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pan y cine y el santo

Murió John Inman


A los 71. El famoso actor británico conocido por su papel en ‘Are You Being Served?'
John Inman, 71, actor británico mejor conocido por su rol como el señor Humphries, el afeminado dependiente de la prolongada serie de televisión de la BBC ‘Are Yoy Being Served?', murió el jueves el en St. Mary's Hospital de Londres después de una larga enfermedad, dijo Phil Dale, su representante, en una declaración.
Inman fue uno de los miembros del reparto más memorables de la comedia ambientada en unos grandes almacenes, y su latiguillo ‘¡Estoy libre!' se convirtió en parte de la cultura popular en Gran Bretaña y el resto del mundo. El programa fue transmitido de 1972 a 1985.
La actriz Wendy Richard, que hacía de Señorita Brahms en ‘Are You Being Served?', dijo que había visitado regularmente a Inman, que estaba gravemente enfermo con hepatitis B.
Lo llamó "el actor más divertido y creativo" con el que había trabajado, informó BBC News.
El personaje de Inman, el señor Humphies, se ganó las críticas de algunos grupos de derechos homosexuales que se irritaban por lo que veían como el retrato de una loca desatada.
Nació como Frederick John Inman el 28 de junio de 1935, en Preston, Lancashire, en el noroeste de Inglaterra. Tuvo su primer papel a los 13, en Blackpool.
Trabajó como escaparatista, se mudó a Londres y actuó en varias piezas de teatro antes de participar en ‘Are You Being Served?'

15 de marzo de 2007
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Murió Betty Hutton


[Richard Severo] Estrella de cine de los años cuarenta y cincuenta. A los 86.
Betty Hutton, cantante y actriz celebrada como una bomba rubia de musicales y comedias de Hollywood de los años cuarenta y cincuenta, murió el domingo noche en su casa de Palm Springs, California, anunció hoy su albacea. Tenía 86 años.
La causa de su muerte fueron complicaciones de un cáncer al colon, dijo a la Associated Press su albacea Carl Bruno. Dijo que su muerte había sido mantenida en reserva hasta después de su funeral hoy, en el Forest Lawn Cemetery en Cathedral City, California.
Hutton, una desenfadada y vital artista con una voz que podía sonar como una alarman de incendio, tuvo el papel principal en la versión cinematográfica de 1950 de ‘La reina del Oeste' [Annie Get Your Gun], de Irving Berlin, y fue protagonista del espectacular ‘El mayor espectáculo del mundo' [The Greatest Show on Earth] de Cecil B. DeMille, de 1952.
Era conocida por sus interpretaciones de canciones como ‘Murder, He Says', un número de Jimmy McHugh y Frank Loesser de la película de 1943, ‘Happy Go Lucky' y ‘His Rocking Horse Ran Away', de ‘And the Angels Sing', de 1944.
La electrizante presencia de Hutton en películas como ‘Todo por un beso' [The Fleet's In], y en ‘El milagro de Morgan's Creek' [Miracle of Morgan's Creek], de Preston Sturges, enmascararon problemas emocionales que se remontaban a una infancia sumida en la pobreza. De niña, cantaba por limosna en las calles y en tabernas clandestinas para ayudar a su madre alcohólica, que había sido abandonada por el padre de Hutton.
Años después del término de su carrera cinematográfica, esos problemas emocionales todavía la acosaban. "Traté de matarme", dijo Hutton en 1983, recordando su ocaso después de que desapareciera de la atención pública.
Volvió a emerger en los años setenta, cuando los periodistas se enteraron de que estaba trabajando como cocinera y ama de llave en la casa del párroco de una iglesia católica en Portsmouth, Rhode Island. Antes de ser rescatada y rehabilitada por un sacerdote, contó, se había convertido en adicta a los barbitúricos y al alcohol y había perdido lo que estimaba que había sido una fortuna de diez millones de dólares.

Betty Hutton nació como Elizabeth June Thornburg en Battle Creek, Michigan, el 26 de febrero de 1921, hija de Percy Thornburg, empleado de ferrocarriles encargado de los cambios, y Mabel Lum Thornburg. A principio de los años veinte, Thornburg se marchó de la ciudad con otra mujer, y la señora Thornburg llevó a sus hijos a Lansing y finalmente a Detroit, donde obtuvo empleo en la industria del automóvil por 22 centavos la hora. Para llegar a fin de mes, vendía cerveza hecha en casa durante la época de la Prohibición. Betty y su hermana, Marion, cantaban para los clientes.
Hutton abandonó la escuela en el noveno y empezó a ganar dinero planchando camisas y trabajando en casas. También siguió cantando. A los quince y cuando cantaba en un club nocturno de Detroit, el líder de la banda Vincent López la contrató y la bautizó como Hutton. La banda también era popular en la radio. (Más tarde Marion Thornburg también adoptó el nombre de Hutton, y se convirtió en vocalista de la orquesta de Glenn Miller; murió en 1987).
Hutton dejó la banda de López después de un par de años y en 1940 apareció en la revista de Broadway, ‘Two for the Show'. La revista Vogue la llamó el miembro "más emocional" del reparto. Al año siguiente marchó a Hollywood por invitación de B.G. DeSylva, productor ejecutivo de Paramount. Le dio, a los 21, un papel en ‘Todo por un beso'. La revista Magazine dijo que eso la convirtió en una estrella de la noche a la mañana.
Sus logros cinematográficos en los quince años siguientes incluyeron ‘El caradura' [Let's Face It] (1943) y ‘Here Come the Waves' (1944). Sturges le dio más oportunidades de actuar en ‘El milagro de la Morgan's Creek' (1944), una comedia de enredos sobre la moralidad de tiempos de guerra que alborotó a los censores con su historia sobre una joven mujer que queda embarazada después de un matrimonio en caliente y luego no puede recordar quién es el padre.
Al año siguiente estaba de vuelta en un papel más familiar, como chica guardarropa en ‘The Stork Club', en la que canta memorablemente la canción ‘Doctor, Lawyer, Indian Chief', de Hoagy Carmichael.
Varias de sus películas fueron biografías: ‘La rubia incendiaria' [Incendiary Blonde], sobre la actriz y reina de cabaret Texas Guilnan; ‘Los peligros de Paulina' [The Perils of Pauline], sobre la heroína del cine mudo Pearl White; y ‘Somebody Loves Me', sobre la cantante Blossom Seeley.
En 1950, cuando Judy Garland enfermó y no pudo cumplir con su contrato para aparecer en la versión fílmica de ‘La reina del Oeste', Hutton obtuvo su papel, cosechando elogios por un papel que había sido creado en Broadway por Ethel Merman.
También hubo películas de Hutton que recibieran mala crítica, especialmente ‘Una chica de ensueño' [Dream Girl] (1948). Hutton empezó a sentir que su carrera iba cuesta abajo. Para ayudarse a conseguir el papel de heroína romántica en ‘El mayor espectáculo del mundo', haciendo de trapecista, le envió a DeMille un arreglo floral de cinco metros y medio de diámetro.
Pero su carrera estaba apagándose y después de ‘Somebody Loves Me' (1952), había terminado. Ese año se casó con Charles O'Curran, un director de baile, que quería dirigirla en una película. Paramount rechazó la idea y Hutton, en un ataque de ira, canceló su contrato. Su última película, ‘Spring Reunion' (1957) recibió pocos comentarios.
Hutton se volvió pronto hacia el nuevo medio de la televisión y tuvo su propio programa, ‘The Betty Hutton Show', pero sólo duró la temporada de 1959-1960. En 1965 apareció en Broadway, en el musical ‘Fade Out, Fade In', en remplazo de Carol Burnett, pero las píldoras y el alcohol se estaban apoderando de su vida.
En su punto más bajo, en 1974, Eral Wilson, columnista de The New York Post, organizó una fiesta de beneficio para ella en Nueva York. "No tengo un centavo', dijo Hutton, que en sus años de gloria llegó a ganar 150 mil dólares a la semana.
Encontró un medio de enfrentarse a sus problemas en la religión. Renovó su interés en el luteranismo, su credo original, y luego se convirtió al catolicismo. Consideraba al Padre Peter Maguire, de la Iglesia de San Antonio en Portsmouth como quien le había salvado la vida. Durante una de sus muchas estadías en el hospital, él la convenció de que trabajara para la iglesia. "Hasta entonces nadie me había hablado", dijo.
Más tarde volvió a trabajar como actriz, apareciendo en clubes nocturnos y, por un breve lapso en 1980, en el musical de Broadway, ‘Annie'. "Es genial volver a ser una estrella", dijo. "Pero también sé lo rápido que puede terminar".
A principio de los años ochenta, Hutton, que nunca estudió más allá del noveno, se matriculó en Salve Regina, una universidad católica para mujeres en Newport, Rhode Island. Obtuvo su diploma en psicología; la universidad había decidido que su experiencia de vida le valía un bachillerato. A fines de los ochenta, estaba enseñando comedia e interpretación oral en el Emerson College de Boston.
En sus últimos años hizo apariciones radiales ocasionales, especialmente en una entrevista de una hora, mostrada primero en 200, con Robert Osborne, de Turner Classic Movies.
Se casó cuatro veces, con O'Curran; Ted Briskin, un fabricante; Alan Livingston, un ejecutivo de una discográfica; y Pete Candoli, trompetista de jazz. Tuvo dos hijas, Candy y Lindsay, con Briskin, y otra hija, Caroline, con Candoli. Todos sus matrimonios terminaron en divorcio.
"Mis maridos se enamoraron de Betty Hutton", dijo Hutton una vez. "Ninguno se enamoró de mí".

14 de marzo de 2007
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Murió Andy Sidaris


A los 76. Director de deportes de la ABC se convirtió en director de películas B. En la foto, con su mujer.
Andy Sidaris, 76, galardonado con una Emmy Award y director de Deportes ABC que cambió de carrera y empezó a dirigir películas B en el género llamado ‘Balas, bombas y chicas', murió el miércoles de cáncer a la garganta, informó Arlene, su esposa, a la Associated Press.
Conocido por su exuberante personalidad y creativa aproximación a los deportes televisados, Sidaris dirigió la primera transmisión de ‘Wide World of Sports' de la ABC en 1961.
Recibió varios Emmy Awards cuando trabajaba para Deportes ABC y dirigió la cobertura de los Juegos Olímpicos de la red a partir de los Juegos de Invierno de 1964 en Grenoble, Francia, hasta los Juegos de Verano en Calgary, Canadá, en 1988.
Ayudó a desarrollar técnicas que hoy son corrientes, como la repetición instantánea, la repetición en cámara lenta y las vistas de pantalla dividida.
También dirigió partidos de fútbol americano para Game of the Week de la ABC y fue responsable de la introducción de los ‘primeros planos de muñecas', tomas en primer plano de porristas y chicas guapas en las graderías de eventos deportivos.
Sidaris empezó a trabajar por cuenta propia en melodramas para la televisión en los años setenta, dirigiendo episodios de ‘Koja y ‘The Hardy Boys/Nancy Drew Mysteries'. Luego se pasó al cine, especializándose en películas de acción con chicas de Playboy armadas. Los títulos incluyen ‘Malibu Express', ‘Fit to Kill' y ‘Savage Beach'.
Con su mujer en la producción, llegó a dirigir doce películas.
Nativo de Chicago, Sidaris sacó su diploma de licenciado en la Universidad Metodista del Sur, en Dallas. Su primer trabajo en la televisión fue como director de escena de la WFAA, Dallas, en 1950.

10 de marzo de 2007
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Hambre de Humanos


[Manohla Dargis] Vino del río, con ganas de comer gente.
El horripilante monstruo que salta del río de una ciudad en ‘Bicho de agua dulce' [The Host] para atrapar y tragarse a los infortunados que cruzan su camino -hombres, mujeres, una chica de trece lista como un zorro llamada Hyun-seo- es algo que uno podría encontrar acechando en el fondo de una pintura de Hieronymus Bosch o pescando en las profundidades de un turbio acuario de restaurante en medio de un vertedero de materiales tóxicos. Parpadea y parece que ha salido del mar en una pesadilla creacionista.
Tendría que ser un acuario terriblemente grande, como es el caso, porque esta horrible criatura, este misterio de las profundidades con ese hocico insaciable de forma de pétalo y un rabo prensil es del tamaño de un autobús escolar y, por si fuera poco, frenético. Corre bajo el agua y en la tierra, removiendo el césped con sus robustas y pequeñas piernas. De vez en vez se voltea hacia atrás en espiral tan elegantemente como un púber gimnasta rumano o se zambulle en el agua como un cuchillo. Es feo como un pecado, pero tiene un estilo que escuece. Como escuece esta película, un descabellado híbrido, fervientemente imaginativo, del director coreano Bong Joon-ho, sobre los demonios que nos acechan, dentro y fuera.
Carnaval de horrores y melodrama de familia (en realidad, variaciones sobre el mismo tema), ‘Bicho de agua dulce' también repiensa esas fáciles películas de los años cincuenta en las que hormigas, langostas, avispas, cangrejos y caracoles y reptiles anfibios seriamente mutantes salían de cacería, castigando a una desventurada y culpable humanidad. Como Godzilla (Gojira en el original japonés), algunos de estos mutantes nacieron debajo de una nube atómica; otros fueron incubados en el invernadero de las películas B del oportunismo taquillero. La criatura desatada en ‘Bicho de agua dulce', entretanto, fue engendrada por un coreano de 37 años que ha pasado toda su vida bajo la sombra de la presencia militar norteamericana. No sorprende que los malos de la película parezcan actores de Hollywood de vacaciones. Lo son.
Como si preparándose para la carnicería que nos aguarda, esta historia de tiempos remotos empieza en una moderna sala de autopsias con dos hombres, uno norteamericano y otro coreano, vestidos con batas de cirujanos. Bañados en una espeluznante luz azul plateada, el patrón americano (Scott Wilson) ordena al coreano (Kim Hak-sun) que arroje botella tras botella de formaldehído en el fregadero, con el pretexto de que los recipientes están demasiado polvorientos.
Asombrado, el coreano objeta, observando que los químicos escurrirán por el fregadero en el río Han, la gorda cinta de agua que atraviesa Seúl y desemboca en el Mar Amarillo. El norteamericano hace muecas, envolviendo su petición con una amenaza apenas velada ("Es una orden"), que lo delata como un emisario del poder militar norteamericano.
Avanzamos entonces hacia un día como cualquier otro y la familia Park trabaja en su tenderete de comidas en las riberas del río Han. Calculadora y tontorronamente disfuncional, con suficientes temas como para poblar grupos de desintoxicación, los Park no se ven nada de diferentes de la prole de ‘Pequeña Miss Sunshine' [Little Miss Sunshine]. Hay un abuelete, Hee-bong (Byun Hee-bong), sus tres hijos adultos -incluyendo un asalariado en el paro, Nam-il (Park Hae-il) y su hermana campeona de tiro al arco, la hermosa Nam-joo (Bae Doo-na)- y su única nieta, la ya mencionada Hyun-seo (Ko A-sung). La mayor parte de las veces, sin embargo, se trata del primogénito de la familia, Gang-du (el maravilloso Song Kang-ho), un bebé grandulón con un mechón de pelo rubio pésimamente teñido y una cara de luna que crece y mengua dependiendo de su proximidad a su adorada hija, Hyun-seo.
Las películas previas de Bong Joon-ho incluyen un sabiondo ejercicio en gratuitos absurdos titulado ‘Perros que ladran no muerden' [Barking Dogs Never Bite] (simplemente estiran la pata) y la escalofriante película policial ‘Memorias de un asesinato' [Memories of Murder]. Como en ‘Memorias', que gira sobre la persecución de un asesino en serie, Bong descansa en ‘Bicho de agua dulce' en una cesta familiar de trucos de película. Pero, como Steven Spielberg (una innegable influencia), logra que esos viejos trucos se vean como nuevos. Eso es especialmente así durante el primer ataque del monstruo, cuando Bong instila una sensación inicial de sosiego y luego una de pánico cada vez más grande con su diestra orquestación de los varios tempos creados por los actores (caminando, corriendo), el monstruo (nadando, galopando), la cámara (siguiendo, corriendo) y el montaje (lento, lento, rápido).
El primer ataque está sensacionalmente bien dirigido, y si el resto de la película no acelera nunca el pulso de la misma manera, le da a la historia tanto su principal excusa (el monstruo coge a la nieta) y algo igual de satisfactorio como inesperado: un retrato de los padres, hijos y los vínculos que los unen, a veces hasta el punto de estrangulación. ‘Bicho de agua dulce' puede haber nacido de tensiones socio-políticas, de miedos sobre el síndrome respiratorio agudo severo y la gripe aviar, o de la imaginación de Bong, pero es también una instantánea de la Corea del Sur moderna, al borde de la anarquía social, una anarquía en la que un veterano fatídicamente obediente y sus tres hijos adultos sobrenaturalmente inmaduros se enfrentan a una bestia insaciable junto con despistados doctores, Keystone Kops, amigos descreídos e incluso hordas de fotógrafos.
Sitiada al mismo tiempo por humanos y monstruos, la familia no tiene dónde ir, sino ensimismarse todavía más. Esta estrategia de nosotros-contra-ellos funciona taimadamente bien porque se asegura que los Park sean la principal atracción, no el monstruo. No que la criatura no tenga su cuota de clamorosos momentos, como cuando la sorprenden comiendo, con un par de piernas colgando de su hocico. O cuando regurgita un cuerpo y lo arroja en su guarida con un viscoso escupitajo, un acto que sella con un tierno lamido con su larga lengua. Es en esta guarida que Hyun-seo, con su cara y uniforme de colegiala salpicada de mugre, pone a prueba su sangre fría y recupera el celular que se convierte en el salvavidas de su familia y protege a otra niña, lo que agrega una conmovedora dimensión al preparado.
Aunque algunas de las escenas de acción de Bong están a la altura de algunas de ‘Tiburón' [Jaws], él parece estar hecho de materiales más severos que Spielberg. Puede ser igual de cruel, dispuesto a colocar a los niños en peligro, pero no comparte la compulsiva necesidad del maestro estadounidense de finales ordenados.
‘Bicho de agua dulce' es una película floja, casi desordenada, que a veces causa la sensación de ser un compuesto de varias películas, métodos y emociones opuestas. Bong nos hace chillar lo mismo de risa que de miedo. Pero es precisamente esta soltura, esa disposición a apartarse de la historia lineal y estrecha, lo que hace que se vea más cercana a un nuevo capítulo que a una vieja trama.
Del mismo modo es la disposición de Bong a no limitarse a contemplar sino también a entregarnos una trama del tipo del peor de los casos, lo que separa ‘Bicho de agua dulce' del horror corriente y puede haber contribuido a convertirla en un debocado éxito de taquilla en Corea. Más cerca de casa, la película no me hace recordar tanto el usual salpicón de diversiones que abarrotan los teatros americanos como otra reciente película de horror, una en la que un extraterrestre descongelado hace poco y con un cerebro gigante, ofrece apocalípticas advertencias a la humanidad sobre su inminente futuro. Por supuesto, me refiero al documental ‘Una verdad incómoda' [An Inconvenient Truth].
En gran parte como la charla en pantalla grande de Al Gore, ‘Bicho de agua dulce' es una fábula ecologista sobre el dominio de la naturaleza y los costes de la insensatez humana, y te provoca tiritones de horror en todo el cuerpo.

10 de marzo de 2007
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Murió Fons Rademakers


A los 86. Dirigió ‘El asalto' [De aanslag/The Assault], con el que ganó un Oscar.
Fons Rademakers, el director cuya película ‘El asalto' le ganó una Academy Award como mejor película extranjera, murió el jueves de enfisema en Amsterdam. Tenía 86 años.
Rademakers era conocido por un estilo narrativo teatral, y formaba parte de un pequeño número de directores holandeses -incluyendo al director Paul Verhoeven, que hizo ‘Instinto básico' [Basic Instinct]- que produjeron largometrajes de alto presupuesto durante una larga carrera.
‘El asalto' [De aanslag], que también le ganó un Golden Globe, cuenta la historia de un niño cuya familia es asesinada por los alemanes durante la ocupación nazi de Holanda tras tenerlos erróneamente como cómplices del asesinato de un colaboracionista.
Rademakers se hizo también conocido por su película de 1976, ‘Max Havelaar', sobre la corrupción y explotación en Indonesia durante la época en que estaba sometida al dominio colonial holandés.
Ambas películas, y otras que hizo Rademakers, se basaron en novelas holandesas clásicas, y su trabajo fue criticado a veces como derivativo.
"Bueno, sabes, Shakespeare y Molière tampoco crearon sus temas", dijo después de ganar un Oscar.
Alphonse Marie Rademakers nació el 5 de septiembre de 1920 en Roosendaal, Holanda, y estudió actuación en la Academia de Artes Dramáticas de Amsterdam.
Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el ejército holandés y fue capturado por los alemanes, que lo dejaron marcharse porque no se consideraba que los actores fueran una amenaza. No volvió al frente y, en 1943, huyó a Suiza.
Después de la guerra empezó a trabajar con los directores Vittorio De Sica y Jean Renoir y dirigió y actuó en producciones teatrales antes de hacer su primera película, ‘Village on the River'. Eso le significó su primera nominación a una Academy Award, como mejor película extranjera en 1959.
Su última película proyectada en Estados Unidos fue ‘Juicio a un desconocido' [The Rose Garden], una película en inglés de 1989 con Liv Ullman, Maximilian Schell y Peter Fonda que estudiaba los efectos del Holocausto.
Lo sobreviven su esposa Lili y sus hijos Fons y Alfred.

24 de febrero de 2007
23 de febrero de 2007
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Hija de Desaparecidos


[Ty Burr] Criada por cómplices de los asesinos de sus padres.
Este es un dilema que provocaría pánico entre el público de ‘High School Musical': Imagina que llegas un día a la escuela y te dicen que no eres la que pensabas que eras. Que eres adoptada; que tus verdaderos madre y padre fueron secuestrados por el gobierno y probablemente murieron en una fosa. Que tienes una nueva familia que te quiere en casa, a partir de ahora.
Esta no es solamente la trama de ‘Cautiva' [Captive], la película argentina de 2003 que inaugura hoy el MFA, sino la verdadera historia de la película, repetida incontables veces. De los nueve mil estudiantes, trabajadores y activistas que ‘desaparecieron' a manos de la junta militar que gobernó al país de 1976 a 1983, muchos dejaron atrás bebés y niños que fueron criados por familias partidarias del régimen. Casi ochenta de ellos se han reunido con sus familiares legítimos; nadie sabe cuántos más hay.
Hace dos décadas, ‘La historia oficial' [The Official Story] (1985), que fue galardonada con un Oscar, trató este tema desde el punto de vista de una madre adoptiva que sospecha sobre el origen de su nuevo bebé. ‘Cautiva' podría ser la versión de ese hijo adulto. A los 15, Cristina (Bárbara Lombardo) es una apacible y guapa colegiala católica con una vida interior de la que sólo captamos fragmentos. Se desliza fluidamente por la adolescencia, a diferencia de su compañera de curso, Angélica (Mercedes Funes), que despotrica contra la hipocresía de sus profesores de historia que suavizan los detalles de esa remota ‘guerra sucia'.
Cristina es sacada de clases para que acuda al despacho de un juez, acompañada por una monja, un abogado y un psicólogo: Se trata de una reunificación familiar por mandato del estado. Le dicen que en realidad es Sofía Lombardi, y que su madre la dio a luz en la cárcel antes de desaparecer. Los análisis de ADN lo prueban; así su abuela (Susana Campos) se echa a llorar cuando reconoce los rasgos de su hija en el rostro de la chica desconocida.
La primera reacción de Cristina, por supuesto, es de terror. Sus cariñosos padres adoptivos, un ex policía federal (Osvaldo Santoro) y su esposa (Silvia Bayle), echan humo ante la arrogancia del gobierno antes de dejar que, poco a poco, se imponga la verdad. Su nueva familia tiene todos los derechos jurídicos y emocionales sobre Cristina/Sofía, pero ¿cuáles son sus derechos? ¿A quién debe lealtad? La respuesta es obvia, pero no para ella; ‘Cautiva' muestra cómo la rabia sin dirección de la niña se convierte en compasión a medida que se va enterando del destino de sus padres.
Parte historia de detective, parte saga de un era política, y todas esas crisis de identidad adolescente, ‘Cautiva' es la primera película escrita y dirigida por Gastón Biraben, que ha trabajado en Hollywood como editor de sonido desde principios de los años noventa. Ese profesionalismo se advierte en su fina película, así como en una ocasional tendencia hacia un melodrama más superficial de lo que merece la situación. La película es inusualmente equilibrada y elude la polémica, pero aunque Lombardo entrega una actuación de creciente seguridad, su personaje es una plantilla demasiado vacía como para que ‘Cautiva' cause gran efecto.
Contundentemente, la escena más fuerte e inquietante de la película es el recuerdo de alguien del nacimiento de Sofía. Sólo después de oírlo nos damos cuenta de que la chica puede comenzar su vida. Desgraciadamente, para entonces la película se acerca a su fin.

tburr@globe.com
boston.com/ae/movies/blog

24 de febrero de 2007
9 de febrero de 2007
©new york times
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Murió Janet Blair


A los 85 años. La actriz se destacó en películas de los años cuarenta, y más tarde en televisión y teatro.
Murió Janet Blair, la vital actriz que apareció en varios musicales y comedias de los años cuarenta, y luego se mudó a la televisión y colaboró con estrellas como Sid Caesar y Henry Fonda. Tenía 85 años.
Blair murió el lunes por complicaciones de una neumonía en el Centro Médico de San Juan [St. John's Health Center] de Santa Mónica, dijeron sus hijos Amanda y Andrew Mayo.
Blair estaba cantando con la banda de Hal Kemp en el Coconut Grove de Los Angeles en 1941 cuando fue descubierta por un cazador de talentos de Columbia Pictures poco antes de que Kemp muriera en un accidente automovilístico. Blair había hecho una audición con el líder del grupo a los dieciocho años, gracias a los oficios de un amigo de la familia.
Cuando los músicos decidieron dispersarse tras la muerte de Kemp, Blair firmó un contrato con Columbia por cien dólares a la semana y cambió de carrera.
Languidecería en películas B hasta que Rosalind Russell la recomendó para el rol protagonista de la comedia ‘Mi hermana Elena' [My Sister Eileen].
Ganó los elogios de la crítica por su papel como la guapa pero problemática hermana de Russell, y sus papeles mejoraron rápidamente.
Apareció junto a George Raft en el musical de gángsteres de 1942, ‘Broadway', y con Cary Grant y una oruga bailarina en la comedia de fantasía de 1944 ‘Érase una vez' [Once Upon a Time]. Fue la enamorada en ‘Los fabulosos Dorseys' [The Fabulous Dorseys], la película de 1947 con los líderes de banda Jimmy y Tommy Dorsey, y apareció junto a Red Skelton en el inesperado éxito de taquilla de 1948, ‘The Fuller Brush Man'.
También trabajó con Don Ameche y Jack Oakie en ‘Something to Shout About', un musical de 1943 con música de Cole Porter que incluía la canción ‘You'd Be So Nice to Come Home To'.
Pero después de la película de espadachines de 1948, ‘La flecha negra' [The Black Arrow], Columbia la dejó caer y ella le dio la espalda a Hollywood, iniciando una carrera en el teatro y la televisión.
"Renuncié a Hollywood y al cine porque me daban papeles en los que yo era la chica que decía: ‘Oh, Red!' en las películas de Skelton", explicó. "Me daban nada más que papeles de princesa. Y una chica se cansa de ser princesa todo el rato".
En lugar de eso, asumió el papel de Mary Martin, de Nellie Forbush, en la versión de gira de ‘South Pacific', participando en más de mil doscientas representaciones en tres años.
Desde fines de los años cuarenta hasta mediados de los cincuenta, actuó en programas en la época dorada de la televisión, como ‘The Ford Theatre Hour', ‘Philco Television Playhouse', ‘Lux Video Theatre' y ‘The U.S. Steel Hour'.
Retornó al cine en 1957, actuando con Skelton nuevamente en ‘Public Pigeon No. 1'. Después de esta sólo participó en un puñado de películas.
Se incorporó al histórico programa de televisión ‘Caesar's Hour' en 1956, cuando Sid Caesar estaba buscando una reemplazante de Nanette Fabray. Lo abandonó después de una temporada, quejándose de que no le habían dado "la oportunidad que me hicieron creer que me darían".
Volvió a las series de televisión en 1971 como la esposa de Fonda en ‘The Smith Family'.
Nació en 1921 como Martha Janet Lafferty en Altoona, Pensilvania, y estudió en escuelas públicas, cantando en el coro de la iglesia. Más tarde adoptó el nombre de un condado de Pensilvania al rebautizarse como Janet Blair.
La sobreviven sus dos hijos de su segundo matrimonio, con el productor y director Nick Mayo, que terminó en divorcio. Su primer matrimonio, con el arreglador musical Louis Busch, también terminó en divorcio.

23 de febrero de 2007
21 de febrero de 2007
©los angeles times
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Murió Ray Evans


[Dennis McLellan] Afamado escritor de ‘Mona Lisa' y ‘Whatever Will Be, Will Be (Que Sera, Sera)', murió a los 92 años.
A los 92 años murió Ray Evans, cuya larga colaboración con su compañero compositor Jay Livingston produjo una serie de éxitos que incluyeron la canción ‘Buttons and Bows', que recibió un Oscar, ‘Mona Lisa' y ‘Whatever Will Be, Will Be (Que Sera, Sera)'.
Evans, que formó un equipo con Livingston a fines de los años treinta, murió aparentemente de un ataque al corazón en el Centro Médico de la UCLA el jueves noche, dijo hoy Frederick Nicholas, abogado de Evans y su fideicomisario.
Considerados entre los grandes escritores de canciones de Hollywood, Livingston y Evans escribieron canciones para decenas de películas, la mayoría de ellas para la Paramount, para la que trabajaron de 1945 a 1955.
Con Livingston encargándose de las melodías y Evans escribiendo la lírica, la pareja escribió 26 canciones, de las que se vendieron, según se dice, más de un millón de discos de cada una.
"Ray Evans, junto con su difunto compañero Jay Livingston, nos dieron algunas de las canciones más perdurables del gran cancionero americano", dijo hoy el compositor Alan Bergman al Times. "Lo extrañaremos, pero sus canciones perdurarán".
Además de las tres canciones con las que ganaron un Oscar, Livingston y Evans ganaron cuatro nominaciones al Oscar: por ‘The Cat and the Canary', de ‘Why Girls Leave Home' (1945); ‘Tammy', cantada por Debbie Reynolds en ‘Tammy, la muchacha salvaje' [Tammy and the Bachelor] (1957); ‘Almost in Your Arms', de ‘Houseboat' (1958), y ‘Dear Heart' [Querido corazón], de la película del mismo nombre (1964).
‘Dear Heart', con letra de Livingston y Evans y música de Henry Mancini, se convirtió en un gran éxito para Andy Williams.
"Me encantó el disco que hice con ‘Dear Heart'", dijo Williams al Times hoy. "Livingston y Evans pertenecían realmente a una generación de compositores que yo adoraba, y yo canté un montón de sus canciones. Yo no estaba tan cerca de ellos como de Johnny Mercer y Henry Mancini, pero ciertamente reconocía su talento y lo bueno que eran en su oficio de producir grandes canciones".
Entre las canciones de Livingston y Evans, que se dice han vendido un total de casi quinientos millones de ejemplares, está la canción de Navidad ‘Silver Bells'. Introducida en la comedia de Bob Hope-Marilyn Maxwell de 1951, ‘El chico de las pastillas de limón' [The Lemon Drop Kid], ‘Silver Bells' fue interpretada por casi 150 artistas. De ella se vendieron más de 160 millones de ejemplares.
El dúo compositor también escribió los memorables temas para las series de televisión ‘Bonanza' y ‘Mr. Ed'.
"Ray tenía oído para el lenguaje hablado, lo vernáculo, que es algo que tenía en común con muchos de los grandes líricos", dijo hace unos años al Times el pianista y cantante Michael Feinstein, que lanzó en 2002 un álbum dedicado al cancionero de Livingston y Evans.
"Era capaz de destilar un estado de ánimo o sentimiento en una canción sin sonar cliché", dijo Feinstein. "Él mismo no se consideraba un escritor muy sofisticado, pero sabía expresar de modo elocuente los pensamientos, sentimientos y emociones del hombre de la calle".

Hijo de un vendedor de papel, cuerdas y arpilleras de segunda mano, Evans nació en Salamanca, Nueva York, el 4 de febrero de 1915.
Tras terminar la secundaria, donde tocaba el clarinete en la banda de la escuela y era el mejor estudiante, Evans obtuvo su licenciatura en económicas en la Universidad de Pensilvania.
Mientras estaba en la universidad, conoció a Livingston, un estudiante de periodismo de Pensilvania que había estudiado piano cuando era niño. Evans se unió a la banda de Livingston, que tocaba en bailes y fiestas en la universidad. Durante las vacaciones escolares tocaban juntos en bandas de cruceros.
Después de graduarse en 1937, Evans y Livingston continuaron trabajando en cruceros antes de mudarse a la Ciudad de Nueva York, donde empezaron su colaboración como compositores.
Lograron su primer éxito en 1941 cuando su canción ‘G'Bye Now' fue incorporada en la estrafalaria revista en Broadway de Olsen y Jonhson, ‘Hellzapoppin' y aterrizaron en ‘Your Hit Parade'.
En 1944 los dos compositores llegaron a Hollywood, donde lograron un éxito con la grabación con Betty Hutton de ‘Stuff Like That There'.
Ganaron su primera nominación al Oscar con ‘The Cat and the Canary'. Cuando trabajaban para Paramount, el dúo escribió uno de los mayores éxitos de 1946: la canción titular para la película de Olivia de Havilland, ‘Vida íntima de Julia Norris' [To Each His Own], el esquema básico que empezaba con la frase de Evans: "Para un beso se necesitan cuatro labios".
Durante una semana de 1946, cinco versiones de ‘To Each His Own' ocuparon un lugar en la lista de los primeros diez de Billboard's Top, con grabaciones de Eddy Howard (No. 1), Tony Martin, Freddy Martin, los Modernaires y los Ink Spots.
Livingston y Evans recibieron su primer Oscar por la animada ‘Buttons and Bows', que fue introducida por Bob Hope en la comedia de vaqueros de 1948, ‘Rostro pálido' [The Paleface], y fue interpretada por Dinah Shore, entre otros.
Cuando trabajaban para la Paramount, el dúo de compositores hizo incluso una aparición especial en el clásico de Billy Wilders, ‘El crepúsculo de los dioses' [Sunset Boulevard], de 1950.
Aunque nacieron a sólo seis semanas de diferencia, Livingston y Evans "no se parecían en nada", dijo Evans al Times en 1985.
"Yo soy fanático de los deportes, juego baloncesto y tenis todos los fines de semana. A Jay no le importan para nada. Es tranquilo e introvertido. Yo soy más extrovertido. Jay es un músico maravilloso. Yo tengo un oído de lata".
Pero, dijo: "Nuestros gustos son similares, y a ambos nos gustan la buena música y las buenas canciones".
‘Mona Lisa', con la que ganaron un Oscar, fue escrita para ‘Capitán Carey' [Captain Carey, U.S.A.], un drama de 1950 con Alad Ladd, y fue siempre la canción favorita de Evans.
Originalmente la canción fue titulada ‘Prima Donna', pero le cambiaron el título a sugerencia de la esposa de Evans, Wyn, que pensaba que ‘Mona Lisa' sonaba mucho mejor.
En la película, la canción es cantada por una cantante callejera ciega para enviar un mensaje a la resistencia italiana durante la Segunda Guerra Mundial y sólo se escuchan fragmentos.
Pero Evans y Livingston pensaron que si podía tocar la canción para Nat King Cole, quizás podrían convencerlo de que la interpretara.
"Así que Paramount Studio, que era dueño de la canción, movió algunos hilos y Cole nos permitió visitarlo en su casa y la tocamos para él, en 1950", contó Evans en una entrevista de 1993 con el Buffalo News. "Él la grabó y en 1951 Capital Records decidió no publicarla. Dijeron que nunca sería un éxito".
Finalmente Capitol usó la canción, pero sólo como el lado B de un sencillo de Cole que la discográfica pensaba que se convertiría en un éxito, ‘The Greatest Inventor of Them All'.
"Finalmente, nosotros fuimos los últimos en reírnos", dijo Evans. "No ha bajado casi nunca en popularidad y nos ha dado un montón de prestigio y ego".
Livingston y Evans también hicieron historia en la televisión cuando escribieron las canciones para el primer programa de televisión en color de noventa minutos, ‘Satins and Spurs', con Betty Hutton, para la NBC en 1954.
Tras dejar Paramount para trabajar como freelancers en 1955, Livingston y Evans ganaron su tercer Oscar con ‘Whatever Will Be, Will Be (Que Sera, Sera)', que fue cantada por Doris Day en la película de Alfred Hitchcock de 1956, ‘El hombre que sabía demasiado' [The Man Who Knew Too Much].
El dúo también escribió la música y letra de dos musicales de Broadway, ‘Oh Captain!', de 1958 (nominado al Tony como mejor musical) y ‘Let It Ride', de 1961. Y en 1979, dos de sus canciones fueron incluidas en la exitosa revista de Broadway, ‘Sugar Babies'.
En años posteriores, el dúo de compositores produjo materiales para Bob Hope y programas de beneficencia.
En 1993, Evans volvió a Salamanca, Nueva York, que rebautizó un teatro en la Calle Principal en su honor. Luego, a los 78, Evans contó al Buffalo News que él ya no escribía canciones. Los gustos populares habían cambiado drásticamente desde que él y Livingston vivieron sus días de gloria, reconoció. "Ahora no nos escucharía nadie", dijo.
Pero no se puede negar el poder de permanencia de las canciones de Livingston y Evans. El año anteior él, Livingston y su editor ganaron cada uno 400 mil dólares por concepto de regalías de éxitos pasados.
Pero aunque no tenían la "presión económica" para continuar escribiendo, dijo, "no sólo se vive de pan. Echas de menos la excitación y la diversión".
Tras la muerte de Livingston en 2001 a la edad de 86 años, Evans escribió algunas canciones con otros colaboradores. Pero, de acuerdo a Feinstein: "Dijo que era una experiencia extraña después de haber trabajado con Jay durante más de sesenta años".
A Evans, cuya esposa murió en 2003, lo sobrevive su hermana Doris Feinberg.

dennis.mclellan@latimes.com

16 de febrero de 2007
©los angeles times
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