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pan y cine y el santo

Anónimo Mortal


El antiguo comandante de un campo de exterminio nazi, que ha escapado con vida de los tribunales de guerra, viaja a México para vengarse de los que declararon contra él.
En la secuencia antes de los créditos, un hombre mayor convence al anciano propietario de una joyería de que le deje entrar a pesar de que ya ha cerrado para comprarle un regalo de cumpleaños a su esposa. Una vez dentro, el cliente saca una pistola con silenciador. "¿Es un atraco?", pregunta el tendero. "No, es un asesinato", dice el intruso antes de disparar.
El inspector Ponce y el detective Rocha, de la policía, investigan el asunto. No fue un atraco, ya que no se robó nada. La viuda del joyero dice que no puede imaginar que alguien quiera matar a su marido.
El agente inmobiliario Campos lleva a Fisher, un cliente, a la azotea de un alto edificio que espera venderle. "Aquí arriba está libre del smog", dice Campos, justo antes de que Fisher lo empuje a su muerte desde el tejado. El socio de Campos no tiene idea de quién puede haber sido el asesino; sin embargo, Rocha le muestra a su jefe un escrito anónimo que recibió Campos: "Te toca morir la próxima semana. Te condenaste a ti mismo". Cuando la historia llega a los diarios, el empresario Mario Gaos está preocupado: él también recibió una nota similar, con una fecha fijada para su asesinato. Su esposa Ester quiere que llame a la policía, pero Mario dice: "La única persona que puede salvarme, es el Santo".
Después de un match entre el Santo y El Polaco, Mario visita al héroe enmascarado en su camerino. Santo está acompañado por Yvette y Pablo, sus colegas en la lucha contra el crimen. Van a casa de Mario para hablar sobre el caso, y Santo dice que lo protegerán día y noche. Cuando Sale se marcha, tratan de matarlo desde un coche. Entretanto, Ponce y Rocha se enteran de que el joyero también había recibido, por correo, una amenaza de muerte.
Yvette se instala en la oficina de Mario para darle protección. Sin embargo, un limpia-cristales entra por otra habitación. Mario le ordena salir. Yvette y el hombre se enzarzan en una pelea, pero ella se distrae cuando estalla una bomba que el hombre había colocado debajo del escritorio de Mario. Mario muere. El asesino golpea a Yvette y escapa. Más tarde, estudiando el caso, Yvette se pregunta si acaso los asesinatos son políticos. Pablo dice que no, ya que las víctimas trabajaban todas en oficios muy alejados de la política. "Ahora", dice el Santo. "¿Pero antes?" Yvette investiga a las víctimas: el joyero y Campos emigraron ambos a México en 1945; Gaos llegó más tarde, desde Argentina, y Ester era su segunda mujer.
Ponce y Rocha llegan y critican al Santo por no aparecerse cuando Gaos pidió ayuda. Acceden a compartir sus pistas. Ponce recibe una llamada telefónica: un hombre llamado Henkel dice que recibió una amenaza de muerte y que apenas escapó con vida. Santo se dirige con la policía al lugar de los hechos. Henkel dice que es un vendedor de maquinaria y no tiene enemigos. Cuando Santo le pregunta si participó en la Segunda Guerra Mundial, Henkel tartamudea y dice finalmente, sin convencer a nadie, que no. Más tarde, Santo vuelve al asunto y Henkel confiesa que se opuso a Hitler durante la guerra, aunque es alemán. (Más tarde, se enteran de que Max Henkel, un alemán que declaró en los tribunales de crímenes de guerra, había muerto aparentemente en 1947). Cuando Santo se marcha, se encuentra con Ester, que dice que descubrió importantes documentos entre los papeles de su marido. Santo accede a visitarla al día siguiente, ya que esa noche tiene un match.
La lucha del Santo contra El Nazi (que es un luchador corriente, sin máscara ni traje que vaya con su nombre) es interrumpida cuando un francotirador (que está sentado entre la audiencia -aparentemente nadie encuentra raro que lleve un brazalete con una suástica y un rifle, pero quién sabe lo que tiene en la cabeza el público de los luchadores mexicanos) suelta un tiro, pero no da en el Santo, sino en su rival, que cae muerto. En su casa, Ester es llamada por teléfono: como el francotirador ha fracasado, se le ordena a ella matar al Santo al día siguiente.
A Santo no le impresionan los documentos que le muestra Ester, y le pregunta por qué realmente quería que fuera a su casa. Ella se atora, y le prepara al hombre de la máscara de plata un trago envenenado. Afortunadamente suena el teléfono: es Ponce, que le dice al Santo que la autopsia demuestra que Gaos lo estaban envenenando de a poco. (Pero, entonces, ¿por qué lo hicieron volar por los aires?). Santo cuelga y le dice a Ester que tiene que marcharse. "¿Descubrió el inspector algo importante?", pregunta Ester. "Sí, y muy oportunamente", replica el Santo. "No te has tomado el trago", dice Ester. Santo: "Afortunadamente". "¿Por qué?", pregunta Ester. "Oh... porque tengo que conducir", dice el Santo, saliendo.
Henkel llama al Santo citándolo en una bodega. Naturalmente es una trampa y tres nazis lo atacan. El Santo los derrota, pero dos de ellos escapan (el tercero es matado accidentalmente por uno de sus compañeros) al llegar la policía. El inspector Ponce no entiende por qué los nazis aparecen repentinamente en México 25 años después de la guerra. "En Europa, en Estados Unidos y en algunos países sudamericanos, el nazismo ha comenzado a florecer nuevamente", sugiere Pablo. Especulan que las víctimas pueden haber causado algún daño a Hitler y sus partidarios durante la guerra. Henkel, cuando lo interrogan, niega haber llamado él al Santo. Confiesa que declaró contra el comandante de un campo de concentración, Von Struber, que fue condenado a la horca. (Más tarde la investigación de Pablo revelará que todas las víctimas fueron testigos contra Von Struber, que no fue ejecutado, pues escapó). Otro testigo, coincidentemente, está viviendo en México (aparentemente después de la guerra todos los nazis escaparon hacia Argentina y todos sus enemigos emigraron a México).
El doctor Fournier, el último testigo, dice que recuerda el caso. Von Struber "envió a mucha gente a los hornos". Piensa que Henkel murió muchos años antes. El mismo nazi que hizo volar a Gaos es enviado a matar a Fournier, pero Pablo interviene y lo mata. Entretanto, Yvette ha seguido a Henkel hasta una remota fábrica en el campo y se mantiene en contacto por radio. Santo decide unirse a ella, pero sorprende a un nazi colocando una bomba en su coche (el luchador arranca las llantas mientras el terrorista lloriquea de miedo). Sin embargo, el nazi no quiere hablar y, para asegurarse de ello, sus compañeros lo matan en el vestíbulo del cuartel general de la policía.
Yvette es capturada por Ester y llevada al escondite de los nazis. Es obligada a llamar por radio al Santo para decirle que está bien, pero se las arregla para informar al Santo sobre sus penurias y ubicación. Santo descubre una entrada secreta hacia el escondite de los nazis en un cementerio rural, pero también es capturado. Se descubre que Henkel es Von Struber, que quiere vengarse de los que declararon contra él en el tribunal de crímenes de guerra. Ester es su hija, que se casó con Gaos solamente para ayudar a la venganza de los nazis.
Santo y sus amigos son encerrados en un calabozo, sólo que este calabozo no es tal, sino "una cámara de gas", dice el Santo. Sin embargo, escapan cuando dos guardias tratan más bien torpemente de abrir la puerta y entrar. Entretanto la policía cierra el cerco y uno de los colegas de Von Struber quiere rendirse. Von Struber prefiere pelear y suicidarse, como hizo Hitler, y mata cobardemente a su subordinado. Trata de matar a Yvette, pero sólo logra matar a Ester, su hija. Finalmente, se esconde en el peor de los escondites: en su propia cámara de gas, que se llena repentinamente de gas, matándolo. Santo y los otros escapan y se encuentran con el inspector Ponce afuera.

1972 Director Aldo Monti Guión Carlos Enrique Taboada Reparto Santo (él mismof), Armando Silvestre (Inspector Ponce), Tere Velázquez (Yvette), Gregorio Casals (Pablo), Jorge Radó (‘Henkel' alias Paul von Struegel), Sasha Montenegro (Ester), Raymundo Capetillo (Rocha), Xavier Massé (Mario Gaos), Fernando Wagner (viejo Nazi), Jorge Mondragón (Landeros), Joaquín Bauche (Fournier), Antonio Raxel (limpiador de cristales nazi), Manolo Calvo (Fisher), Armando Arreola (Campos), Margarita Herman (esposa de joyero), José Mora (¿joyero?), Carlos Suárez (hombre que coloca una bomba en el coche del Santo), El Polaco y El Nazi (rivales del Santo).

21 de diciembre de 2004
©dwilt
©traducción mQh
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