilosos movimientos de los dinosaurios de ‘Parque Jurásico'; un Halloween suburbano sacado de ‘E.T.' Pero la huella más profunda de la influencia de Spielberg en particular reside en la evocación, en la película, de la infancia como un estado de asombro teñido de tinieblas. La ausencia de adultos que lo controlen todo a la vez da miedo y es excitante, y la casa monstruosa recordará a los públicos de todas las edades el placer de pasar susto sin empujar el temor más allá de límites confortables.
Como en la mayoría de las historias de fantasmas, el miedo representa otras emociones -pena, desilusión, soledad- y las secuencias de clímax de la película combinan las sensaciones de terror con un delicado pathos de ensueño. El escenario suburbano corriente se convierte (como ocurrió en ‘E.T.' y en ‘Regreso al futuro') en una zona de encanto, en parte gracias a que parece tan real.

Monster House
Dirección Gil Kenan Guión Dan Harmon, Rob Schrab y Pamela Pettler Director de Fotografía, Xavier Pérez Grobet Montaje Adam P. Scott y Fabienne Rawley Imágenes y Animación Sony Pictures Imageworks Inc. Música Douglas Pipes Diseño de Producción Ed Verreaux Producción Steve Starkey y Jack Rapke Distribución Columbia Pictures. Duración 86 minutos.

Con las voces de Steve Buscemi
(Nebbercracker), Nick Cannon (Lister), Maggie Gyllenhaal (Zee), Jon Heder (Skull/The Pizza Chef), Kevin James (Landers), Jason Lee (Bones), Sam Lerner (Chowder), Spencer Locke (Jenny), Mitchel Musso (DJ), Catherine O'Hara (Mom), Kathleen Turner (Constance) y Fred Willard (Dad).

22 de julio de 2006
©new york times

viene de mQh

El Regreso de Chandú 1


Capítulo 1: La Víctima Escogida. Una sociedad secreta del continente desaparecido de Lemuria quiere recuperar su vieja civilización. Para eso deben sacrificar a una princesa egipcia que es la reencarnación de la diosa Ossana.
En el terminal del aeropuerto un auxiliar escribe en una pizarra que uno de los aviones se ha retrasado. Dos hombres con sombrero de fieltro -uno de los sombreros es un cubo bastante largo-, americana y corbata, se acercan al auxiliar y uno de ellos le pregunta si acaso se encuentra entre los pasajeros el señor Frank Chandler. La respuesta es positiva.
Un cartel anuncia a Nadji, Princesa de Egipto, en una recepción organizada por Frank Chandler. La princesa es presentada al matrimonio James. "Su Alteza, estoy encantada". "Supongo que nunca he estado con una princesa antes". "Oh, por favor. Me gustaría que todos en América os olvidarais que soy una princesa", dice, sonriendo ampliamente.
Bien, el señor James está esperando a Chandler en la recepción. La anfitriona presenta a sus hijos al matrimonio James y a la princesa. En el elegante salón, que entretanto se ha llenado de parejas elegantes, con mucho esmoquin y trajes de gala, hombres y mujeres se cogen por los brazos y empiezan a moverse de un lugar a otro al compás de algo pre-rock, quizás incluso pre-charleston. La princesa dice que se siente desvalida sin Chandler, que viene desde Chicago. La anfitriona la dice que no se preocupe, que nada la amenaza. Pero ella se siente siempre mal sin Chandler a su lado.
Llega Judith que quiere salir a moverse con Bob, hijo de la anfitriona.
Aparece un hombre de bigotes que pide a Bob informaciones sobre la princesa y desaparecen en una de las habitaciones.
Entretanto parece que golpean a la puerta, pues el mayordomo la abre, dejando ver lo que parece ser una cabellera colgada donde debe estar la aldaba, y haciendo entrar al salón a dos hombres con aspecto de malvados. Uno es el doctor Bara, que dice su nombre al entregar su sombrero al mayordomo, y el otro, sin sombrero pero de enormes entradas y gigantesco chal blanco, es el señor Sutra. Ambos tienen la mirada torva. "Hemos venido por el señor Chandler", dice Bara. (Estos dos son no los mismos que vimos inquiriendo sobre Chandler en el aeropuerto).
Bara tiene igualmente profundas entradas, y lleva bigote y barba de chivo. Entrega a otro criado su sombrero y abrigo.
La princesa Nadji ha estado observando la escena y al verlos entrar al salón, exclama ante su anfitriona: "Un terrible peligro acaba de entrar a esta casa".
El doctor Bara -aparentemente también egipcio, como su acompañante- se acerca rápidamente a un camarero de aspecto oriental que los mira desde detrás de una cortina. Le dice Bara: "¿Estás dispuesto a hacer lo que te ordenemos?" "Sí, mi amo", responde el chino, mientras detrás de su amo atisba la cabeza separada y pegada a la pared de lo que parece ser un león. Le dice Bara: "¿Dónde está el templo secreto?" y luego: "Tienes que anunciarnos".
Un periodista entrevista a Bob y le pregunta por qué razón ha venido a Estados Unidos la princesa. Bob le dice que viene escapando de un secuestrador, porque es muy rica. El periodista le pregunta si acaso su tío tiene poderes mágicos orientales y si es verdad que en Oriente le llaman Chandú, el Mago. Bob, sobrino así de Chandler, le dice que este nació en Oriente y que probablemente sabe de magia. Llega su hermana y le dice que la princesa Nadji lo espera en la biblioteca, pero de inmediato.
Entra a la biblioteca. La princesa está sentada en un sillón, derrumbada. La anfitriona dice que ha entrado un gran peligro en casa. "Vamos, vamos", dice Bob. "Esto no es Egipto. Pensé que había usted dejado todo eso con las momias", dice Bob, repentinamente impertinente. "Ojalá estuviera aquí Chandú", dice la princesa, retorciéndose las manos.
Bob decide ir a recoger el coche de la delegación diplomática y aparcarlo en la puerta. En el camino se libra de Judith, que todavía quiere bailar con él.
Entretanto, Bara habla con el chino detrás de las cortinas y le dice que debe preparar un vaso de vino y le entrega algo diminuto en la mano.
Ahora aterriza un avión. Atisban dos tipos de mal aspecto. Llega aparentemente Chandler -americana y corbata, sombrero de fieltro, gabán colgando del brazo- y se mete en una cabina telefónica.
En el salón, Bob y su hermana y su madre revisan la lista de invitados. Bob encuentra el nombre del doctor egipcio. Suena entonces el teléfono. Es Chandler, llamando desde el terminal. "Ven rápido", dice la princesa. "No te muevas de ahí y no estés sola nunca. Llegaré en cinco minutos", dice el hombre al que la princesa llama Chandú y los demás, Frank Chandler. Sale de la cabina, pero antes, como ha observado a los canallas espiándolo, frota el enorme anillo en forma de ojo que lleva en su dedo, mirando misteriosamente.
En la recepción, el chino lleva una bandeja con copas de vino a los espías egipcios, e indicando la tercera copa, dice: "El vino para la princesa Nadji".
Justo en ese momento llegan al salón la princesa y su séquito de amigos, y el doctor Bara propone un brindis por la princesa. El chino le acerca la bandeja, la princesa coge con su mano la copa y acepta el brindis, y en el momento en que se lleva la copa a los labios, esta, la copa, salta por los aires, para gran consternación de todo el mundo.
El responsable de esto es Chandler, que mira desde la puerta. La princesa se acerca a él. Chandler escudriña el salón. Pasa el camarero chino, y Chandler, que lo ve sospechoso, lo llama. "Irás a la biblioteca y me esperarás allá", le dice, con voz profunda. "Sí, señor", dice el chino.
El doctor egipcio observa la escena y se sabe perdido. "Debemos impedirlo", dice.
Chandler lleva a la princesa y a su hermana a un sofá, las sienta y las empieza a hablar. "Conozco las razones por las que intentaron secuestrarte. ¿Habéis oído hablar de ubasti?" "¿En el continente perdido de Lemuria, ahí donde hacen magia negra?", pregunta la princesa. "Hace poco, el último gran sacerdote del continente perdido fue rescatado del mar y sus seguidores creen que lo pueden volver a la vida, a él y al viejo continente, con el sacrificio de una princesa egipcia que tenga sangre real en sus venas... Y esa eres tú, Nadji", dice Chandú. Se marcha entonces a la biblioteca, asegurando a la princesa que no debe temer nada y que siente tranquila a tomar el té.
En la biblioteca está el camarero chino. Chandler lo mira con ojos de hipnotizador y le ordena responder sinceramente sus preguntas. Le pasa la mano frente a los ojos como suelen hacer los hipnotizadores orientales. "¿Quién te ordenó servir ese vino envenenado a la princesa?", le pregunta. "Fueron órdenes del gran sacerdote Vindhyan", dice el chino. Luego el camarero le cuenta que habrá una reunión del alto sacerdote y otros en algún lugar en California, no muy lejos de la casa. Pero el doctor egipcio está espiando desde el jardín. Y cuando el chino empieza a decir dónde ("En una casa vieja, con un árbol muerto..."), el sumo sacerdote saca una cerbatana, la sopla y le dispara un dardo, que da en el pecho del criado, que antes de dejarse caer al suelo haciéndose el muerto, alcanza a decir que el camino hacia el escondite de la reunión comienza en un cañón. Chandler se acerca corriendo al ventanal abierto y ve al brujo disparándole con la cerbatana.

¿Se salvará Chandú del dardo envenenado?
¿Dónde está el templo secreto del gran sacerdote Vindhyan?
¿Qué horrores depara el futuro para la princesa Nadji en manos de los brujos de Ubasti?

El Retorno de Chandú Capítulo 1: La Víctima Escogida 1935 Director Ray Taylor Guión Harry A. Earnshaw Vera M. Oldham R.R. Morgan Reparto Bela Lugosi María Alba Clara Kimball Young Lucien Prival Deane Benton Phyllis Ludwig Cyril Armbrister Elias Lazaroff Dick Botiller Frazer Acosta Bryant Washburn Baby Peggy Isabel La Mal Charles Meecham Don Brodie

episodio

Rompecorazones en Bollywood


[Kavita Daswani] Canta, baila, y lucha contra el mal. ‘Krrisch' corre como el viento, y entra volando a la historia como el primer héroe de Bollywood.
Muévete, Superman, que viene Krrish. Anunciado como el primer superhéroe de Bollywood, ‘Krrish' presenta al rompecorazones de pelo azabache del cine indio, Hrithik Roshan, como un joven dotado de poderes especiales que debe salvar al planeta de la tiranía que quiere imponer, cómo podía ser de otro modo, un científico megalómano representado por un preferido en las salas de cine arte, Naseeruddin Shah.
La anticipación por la película ha sido tan grande que ‘Krrish' -corre como el viento, valiente como un león, no sabe lo que es el miedo- se convirtió en India en un fenómeno cultural mucho antes de su lanzamiento mundial el 23 de junio, con funciones con entradas agotadas con días de antelación. Ya es una de las películas indias más rentables del año, a pesar de haber tenido uno de los presupuestos más grandes de la historia de Bollywood.
La película también ha sido bien acogida en las comunidades indias de Estados Unidos: En sus primeros tres días en América del Norte, ‘Krrish' recaudó 643 mil dólares en 59 ubicaciones, incluyendo West Hills y Artesia, apenas algo menos de cien mil dólares por teatro. A nivel mundial, se informó de una recaudación de 15 millones de dólares durante la primera semana, un récord para una película india.
(El titular previo del récord era ‘Fanaa', una película de terror reciente que recaudó 8 millones de dólares en su primera semana). ‘Krrish' ya ha recuperado los 10.2 millones de dólares que costó su producción).
"Estamos muy contentos", dijo Ravi Pillai, un gerente de operaciones de Adlabs Films USA, el distribuidor de ‘'Krrish', de Nueva Jersey. "Estábamos esperando un gran inicio, y lo obtuvimos".
Shiraz Jivani, dueño de Naz8 Cinemas, que proyecta películas indias y asiáticas, dijo que llegaron casi cuatro mil personas a ver ‘Krrish' el 4 de julio en su local de Artesia, donde se exhibía en cuatro pantallas.
"De momento, ha batido a todas las otras películas que estoy proyectando en otras salas, y las he estado proyectando durante 18 años", dijo.
‘Krrish' fue co-escrita y dirigida por el padre de Roshan, Rakesh, él mismo una antigua estrella de Bollywood, y es una especie de mediocre secuela del éxito de taquilla de ciencia ficción de la película del director, ‘Koi... Mil Gaya'. Gira sobre Krishna, que nace con poderes sobrenaturales que hereda de su padre, que fue visitado por un extraterrestre cuando era joven.
La película es una vitrina para el coreógrafo de trucos especiales Tony Ching Siu-tung, que trabajó en ‘Héroe' y ‘La casa de los puñales voladores'. ‘Krrish' es hábil y fluida, con efectos especiales a lo Hollywood, pero conserva su encanto bollywoodiense. El Krrish de Roshan no solamente vuelta y brinca envuelto en cuero sobre grandes tramos de tierra; el héroe enmascarado también canta y baila. Como otras buenas películas de Bollywood, tiene una historia de amor en el centro, y montones de escenas imbuidas del pathos y el drama intergeneracional que encanta a las audiencias indias.
También tiene la duración típica de Bollywood; ‘Krrish' termina justo antes de llegar a las tres horas.
Observadores de la industria dicen que el éxito de la película tiene tanto que ver con su trama anclada en los valores familiares como en el uso de efectos especiales en una película de Bollywood.
"Desde el punto de vista de los negocios, y desde el punto de vista cultural, se está comportando fenomenal", dice Gitesh Pandya, fundador y editor de BoxOfficeGuru.com "La gente está realmente poniéndose al día con la historia de superhéroe de Krrish'.
Cuenta con que será una de las grandes una de las grandes película de Bollywood de 2006.
"Ciertamente es un excelente inicio, y debería seguir así", dijo. "Ha tenido el menor promedio por teatro entre los primeros 20. Eso te demuestra lo fuerte que viene".
Los dueños de teatros también dice que ‘Krrish' apela a diferentes tipos de público.
"Se ha proyectado a salas con un 50 por ciento de no asiáticos", dice Dylan Marchetti, director de operaciones para el teatro Imagin Asian, de Nueva York, parte de ImaginAsian Entertainment Inc., que trae a Estados Unidos programaciones panasiáticas. "El interés del público ha sido muy alto. En los días en que no se proyecta, la gente llama y reserva. Hemos recibidos reservas con meses de antelación... Todo el mundo dice que está muy bien hecha, que es técnicamente perfecta y que seguía siendo Bollywood, con una historia de amor y todo lo demás. Eso es lo explica porqué se venden estas películas".
Lo que puede haber estimulado el interés en la película es que se lanzó justo una semana antes de ‘El retorno de Superman'. De acuerdo a fuentes, los distribuidores indios escogieron el 23 de junio como fecha de lanzamiento con la esperanza de desviar algunos billetes desde la película de Hollywood, hacia la historia del superhéroe nativo. En Estados Unidos no fue un gran problema, porque los ejecutivos dijeron que era simplemente una cuestión de logística.
"Lo planeamos de tal modo que podríamos lanzarla el fin de semana anterior a ‘El retorno de Superman'", dijo Pillai, de Adlabs Films USA. "Pero no nos preocupan las comparaciones, porque las películas se dirigen a públicos completamente diferentes.
"No estamos tratando de ser algo que no somos".
Sin embargo, los cinéfilos no pueden dejar de hacer comparaciones entre Krrish y el Hombre de Acero.
Maulik Shah, un consultor comercial que vio la película en Carolina del Norte, opinó que ‘Krrish' carecía de interés.
"Comparada con otras películas de Hollywood, e incluso con otras películas asiáticas, no está a la altura", dijo. "Se nota que invirtieron mucho dinero y no tiene demasiada imaginación. Pero entiendo que sea un éxito, porque es la primera película de ese tipo".
Rohit Karn Batra, que vio la película hace poco en Naz8 Cinemas en Artesia, piensa de otro modo: "Se hicieron muchos esfuerzos para producir una buena historia que fuera comercialmente viable. Y creo que el personaje de Krrish es más tridimensional que Superman, que para mí es más truculento. En ‘Krrish' hay tramas y valores indios. Es un personaje de muchos niveles, y mucho más desarrollado que Superman".

12 de julio de 2006
©los angeles times
©viene de mQh

El Pueblo de Napoleón Dinamita


[Laura M. Holson] Pueblo rural de Idaho quiere convertir su condición de escenario del cine cult en fuente de prosperidad.
Preston, Idaho, Estados Unidos. El Big J Burger en State Street aquí puede difícilmente ser confundido con un club de Hollywood de moda. Pero el sábado tarde un chico de 16 con botas lunares y una camiseta de manga corta con el lema ‘Vote por Pedro', brincó de su silla y empezó a moverse en una pista de baile improvisada. Con una minicadena tronando detrás de él, bailó entre las mesas del restaurante al compás del éxito de 1999, ‘Canned Heat', mientras más de cien personas aplaudían y gritaban de alegría.
El bailarín, Bryan Demke, de Fort Worth, estaba recreando un momento crucial de la película cult de 2004, ‘Napoleón Dinamita', que fue rodada en Preston. Y la multitud que asistía al segundo festival anual de Napoleón Dinamita estaba encantada. "¡Tú te sabes mover!", gritó una chica, levantando su celular para tomar una foto. "¡Napoleón, te adoro!", gritó otra, soplándole un beso al bailarín.
"Pensaba que la película era estúpida", dijo un sonriente Craig Smith, que llegó con su hermano Gordon y su hijo adolescente Kyle. "Pero ese chico me está matando".
Más de 300 personas viajaron de lugares tan remotos como California y Connecticut para tener la posibilidad de disfrutar de su propio Napoleón interior. La película, escrita por la pareja formada por Jared y Jerusha Hess, fue dirigida por el señor Hess, un nativo de Preston que vive en Salt Lake City. Ahora Preston, con una población de cinco mil personas es un condado fundamentalmente rural, espera capitalizar el status de culto de la película.
Otros pueblos han hecho lo mismo y prosperado. ‘Campos de sueños' [Fields of Dreams] convirtió al poco conocido Dyersville, Iowa, en un paraíso turístico cuando se relanzó la película en 1989. Ahora lo visitan unas 65 mil personas al año. El Valle de Santa Ynez en California se convirtió en un popular balneario de vacaciones después de que ‘Entre copas' [Sideways] fuera relanzada hace dos años. Incluso Metropolis, Illinois, vio aumentar sus visitantes después de que los teatros volvieran a exhibir ‘El retorno de Superman' [Superman Returns] el mes pasado.
Preston, sin embargo, puede ser la locación más improbable de la historia reciente. ‘Napoleón Dinamita' fue filmada por 400 mil dólares, no contó en su reparto con estrellas de Hollywood y no ganó ningún premio importante. Pero la película, distribuida por Fox Searchlight Pictures, tocó una cuerda entre los cinéfilos, especialmente entre estudiantes universitarios, cosechando 44 millones de dólares en las boleterías nacionales.
"No les gusta a algunos, pero lo aceptan", dice Penny Christensen, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio del Área de Preston, que organizó el primer festival después de que quince mil personas pasaran por su despacho preguntándole por un plano de la locación de la película. "Quiero decir, ¿por qué no podemos lucir nuestro pueblo?"
‘Napoleón Dinamita' es la historia de un joven marginal y torpe de un pueblo chico que trata de sobrevivir la escuela secundaria. Es miembro de Future Farmers of America (F.F.A.), donde es probador de leches. Come bolitas de puré a la hora de almuerzo en la cafetería de la escuela, juega al espiro y baila solo en su dormitorio después de clases. Napoleón gana una repentina popularidad después de mostrar sus pases a lo Michael Jackson en el auditorio de la escuela, ayudando a su amigo Pedro Sánchez a ganar las elecciones de delegado de curso.
Gordon Smith, un vendedor de aspersores anti-fuego, condujo una hora y media desde su casa en Utah para asistir al festival con su hija Mariah. Como su hermano Craig, al principio no le interesaba la película, pero le descubrió otros significados después de verla varias veces.
"La entiendo", dijo. "En la secundaria el mundo se divide entre los chicos listos y todos los demás. Yo era parte de todos los demás. Pero en la película los cretinos como Napoleón se apoyan unos a otros. Sabes, ese es un super mensaje".
La película también convirtió en estrellas locales a algunos de los amigos de la familia Hess, incluyendo a Dale Critchlow, el ganadero de 76 años que estaba firmando autógrafos para sus fans que hacían cola en la State Street en el centro de Preston el sábado.
"Estaba metiendo el heno en el granero cuando mi hija se apareció con Jared y me dijo: ‘Antes de que digas no, escucha lo que tiene que decir'", dijo Critchlow, recordando cuando Hess le pidió que hiciera de Lyle en la película. "Me dijo: ‘Vengo a pedirle un favor. Quiero que aparezca en mi película'. Yo dije: ‘¿Qué tengo que hacer?' Jared me dijo: ‘Dispararle a una vaca'. Yo dije: ‘¿Eh? Okay, eso sí lo puedo hacer'".
Critchlow no llegó a dispararle a la vaca y no le pagaron por la escena. (Ninguno de los vecinos fueron pagados). En lugar de eso, lo que ganó fue ser famoso.
"Nunca tuve ese tipo de atención en mi vida", dijo, mientras varios curiosos lo miraban intensamente. La semana pasada Critchlow dijo que el dueño de la vaca lo llamó y le pidió que posara para una fotografía, con un arma en la mano, y la vaca. El dueño, dijo, quiere vender la vaca en internet.
Aunque el señor Critchlow era el favorito de los cazadores de autógrafos el sábado, los fans en el festival se vistieron como personajes más reconocibles de la película. (Ninguno de los actores principales, incluyendo a Jon Heder, que hizo de Napoleón, asistió). En el torneo de look-alikes realizado el sábado noche en el Auditorio de la Escuela Secundaria de Preston, se presentaron cinco Napoleones, dos RexKwon Dos (el personaje que enseña a Napoleón y a su hermano Kip un método de defensa personal) y un Pedro, un Kip y un Deb, una compañera de escuela enamorada de Napoleón.

"Si no lo entiendes, es que no lo entiendes", dice Ryan Grisso, que se vistió como Rex de rojo, blanco y pantalones azules tachonados de estrellas, un pañuelo patriótico en la cabeza y una camisa de punto azul con el nombre Rex bordado en ella (llegó segundo). El viernes, desde San Francisco llegó Grisso con su mujer, Coline, y su suegra Lila Ludahl McConnel, que vive a 560 kilómetros de distancia, en Caldwell, Idaho. Dijo que habrían venido al festival del año pasado si no hubiese sido porque su mujer estaba dando a luz.
Durante el torneo de consumo de bolitas de puré -donde los participantes deben engullir una libra de crujientes trozos de patatas-, la suegra de Grisso juguetonamente dejó caer algunas bolitas por debajo de su camisa verde. "Les dije que no estaba jugando para ganar", explicó la señora McConnel, riéndose, después de que el truco de la camisa fuera presenciado por un juez. "Sé que es idiota, pero es terriblemente entretenido".
Pero lo entretenido puede también ser rentable. Demke, el imitador de Napoleón, gana su dinero actuando en partidos de fútbol y baloncesto. Lo que más le gusta de su papel como Napoleón, es lo que ansían muchos adolescentes torpes: la capacidad de hablar en público sin hacer el ridículo. Demke contó que en enero estaba actuando en un partido de baloncesto entre la Universidad de Oklahoma y la Universidad de Texas cuando una atractiva mujer con una tiara le pidió que le firmara un autógrafo. "Yo pensé: ‘¿Qué tipo de idiota viene al baloncesto con una tiara?'", pensó.
Así que, imitando a Napoleón, Demke se lo preguntó. "Ella rió", dijo, y luego se presentó a sí misma como Jennifer Berry, la nueva Miss America. "Me sentí tan estúpido. Ella pensó que yo estaba haciendo mi papel. Yo estaba agradecido de que ella fuera una fan de la película".
Pero aunque los visitantes acogen con entusiasmo todo lo que tenga que ver con ‘Napoleón Dinamita', algunos en Preston tienen miedo de que la película los presente como torpes y poco sofisticados. Y no todo el mundo en este pueblo predominantemente mormón agradece las multitudes de turistas que se aparecen para sacar fotos de la locación de su película favorita.
"Pensaba que era divertido, pero me preocupa que la gente piense que este es un pueblo paleto", dice Monte Henderson, un ganadero que estaba en la tienda Happiness Is Scrapbooking [La felicidad es un álbum de recortes] el viernes, con Linda, su mujer. "Tengo que reconocer que me sentí identificado. Quiero decir, yo era de a F.F.A."
Hnderson agregó: "Yo manejo un bus escolar y no puedo decirte la cantidad de veces que tenemos que decir a los niños que recojan sus muñequitos de goma de la ventana", refiriéndose a una escena en la que Napoleón lanza por la ventanilla un muñeco de goma amarrado a una cuerda y lo mira rebotar en el pavimento.
Si el festival toma impulso, será debido a la señora Christensen, de la cámara. Este año la asistencia decayó en comparación con los seis mil del año pasado. El pueblo está considerando anular la entrada de diez dólares. Eso podría ser una bendición para gente como Tyra Andrews, que ganó el torneo de espiro, practicó todo el año y llegó al festival con diez miembros de su familia.
Pero lo que realmente daría un empujón al festival es lo mismo que les gustaría ver a muchos en Hollywood: una secuela. (Los estudios todavía no deciden si hacerla o no). Joyce Williams, que posee Happiness Is Scrapbooking, contó que estaba hablando hace poco con un representante del servicio al cliente de Hewlett-Packard que le preguntó dónde vivía. La señora Williams le dijo al agente "donde se rodó ‘Napoleón Dinamita'".
"Oh, conozco ese pueblo", exclamó el representante. "Mis niños adoran esa película. Nos gustaría venir de visita".

9 de julio de 2006
©new york times
mQh

Ron, Piratas y Tentáculos


[Desson Thomson] Yo-Ho-Hum. Johnny Depp sacude su botín, pero ‘Piratas del Caribe' es apenas un chiste inspirado en el ron.
¿Qué es lo que esperamos de una secuela? ¿Apenas un poco del sabor del original o tres porciones de lo mismo, una encima de otra?
‘Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto' [Pirates of the Caribbean: Dead Man's Chest] opta por lo último. Esta película de Disney no es la continuación de ‘Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra' [Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl], sino su hueca clonación.
Ah, pero hay una diferencia crucial: Mientras la primera película crujía bajo la tensión entre el nervioso personaje de Johnny Depp y la película de Disney en la que estaba, la secuela es un ejercicio comparativamente apagado.
Como Jack Sparrow, un desvergonzado pirata dado al lenguaje corporal pomposo y arrastrando la lengua, Depp era el héroe de la película original y su elemento más subversivo. En la primera película, exhalaba una vaga homosexualidad, parecía un poco demasiado borracho y profundamente perdido en su estilo de arrogantes contoneos. (Se dice que Depp usó como modelos para su actuación a Keith Richards y Pepe Le Pew). Mientras mirabas, te preguntabas: ‘¿No es un poco demasiado, un poco demasiado estrafalario?' ¿Va a asustar al público de familias -o a seducirlo? ¿Y cómo se sale con la suya en una película de Disney un héroe con demasiado lápiz de ojo? Esta era el delicioso trasfondo: un Sparrow sexualmente ambiguo que no solamente confunde a sus adversarios ficticios, sino además provoca titilantes ondas de incertidumbre entre las hileras de espectadores multiplex.
Pero un cofre de saqueos más tarde -305 millones de dólares en la taquilla nacional-, estaba claro que el Sparrow de Depp funcionaba (y explica porqué hay una tercera secuela en producción). Y es por eso que ‘El cofre del hombre muerto' ofrece semejante fogosa exhibición de efectos especiales, y un montón de Depp, pero nada que sea asombrosamente nuevo. Disney ha reciclado conscientemente todos los elementos de la primera película: los mareados gags de Depp, los macabros piratas a los que hace frente y el retorno de Keira Knightley y Orlando Bloom. Incluso la duración de 140 minutos es más o menos la misma que su predecesora.
Depp es todavía el encantador granuja con mangas con volantes, de ojos intrigantes y aspecto ligeramente insano. Torciendo sus muñecas y apuntando con sus dedos pesadamente cargados de anillos como un bailarín de Alvin Ailey, nuestro pícaro central aletea con sus brazos con delicados gestos cada vez que se presenta la ocasión. Esas alas sin plumas también se mueven de arriba abajo cuando huye de los isleños de cara pintada que quieren sacrificarlo. O sobresalen horizontalmente cuando se tambalea (como siempre, empapado de ron) para escapar de sus enemigos en la cubierta de su barco.
Pero el bis se siente forzado y hueco, una repetición demasiado consciente de sí misma como para seguir seduciendo. Hay una escena en la que Sparrow es capturado por los isleños mencionados y les habla en una suerte de condescendiente lengua india que suena más apropiada en boca de Johnny Weismmuller en las viejas películas de Tarzán. Y es demasiado intencionadamente guapo. Es como si se hubiera convertido en una versión holográfica de sí mismo en la atracción del parque temático de Disney que inspiró la película franquicia en primer lugar.
Quizás sigue Depp el ejemplo de su musa Richards, cuya banda, los Rolling Stones, han pasado de chicos traviesos a caricaturas manufacturadas y comerciales de sí mismos. Y cuando Richards se incorpore al reparto de la tercera película ‘Piratas', haciendo de padre de Sparrow, el círculo será completo.
En la primera película, Depp era como un desconocido malvado -casi amenazando con sabotear al pirata barato que era-, pero ahora se parece mucho al tipo completamente iniciado y aceptado, aprobado para entrar y salir y darse vueltas en ‘El cofre del hombre muerto'. Ya no es un chico malo. Es Míster Amoroso con cuentas brillantes.
El papel de Depp en el original tenía otra función: Lograba distraer a los espectadores de una película atestada de tramas secundarias y extensas exposiciones; la película fue difícilmente la jarra de ron de este reseñador, pero Depp divertía, empujando de paso a la película.
Guionistas que vienen de vuelta, como Ted Elliot y Terry Rossio (colaboradores cuyos créditos incluyen ‘Aladino' [Aladdin] y ‘Shrek') reproducen las mismas historias que estropearon la primera película, y, peor aun, confinaron a los personajes de Knightley y Bloom a tramas secundarias. Así, Will Turner (Bloom) es enviado a robar el compás místico de Sparrow, que se cree que conduce al cofre que contiene el alma de Davy Jones. Y Elizabeth Swann (Knightley) se disfraza de hombre en el barco de Sparrow para encontrar a su novio Will, que se supone que está perdido. Cuando se enamora repentina e instantáneamente de Sparrow, pareciera no haber ni ton ni son ni razón, excepto lo más obvio: Los dos nombres de marquesina más bonitos de la película tienen que besarse. Es la escena que hace dinero.
En la trama central, parece que Sparrow tiene una deuda de sangre con Jones (Bill Nighy), el que tiene cabeza de pulpo, y, si la niega, se convertirá en el esclavo de cubierta de Jones para siempre. Este elemento de la historia engendra al menos el rasgo más divertido de la película: sus creaciones CGI. La palabra ‘montaje' puede no existir en el léxico del director Gore Verbinski (dirigió la primera ‘Piratas', ‘El mexicano' y ‘El hombre del tiempo' [The Weather Man], entre otras) pero sabe cómo hacer percebes monstruosos.
Hay un asqueroso placer en el cargo de piratas espectrales y grotescos que salen de las profundidades para atormentar la intrigante alma de Sparrow, especialmente el mencionado Jones, cuyos tentáculos faciales tienen vidas propias rellenas de ventosas. O te puedes maravillar y reír con la comedia visual cuando un puñado de compañeros de Sparrow -metidos en una red suspendida hecha de huesos y cuero- atraviesan a nado su prisión para llegar a la seguridad de un profundo abismo. Pero no busques la colisión de inocencia y peligro que hizo que la primera película fuera tan provocadora. Esa película ha desaparecido debajo de las olas, y se metió derechamente en el armario de Davy Jones.

7 de julio de 2006
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viene de mQh

Triunfo del Bien en Tijuana


[Jim Benning] En una ciudad conocida por su mala reputación, todavía hay rincones sobre el bien triunfa sobre el mal.
Es viernes noche en un pequeño gimnasio de Tijuana, del tipo de desvencijada estructura mexicana que te puede hacer añorar las normas de seguridad de las construcciones estadounidenses, y en el ring ante mí, luchadores enmascarados están pegándose y dando volteretas y, en general, maltratándose uno a otro para mi placer.
¡Whap! El gran Hijo del Santo cae al suelo. Eso debe doler.
La multitud estalla en un grito de simpatía: "¡San-to! ¡San-to!" Sorbo de mi té frío Tecate, me echo hacia atrás en mi tambaleante silla plegable (no muy diferentes de las que ocasionalmente son rotas en las gruesas cabezas de los luchadores) y sonrío.
Mientras muchos de mis compatriotas estadounidenses están mirando a Jack Black haciendo de aprendiz de luchador en ‘Nacho Libre', yo me he venido al sur esta suave tarde de verano para ver peleas de verdad: lucha libre auténtica, practicada por hombres fornidos con nombres como El Diablo, que lleva unas terroríficas máscaras y, ha de observarse, no le teme a las mallas.
Es un viaje corto. Mi mujer, Leslie, y yo, conducimos durante 20 minutos desde nuestra casa en San Diego hasta que vimos un letrero de la carretera que nunca deja de avivar mis ganas de conocer el mundo: ‘USA Última Salida'. Giré, aparcamos en un estacionamiento que colindaba con la frontera mexicana y pasamos por un chirriante torniquete hacia ese otro mundo que es Tijuana.
Ya lo sé, lo sé, Tijuana tiene mala reputación. La peor de todas. Pobreza. Drogas. Delincuencia. Violencia. Es todo verdad. Justo días antes de mi visita, de hecho, habían encontrado las cabezas -sólo las cabezas- de tres agentes de policía en el río Tijuana. Es suficiente como para que el más intrépido de los viajeros lo piense dos veces.
Pero Tijuana tiene más que malas noticias. Como he descubierto desde que me mudé a San Diego hace dos años, la ciudad ofrece un montón de cosas más que la única calle que ven la mayoría de los visitantes, la Avenida de la Revolución, con sus bares, sus clubes de striptease y las tiendas de curiosidades que venden toallas playeras ‘Buscando a Nemo' falsas. El ambiente, repleta con americanos borrachos posando para fotos encima de abatidos burros pintados como cebras de zoológico, recuerda la famosa frase atribuida al ex presidente de México, Porfirio Díaz: "Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos".
Esta noche tomamos un taxi para un trayecto de diez minutos hacia Carnitas Uruapán, cenamos un sabroso cochinito asado y humeantes tortillas de maíz en una brillante mesa de picnic de color naranja, con acompañamiento de mariachis, sin burros rayados a la vista. Luego fuimos caminando hacia la arena Palenque en el Hipódromo de la ciudad, donde se había anunciado la extravagante lucha libre a las 8:30 de la noche.
En la acera, en un extenso terreno de tierra, un vendedor vende mazorcas de maíz que saca de una humeante cacerola. Un hombre ofrece cientos de coloridas máscaras de lucha libre, gritando: "¡Máscaras, máscaras!" Compramos nuestros billetes en una pequeña ventanilla -18 dólares para dos almohadillas. Los beneficios de esta noche se destinarán a obras de caridad. Entramos, saboreando el olor a perritos calientes asados, envueltos en tocino. El edificio mal iluminado, con su tejado y paneles de metal, más parece un granero de aluminio que un gimnasio. Subimos una docena de escalones y nos dejamos caer sobre una larga y estrecha banca de metal.
Pancartas de radios cercan el ring; los anuncios de cerveza y brandy cubren las paredes del gimnasio. Alrededor nuestro, los primeros grupos de espectadores están devorando rajas de mango untadas en salsa picante. Un niño con una máscara de lucha libre dorada mordisquea torpemente algodón de azúcar a través de un pequeño corte en la boca.
No veo a otros gringos. La multitud parece estar formada por cientos de residentes locales -maridos y esposas, grupos de adolescentes, padres acarreando niños enmascarados. Abajo, en una escena que provocaría a un gerente americano pesadillas sobre los seguros, dos docenas de niños se han escapado de sus padres y se han montado en el ring de lucha, dejándose caer unos sobre otros, dando saltos de ángel desde las cuerdas de las esquinas, gritando y riendo. Me encanta.
A eso de las nueve suena una campana, los niños vuelven a sus asientos, y un hombre con un traje oscuro anuncia el primer match. Cuatro luchadores enmascarados (dos equipos) suben al ring. Mientras ruge la multitud, los hombres se turnan golpeándose, rebotando y cayendo unos sobre otros. Un tipo actualiza un clásico truco de los Tres Chiflados y mete dos dedos estirados en los ojos de su oponente. Es una movida osada. La multitud lo aprueba.

Los hombres se enfrentan en una tradición que se remonta a los años treinta en México. Como el World Wrestling Entertainment en Estados Unidos, el énfasis no está puesto en la lucha seria, sino en la diversión, en el espectáculo familiar y nada menos que en el triunfo del bien sobre el mal.
El cartel de esta noche anuncia cuatro peleas de media hora, cada una de tres vueltas. Después de la segunda pelea, los que estamos en las almohadillas somos invitados por el maestro de ceremonia a ocupar las locaciones más caras abajo. Cientos de nosotros nos trasladamos hacia abajo.
A eso de las once, cuando se acerca el último match, me encuentro hablando en español con José, un hombre de voz suave que está sentado cerca, con sus dos hijos.
José me dice que cuando era un niño en Ciudad de México, asistía con su padre a las peleas de lucha libre. Ahora, en Tijuana, viene a menudo con sus hijos.
"Es parte de nuestra cultura", dice. "Y somos aficionados". Observando a los espectadores durante la velada, observo que los padres gritones tienden a tener hijos e hijas ruidosos igualmente gritones. Pero lo contrario también es verdad. José ha estado quieto durante las peleas, lo mismo que sus hijos.
Iván, de 12, y Adrián, de 10, miran intensamente, incluso respetuosamente, emitiendo rara vez un sonido. Iván aprieta fotos de sus luchadores favoritos, incluyendo a El Hijo del Santo.
"El Hijo del Santo es un gran luchador", dice José. "Tiene carisma". El carisma es evidente tan pronto como El Hijo del Santo se trepa al ring. El hijo del gran luchador El Santo, que hace décadas hizo en México películas terriblemente populares, El Hijo del Santo entra a la arena llevando una brillate máscara plateada, calzoncillos plateados sobre unas mallas blancas y una larga capa plateada. Su pecho desnudo y aceitado brilla como si se tratara de lentejuelas.
El último match presenta a algunos de los luchadores más grandes de México, incluyendo a El Hijo del Santo, Blue Demon Jr., y el Rey Misterio. La tensión sube. "¡Esta noche tenemos algunas estrellas!", ruge el anunciador.
Al empezar la lucha, el Rey Misterio se hace rebotar en las cuerdas y golpea a Blue Demon en el pecho. Se suceden volteretas con rebotes en la lona. El Ángel Blanco inmoviliza a El Hijo del Solitario. La multitud aplaude.
Varios minutos después, en el segundo round, la acción empieza de verdad. El Ángel Blanco se abalanza fuera del ring y cae entre la multitud, persiguiendo a El Hijo del Santo y dispersando a los espectadores. Se oye un grito. El Ángel Blanco ordena a varias mujeres que abandonen sus asientos, y lanza a El Hijo del Santo entre los asientos y lo empuja al suelo.
Un sordo "Uuuuuhhh" recorre el gimnasio. Leslie hace una mueca de dolor y ahoga una risa.
Miro justo cuando Adrián, el hijo de José, se pone de pie y evalúa tranquilamente la situación. El referí, aparentemente, no está contento. Detiene la lucha y amenaza con terminarla antes del último round.
"Aquí hay mujeres y niños", amonesta un oficial a los luchadores. Algunos luchadores cogen el micrófono y piden disculpas, pidiendo que la lucha continúe para los fans inocentes.
Es una movida galante, y el público se llena de esperanzas.
"¡O-tra, o-tra!", gritamos.
El oficial, benévolo, autoriza a los luchadores y momentos después, para nuestro alivio colectivo, Ángel Blanco está dando puñetazos a El Hijo del Santo, golpeando su cabeza con una ferocidad poco usual en estos días. Entonces el Santo se recupera prodigiosamente, y noquea al Ángel Blanco. Después de varios minutos de aporrear cuerpos y retorcer miembros, El Hijo del Santo, el Rey Misterio y el Rayo de Jalisco, elevan sus brazos victoriosos. Todos aplaudimos.
Leslie y yo salimos hacia la noche de Tijuana, y estamos satisfechos. En esta rebosante ciudad fronteriza con semejante mala reputación, las fuerzas del bien todavía pueden triunfar sobre las fuerzas del mal. Y los hombres enmascarados pueden ser rudos, aunque lleven mallas.
Vi la lucha libre en la arena Palenque en el Hipódromo de Tijuana, pero la mayoría de los viernes, los enmascarados se enfrentan en el Auditorio Municipal, a las 8:30 de la tarde.

tijuanaonline

10 de julio de 2006
©washington post
viene de mQh