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pan y cine y el santo

Murió Osvaldo Miranda


A los 95 años, murió el legendario actor Osvaldo Miranda. En más de 50 años de trayectoria, participó en 60 películas y ganó 40 premios. Quedará en el recuerdo como aquel Roberto Cantalapiedra de la serie ‘Mi cuñado y yo’.
[Alina Mazzaferro] Se baja el telón para un grande del teatro, el cine, la televisión... y la vida. El gran señor de la comedia argentina, galán y porteño de ley, Osvaldo Miranda, murió ayer por la mañana a los 95 años a causa de un paro cardiorrespiratorio no traumático en su casa de Buenos Aires, donde permanecía bajo internación domiciliaria. Con más de 50 años de trayectoria, el actor, que participó en 60 películas y ganó 40 premios, quedará en el recuerdo de su público como aquel Roberto Cantalapiedra de la serie ‘Mi cuñado y yo’ o como el padre de Marilina Ross en la ficción ‘La nena’, entre tantos otros personajes de TV, cine y teatro. Recorrer la vida de Miranda significa transitar la historia del Buenos Aires de los años ’30, de sus barrios y sus personajes.

Nació el 3 de noviembre en Villa Crespo –Malabia y Loyola–, en la primavera de 1915. Con sólo 12 años perdió a su padre, por lo que debió convertirse, de pronto y a los golpes, en el "hombre de la casa". Era el hijo de una española no muy "abierta de mente", que quería que Osvaldito la ayudara con el almacén. Sin embargo, el joven ya tenía un sueño: quería ser cantor de tangos, y se escapaba de su casa a cantar en bares y en la radio. Por supuesto, para que su madre no lo descubriera, debió cambiar su apellido –en verdad se llamaba Mathon– y así nació el artista-Osvaldo Miranda.
Se hizo actor casi sin darse cuenta, en el barrio en el que pasó su juventud –Villa Urquiza– cantando y actuando en los clubes, en La Siberia (como llamaban a la zona de avenida Constituyentes) y en la Estancia de Saavedra. Antes de considerar al teatro como una profesión, Miranda fue mecánico, niquelador, tejedor y de todos los empleos fue echado por su falta de atención. Porque a él le gustaba "lo otro": el escenario. El almacén de su mamá finalmente se fundió "por fiar con libreta", pero Osvaldo salió adelante con la actuación. Volvía todas las noches del centro hasta su casa de Villa Urquiza en el tranvía 96 que lo dejaba a 14 cuadras, siempre durmiendo en el camino, porque sabía que se bajaba al final del recorrido. Más tarde alquiló una pieza en Lavalle y Montevideo por 12 pesos al mes, donde se quedaba a pasar la noche cuando salía tarde de trabajar o llovía. Fue un caballero de proverbial elegancia, un flaneur de la noche, yendo de la tanguería al teatro o al cabaret. Allí estaba siempre firme en la rueda del Ateneo –un café de Cangallo y Carlos Pellegrini–, refugio de los actores de la época, que frecuentaban Enrique Muiño, Elías Alippi, Angel Magaña, Homero Manzi, Héctor Méndez y tantos otros.
Miranda empezó cantando tangos con una orquesta en el café Terminal, al lado del Teatro Nacional, de la cual se fue porque al otro cantor le pedían más tangos que a él: era nada más ni nada menos que Ángel Vargas. Sus amigos también eran "del palo": conoció a Aníbal Troilo, pero su entrañable amigo de toda la vida fue Enrique Santos Discépolo. "El fue mucho mi hermano, un poco mi padre y un poco mi hijo. La amistad con Discépolo fue el premio más grande que recibí en mi vida", dijo a una revista porteña en 1997. El 23 de diciembre de 1951, Discépolo moría en los brazos de su hermano del alma: Miranda.
Comenzó su carrera de actor profesional en 1936, junto a la compañía de María Esther Gamas y Mario Fortuna, en la comedia musical ‘Rascacielos’, que se daba en el desaparecido Teatro Boedo, cantando ‘Casas viejas’ y ‘Un jardín de ilusión’. Para esa época vivía en una pensión de la calle Sarmiento y un día sonó el teléfono y lo convocaron para reemplazar a Ricardo Ruiz. Luego vino ‘La canción de los barrios’ y Miranda se instaló como miembro de la compañía. De allí siguió la revista en el Teatro Maipo y el Variedades, hasta que llegó la comedia. Fue Joseph Kenkel, un judío que con la ocupación nazi en Francia no podía volver a su país, quien lo convocó y Miranda decidió abandonar el espectáculo revisteril por la comedia, con la que ganó menos dinero pero más prestigio.
En el cine, su debut fue junto a Tito Lusiardo en ‘Un señor mucamo’, dirigida por el mismo Discépolo en 1940. Le siguieron ‘Cándida millonaria’, con Niní Marshall, y ‘El más infeliz del pueblo’, con Luis Sandrini, en la que también actuaba Eva Duarte. Trabajó de extra en ‘Los muchachos de antes no usaban gomina’, junto a Florencio Parravicini, y años más tarde protagonizó la remake del mismo film –en el papel que Parravinci interpretó otrora– en 1968. El éxito lo llevó a Hollywood a fines de los ’40, de la mano de Fernando Lamas y Roberto Airaldi, para filmar ‘Los vengadores’. En la meca de la industria cinematográfica lo invitaron a quedarse, para practicar inglés, esgrima, natación, todas disciplinas que se les exigían a los actores en la época. Pero Miranda, porteño de corazón, prefirió volver a sus pagos, junto a su madre y su mujer, Amelia Sáez, con la que contrajo matrimonio a los 29 años. "Santa Amelia" la llamaba el galán a quien había sido su secretaria general en los estudios Luminton (esa mujer que les hizo los primeros contratos a Mirtha Legrand y Luis Sandrini) y luego se convirtió en su compañera de vida.
Miranda fue pionero en la televisión argentina, junto a Raúl Rossi, Nelly Prince y Guillermo Brizuela Méndez. En TV protagonizó ‘La comedia de bolsillo’, ‘Tropicana’ y ‘Mi marido y mi padrino’. Sus mayores éxitos televisivos fueron ‘La nena’ –en donde interpretó al padre de Marilina Ross, a quien confesó "querer como a una hija" ya que no tuvo propios– y ‘Mi cuñado y yo’, una idea suya y de su amigo Ernesto Bianco que "le sirvieron en bandeja" a Oscar Viale. Con la remake de ‘Mi cuñado’, que protagonizaron Luis Brandoni y Ricardo Darín, Miranda –que no sólo tuvo la idea del programa, también confesó "que le dictaban letra a los autores"–, no recibió ni un peso. Aun así, el Cantalapiedra original aceptó participar como invitado de uno de los capítulos de la nueva versión, apoyando el emprendimiento.
Era un tipo querible, simple, de barrio. Fanático de las carreras de caballos, del club Atlanta y de Mar del Plata. La Ciudad Feliz lo recibió siempre con los brazos abiertos y allí pasó años haciendo temporadas de ‘Boeing Boeing’, ‘Frutillitas’ ‘Hoy ensayo hoy’, entre tantas obras. Conoció La Habana, Houston, México, Acapulco, pero "ciudad balnearia como Mar del Plata no hay", dijo a la prensa en 1995. "¿Cannes? ¡Si es igual a Playita de los Ingleses!", bromeaba. Mientras estaba en los Estados Unidos ya soñaba con volver para trabajar en ‘Blum’, junto a su amigo Discépolo, un éxito que estrenó en 1949 y duró tres años en cartel. "Pereyra, dejame morir solo", le decía el personaje del autor de ‘Cambalache’ a Miranda. Y sin embargo, Miranda no lo abandonó hasta el último momento. Con la muerte de Discépolo, el actor aceptó integrar la comedia municipal que dirigía Cunill Cabanellas, lo que le permitió recorrer un repertorio argentino y universal. A lo largo de su carrera, Miranda hizo drama, comedia, sainete, clásicos. Desde comedias con Enrique Serrano e Irma Córdoba hasta temporadas con Ernesto Bianco (‘Boeing Boeing’, ‘La dama del Maxim’, ‘Plaza Suite’) y con los Carrera (‘Frutilla’, ‘De noche llegó el doctor’, ‘Tres alcobas’), con quienes compartió la temporada teatral del Odeón de Mar del Plata durante siete años.
En 1986 –luego de participar durante tres años en la obra ‘Hoy ensayo hoy’, con dirección de Rodolfo Graziano–, el galán de María Duval, Zully Moreno, Tita Merello, Irma Córdoba, Niní Marshall y Mirtha Legrand anunció –con 71 años– que se retiraba de su tan querida profesión, "antes de estar cansado y con flojedad de memoria", dijo a la prensa. Sin embargo, en 1997 volvió a las tablas, en una reposición de esta última producción que causó furor, junto a su entrañable compañera Irma Córdoba. Con 50 años de profesión, Miranda ganó más de 40 premios, entre ellos cinco Martín Fierro, el premio Podestá –que le otorgó la Sociedad de Actores por su trayectoria–, el Argentores –otorgado por la Sociedad de Autores–, el Konex al mejor comediante, y la Cruz de Plata Esquiú y el San Gabriel que destacaron la conducción ética del actor. "Traté de dar lo mejor de mí al público que me acompañó durante tantas temporadas y creo haber cumplido en la medida de mis posibilidades", dijo en una de estas oportunidades. En 1996 fue declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires por "sus aportes a la ciudad y los vecinos", un honor que recibió emocionado y agradeció con palabras premonitorias: "Después de un premio así, uno dice que se puede morir tranquilo. Yo ni pienso, pero si llegara a ocurrir ustedes están de testigos y podrán decir: fue contra su voluntad".
22 de abril de 2011
21 de abril de 2011
©página 12
traducción mQh

Murió Farley Granger


Atractivo actor mejor conocido por sus papeles en películas de Hitchcock.
[Dennis McLellan] Murió Farley Granger, atractivo actor durante el periodo de posguerra en Hollywood que era mejor conocido por sus papeles estelares en las películas de suspense de Alfred Hitchcock, ‘Extraños en un tren’ [Strangers on a Train] y ‘La soga’ [Rope; Festín diabólico]. Tenía 85 años.
Granger murió de causas naturales el domingo en su casa en Manhattan, informó una portavoz de la oficina del forense de la Ciudad de Nueva York.
En una carrera que empezó como adolescente cuando fue descubierto en una producción local por el director de reparto Samuel Goldwyn, Granger debutó en el cine como un joven ruso en la película ‘La estrella del norte’ [The North Star], de 1943.
Fue protagonista de películas como la pieza maestra del cine negro de Nicholas Ray, ‘Los amantes de la noche’ [They Live by Night], de 1949; del drama policial de Anthony Mann, ‘La calle de la muerte’ [Side Street], de 1950; y la saga histórica de Luchino Visconti, ‘Senso’, de 1954.
"Delgado y atractivo, poseía una sensibilidad que podía sugerir tanto el lado oscuro como la vulnerabilidad de sus personajes" escribió el crítico de cine Kevin Thomas, que trabajaba para el Times en 2003.
En la película ‘La soga’ (1948), con James Stewart, Granger y John Dal, representa a dos jóvenes amigos que cometen un homicidio y ocultan el cuerpo en su departamento. El rodaje ininterrumpido durante diez minutos hizo famoso a Hitchcock.
En el clásico de Hitchcock ‘Extraños en un tren’, de 1951, Granger es un campeón de tenis cuyo encuentro casual con un meloso psicópata en un tren amenaza más tarde con destruir no solamente su carrera, sino su vida misma.
"Representaba a héroes sensibles, románticos, a veces condenados al fracaso", dijo Thomas el martes, observando que Granger "tenía gracia y elegancia naturales".
"Era muy popular en ese entonces, un rompecorazones. Las máquinas publicitarias de los estudios estaban en su apogeo, y aparecía en todas las revistas de cine de fines de los años cuarenta y principio de los cincuenta.
Granger recordó sus días como actor principal en su libro de memorias de 2007, ‘Include Me Out: My Life From Goldwyn to Broadway’, lo que incluyó la revelación de que era bisexual. Escribió el libro con Robert Calhoun, su pareja desde principios de los años sesenta.
En el libro Granger describe abiertamente sus romances, juergas y aventuras con hombres y mujeres, incluyendo a las actrices Ava Gardner, Barbara Stanwyck y Shelley Winters, así como el compositor Leonard Bernstein y el dramaturgo Arthur Laurents (que escribió el guión de ‘La soga’).
"Nunca he ocultado nada y nadie me preguntaba nada", dijo Granger a la Associated Press en 2007. "Se supo hace unos diez años, cuando era viejo. Arthur Laurents dio una entrevista en la que me expuso públicamente".

Hijo de un exitoso concesionario de automóviles, Granger nació en San José el 1 de julio de 1925. Después del crash de la bolsa en 1929, la recién empobrecida familia se mudó a Los Angeles, donde Granger fue descubierto a los diecisiete y firmó un contrato de cien dólares a la semana con la compañía Goldwyn.
Después de aparecer en su segunda película, el drama de la Segunda Guerra Mundial, ‘Corazón púrpura’, en 1944, Granger se enroló en la Armada y pasó la mayor parte de su servicio en tiempos de guerra en Hawai.
Varios años después de reanudar su carrera cinematográfica, Granger se sintió incómodo con algunas de sus películas "basura" en las que Goldwyn le exigía aparecer, so pena de suspenderlo sin paga si rechazaba los papeles que le asignaban.
En 1953, Granger compró su contrato con Goldwyn y dejó Hollywood para estudiar actuación y probar suerte en teatro en Nueva York.
"Me costó hasta el último centavo", escribió en su libro, "pero estaba obedeciendo a mi corazón y estaba haciendo lo que tenía que hacer".
Además de papeles esterales en películas como ‘La muchacha del trapecio rojo’ [The Girl in the Red Velvet Swing] y ‘La calle desnuda’ [The Naked Street], Granger pasó la mayor parte de los años cincuenta trabajando en series antológicas para la televisión en vivo como ‘Playhouse 90’ y ‘The United States Steel Hour’.
Más tarde tuvo apariciones ocasionales como actor invitado en series de televisión como ‘Matt Helm’ y ‘El crucero del amor’ [The Love Boat] y en culebrones como ‘Al filo de la noche’ [The Edge of Night] y ‘Una vida para vivir’ [One Life to Live].
Pese a varias actuaciones en Broadway, las giras con el National Repertory Theatre y un premio Obie por su papel en la pieza en off-Broadway ‘Talley & Son’, en 1986, Granger contó al New York Times en 2007 que sus años en el teatro nunca estuvieron a la altura de sus esperanzas.
Analizando retrospectivamente su carrera en una entrevista de 2007 con el diario Star-Ledge, de Nueva Jersey, Granger dijo: "Fue simplemente suerte. Y testarudez. No iba a tolerar que nadie me dijera que no podía hacer esto o lo otro. Eso no me importaba. Simplemente iba a seguir mi propio camino. Estaba determinado a vivir mi propia vida".
Calhoun, pareja de Granger toda la vida, que fue productor ejecutivo de ‘El mundo gira’ [As the World Turns] y ‘La luz que guía’ [Guiding Light], murió en 2008.
11 de abril de 2011
30 de marzo de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

Murió Sidney Lumet


Prolífico director se mantuvo a distancia de Hollywood.
[Dennis McLellan] Murió este sábado pasado el prolífico director Sidnet Lumet, que fuera nominado cuatro veces a un Oscar y conocido por sus sólidas actuaciones en películas como ‘Doce hombres sin piedad’ [12 Angry Men], ‘Tarde de perros’ [Dog Day Afternoon] y ‘Network, un mundo implacable’ [Network]. Tenía 86 años.
Lumet, cuya carrera se extendió durante más de cincuenta años, murió de linfoma en su casa en Nueva York, informó su familia.
Descrito una vez en Variety como un "típico director de Nueva York", Lumet rodó muchas de sus películas en su ciudad natal, incluyendo ‘El prestamista’ [The Pawnbroker], ‘Sérpico’ [Serpico] y muchas otras.
Como escribió una vez el crítico de cine de Los Angeles Times, Charles Champlin, Lumet evitaba Hollywood "con un fervor que no desmerecería a Woody Allen",
"Hollywood es un pueblo fabril" dijo Lumet al Times en 1968. "Allá no hay un mundo real fuera de la filmación. No hay vida orgánica y eso es lo que yo necesito cuando estoy trabajando".
Niño actor en Broadway y en radio en los años treinta, Lumet fue director de CBS en Nueva York en la edad de oro de los dramas de televisión en vivo en los años cincuenta, cuando dirigió su auspicioso primer largometraje ‘Doce hombres sin piedad’.
El drama de tribunales del guionista Reginald Rose de 1957, ambientado en un tribunal de Manhattan, con Henry Fonda a la cabeza de un reparto que recibió tres nominaciones a un Oscar, incluyendo a la mejor película y al mejor director.
Lumet cosechó tres nominaciones a un Oscar por dirección: por la película de un atraco a un banco en Brooklyn, ‘Tarde de perros’, de 1975; la sátira de televisión escrita por Paddy Chayefsky, ‘Network, un mundo implacable’, de 1976; y el drama de tribunales ‘El veredicto final’ [The Verdict], de 1982.
También fue nominado a un Oscar por la adaptación de la obra suya en colaboración con Jay Presson, ‘Príncipe de la ciudad’ [Prince of the City], un drama de corrupción policial dirigido por Lumet en 1981.
Conocido como director de actores, Lumet supervisó numerosas actuaciones que fueron nominadas a un Oscar, incluyendo las de Ingrid Bergman (por ‘Asesinato en el Expreso Oriente’ [Murder on the Orient Express] y Peter Finch, Faye Dunaway, y Beatrice Straight (todos por ‘Network, un mundo implacable’).
Cuando Lumet recibió un Oscar honorario en 2005, el presentador Al Pacino, que había recibido varias nominaciones a un Oscar por su trabajo en ‘Sérpico’ y ‘Tarde de perros’, dijo que el director no estaba siendo homenajeado por su longevidad, sino por la calidad de su obra.
"Una película de Sidney Lumet", dijo Paciono, "tiene una firma, un sello de individualidad, un punto de vista, un sentimiento... Es realmente energía kinésica. Estabas allá cuando contaban la historia. Estaré siempre agradecido, junto con todos los otros actores y guionistas que han aprovechado el genio de Sidney".
Durante su larga carrera en el cine, Lumet dirigió más de cuarenta películas, entre ellas ‘Piel de serpiente’ [The Fugitive Kind], ‘Una vista desde el puente’ [A View From the Bridge], ‘Largo viaje hacia la noche’ [Long Day’s Journey Into Night], ‘Punto límite’ [Fail-Safe; Límite de seguridad; Sin retorno], ‘La colina’ [The Hil], ‘El grupo’ [The Group], ‘Supergolpe en Manhattan’ [The Anderson Tapes], ‘Asesinato en el Expreso Oriente’ y ‘Antes que el diablo sepa que has muerto’ [Before the Devil Knows You’re Dead].
También conoció el fracaso, como con ‘El mago’ (1978), su adaptación del exitoso musical de Broadway.
"Su carrera es algo inconsistente, pero eso se debe a que ha estado trabajando durante tanto tiempo, y cuando tú eres un director que trabaja como Sidney Lumet, tendrás éxitos abrumadores y películas que no son tan buenas", dijo al Times el profesor de historia de cine en la Universidad de Carolina del Sur, Rick Jewell, en 2008.
"Él no era como Stanley Kubrick, el que, una vez establecido, hacía una película cada cinco o siete años", dijo Jewell. "Lumet viene haciendo película tras película desde los años cincuenta. Para mí, es como cuando en los viejos tiempos, algunos directores hacían dos o tres películas al año. Él no tenía ese tipo de productividad, pero de todos modos su producción es extraordinaria".
Como director, Lumet se sentía atraído por historias dramáticas intensas.
Definiendo a Lumet como "uno de los últimos grandes moralistas del cine", la crítico de cine del New York Times, Manohla Dargis, escribió en 2005 que era un "influyente abastecedor de películas sociales (corrupción policial, la injusticia del poder judicial)". Era, escribió, un director cuya imagen de pantalla definitoria "es la de un hombre -y, casi inevitablemente, es un hombre- que lucha con su conciencia y contra el mundo".
"Tenía el poder de ver la verdad", dijo una vez Paul Newman, que fue nominado a un Oscar al mejor actor por su papel como un abogado alcohólico que quiere redimirse en ‘El veredicto final’.
Lumet también gozaba de la reputación de ser un cineasta rápido y eficiente, que terminaba sus películas antes del tiempo programado y con menos presupuesto.
Con su experiencia en el teatro y en la televisión en vivo, ensayaba con sus actores dos o tres semanas antes de empezar a rodar. Normalmente filmaba algunas tomas. Sabía de antemano cómo serían editadas las escenas y filmaba sólo lo que era necesario.
Como cineasta, Lumet creía que la mejor técnica es la que no llama la atención.
"No hay ningún estilo que detectar", dijo al New York Times en 2007, observando que en la mayoría de sus películas "no creo que haya ningún estilo visual porque me esfuerzo por encontrar el estilo visual que corresponde con historias específicas".
Debido a su propia experiencia en actuación, dijo Lumet en la entrevista de 2007 con el New York Times, la mayoría de los actores con los que trabajó sentían que estaban "en buenas manos, pero sin ser consentidos".
Meditando sobre una entrevista con el London Guardian, dijo: "Yo era un actor, por lo tanto sé dónde duele. Sé cuando es particularmente doloroso para ellos, cuando tienen que empezar a preguntarse. Todo buen trabajo es una auto-revelación. Lo sé. Eso lo sé".
Los que conocieron a Lumet trabajando, lo han elogiado por su afinidad con los actores.
"La magia del hombres es que esculpe lo que quiere muy cuidadosamente, y conspira contigo para ayudarle con lo que quiera que sea que tiene en mente", dijo Ossie Davis, que apareció en el drama en una prisión militar durante la Segunda Guerra Mundial, ‘La colina’, de 1965, en una entrevista para la edición de la serie documental ‘The Directors’, de 1997.
En el mismo documental, Rod Steiger, estrella nominada a un Oscar por ‘El prestamista’, el drama de Lumet sobre un sobreviviente del Holocausto acosado por los recuerdos, fue estrenado en Estados Unidos en 1965, observó que "lo importante es que, en lo que concierne a Sidney en su compasión y comprensión de la gente creativa, porque él mismo es muy creativo".
El Gremio de Directores de Estados Unidos, que reconoció la creatividad de Lumet detrás de la cámara con siete nominaciones a la mejor dirección, le otorgó el Premio D.W. Griffith, su más importante reconocimiento a contribuciones importantes al cine, en 1993.
Y en 2005, la Junta de Gobernadores de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas otorgó a Lumet un Oscar honorario en reconocimiento de sus "brillantes servicios para guionistas, actores y el arte del cine".
A los ochenta, sin embargo, Lumet no tenía ninguna intención de retirarse. En una industria que favorece la juventud, desafiaba la convención.
"Cualquiera sea la razón, simplemente sigo trabajando y trabajando, y aparecen cosas que quiero hacer", dijo a Los Angeles Times en 2005. "No sé si es una obsesión. Ciertamente es un modo de vida encantador".
"Si trabajas en el cine, no hay mejor trabajo que el mío. Así que ¿para qué parar antes que te obliguen la naturaleza o los estudios?"

Hijo del actor de teatro judío, Baruch Lumet, y de la bailarina Eugenia Wermus, Lumet nació el 25 de junio de 1924 en Filadelfia, aunque su familia se mudó a Nueva York cuando tenía cuatro años.
Siguiendo los pasos de su padre, Lumet se convirtió a temprana en actor de teatro judío y debutó en Broadway con un pequeño rol en el drama ‘Dead End’, de Sidney Kingsley, cuando tenía nueve.
Lumet, que estudió en la Professional Children’s School, apareció como niño actor en muchas otras piezas en Broadway, y actuó en numerosas series de radio. También tuvo un rol en el largometraje de 1989, ‘El tercio de una nación’ [One Third of a Nation], con Sylvia Sidney en el papel estelar.
Después de servir en el Cuerpo de Señales del Ejército como técnico de radares en Burma e India durante la Segunda Guerra Mundial, Lumet estudió actuación con Sanford Meisner y formó un grupo de teatro en off-Broadway.
Empezó a trabajar en televisión en 1950, contó más tarde, de casualidad.
Se estaba ganando bien la vida como actor y maestro -también había organizado un curso de teatro en la Escuela Superior de Arte Dramático- cuando un amigo actor, Yul Brynner, que había trabajado como director de personal de la CBS-TV, lo invitó a trabajar como director asistente.
Cuando Brynner dejó CBS para trabajar en ‘El rey y yo’ [The King and I] en Broadway, Lumet se encargó del proyecto en el que había estado trabajando Brynner: la serie de antología dramática ‘Danger’.
Lumet dirigió luego la serie de reconstrucción histórica  ‘You Are There’, presentada por Walter Cronkite y otras antologías dramáticas como ‘The Best of Broadway’, ‘The Goodyear Playhouse’ y ‘Studio One in Hollywood’.
Incluso después de lanzar su carrera en el cine en 1957, siguió dirigiendo producciones dramáticas para la televisión, incluyendo ‘The Sacco-Vanzetti Story’ en ‘Sunday Showcase’ y ‘El repartidor de hielo’ [The Iceman Cometh] en ‘Play of the Week’.
En 2001 volvió a la televisión como el creador, productor ejecutivo y principal director de la breve serie de tribunales ambientada en Manhattan, ‘100 Centre Street’ en la A&E Network.
El libro de Lumet, ‘Making Movies’, de 1995, un tomo de memorias profesional y una guía del cine, ha sido calificado como lectura fundamental para futuros cineastas.
Lumet se casó cuatro veces: con la actriz Rita Gam, la heredera Gloria Vanderbilt, la periodista y escritora Gail Jones (hija de la cantante Lena Horne y con el que tuvo dos hijas, Amy and Jenny), y Mary Gimbel.

Aparte de su esposa e hijas, le sobreviven su hinastra stepdaughter Leslie Gimbel, su hijastro stepson Bailey Gimbel, nueve nietos y un biznieto.
11 de abril de 2011
10 de abril de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

Murió Richard Leacock


Cineasta documentalista fue pionero del método del cinema verité.
Murió Richard Leacock, cineasta documental y pionero del discreto método de la cámara del cinema verité. Tenía 89 años.
Leacock murió el miércoles en París, informó su hija Victoria Leacock Hoffman. Su salud se había deteriorado y se había caído varias veces en las últimas semanas, dijo en un email.
La destreza técnica de Leacock entregó a directores como Jean-Luc Godard y Francois Truffaut las herramientas del oficio. Su sensible dirección sentó las bases para generaciones de directores que buscan usar sus cámaras para captar la vida real tal como ocurre, dijeron colegas.
"Richard Leacock fue uno de los verdaderos pioneros del cine documental", dijo el director Martin Scorsese en una declaración. "Fue esencial en el desarrollo y uso de equipos livianos y portátiles, que abrieron el camino para el cine genuinamente independiente. Y tenía mirada extraordinariamente sensible y rápida. Allanó el camino para todos nosotros".
El cineasta documental Albert Maysles trabajó primero con Leacock en ‘Primary’, el importante documental dirigido por Robert Drew, después de la campaña presidencial de John F. Kennedy en Wisconsin.
"Poseía una mirada poética detrás de la cámara, lo que le daba acceso a casi todo el mundo porque intuían que podían confiar en él", dijo Maysles.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los directores estaban cada vez más preocupados con escapar de los confines del plató y captar la vida real del modo en que transcurre. Pero esa ambición, conocida como cinema verité, hacía frente a un desalentador reto técnico: Sacar la cámara del estudio hace muy difícil captar sonido de alta calidad.
Los directores necesitaban una manera de absorber la voz y el video independientemente, sincronizándolos, y fue Leacock el que propuso usar un sistema de relojes Bulova, hechos en Estados Unidos, para mantenerlos sincronizados.

Leacock nació el 18 de julio de 1921 y creció en Inglaterra y en las Islas Canarias, donde su padre tenía una plantación de bananas. Estudió física en la Universidad de Harvard y sirvió como fotógrafo de guerra en el ejército de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
Leacock escribió, dirigió y editó ‘Toby and the Tall Corn’, un documental sobre una compañía de teatro itinerante en Missouri de 1954. Se emitió por televisión como parte del programa cultural ‘Omnibus’.
En 1960, Leacock formó una sociedad con el documentalista D.A. Pennebaker. Además de trabajar como el fotógrafo de ‘Primary’, Leacock colaboró con los documentales ‘A Stravinsky Portrait’, sobre el director y compositor Igor Stravinsky, y ‘Monterey Pop’, sobre el festival de rock en 1967. También fue el fotógrafo de ‘The Chair’ (1963), de Drew, que documentaba a unos abogados de Chicago tratando de salvar a un hombre del corredor de la muerte.
Leacock se mudó a París en 1989 después de retirarse del Massachusetts Institute of Technology, donde enseñó durante veinte años en el departamento de cine y video.
Un libro de memorias, ‘Richard Leacock: The Feeling of Being There’, será publicado este verano como libro y como video libro digital.
Le sobreviven su esposa Valerie Lalond, cinco hijos y nueve nietos.
8 de abril de 2011
26 de marzo de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

Murió Elizabeth Taylor


Legendaria actriz de cine y teatro.
[Elaine Woo] Murió Elizabeth Taylor, la glamorosa reina de las estrellas del cine americano, cuyos logros como actriz fueron a menudo eclipsados por su arrobadora belleza y sus dramas en la vida real. Tenía 79 años.
Hospitalizada hace seis semanas por una unsificiencia cardiaca congestiva, Taylor murió en la mañana del miércoles en el Cedars-Sinai Medical Center de Los Angeles, acompañada por sus cuatro hijos, informó la publicista Sally Morrison.
Durante una carrera que se extendió por más de seis décadas, la legendaria belleza con ojos de color violeta ganó dos premios Oscar y actuó en más de cincuenta películas, compartiendo tablas con actores como Spencer Tracy, Montgomery Clift, Marlon Brando y Richard Burton, con el que se casó dos veces. Se dejó inspirar por un ‘Who’s Who’ de directores, incluyendo a George Cukor, Joseph L. Mankiewicz, George Stevens, Vincente Minnelli y Mike Nichols.
Después de desaparecer de la pantalla, siguió siendo un personaje fascinante, bendecida y maldecida a la vez por la extraordinaria fama que moldeó su vida en todas sus fases: Fue una niña estrella que floreció con gracia para convertirse en una chica ingenua; una mujer fatal en la pantalla y en la vida real; una astuta buhonera de perfumes caros; una de las primeras activistas en la lucha contra el SIDA.
Algunas actrices, como Katharine Hepburn e Ingrid Bergman, ganaron más premios y elogios de la crítica, pero ninguna se acercó al poder de la Taylor sobre el imaginario colectivo. En la mente del público, era una enigmática diosa para la que hacer de Cleopatra como lo hizo ella con tanta notoriedad, no implicaba una diferencia muy grande de la realidad.
Taylor, escribió una vez el crítico del New York Times, Vincent Canby, "creció a plena vista de un público voraz para el que los triunfos y desastres de su vida personal se convirtieron automáticamente en extensiones de sus actuaciones en la pantalla. Ella es diferente a todos nosotros".
Sus pasiones fueron leyenda. Le encantaba comer, lo que, a medida que pasaban los años, condujo a publicitadas guerras contra el sobrepeso. Adoraba a los hombres, llegando a salir con muchos de los más ricos y famosos del mundo, incluyendo a Frank Sinatra, Henry Kissinger y Malcolm Forbes, y se casó ocho veces, incluyendo dos visitas al altar con Burton.
Adoraba las joyas, coleccionado enormes y caras chucherías del mismo modo que los niños coleccionan juguetes.
"Sería muy elegante reencarnarse como un gran anillo en un dedo de Elizabeth Taylor", bromeó una vez Andy Warhol sobre la mujer que era dueña del anillo de diamantes Krupp de 33 carates -un regalo de Burton que ella lucía a diario. Transmitía al mundo que era una dama con terribles ganas de vivir.
Pero Taylor también atrajo la mala fortuna. De acuerdo a un cronista, sufrió más de setenta enfermedades, lesiones y accidentes que requirieron hospitalización, incluyendo una apendicetomía, una traqueotomía de urgencia, un esófago perforado, una histerectomía, disentería, un ojo ulcerado, vértebras rotas, flebitis, cáncer a la piel y una operación de trasplante de cadera. En 1997 se hizo extirpar un tumor cerebral benigno. Según contaba, estuvo cuatro veces a punto de morir.
En 2004 reveló que tenía una insuficiencia cardiaca congestiva y agobiantes problemas espinales que le provocaban constantes dolores. Durante gran parte de su vida luchó con el alcohol y los barbitúricos.
Fue descrita a menudo como la típica heroína de Tennessee Williams, una caracterización que Taylor no refutó.
Quiere decir, le dijo una vez a Los Angeles Times, "[que soy una persona] fogosa, llena de dramas. Estoy segura de que lo dicen con simpatía. Las heroínas de Tennessee son todas nerviosas. Están todas al borde del desastre".
En la noche del 6 de octubre de 1991, dos docenas de helicópteros con fotógrafos y periodistas revolotearon por el cielo sobre el rancho del cantante Michael Jackson en el condado de Santa Bárbara. Pese a una armada de balones de aire caliente lanzados como escudo contra miradas intrusas, un paracaidista con una cámara adosada a su casco logró aterrizar a unos metros de la novia de 59 años y su novio de 39.
Así se casaron Taylor y el obrero de la construcción Larry Fortensky -en medio del bullicio de Hollywood y conjeturas sobre si el octavo matrimonio de la estrella de cine no sería su último.
¿Quién podría saberlo? Lo único seguro era que Elizabeth Taylor adoraba a los hombres.
"Yo soy más la mujer de mi esposo", confesó una vez.
Tenía diecisiete cuando el Marido No. 1 puso sus ojos en ella. Era Conrad Nicholson Hilton Jr., el atractivo vástago del clan hotelero Hilton. Su matrimonio de 1960, abrumado por la fama de Taylor y la adicción a las apuestas, alcoholismo y conducta agresiva de Hilton, duró ocho meses.
El No. 2 fue Michael Wilding, un actor británico veinte años mayor que ella, cuya amabilidad ofreció a Taylor un puerto seguro. Tuvieron dos hijos: Michael Howard, nacido en 1953, y Christopher Edward, nacido en 1955. Se divorciaron en 1957, después de cinco años de matrimonio.
El No. 3 fue Mike Todd, un elegante productor (‘La vuelta al mundo en ochenta días’ [Around the World in 80 Days]), que sería uno de los dos grandes amores de su vida. Después de un monólogo de más de una hora sobre por qué deberían casarse y sellar el acuerdo con un diamante de treinta carates, decidieron casarse en 1957. Llevaban casados algo más de un año cuando, el 22 de marzo de 1958, Todd murió en un accidente de avión en Nuevo México, dejando a Taylor viuda a los veintiséis años.
En los días posteriores a la muerte de Todd, Eddie Fisher -el ídolo de la canción que era el mejor amigo de Todd y marido de la actriz Debbie Reynolds- pasó largas horas junto a Taylor, llorando con ella mientras leían las miles de cartas y telegramas de condolencia. Cuando el consuelo mutuo se convirtió en romance, Fisher rompió con Reynolds y se casó con Taylor en 1959.
Después de la boda, la carrera de Taylor alcanzó nuevas alturas, pero la de Fisher decayó, lo que creó una apertura para el segundo gran amor en la vida de Taylor.
El futuro Marido No. 5 conoció a Taylor un domingo tarde en una piscina. "Decidí que era la mujer más asombrosamente independiente, bella, distante e inaccesible que había visto en mi vida", escribió Burton en una entrada en su diario de vida citada en la biografía del actor de Gales de Melvyn Bragg, de 1988. Era, dijo Burton, "más bella que cualquier fantasía pornográfica".
Él y Taylor empezaron una tumultuosa aventura en Roma en el plató de ‘Cleopatra’, la película épica sobre la reina egipcia que murió de amor. Debido a que ambos eran grandes estrellas casadas con otros, su adulterio causó un escándalo mundial. Un miembro del Congreso introdujo un proyecto de ley para prohibirles la entrada a Estados Unidos y el Vaticano condenó su "vagancia erótica".
La mala publicidad, escribió la columnista de Hollywood Louella Parsons, "tendría que haberlos matado". Otros bromearon que sólo estimulaba a las estrellas enamoradas. Después de una separación de dos años, Taylor se divorció de Fisher a principios de 1964 y se casó con Burton.
El suyo fue un matrimonio a gran escala. Ella le regaló un Van Gogh, él la colmó de invalorables gemas, incluyendo el gigantesco diamante Krupp y un pendiente de diamantes, rubíes y esmeraldas en forma de corazón de veinticinco carates, hecho originalmente para la novia del hombre que construyó el Taj Mahal. Burton también sobrepujó al magnate del transporte marítimo, Aristóteles Onassis, en la puja por adquirir un anillo de diamantes de 69 carates de 1.1 millones de dólares de Cartier, en Nueva York, que llegó a ser conocido como el diamante Taylor-Burton.
La pareja más famosa de Estados Unidos no solamente gastaba de manera extravagante su dinero, sino también peleaban y bebían en exceso. Cuando finalmente su unión terminó, Burton dijo al London Daily Mail: "No puedes golpear un cartucho de dinamita contra otro y esperar que no estallen". Fueron divorciados por una corte suiza el 26 de junio de 1974.
Al año siguiente volvieron a unirse ante un jefe tribal en Botsuana, África. Menos de un año después, en 1976, se volvieron a separar en Haití, pero su amor continuó.
Taylor dijo que si Burton no hubiese sufrido una fatal hemorragia cerebral en Ginebra en 1984, probablemente se habrían casado por tercera vez. "Estuve terriblemente enamorada de él hasta el día de su muerte", dijo. Tiempo después de su muerte, guardaba una copia de su última carta -escrita tres días antes de su deceso- en mesita de noche. Permitió que muchas de las cartas fueran publicadas en el libro ‘Furious Love’, de Sam Kushner y Nancy Schoenberger (2010).
El Marido No. 6 apareció cuando la diosa de la pantalla necesitaba un acompañante para un banquete en homenaje a la Reina Isabel y el entonces presidente Ford. La embajada británica la apareó con John Warner, un rudo ex secretario de la Armada y culto granjero de Virginia. Se casaron en 1976. En 1978 fue elegido al Senado de Estados Unidos.
Aunque Taylor fue una dedicada activista de la campaña, concluyó que no estaba preparada para el papel de esposa de un político. Mientras Warner pasaba largas horas en Washington, ella mataba el tiempo mirando televisión y comiendo hasta que su peso alcanzó los 81 kilos en un cuerpo de un metro sesenta. "Creo que nunca me sentí tan sola en mi vida como cuando fui esposa de un senador", escribió en ‘Elizabeth Takes Off’, su autobiografía y libro de dieta de 1988.
Buscando algún alivio en la actuación, trabajó en la producción de ‘The Little Foxes’ de Lillian Hellman en Broadway, y pasó un año de gira. En 1982 puso término a su carrera como esposa del senador y se mudó a una mansión en Bel-Air.
Para fines de 1983, estaba quemada, abotagada y abusando del alcohol y las pastillas. Confrontada por su familia y estrecho amigo Roddy McDowall, se internó en el Betty Ford Center en Rancho Mirage, donde durmió en un dormitorio colectivo, siguió una rutina de limpieza y, como contó más tarde a la escritora Dominick Dunne, fue "pelada hasta el fondo" en sesiones de terapia de grupo. Su anuncio público de que estaba siguiendo un tratamiento por abuso de substancias estimuló a otros famosos, incluyendo a Liza Minnelli, a revelar sus propios problemas.
La nueva y sobria Taylor mantuvo su salud recuperada durante unos años, hasta que el dolor que le ocasionó una vértebra aplastada la envió de vuelta a las pastillas y al alcohol. De acuerdo a una investigación algunos años después del fiscal general de California, sus adicciones fueron facilitadas por tres de sus médicos personales, que le recetaron más de mil prescripciones de analgésicos, tranquilizantes, antidepresivos y estimulantes durante siete años.
En su segunda visita al Betty Ford Center en 1988, conoció a Fortensky, un obrero de la construcción casado dos veces que estaba siendo tratado por su adicción al alcohol. Después de salir de la clínica, Taylor lo invitó a varias parrilladas de fin de semana en Bel-Air y asistió con él a las reuniones de Alcohólicos Anónimos. Más tarde le contaría a la columnista de chismes Liz Smith, que le atraía Fortensky porque "no era un chulo, y yo tampoco soy una chula".
Después de la boda en 1991, Fortensky trató de reanudar su rutina como trabajador, levantándose antes del alba para dirigirse a su trabajo en unas obras. Al final del día dejaba sus botas sucias junto a la puerta de la mansión, se duchaba y se sentaba a cenar con su esposa a eso de las seis de la tarde. El régimen le parecía exótico a Taylor, que en 1992 contó a la revista Life: "Yo acostumbraba a acostarme a la una o dos de la mañana. Pero ahora estábamos acostándonos a las diez de la noche, y tengo que admitir que me gustaba".
Pero el encanto desapareció cuando Fortensky dejó de trabajar. Invocando diferencias irreconciliables, Taylor pidió el divorcio en 1996 y abjuró del matrimonio.
"No quiero ser un símbolo sexual", dijo una vez. "En lugar de eso me gustaría ser el símbolo de una mujer que quizás comete errores, pero de una mujer que ama".

Elizabeth Rosemond Taylor nació en Londres el 27 de febrero de 1932 como hija de padres americanos. Su madre, una ex actriz de teatro llamada Sara Sothern, y su padre, marchante Francis Taylor, la llevaban a ella y su hermano Howard a pasar las vacaciones junto al mar, rodeados de criadas y montones de juguetes. Los adultos consentían a la pequeña Elizabeth, que tenía ojos luminosos, piel de alabastro en un rostro enmarcado por mechones negro azabache y una pequeña mancha de nacimiento en su mejilla derecha que su madre resaltaba con un lápiz cosmético.
Cuando tenía siete años, su familia se mudó a Beverly Hills, donde Francis administró una galería de arte en el Beverly Hills Hotel. Con su atrayente aspecto de mujercita y una madre que la empujaba agresivamente a participar en audiciones, Elizabeth fue descubierta por un cazador de talentos y pronto firmó un contrato con Universal Pictures. En 1942, a los diez años, debutó en el cine en una comedia que no llamó la atención, ‘There’s One Born Every Minute’. Pronto estuvo ganando más que su padre, cuyo resentimiento por esto profundizó su dependencia del alcohol, llevándolo también a golpear ocasionalmente a su hija. "Dejé de ser niña desde el momento mismo en que empecé a trabajar en películas", le contó al escritor Paul Theroux en 1999.
Cambió de estudio en 1943 cuando la Metro-Goldwyn-Mayer necesitaba a una chica inglesa, amante de los perros, para un pequeño papel en ‘Lassie, la cadena invisible’ [Lassie Come Home]. Elizabeth se hizo con el rol y se convirtió en una de las actrices de reparto de MGM.
Los críticos no la detectaron sino después de que MGM la incluyera en el reparto de ‘Fuego de juventud’ [National Velvet] como Velvet Brown, una niña que sueña con correr en la carrera de obstáculos Grand National de Inglaterra. "No diría que sea particularmente dotada como actriz", escribió James Agee en The Nation en 1944. "Sin embargo, me impresionó, si puedo utilizar una apreciación conservadora, su vertiginosa belleza. Apenas si me interesa que sepa actuar o no".
Después del éxito de ‘Fuego de juventud’, fue difícil para Taylor controlar su vida. Su contrato, contó más tarde, "me convirtió en parte del mobiliario de MGM" durante los siguientes dieciocho años. El estudio elegía sus roles, controlaba sus apariciones en público, seleccionaba sus amigos y se encargó de su primera boda. Después de una serie de papeles como adolescente, tuvo su primer papel principal con Robert Taylor en el desdeñable melodrama ‘Traición’ [Conspirator] (1950). Tuvo suficiente éxito como para ser observada por el Harvard Lampoon, que la fastidió por "persistir tan valerosamente en su carrera, pese a una total incapacidad para actuar".
En 1951 contestó a esos escépticos con su trabajo en ‘Un lugar en el sol’ [A Place in the Sun], dirigida por Stevens. Con el papel de una inquieta y sexualmente ansiosa chica de la alta sociedad que se siente atraída por un joven amante de clase baja, Taylor ganó los primeros elogios de la crítica como actriz adulta.
Shelley Winters, que fue la rival de clase baja de Taylor en la película, dijo en 1985 que ‘Un lugar en el sol’ todavía "era lo mejor que había hecho. Elizabeth tenía una profundidad y una simpleza que eran realmente extraordinarios".
Más tarde Stevens la contrató para otro exigente papel en ‘Gigante’ [Giant] (1956), una película épica sobre dos generaciones de tejanos. Fue la esposa del ganadero Rock Hudson, y James Dean, que murió en un accidente de automóvil antes del estreno de la película, era en la película un salvaje y joven vaquero. Los críticos saludaron su talento, su "asombrosa revelación de insospechados dones", escribió el Times de Londres.
Sus siguientes tres películas le reportaron tres nominaciones a un Oscar.
La primera fue por ‘El árbol de la vida’ [Raintree County], una producción de 1957 dirigida por Edward Dmytryk, en la que Taylor es una fogosa belleza del sur al borde de la locura.
La siguiente nominación fue por su retrato de Maggie en ‘La gata sobre el tejado de zinc’ [Cat on a Hot Tin Roof] (1958), de Tennessee Williams. Taylor fue la guapa e insaciable esposa de Paul Newman, el hijo, alcohólico y homosexual latente, del propietario de una plantación en Mississippi. Aunque la actriz quedó viuda en medio del rodaje cuando el avión de Todd se estrelló, logró convertir su trabajo en una actuación que sería considerada ampliamente como la mejor de su carrera adulta.
"Era una actriz intuitiva", dijo Newman años después sobre la mujer que nunca tuvo una clase de actuación. "Siempre me sentí espantado por su ferocidad, y por cómo podía usar sus emociones tan rápidamente. Mirarla actuar era un privilegio".
Su tercera nominación reconoció su trabajo en ‘De repente, el último verano’ [Suddenly, Last Summer], otra historia de Williams, que exploraba la locura, la homosexualidad y el canibalismo. El éxito comercial de ‘De repente, el último verano’, puso a Taylor por primera vez entre los primeros diez éxitos de taquilla. Siguió estando entre las primeras diez todos los años durante la década siguiente.
En 1961 ganó su primer Oscar por su retrato de una prostituta en un atormentado romance con un hombre casado en ‘Una mujer marcada’ [Butterfield 8]. Aunque odiaba su rol y el guión, lo aceptó porque así terminaban sus obligaciones contractuales con MGM.
Su siguiente proyecto fue ‘Cleopatra’ para la Twentieth Century Fox. Taylor no quería el papel principal y exigió un millón de dólares. Según Fisher, finalmente ganó siete millones de dólares cuando le pagaron sus derechos y otros honorarios.
Con un costo final sin precedentes de 62 millones de dólares, la película inició una nueva era de excesos en Hollywood. Casi llevó a la ruina a Fox, que se vio obligada a vender su plató de exteriores colindante con Beverly Hills a una inmobiliaria, que convirtió esos 800 mil metros cuadrados en Century City.
La producción también dio inicio al periodo más turbulento de la vida de Taylor. Durante el rodaje en Roma, contrajo neumonía y fue sometida de urgencia a una traqueotomía. Estuvo durante días cerca de la muerte.
Después de su recuperación, cuando volvió al plató de ‘Cleopatra’ los titulares de los diarios en todo el mundo empezaron a revelar detalles sobre su aventura con Burton. Cuando la película fue finalmente estrenada en 1963, las reseñas fueron brutales, pero el público concurrió en masa a ver a sus desvergonzadas estrellas.
Taylor apareció con Burton en varias películas, incluyendo ‘Hotel Internacional’ [The V.I.P.s] (1963); ‘Castillos en la arena’ [The Sandpiper] (1965); ‘Doctor Fausto’ [Doctor Faustus], ‘Los comediantes’ [The Comedians] y ‘La mujer indomable’ [The Taming of the Shrew] (todas de 1967); ‘Boom!’ (1968); ‘Bajo el bosque lácteo’ [Under Milk Wood] y ‘Pacto con el diablo’ [Hammersmith Is Out] (ambas de 1972); y una película para la televisión titulada aptamente ‘Se divorcia él, se divorcia ella’ [Divorce His, Divorce Hers] (1973). Los críticos consideraron la mayoría de sus colaboraciones como insignificantes.
La excepción ocurrió en 1966, cuando la elegante pareja fue contratada para ‘¿Quién le teme a Virginia Woolf?’ [Who’s Afraid of Virginia Woolf?], el drama de angustias maritales de Edward Albee.
Taylor engordó once kilos y se puso una peluca canosa y relleno extra para representar a Martha, la desaliñada, deslenguada y muy educada esposa del calzonudo profesor universitario que era Burton. Se dice que la aterraba el reto de darle vida a un personaje tan alejado de su propia elegante persona.
Nichols y los Burtons y los otros dos miembros del reparto -George Segal y Sandy Dennis- se aislaron para ensayar en privado y cerraron el plató durante el rodaje. Poco a poco, contó Taylor, se fue sintiendo tan cómoda en su ‘traje de Martha’, que la pudo interpretar más espontáneamente.
Los críticos derrocharon elogios sobre su actuación, calificándola como la mejor de su carrera. La película ganó cinco estatuillas, incluyendo la segunda de Taylor a la mejor actriz. También ganó premios de la National Board of Review, la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York y lo que es ahora la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión.
Su siguiente película, ‘Reflejos de un ojo dorado’ [Reflections in a Golden Eye] (1967), con Brandon, mostró a Taylor como una actriz seria, pero lo que siguió fue una avalancha de malas películas que facilitaron que los críticos la volvieran a ignorar. Su voz, débil e inflexible, era considerada una de sus principales limitaciones.
Sin embargo, tuvo un rango sorprendentemente amplio de roles, incluyendo una traviesa actuación como la pesada esposa de la película ‘Salvaje y peligrosa’ [X Y & Zee], de 1972. La crítico de cine Pauline Kael, de la revista New Yorker, dijo que Taylor opacó "totalmente a los otros dos buenos actores [Michael Caine y Susannah York]".
Taylor retrató a una estrella de cine avejentada en ‘El espejo roto’ [The Mirror Crack’d] (1980), una adaptación estelar de la novela de Agatha Christie. También chapoteó en películas para la televisión y volvió al teatro, cosechando tibias reseñas en Broadway por su papel en ‘The Little Foxes’ [La loba], en 1981. En 1983 se reunió profesionalmente con Burton en la farsa ‘Private Lives’ [Vidas privadas] de Noel Coward, una obra sobre una pareja divorciada cuyo romance vuelve a encenderse tras un encuentro casual. "En ‘Vidas privadas’ la vida no imita al arte", escribió el crítico del New York Times, Frank Rich. "Lo borra".
Al decaer su carrera como actriz, se volcó a los negocios. En 1987 introdujo el perfume Elizabeth Taylor’s Passion, que se vendía en un frasco púrpura con forma de corazón a 165 dólares la onza. Llegaría a convertirse en una de los cuatro perfumes femeninos mejor vendidos en Estados Unidos, con beneficios de unos setenta millones de dólares al año. En los años noventa introdujo otro perfume exitoso, White Diamonds.
Entre sus últimas actuaciones se cuenta el modesto rol como suegra de Fred Flintstone en el estreno de ‘Los Picapiedra’ [The Flinstones] en 1994, la versión con actores reales de Universal de la serie de dibujos animados. El crítico Leonard Maltin describió su actuación como "deliciosamente divertida". También prestó su voz a un personaje de la popular serie animada, ‘Los Simpsons’ [The Simpsons], en Fox Television.
En 2001, fue protagonista con Debbie Reynolds en la película de ABC ‘Esas chicas fabulosas’ [These Old Broads], en la que Reynolds es una envejecida actriz de Hollywood y Taylor, su agente. La película -escrita por Carrie Fisher, la hija de Reynolds con el hombre que la había abandonado por Taylor hace cuatro décadas- puso un final feliz a uno de las peleas más famosas de Hollywood.
Taylor dijo que le hubiese gustado recibir más roles de carácter, pero el mercado era limitado para reinas del glamour en la tercera edad. Tampoco podía desaparecer poco a poco: cada uno de sus movimientos era todavía munición para la prensa sensacionalista. "Así que pensé, si me vas a cagar, te usaré", dijo a Vanity Fair en 1992. "Podía coger la fama que resentía y utilizarla para algo bueno".
Taylor tenía muchos amigos gays, y a medida que se expandía la epidemia del SIDA, algunos de ellos estaban muriendo. En 1985 se convirtió en la celebridad más prominente en dar su apoyo a lo que era entonces una causa muy poco elegante. Aceptó presidir el primer evento a beneficio de la lucha contra el SIDA, una cena para recoger fondos de la organización sin fines de lucro AIDS Project Los Angeles.
Empezó a llamar a sus amigos para pedirles apoyo. Algunas de las estrellas más grandes de Hollywood (se dice que Sinatra fue uno de ellos) la ignoraron. Taylor redobló sus esfuerzos, acompañada en sus esfuerzos por el asombroso anuncio de que Hudson, el guapo ídolo de matiné y co-estrella de ‘Gigante’ había contraído la temida enfermedad. Estuvo junto a Hudson, del mismo modo que años más tarde ayudaría al ídolo de la canción pop Jackson durante la lucha de este último para defenderse de las acusaciones de abuso sexual infantil.
Gracias a la fama de Taylor y a la simpatía pública por Hudson, los fondos recaudados para la lucha contra el SIDA superaron el millón de dólares y la cena atrajo a dos mil quinientos invitados, incluyendo a la ex Primera Dama, Betty Ford. Hudson estaba demasiado enfermo como para asistir, pero utilizó la ocasión para presentar una declaración pública sobre su enfermedad.
Randy Shilts, que escribió la pionera crónica sobre el SIDA ‘And the Band Played On’, dijo que Taylor marcó un antes y un después.
"Elizabeth Taylor logró que el SIDA fuera tratado en ‘Entertainment Tonight’, y no puedes subestimar el valor de ese tipo de cobertura", dijo Shilts. "Hizo que la enfermedad fuera algo sobre lo que la gente respetable también podía hablar".
Taylor fundó luego, con la doctora Mathilde Krim, la primera organización nacional dedicada a financiar la investigación sobre el SIDA, la American Foundation for AIDS Research, o AmFAR. En 1991 fundó la Elizabeth Taylor AIDS Foundation, que subsidiaba directamente educación y cuidado de pacientes de SIDA. Denunció al presidente George H.W. Bush, acusándolo de no hacer nada sobre el SIDA; apoyó el test del SIDA; y enfatizó la responsabilidad personal en la prevención de la enfermedad. "La gente no debería dejar de tener sexo -yo sería la última en proponerlo-, sino que hacerlo de manera segura", dijo. "Es importante".
Su trabajo sobre el SIDA le significó la Legión de Honor, la más alta distinción civil de Francia, en 1987, y el Premio Jean Hersholt Humanitarian de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en 1993. En 2000, la Reina Isabel la nombró Dame Commander de la Orden del Imperio Británico, un honor equivalente al nivel de caballero.
Gracias a sus esfuerzos finalmente se recaudarían más de 270 millones de dólares para la prevención y cura del SIDA.
A fines de 2007 hizo un raro retorno al teatro para reunir otro millón de dólares en una actuación a beneficio de la amarga ‘Love Letters’, de A.R. Gurney, en Paramount Studios. Los miembros del Gremio de Guionistas de Estados Unidos dejaron provisoriamente sus letreros de protesta para permitir que Taylor y sus invitados apoyaran el evento sin culpa o rencor. Después de que su conmovedora charla pusiera al público de pie, la frágil actriz se levantó de su silla de ruedas para recibir la ovación. Era todavía majestuosa, y le chorreaban los diamantes.
Además de sus hijos Michael y Christopher Wilding, la sobreviven sus hijas Liza Todd y Maria Burton; su hermano Howard Taylor; diez nietos y 4 biznietos.
7 de abril de 2011
23 de marzo de 2011
©los angeles times
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Murió Helen Stenborg


Actriz de teatro y cine. Fue nominada a un Tony.
Murió el martes en su departamento en Manhattan la actriz de teatro, cine y televisión Helen Stenborg, que fue nominada a un Tony y fue la esposa del difunto actor Barnard Hughes y madre del director Doug Hughes, según informó el agente de prensa Chris Boneau. Tenía 86 años. No se reveló la causa de su muerte.
Stenborg fue nominada a un Tony por su rol como la pirómana Sarita Myrtle en ‘Waiting in the Wings’, de Noel Coward, en 1999. Ella y su marido celebraron sus bodas de oro en el escenario en una pieza de Coward y fueron galardonados con los Drama Desk Awards for Lifetime Achievement en 2000. Él murió en 2006.
La última actuación de Stenborg en Broadway fue en 2002, en ‘The Crucible’ [Las brujas de Salem], de Arthur Miller, con Liam Neeson y Laura Linney. Otras actuaciones en Broadway fueron la producción ‘A Month in the Country’, en 1995, y ‘A Life’, de Hugh Leonard, en 1980-81.
Perteneció toda la vida al Circle Repertory Company, de Nueva York, y apareció en las producciones originales de ‘The Hot L Baltimore’, de Lanford Wilson, y ‘Talley and Son’, por la que ganó un Premio Obie en 1986.
Sus créditos en el cine incluyen el corto ‘Mi mamá sueña con los discípulos de Satán’ [My Mother Dreams the Satan’s Disciples in New York], que recibió un Oscar, y pequeños roles en ‘Los tres días del cóndor’ [Three Days of the Condor’] ‘La duda’ [Doubt] y otras películas. También trabajó en el culebrón ‘Another World’.
Con si marido, recorrió el país con la compañía nacional de ‘Da’, de Hugh Leonard, pieza galardonada con un Tony y por la que Hughes ganó el Tony al mejor actor en 1978.

Stenborg nació el 24 de enero de 1925 y se mudó a Nueva York cuando era adolescente.
4 de abril de 2011
24 de marzo de 2011
©los angeles times
traducción mQh

Murió Sam Chwat


Patólogo del habla. Actores olvidaban, y aprendían acentos bajo su dirección.
[Elaine Woo] Sam Chwat era un maestro en el dominio de los acentos y enseñó a Robert De Niro a hablar como un ex convicto de las montañas Apalaches, a Olympia Dukakis como un sobreviviente del Holocausto y a Peter Boyle como un racista del Sur Profundo. Un Henry Higgins moderno, también preparó a actores para que perdieran sus acentos, ayudó a Julia Roberts a deshacerse de su deje nativo de Georgia y a Tony Danza de su acento del Brooklyn. Chwat incluso se reformó a sí mismo, acallando su acento neoyorquino para prevenir que sus clientes imitaran las claves erróneas.
Chwat murió de un linfoma no Hodgkin el 3 de marzo en Long Island, Nueva York, donde dirigía el Sam Chwat Speech Center, que ayudó a miles de personas con problemas de habla. Entre sus clientes se contaban ejecutivos que trataban de eliminar acentos molestos y políticos que buscaban transitar más fluidamente entre la voz usada en los pasillos del poder y la que se usa cuando se corteja a votantes en casa. Tenía 57 años.
En el mundo altamente especializado de los profesores de dialecto de Hollywood, Chwat ocupaba un lugar único. Mientras que muchos de sus colegas tenían experiencia como actores, él era un patólogo del habla certificado que utilizaba el conocimiento que adquiría trabajando con víctimas de derrame, tartamudos y personas con incapacidades de desarrollo para ayudar a los actores a hablar como sus personajes.
"Era muy respetado", dijo Robert Easton, decano de los profesores de dialecto de Hollywood, sobre Chwat la semana pasada. "Era más que excepcional en la gama de acentos" que enseñaba.

Nacido en Nueva York el 29 de marzo de 1953, Chwat egresó del Sarah Lawrence College en 1974 y se licenció en patología del habla en la Universidad de Columbia en 1977. Empezó su vida profesional como terapeuta del habla en un hospital de Nueva York.
En 1980 Chwat recibió una llamada telefónica desde una importante cadena de supermercados pidiendo su ayuda para un empleado cuya oportunidades de ascenso en su carrera eran obstaculizadas por su pesado acento portorriqueño. Su éxito con ese cliente -que después ganaría un ascenso- llevó a Chwat a empezar su consulta privada.
Su primer cliente de Hollywood fue Andie MacDowell. Pidió su ayuda para no repetir su experiencia con la película ‘Greystoke, la leyenda de Tarzán’ [Greystoke] de 1984, en la que los productores contrataron a Gleen Close para doblar los diálogos de MacDowell debido a que su acento de Carolina del Sur era considerado demasiado prominente.
Poco después, una desconocida Roberts se apareció por la oficina de Chwat. "Su manager dijo que recibiría una variedad más amplia de roles si perdía su acento sureño", contó Chwat al Atlanta Journal-Constitution en 2002. Después de trabajar con Chwat varias veces a la semana durante meses, la actriz se consiguió un definitivo rol en ‘Mystic Pizza’, de 1988. Chwat fue tan efectivo a la hora de eliminar los rastros lingüísticos de las raíces de Roberts que la actriz tuvo que practicar para recupera su acento sureño para ‘Magnolias de acero’ [Steel Magnolias], la película de 1989 ambientada en una pequeña ciudad de Luisiana.
Su trabajo más duro debe haber sido supervisar a De Niro para la película de 1991, ‘El cabo del miedo’ [Cape Fear; El cabo del terror]. Para prepararlo para su papel como el violador condenado de las montañas Apalaches, De Niro hizo que un investigador grabara conversaciones con decenas de delincuentes violentos en las cárceles de los Apalaches. Chwat revisaba todas las cintas con De Niro hasta que decidían qué voz serviría como modelo para el actor. Chwat creó un programa de ‘substituciones de sonido’ que De Niro utilizó para reemplazar elementos de su acento neoyorquino. Por este rol fue nominado a un Oscar al mejor actor.
Algunos críticos consideran que la siguiente colaboración de Chwat con De Niro fue menos exitosa. Ayudó al actor de Nueva York a suavizar sus aes y a marcar las erres para representar a un hombre de Seattle en la película ‘Vida de este chico’ [This Boy’s Life; Mi vida como hijo], de 1993. Un reseñador del New York Times se burló del acento de De Niro por sonar "como si tuviese un montón de inexplicable irlandés". Chwat reaccionó enviando una carta al editor retando a cualquiera a encontrar "algún esquema extranjero" en el habla de De Niro.
Con los años, Chwat fue frecuentemente criticado por ayudar a inmigrantes que querían sonar como nativos. Esos críticos acusaban a Chwat de contribuir a la homogeneización cultural, aunque él veía sus servicios como una ayuda a la asimilación de aquellos que lo deseaban.
Su trabajo le hizo viajar por todo el planeta, contó su esposa Susan Lazarus Chwat, que le sobrevive con tres hijas y una hermana. "Pasó un mes en Pakistán justo antes del [los atentados] 11 de septiembre de 2001, donde fue a trabajar con centros de llamados", recordó en una entrevista la semana pasada. "No querían que la gente que llamaba supieran dónde estaban. Les ayudaba a sonar más como estadounidenses".
21 de marzo de 2011
13 de marzo de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

Murió Charles Jarrott


Director de cine y televisión, entre otras películas de ‘María, Reina de Escocia’.
Murió el viernes en la residencia del Motion Picture Home en Woodland Hills, el director de cine y televisión británico Charles Jarrott, mejor conocido por las producciones de Hal Wallis, ‘Ana de los mil días’ [Anne of the Thousand Days] y ‘María, Reina de Escocia’ [Mary, Queen of Scots], según informó Jaime Larkin, portavoz del Fondo de Cine y Televisión. Sufría de cáncer a la próstata. Tenía 83 años.
Aunque ‘Ana de los mil días’ fue nominada diez veces a un Oscar, entre ellos a la mejor película, y ‘María, Reina de Escocia’ (1971) recibió cinco nominaciones a un Oscar, el trabajo de Jarrott en el género de las películas de época no fue reconocido nunca por la academia. Entre otras películas dirigidas por él se encuentran el melodrama ‘Del otro lado de la noche’ [The Other Side of the Night], de 1977, y el remake musical de ‘Horizonte perdido’ [Lost Horizon], de 1973.

Jarrott nació el 16 de junio de 1927 en Londres y durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Real Armada Británica después de que su madre le permitiera enrolarse como adolescente. Empezó en el mundo del espectáculo como director de escena y actor. Empezó a dirigir producciones de teatro y televisión en Inglaterra antes de mudarse a Canadá, donde actuó y dirigió.
Para la televisión dirigió, entre otras producciones, ‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’ [The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde], con Jack Palance, que fue transmitida en el ABC en 1968, y ‘Pobre niña rica: la historia de Barbara Hutton‘ [Poor Little Rich Girl: The Barbara Hutton Story], con Farrah Fawcett, en 1987.
17 de marzo de 2011
5 de marzo de 2011
©los angeles times
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