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Murió Fons Rademakers


A los 86. Dirigió ‘El asalto' [De aanslag/The Assault], con el que ganó un Oscar.
Fons Rademakers, el director cuya película ‘El asalto' le ganó una Academy Award como mejor película extranjera, murió el jueves de enfisema en Amsterdam. Tenía 86 años.
Rademakers era conocido por un estilo narrativo teatral, y formaba parte de un pequeño número de directores holandeses -incluyendo al director Paul Verhoeven, que hizo ‘Instinto básico' [Basic Instinct]- que produjeron largometrajes de alto presupuesto durante una larga carrera.
‘El asalto' [De aanslag], que también le ganó un Golden Globe, cuenta la historia de un niño cuya familia es asesinada por los alemanes durante la ocupación nazi de Holanda tras tenerlos erróneamente como cómplices del asesinato de un colaboracionista.
Rademakers se hizo también conocido por su película de 1976, ‘Max Havelaar', sobre la corrupción y explotación en Indonesia durante la época en que estaba sometida al dominio colonial holandés.
Ambas películas, y otras que hizo Rademakers, se basaron en novelas holandesas clásicas, y su trabajo fue criticado a veces como derivativo.
"Bueno, sabes, Shakespeare y Molière tampoco crearon sus temas", dijo después de ganar un Oscar.
Alphonse Marie Rademakers nació el 5 de septiembre de 1920 en Roosendaal, Holanda, y estudió actuación en la Academia de Artes Dramáticas de Amsterdam.
Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el ejército holandés y fue capturado por los alemanes, que lo dejaron marcharse porque no se consideraba que los actores fueran una amenaza. No volvió al frente y, en 1943, huyó a Suiza.
Después de la guerra empezó a trabajar con los directores Vittorio De Sica y Jean Renoir y dirigió y actuó en producciones teatrales antes de hacer su primera película, ‘Village on the River'. Eso le significó su primera nominación a una Academy Award, como mejor película extranjera en 1959.
Su última película proyectada en Estados Unidos fue ‘Juicio a un desconocido' [The Rose Garden], una película en inglés de 1989 con Liv Ullman, Maximilian Schell y Peter Fonda que estudiaba los efectos del Holocausto.
Lo sobreviven su esposa Lili y sus hijos Fons y Alfred.

24 de febrero de 2007
23 de febrero de 2007
©los angeles times
viene de mQh

Hija de Desaparecidos


[Ty Burr] Criada por cómplices de los asesinos de sus padres.
Este es un dilema que provocaría pánico entre el público de ‘High School Musical': Imagina que llegas un día a la escuela y te dicen que no eres la que pensabas que eras. Que eres adoptada; que tus verdaderos madre y padre fueron secuestrados por el gobierno y probablemente murieron en una fosa. Que tienes una nueva familia que te quiere en casa, a partir de ahora.
Esta no es solamente la trama de ‘Cautiva' [Captive], la película argentina de 2003 que inaugura hoy el MFA, sino la verdadera historia de la película, repetida incontables veces. De los nueve mil estudiantes, trabajadores y activistas que ‘desaparecieron' a manos de la junta militar que gobernó al país de 1976 a 1983, muchos dejaron atrás bebés y niños que fueron criados por familias partidarias del régimen. Casi ochenta de ellos se han reunido con sus familiares legítimos; nadie sabe cuántos más hay.
Hace dos décadas, ‘La historia oficial' [The Official Story] (1985), que fue galardonada con un Oscar, trató este tema desde el punto de vista de una madre adoptiva que sospecha sobre el origen de su nuevo bebé. ‘Cautiva' podría ser la versión de ese hijo adulto. A los 15, Cristina (Bárbara Lombardo) es una apacible y guapa colegiala católica con una vida interior de la que sólo captamos fragmentos. Se desliza fluidamente por la adolescencia, a diferencia de su compañera de curso, Angélica (Mercedes Funes), que despotrica contra la hipocresía de sus profesores de historia que suavizan los detalles de esa remota ‘guerra sucia'.
Cristina es sacada de clases para que acuda al despacho de un juez, acompañada por una monja, un abogado y un psicólogo: Se trata de una reunificación familiar por mandato del estado. Le dicen que en realidad es Sofía Lombardi, y que su madre la dio a luz en la cárcel antes de desaparecer. Los análisis de ADN lo prueban; así su abuela (Susana Campos) se echa a llorar cuando reconoce los rasgos de su hija en el rostro de la chica desconocida.
La primera reacción de Cristina, por supuesto, es de terror. Sus cariñosos padres adoptivos, un ex policía federal (Osvaldo Santoro) y su esposa (Silvia Bayle), echan humo ante la arrogancia del gobierno antes de dejar que, poco a poco, se imponga la verdad. Su nueva familia tiene todos los derechos jurídicos y emocionales sobre Cristina/Sofía, pero ¿cuáles son sus derechos? ¿A quién debe lealtad? La respuesta es obvia, pero no para ella; ‘Cautiva' muestra cómo la rabia sin dirección de la niña se convierte en compasión a medida que se va enterando del destino de sus padres.
Parte historia de detective, parte saga de un era política, y todas esas crisis de identidad adolescente, ‘Cautiva' es la primera película escrita y dirigida por Gastón Biraben, que ha trabajado en Hollywood como editor de sonido desde principios de los años noventa. Ese profesionalismo se advierte en su fina película, así como en una ocasional tendencia hacia un melodrama más superficial de lo que merece la situación. La película es inusualmente equilibrada y elude la polémica, pero aunque Lombardo entrega una actuación de creciente seguridad, su personaje es una plantilla demasiado vacía como para que ‘Cautiva' cause gran efecto.
Contundentemente, la escena más fuerte e inquietante de la película es el recuerdo de alguien del nacimiento de Sofía. Sólo después de oírlo nos damos cuenta de que la chica puede comenzar su vida. Desgraciadamente, para entonces la película se acerca a su fin.

tburr@globe.com
boston.com/ae/movies/blog

24 de febrero de 2007
9 de febrero de 2007
©new york times
viene de mQh

Murió Janet Blair


A los 85 años. La actriz se destacó en películas de los años cuarenta, y más tarde en televisión y teatro.
Murió Janet Blair, la vital actriz que apareció en varios musicales y comedias de los años cuarenta, y luego se mudó a la televisión y colaboró con estrellas como Sid Caesar y Henry Fonda. Tenía 85 años.
Blair murió el lunes por complicaciones de una neumonía en el Centro Médico de San Juan [St. John's Health Center] de Santa Mónica, dijeron sus hijos Amanda y Andrew Mayo.
Blair estaba cantando con la banda de Hal Kemp en el Coconut Grove de Los Angeles en 1941 cuando fue descubierta por un cazador de talentos de Columbia Pictures poco antes de que Kemp muriera en un accidente automovilístico. Blair había hecho una audición con el líder del grupo a los dieciocho años, gracias a los oficios de un amigo de la familia.
Cuando los músicos decidieron dispersarse tras la muerte de Kemp, Blair firmó un contrato con Columbia por cien dólares a la semana y cambió de carrera.
Languidecería en películas B hasta que Rosalind Russell la recomendó para el rol protagonista de la comedia ‘Mi hermana Elena' [My Sister Eileen].
Ganó los elogios de la crítica por su papel como la guapa pero problemática hermana de Russell, y sus papeles mejoraron rápidamente.
Apareció junto a George Raft en el musical de gángsteres de 1942, ‘Broadway', y con Cary Grant y una oruga bailarina en la comedia de fantasía de 1944 ‘Érase una vez' [Once Upon a Time]. Fue la enamorada en ‘Los fabulosos Dorseys' [The Fabulous Dorseys], la película de 1947 con los líderes de banda Jimmy y Tommy Dorsey, y apareció junto a Red Skelton en el inesperado éxito de taquilla de 1948, ‘The Fuller Brush Man'.
También trabajó con Don Ameche y Jack Oakie en ‘Something to Shout About', un musical de 1943 con música de Cole Porter que incluía la canción ‘You'd Be So Nice to Come Home To'.
Pero después de la película de espadachines de 1948, ‘La flecha negra' [The Black Arrow], Columbia la dejó caer y ella le dio la espalda a Hollywood, iniciando una carrera en el teatro y la televisión.
"Renuncié a Hollywood y al cine porque me daban papeles en los que yo era la chica que decía: ‘Oh, Red!' en las películas de Skelton", explicó. "Me daban nada más que papeles de princesa. Y una chica se cansa de ser princesa todo el rato".
En lugar de eso, asumió el papel de Mary Martin, de Nellie Forbush, en la versión de gira de ‘South Pacific', participando en más de mil doscientas representaciones en tres años.
Desde fines de los años cuarenta hasta mediados de los cincuenta, actuó en programas en la época dorada de la televisión, como ‘The Ford Theatre Hour', ‘Philco Television Playhouse', ‘Lux Video Theatre' y ‘The U.S. Steel Hour'.
Retornó al cine en 1957, actuando con Skelton nuevamente en ‘Public Pigeon No. 1'. Después de esta sólo participó en un puñado de películas.
Se incorporó al histórico programa de televisión ‘Caesar's Hour' en 1956, cuando Sid Caesar estaba buscando una reemplazante de Nanette Fabray. Lo abandonó después de una temporada, quejándose de que no le habían dado "la oportunidad que me hicieron creer que me darían".
Volvió a las series de televisión en 1971 como la esposa de Fonda en ‘The Smith Family'.
Nació en 1921 como Martha Janet Lafferty en Altoona, Pensilvania, y estudió en escuelas públicas, cantando en el coro de la iglesia. Más tarde adoptó el nombre de un condado de Pensilvania al rebautizarse como Janet Blair.
La sobreviven sus dos hijos de su segundo matrimonio, con el productor y director Nick Mayo, que terminó en divorcio. Su primer matrimonio, con el arreglador musical Louis Busch, también terminó en divorcio.

23 de febrero de 2007
21 de febrero de 2007
©los angeles times
viene de mQh

Murió Ray Evans


[Dennis McLellan] Afamado escritor de ‘Mona Lisa' y ‘Whatever Will Be, Will Be (Que Sera, Sera)', murió a los 92 años.
A los 92 años murió Ray Evans, cuya larga colaboración con su compañero compositor Jay Livingston produjo una serie de éxitos que incluyeron la canción ‘Buttons and Bows', que recibió un Oscar, ‘Mona Lisa' y ‘Whatever Will Be, Will Be (Que Sera, Sera)'.
Evans, que formó un equipo con Livingston a fines de los años treinta, murió aparentemente de un ataque al corazón en el Centro Médico de la UCLA el jueves noche, dijo hoy Frederick Nicholas, abogado de Evans y su fideicomisario.
Considerados entre los grandes escritores de canciones de Hollywood, Livingston y Evans escribieron canciones para decenas de películas, la mayoría de ellas para la Paramount, para la que trabajaron de 1945 a 1955.
Con Livingston encargándose de las melodías y Evans escribiendo la lírica, la pareja escribió 26 canciones, de las que se vendieron, según se dice, más de un millón de discos de cada una.
"Ray Evans, junto con su difunto compañero Jay Livingston, nos dieron algunas de las canciones más perdurables del gran cancionero americano", dijo hoy el compositor Alan Bergman al Times. "Lo extrañaremos, pero sus canciones perdurarán".
Además de las tres canciones con las que ganaron un Oscar, Livingston y Evans ganaron cuatro nominaciones al Oscar: por ‘The Cat and the Canary', de ‘Why Girls Leave Home' (1945); ‘Tammy', cantada por Debbie Reynolds en ‘Tammy, la muchacha salvaje' [Tammy and the Bachelor] (1957); ‘Almost in Your Arms', de ‘Houseboat' (1958), y ‘Dear Heart' [Querido corazón], de la película del mismo nombre (1964).
‘Dear Heart', con letra de Livingston y Evans y música de Henry Mancini, se convirtió en un gran éxito para Andy Williams.
"Me encantó el disco que hice con ‘Dear Heart'", dijo Williams al Times hoy. "Livingston y Evans pertenecían realmente a una generación de compositores que yo adoraba, y yo canté un montón de sus canciones. Yo no estaba tan cerca de ellos como de Johnny Mercer y Henry Mancini, pero ciertamente reconocía su talento y lo bueno que eran en su oficio de producir grandes canciones".
Entre las canciones de Livingston y Evans, que se dice han vendido un total de casi quinientos millones de ejemplares, está la canción de Navidad ‘Silver Bells'. Introducida en la comedia de Bob Hope-Marilyn Maxwell de 1951, ‘El chico de las pastillas de limón' [The Lemon Drop Kid], ‘Silver Bells' fue interpretada por casi 150 artistas. De ella se vendieron más de 160 millones de ejemplares.
El dúo compositor también escribió los memorables temas para las series de televisión ‘Bonanza' y ‘Mr. Ed'.
"Ray tenía oído para el lenguaje hablado, lo vernáculo, que es algo que tenía en común con muchos de los grandes líricos", dijo hace unos años al Times el pianista y cantante Michael Feinstein, que lanzó en 2002 un álbum dedicado al cancionero de Livingston y Evans.
"Era capaz de destilar un estado de ánimo o sentimiento en una canción sin sonar cliché", dijo Feinstein. "Él mismo no se consideraba un escritor muy sofisticado, pero sabía expresar de modo elocuente los pensamientos, sentimientos y emociones del hombre de la calle".

Hijo de un vendedor de papel, cuerdas y arpilleras de segunda mano, Evans nació en Salamanca, Nueva York, el 4 de febrero de 1915.
Tras terminar la secundaria, donde tocaba el clarinete en la banda de la escuela y era el mejor estudiante, Evans obtuvo su licenciatura en económicas en la Universidad de Pensilvania.
Mientras estaba en la universidad, conoció a Livingston, un estudiante de periodismo de Pensilvania que había estudiado piano cuando era niño. Evans se unió a la banda de Livingston, que tocaba en bailes y fiestas en la universidad. Durante las vacaciones escolares tocaban juntos en bandas de cruceros.
Después de graduarse en 1937, Evans y Livingston continuaron trabajando en cruceros antes de mudarse a la Ciudad de Nueva York, donde empezaron su colaboración como compositores.
Lograron su primer éxito en 1941 cuando su canción ‘G'Bye Now' fue incorporada en la estrafalaria revista en Broadway de Olsen y Jonhson, ‘Hellzapoppin' y aterrizaron en ‘Your Hit Parade'.
En 1944 los dos compositores llegaron a Hollywood, donde lograron un éxito con la grabación con Betty Hutton de ‘Stuff Like That There'.
Ganaron su primera nominación al Oscar con ‘The Cat and the Canary'. Cuando trabajaban para Paramount, el dúo escribió uno de los mayores éxitos de 1946: la canción titular para la película de Olivia de Havilland, ‘Vida íntima de Julia Norris' [To Each His Own], el esquema básico que empezaba con la frase de Evans: "Para un beso se necesitan cuatro labios".
Durante una semana de 1946, cinco versiones de ‘To Each His Own' ocuparon un lugar en la lista de los primeros diez de Billboard's Top, con grabaciones de Eddy Howard (No. 1), Tony Martin, Freddy Martin, los Modernaires y los Ink Spots.
Livingston y Evans recibieron su primer Oscar por la animada ‘Buttons and Bows', que fue introducida por Bob Hope en la comedia de vaqueros de 1948, ‘Rostro pálido' [The Paleface], y fue interpretada por Dinah Shore, entre otros.
Cuando trabajaban para la Paramount, el dúo de compositores hizo incluso una aparición especial en el clásico de Billy Wilders, ‘El crepúsculo de los dioses' [Sunset Boulevard], de 1950.
Aunque nacieron a sólo seis semanas de diferencia, Livingston y Evans "no se parecían en nada", dijo Evans al Times en 1985.
"Yo soy fanático de los deportes, juego baloncesto y tenis todos los fines de semana. A Jay no le importan para nada. Es tranquilo e introvertido. Yo soy más extrovertido. Jay es un músico maravilloso. Yo tengo un oído de lata".
Pero, dijo: "Nuestros gustos son similares, y a ambos nos gustan la buena música y las buenas canciones".
‘Mona Lisa', con la que ganaron un Oscar, fue escrita para ‘Capitán Carey' [Captain Carey, U.S.A.], un drama de 1950 con Alad Ladd, y fue siempre la canción favorita de Evans.
Originalmente la canción fue titulada ‘Prima Donna', pero le cambiaron el título a sugerencia de la esposa de Evans, Wyn, que pensaba que ‘Mona Lisa' sonaba mucho mejor.
En la película, la canción es cantada por una cantante callejera ciega para enviar un mensaje a la resistencia italiana durante la Segunda Guerra Mundial y sólo se escuchan fragmentos.
Pero Evans y Livingston pensaron que si podía tocar la canción para Nat King Cole, quizás podrían convencerlo de que la interpretara.
"Así que Paramount Studio, que era dueño de la canción, movió algunos hilos y Cole nos permitió visitarlo en su casa y la tocamos para él, en 1950", contó Evans en una entrevista de 1993 con el Buffalo News. "Él la grabó y en 1951 Capital Records decidió no publicarla. Dijeron que nunca sería un éxito".
Finalmente Capitol usó la canción, pero sólo como el lado B de un sencillo de Cole que la discográfica pensaba que se convertiría en un éxito, ‘The Greatest Inventor of Them All'.
"Finalmente, nosotros fuimos los últimos en reírnos", dijo Evans. "No ha bajado casi nunca en popularidad y nos ha dado un montón de prestigio y ego".
Livingston y Evans también hicieron historia en la televisión cuando escribieron las canciones para el primer programa de televisión en color de noventa minutos, ‘Satins and Spurs', con Betty Hutton, para la NBC en 1954.
Tras dejar Paramount para trabajar como freelancers en 1955, Livingston y Evans ganaron su tercer Oscar con ‘Whatever Will Be, Will Be (Que Sera, Sera)', que fue cantada por Doris Day en la película de Alfred Hitchcock de 1956, ‘El hombre que sabía demasiado' [The Man Who Knew Too Much].
El dúo también escribió la música y letra de dos musicales de Broadway, ‘Oh Captain!', de 1958 (nominado al Tony como mejor musical) y ‘Let It Ride', de 1961. Y en 1979, dos de sus canciones fueron incluidas en la exitosa revista de Broadway, ‘Sugar Babies'.
En años posteriores, el dúo de compositores produjo materiales para Bob Hope y programas de beneficencia.
En 1993, Evans volvió a Salamanca, Nueva York, que rebautizó un teatro en la Calle Principal en su honor. Luego, a los 78, Evans contó al Buffalo News que él ya no escribía canciones. Los gustos populares habían cambiado drásticamente desde que él y Livingston vivieron sus días de gloria, reconoció. "Ahora no nos escucharía nadie", dijo.
Pero no se puede negar el poder de permanencia de las canciones de Livingston y Evans. El año anteior él, Livingston y su editor ganaron cada uno 400 mil dólares por concepto de regalías de éxitos pasados.
Pero aunque no tenían la "presión económica" para continuar escribiendo, dijo, "no sólo se vive de pan. Echas de menos la excitación y la diversión".
Tras la muerte de Livingston en 2001 a la edad de 86 años, Evans escribió algunas canciones con otros colaboradores. Pero, de acuerdo a Feinstein: "Dijo que era una experiencia extraña después de haber trabajado con Jay durante más de sesenta años".
A Evans, cuya esposa murió en 2003, lo sobrevive su hermana Doris Feinberg.

dennis.mclellan@latimes.com

16 de febrero de 2007
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Un Cura Pedófilo


[Gina Piccalo]'Líbranos del mal' [Deliver Us From Evil], que hace la crónica del legado de abusos de Oliver O'Grady, lo ha convertido en un paria en su tierra.
‘Líbranos del mal', un documental sobre el sacerdote pedófilo Oliver O'Grady y su devastador legado, le ha significado a su director múltiples premios y una nominación al Oscar. Ahora la película está levantando nuevas controversias y litigios desde Los Angeles hasta Irlanda, donde O'Grady vive ahora.
Estrenada en Estados Unidos en otoño pasado, ‘Líbranos del mal' detalla los veinte años de abusos que cometió el irlandés O'Grady en la zona de Stockton, desde 1971 hasta su detención en 1993, y concluye que el cardenal Roger M. Mahony, entonces obispo de Stockton, sabía de los abusos, pero de todos modos trasladó y promovió a O'Grady.
La película muestra a O'Grady dando al director Amy Berg lo que él llama "la confesión más honesta de toda mi vida". Su éxito cinematográfico está no solamente llamando la atención sobre Mahony, sino también ha provocado que más víctimas en Estados Unidos e Irlanda entablen demandas civiles y acusaciones criminales que podrían terminar con O'Grady en la cárcel en Irlanda, donde el delito de abuso sexual de menores no prescribe. Allá, la película ya lo ha convertido en una suerte de paria nacional, reconocido en la calle, acosado por los periodistas y conocido por la policía.
‘Líbranos del mal', que llegó a las primeras planas en Irlanda desde que Lionsgate Films lo estrenara en Los Angeles el verano pasado, tendrá su primera gran proyección hoy en Festival Internacional de Cine de Dublín Jameson.
Defensores irlandeses de víctimas de abuso sexual de menores dicen que la franqueza de O'Grady en la película lo ha hecho vulnerable al vigilantismo, y están preocupados de que el lanzamiento de la película en Irlanda pueda empujarlo a ocultarse nuevamente. El ex sacerdote de 61 años se ha mudado cuatro veces en los últimos dos años, y el celular que tenía en octubre pasado está fuera de servicio. En el otoño pasado, O'Grady le dijo a Berg que se sentía de algún modo aliviado de confesar en la película pero también se preparaba para hacer frente a las inevitables secuelas.

Legado de Abusos
O'Grady viajó por primera vez desde Irlanda a California en agosto de 1971. Sirvió en parroquias en Stockton, Lodi, Turlock y San Andreas. El ex sacerdote fue detenido en 1993, condenado por 21 cargos de abuso sexual de menores y cumplió siete años en la Prisión Estatal de Mule Creek, cerca de Sacramento. En 1998 un jurado adjudicó a dos de las víctimas de O'Grady una suma récord de treinta millones de dólares, que fue más tarde reducida a siete millones. Las nuevas demandas -una presentada por un norteamericano, la otra por un irlandés- están siendo vistas en el condado de San Joaquín, pero ambas mencionan como demandados a la Diócesis de Stockton, así como a la archidiócesis irlandesa de Cashel y Emly. La archidiócesis irlandesa preparó a O'Grady para el sacerdocio y los demandantes, que dicen que sufrieron abusos a manos de O'Grady, aseguran que funcionarios eclesiásticos irlandeses sabían que era un pedófilo antes de su ordenación y destinación en California.
En diciembre, un juez californiano negó al demandante norteamericano jurisdicción legal para demandar a la archidiócesis irlandesa. Esa decisión será recurrida. Los abogados del irlandés dicen que presentarán la demanda a fines de mes.
El fiscal de Stockton, Larry Drivon, que trató el caso de 1998 que envió a O'Grady a la cárcel y ha estado involucrado en 425 casos de abusos por el clero en California, dijo que aunque no es probable que la película redunde en nuevos litigios, presentaba un demoledor retrato de Mahony. Al mismo tiempo, dijo, la película refuerza el conocimiento público sobre los abusos de sacerdotes y alentará a las víctimas a denunciarlos más a menudo.
"Creo que hay niños que deben nacer que nunca serán molestados debido al impacto de esta película", dijo.
En la película, O'Grady dice que él mismo fue victima de abusos sexuales a manos de sacerdotes y que durante varias décadas informó repetidas veces a sus superiores sobre su atracción por los niños.
Sin embargo, a pesar de los informes sobre sus abusos redactados por policías, psicólogos y feligreses en Stockton, Lodi y Turlock, O'Grady no fue nunca removido del servicio. En lugar de eso, fue trasladado y promovido.
La película detalla cómo, como obispo de Stockton, Mahony protegió a O'Grady, que había confesado años antes haber abusado de una niña de once años. En 1984, envió a O'Grady para ser evaluado por un psiquiatra de la localidad, que dijo que el sacerdote tenía un "severo defecto de maduración" y sugirió que "quizás Oliver no es realmente adecuado para el sacerdocio". Sin embargo, Mahony promovió a O'Grady para servir como pastor de una parroquia rural, donde abusó de tres víctimas.
En una deposición en video, partes de la cual fueron incluidas en la película, Mahony dice que no sabía nada de los abusos. Conocía solamente los informes sobre la atracción que sentía O'Grady hacia los niños. Mahony afirma que un sacerdote no debiese ser removido automáticamente por expresar su atracción sexual hacia niños de nueve años.

Retrato en Cuestión
La Archidiócesis de Los Angeles rechaza fuertemente el retrato que se presenta en la película de la supervisión de O'Grady por Mahony. El portavoz de la archidiócesis, Tod Tamberg, dijo en un e-mail que las "acusaciones contra la iglesia" del director Berg, "específicamente contra el cardenal Mahony, son deliberadamente engañosas. La película está lejos de ser una versión completa y correcta de lo que ocurrió y son, en realidad, recuerdos interesados de un criminal manipulador (como O'Grady lo admite en la película)".
Las acusaciones de abusos que han surgido a superficie hace poco, se remontan a 37 años y algunas fueron corroboradas por las declaraciones de O'Grady en ‘Líbranos del mal' y en cartas que escribió a las víctimas.
"La gente tiene miedo y cuando salga esta película, van a tener todavía más miedo si él todavía anda por la calle", dijo un irlandés de 47 años, que dice que O'Grady abusó de él a fines de los años sesenta y principio de los setenta cuando era monaguillo en Limerick y O'Grady estaba estudiando en el Seminario de San Patricio en Thurles. "A fin de cuentas, las cosas contra él se acumulan... Este es un país pequeño y muy pueblerino. Las cosas pueden llegar a primera plana muy rápidamente". Él ha entablado una demanda civil contra O'Grady.
Ann Jyono, de Lodi, que describe años de manipulación y abusos por O'Grady en ‘Líbranos del mal', dice que O'Grady abusó de ella durante una visita de sus padres a Limerick en los años setenta. Planea presentar una demanda criminal contra O'Grady ante las autoridades irlandesas. Si lo juzgan y condenan, O'Grady podría terminar en la cárcel en Irlanda.

Cartas de Disculpas
En una de las escenas más escalofriantes, O'Grady dice que envió cartas de disculpas a varias de sus víctimas californianas. Cuando habla sobre esta correspondencia, O'Grady romantiza sus delitos, sugiriendo incluso que sus víctimas puedan estar ansiosas de oír de él. Otro antiguo feligrés de Lodi, ahora un hombre de 43 años con dos hijos jóvenes, entabló una demanda civil contra él en diciembre, después de que Berg le entregara una carta de disculpas de O'Grady.
El hombre, identificado en la demanda como "John DHD Doe", dice que sufrió tres años de abusos sexuales, de los ocho a los once años, en episodios que siempre tuvieron lugar en la casa del párroco. La carta de O'Grady era la prueba que necesitaba para contárselo a su familia.
"Todavía no puedo poner en palabras lo que me hizo", dijo en una llamada reciente. "Tengo ganas de llorar. No puedo hablar".
A cambio de un estipendio mensual de ochocientos dólares de la Diócesis de Stockton, que empezará a los 65, O'Grady abandonó voluntariamente el sacerdocio. Fue deportado a Irlanda en 2001 y vive en Thurles desde hace cuatro años, y está siguiendo un tratamiento psiquiátrico para su pedofilia en el Instituto Granada de Dublín. La Diócesis de Stockton paga la terapia de O'Grady. Después de que fragmentos de la deposición de O'Grady de 2005 fueran transmitidos en Irlanda, O'Grady desapareció. En la película, se lo muestra caminando por las calles de Dublín, con una maleta en la mano. Periodistas irlandeses lo descubrieron en el otoño pasado cuando ‘Líbranos del mal' fue estrenado en Estados Unidos. Estaba viviendo en un modesto apartamento dublinés.
A O'Grady parece gustarle la atención. Dijo a periodistas del Mirror irlandés que él se inscribiría voluntariamente en el Registro Nacional de Delincuentes Sexuales (no fue incluido, por razones que no están claras) y que había dejado de abusar de niños. Y aunque vive a apenas unos metros de un jardín de recreo, dijo al diario: "Tomo precauciones para no entrar en contacto con los niños... A menudo veo a niños en el autobús, y me doy cuenta, ‘Cielos, estoy en un bus con niños', pero no soy una amenaza".
Un artículo de periódico declaraba a O'Grady "peor que Charles Manson o Jack el Destripador". Tras estos informes, O'Grady volvió a desaparecer.
A mediados de diciembre, se apareció por una tienda de artículos de arte al norte de Dublín, pidiendo a su dueño, según se dice, "papel de color del que usan los niños". El dueño de la tienda lo reconoció y se negó a venderle.

Continúa Pesquisa en Los Angeles
En Estados Unidos, la investigación criminal de la Archidiócesis de Los Angeles y de Mahony continúa ahora que el despacho del fiscal de distrito del condado de Los Angeles ganó el litigio para obtener acceso a los historiales personales del clero.
"Queremos que la gente sepa que todavía estamos investigando", dijo Sandi Gibbons, portavoz del despacho del fiscal de distrito. "Durante mucho tiempo fuimos bloqueados por las acciones de la archidiócesis para impedir el acceso a los historiales. La investigación está de nuevo bien encaminada".

gina.piccalo@latimes.com

18 de febrero de 2007
17 de febrero de 2007
©los angeles times
viene demQh

Espía Doble del Opus Dei


[Desson Thomson] ‘Breach' explora nuevo ángulo en la historia del topo del FBI, pero seis años después el misterio de por qué lo hizo sigue intacto.
¿Por qué el más importante cazador de espías del FBI -un guerrero de la Guerra Fría que profesó su amor por Dios, la familia, la patria y J. Edgar Hoover- vendió a los rusos los secretos más delicados del país?
Es una pregunta que sigue sin respuesta en Washington, la ciudad donde Robert Hanssen fue detenido el 8 de febrero de 2001, por la peor filtración de seguridad en la historia del FBI.
Desde entonces ha desconcertado no sólo a su familia, amigos y colegas, sino también un número incontable de autores, psicólogos forenses, criminalistas y analistas de inteligencia. Y, además, esa pregunta se agrava por el enigma de Hanssen mismo: un agente del contraespionaje que durante 22 años entregó materiales clasificados a los gobiernos rusos y soviéticos sin ser detectado; un devoto de la orden católica Opus Dei, que invitaba a un amigo a observarlo cuando hacía el amor con su mujer; que compró un Mercedes-Benz para una striptisera de Washington; y que estaba obsesionado por la pornografía.
Seis años después de la captura de Hanssen, una nueva película se vuelve a hacer esa desconcertante pregunta con una historia previamente desconocida: la de Eric O'Neill, un operativo de vigilancia de 27 años cuyo trabajo era vigilar estrechamente a Hannsen mientras el FBI actuaba para atraparlo. La historia de O'Neill no aparece en ninguno de los varios libros que se escribieron sobre Hanssen desde su captura porque -hasta hace poco- el FBI le prohibió hablar públicamente.
Dirigida por Billy Ray, ‘Breach' no ofrece revelaciones del estilo de ‘Rosebud' para explicar la traición de Hanssen. Pero coloca al público en la misma desconcertante situación en la que se encontró O'Neill mismo (Ryan Phillippe) en enero de 2001: posando como el ayudante de oficina de Hanssen (Chris Cooper), ganándose su confianza e informando sobre todos sus movimientos hasta que el agente doble cometió el error crucial que provocó su detención. Hanssen fue arrestado un mes más tarde, después de meter una bolsa para la basura llena de materiales clasificados debajo de una pasarela en el Parque Foxstone en el condado de Fairfax -una ‘remesa' de espías destinada a sus contactos rusos.
"Creo que debe haber unas 500 historias que se pueden contar sobre Hanssen", reconoce Ray. "Después de todo, había quinientos agentes trabajando en ese caso. Pero de los quinientos, sólo había uno que pasaba encerrado con él en el mismo cuarto todos los días: Eric".
Hanssen, que cumple 63 años en abril, pasará el resto de su vida en la cárcel federal Supermax en Florence, Colorado. Sólo después de reconocerse culpable en 2002 -y después de la mayoría de la media docena de libros publicados sobre el caso- O'Neill fue finalmente autorizado a contar su historia. Y llevó su proyecto de ‘Breach' a Hollywood.
Lo que explica por qué el Eric O'Neill verdadero y Ray llegan a estar juntos en un restaurante -justo al otro lado de la calle de la sede del FBI- para revisar el incomprensible acertijo que es Robert Hanssen.
Los dos reconocen que ellos están contando sólo una pequeña parte de la historia y concuerdan en que, en términos de explicar los motivos de Hanssen, ‘Breach' sólo puede ofrecer conjeturas informadas. Pero eso es lo más cerca que pueden hacer para invocar al espía, insiste Ray, que ha leído todas las investigaciones disponibles sobre Hanssen y puede recitar de memoria las teorías existentes sobre él.
"Su padre dijo que él era un perdedor", empieza Ray. "No quería quedar mal ante su esposa. Estaba indignado porque lo habían pasado por alto en los ascensos. Los rusos lo trataban como si fuera James Bond y eso fue lo que lo hizo actuar".
Pero Ray, cuya película de 2003 ‘El precio de la verdad' [Shattered Glass] exploraba los motivos de otro intrigante de Washington, el periodista embaucador Stephen Glass, tiene su propia interpretación.
"La verdad es que no lo conocemos", dice Ray, 43, de aspecto juvenil y voz suave. "¿Y, por último, importa por qué hizo lo que hizo? Su mujer tendrá que pensar por qué hizo lo que hizo. Pero yo no gasté demasiado tiempo pensando en esto. Creo que Chris Cooper pasó un tiempo pensando en esto. ¿Por qué escribió Stephen Glass todo esos artículos falsos que escribió? Te puedo ofrecer cincuenta razones -todas totalmente válidas. Pero a fin de cuentas, lo hizo. Y yo creo que, en última instancia, eres lo que haces".
Para Ray, lo esencial era que Hanssen "carecía de timón moral. Carecía de esa parte de las reacciones instintivas que te dice: ‘No puedo hacer esto. Es ilegal. Es inmoral, peligroso y equivocado'".
"Creo que el timón moral estaba ahí, pero simplemente lo ignoraba", contrarresta O'Neill, un hombre pulcro y de ojos brillantes de 33 años, ahora abogado de contratos del gobierno en Washington. "Sabía lo que era correcto, pero se inventaba excusas. Y debido a que su religión era tan importante en su vida -y él sabía que estaba haciendo cosas inmorales, dañando a otros-, creía de sí mismo que era malo y que estaba condenado".
Irónicamente, ‘Breach' es también fascinante por lo que no dice, y por cómo estas historias -encontradas en numerosos artículos y en libros documentales como ‘Spy: The Inside Story of How the FBI's Robert Hanssen Betrayed America', de David Wise, y ‘The Bureau and the Mole', de David A. Vise- plantean interrogantes todavía más desconcertantes sobre Hanssen.
"A fin de cuentas, ¿quién conoce el alma de un espía doble?", se pregunta el autor de ‘Spy', Wise. "¿Sabe un espía qué lo impulsa a traicionarlo todo: a su mujer, a su país, a sí mismo? Es un asunto complicado".
En el caso de Hanssen, mientras más cosas descubren estos escritores, más siniestro y más elusivo se vuelve el espía.
En un artículo de 2001, el autor de asuntos de espionaje James Bamford, que conoció personalmente a Hanssen, recuerda que a Hanssen "le gustaba hablar de la inmoralidad del aborto y de los peligros de la Paternidad Planificada". Y cuando Bamford finalmente accede, a petición de Hanssen, a asistir a una de las reuniones del Opus Dei, el hombre del FBI "se deleitaba en esa sociedad cerrada de creyentes devotos, como un hermano de una fraternidad dando la mano según un ritual secreto".
Pero "oculto en lo más profundo de esa fachada devota y anticomunista", escribió Bamford en el New York Time Magazine, "había una psiquis desconcertante, bifurcada. Un doctor Yekyll y míster Hanssen".
Un hombre solitario, alto y melancólico -apodado el ‘empresario de pompas fúnebres' por los oscuros trajes que llevaba siempre-, Hanssen llevó una misteriosa doble vida en prácticamente todas las facetas de su vida. Como director de la unidad soviética del FBI, estaba a cargo de desenmascarar a espías enemigos, pero, de acuerdo a documentos judiciales, libros e informes publicados, se estima que durante 22 años recibió 1.4 millones de dólares por entregar materiales clasificados a los regímenes soviéticos y rusos.
(Esos materiales incluían detalles de los planes de contingencia del gobierno norteamericano para sobrevivir un ataque nuclear, las identidades de agentes soviéticos que trabajaban para Washington, y la existencia de un túnel de espionaje de varios millones de dólares construido debajo de la embajada soviética aquí).
Hanssen se escabullía temprano del trabajo para poder asistir a las manifestaciones contra el aborto, pero no tuvo escrúpulos para enviar a tres hombres a la muerte -agentes dobles rusos cuyas identidades vendió a Moscú. Y de acuerdo al libro de Vise, Hanssen no trabajó nunca tanto para los enemigos de su país que cuando entregó informaciones comprometedoras para el gobierno de Clinton sobre el intento de encubrimiento de las contribuciones financieras de la China comunista.
"Tienes que entender que él estaba compartimentado", dice Vise. "¿Cómo, si no, podía estar casado y ser padre, ir a misa todos los días y cometer traición al mismo tiempo?"
De acuerdo a los libros de Wise y Vise y otros, Hanssen pasaba parte de su tiempo secular en ‘clubes de caballeros' en el centro de Washington. Trabó amistad con varias striptiseras, incluyendo a Priscilla Sue Galey, a la colmó de varios miles de dólares en dinero y joyas. (Es a ella a quien le compró el Mercedes).
En una ocasión llevó a Galey a Hong Kong, mientras asistía a una conferencia del FBI allá. Sin embargo, para su sorpresa, Hanssen nunca intentó acostarse con ella. Él estaba, le dijo, tratando de acercarla a Dios. Sin embargo, nunca informó a su esposa Bonnie sobre su trabajo como misionero.
La película sólo alude a esto, pero en la mayoría de los libros sobre Hanssen, este reservó la peor traición a su mujer, Bonnie -la que, por las condiciones de su pensión, no puede hablar sobre su marido con periodistas. Aparentemente la adoraba, pero sin embargo difundió materiales sobre sus relaciones sexuales en internet, e incluso instaló una cámara de vigilancia secreta en su dormitorio -sin que ella lo supiera- de modo que un amigo de su infancia pudiera mirarlos cuando hacían el amor durante sus visitas.
Este hombre terriblemente reservado también quería ser descubierto, dice Vise; "de otro modo, a sus ojos, el mundo nunca tendría la posibilidad de ver lo demoníacamente inteligente que era, logrando evitar que lo descubrieran durante dos décadas".
Eso estaba claro para O'Neill ese día de enero de 2001, cuando entró a la oficina de Hanssen para empezar su misión clandestina. Como muestra la película, su nuevo jefe lo instruyó de inmediato sobre el tipo de espía al que había que buscar. Sería en "el peor lugar posible", tratando de causar el mayor daño y por el mejor arreglo económico.
"Y ahí estaba él", dice O'Neill. "Al otro lado del escritorio, sentado en el peor lugar posible, con acceso a todo. Así que empecé esa relación pensando: ‘¿Estamos jugando al gato y al ratón? ¿Quién es el gato, quién el ratón? ¿Es simplemente mi tutor o me está diciendo: ‘Sé lo que está pasando. A ver si puedes descubrirme. No puedes, porque no eres más que un estúpido cadete'".
Pero O'Neill tuvo la última palabra en ese crisol de relación. El día del inminente arresto de Hanssen, sabiendo que nunca lo volvería a ver libre, O'Neill se despidió de él de otro modo que como acostumbraba.
"Le dije: ‘¿Jefe?" Se volvió y me dijo: ‘¿Sí?' Le dije: ‘Lo alcanzaré más tarde'".

15 de febrero de 2007
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Orígenes de Aníbal el Caníbal


[Douglas E. Winter] Un monstruo que quiere justicia y venganza.
Cuando lo vimos por última vez en las novelas de Thomas Harris, el doctor Aníbal Lecter -psiquiatra clínico, cerebro criminal y macabro sibarita- estaba bailando con la ex agente del FBI, Clarice Starling en una terraza de Buenos Aires. El desconcertante final de ‘Aníbal el Caníbal' [Hannibal] (1999), que sugería que Clarice había sucumbido ante los químicos de Lecter, si no ante su encanto, fue descartado en la versión cinematográfica en favor de (¿nos atreveremos a decirlo?) una confección más digerible. Ahora Harris elude la disonancia de estos finales alternativos escribiendo una protosecuela llena de suspenso, ‘Hannibal Rising', un retrato del caníbal cuando era joven.
La novela también concluye la transformación de Lecter de némesis en antihéroe. Introducido por un personaje secundario en ‘El dragón rojo' [Red Dragon] (1981), luego llevado al centro del escenario como el maléfico tutor Starling en ‘El silencio de los corderos' [The Silence of the Lambs] (1988) y ‘Aníbal', Lecter suplanta al profesor James Moriarty como el popular y ficticio canalla. Con ojos de color granate, de seis dedos y más allá de todo diagnóstico, alcanzó la infamia por más de un crimen -quizás más famosamente por haber comido el hígado de un censista, con "habas y un gran Amarone". Encerrado en un hospital para dementes criminales, se convierte en la eminencia gris de los crímenes en serie y de la manipulación psicológica, capaz de hacer llorar a sus visitantes y de conducir al suicidio a otros reclusos. Su tenebrosa presencia estimuló los siniestros y cada vez más raros anti-misterios de Harris, cuyos detectives resolvían crímenes grotescamente violentos sólo dejando de lado la deducción y la ciencia forense para adoptar la demencia y lo inhumano.
Con ‘Hannibal Rising', Harris hurga profundamente en la historia de Lecter y desentierra una fundamental necesidad de justicia sólo insinuada en los libros anteriores. Presentada con una estructura serial conveniente, la historia empieza en los años treinta en Lituania, en el bucólico Castillo Lecter, hogar de los aristocráticos descendientes del caudillo militar de la Edad Media, Aníbal el Severo. Después de fugaces presentaciones de sus tocayos a los ocho y trece años, la novela se asienta para su acción central, cuando Aníbal Lecter tiene dieciocho -pero después de que su dulce infancia es ensangrentada y cicatrizada por la blitzkrieg de Hitler, la ocupación soviética y los miserables colaboracionistas lituanos que saquean la propiedad de la familia y matan a la adorada hermanita de Aníbal, Misha, para comérsela. "Su corazón murió con Mischa", se nos dice -pero entonces nació su apetito.
Huérfano y solo, Aníbal se convierte en pupilo de su tío, cuya encantadora mujer, Lady Murasaki, supervisa su domesticación en el París de posguerra, introduciéndolo al haiku, a la ópera y, por supuesto, a las artes culinarias, donde su educación demuestra ser transcendente: "Los mejores trozos del pescado son las mejillas. Lo mismo es verdad de muchos animales". Experto en anatomía -y arte, un elemento definitorio de las cuatro novelas de Lecter-, el precoz muchacho de dieciocho entra a la facultad de medicina, donde perfecciona su talento para el crimen. El hallazgo de una reliquia de la familia -una pintura saqueada- en una galería parisiense, reenvía a Aníbal al sitio del asesinato de su hermana, donde encuentra las placas de identificación de sus asesinos: esos carroñeros lituanos, ahora activos en una red de trata de blancas y mercado negro que va desde el bloque soviético hasta Canadá. La cacería empieza, y sus terribles y dramáticas muertes a manos de Aníbal lleva la historia a una conclusión igual de apropiada que anunciada.
La escritura de Harris es confiada, con elegantes giros de tiempos y puntos de vista; quizás es la trama concentrada o el estilo insistentemente visual que admite la inevitable adaptación al cine, pero simplemente en términos de oficio, ‘Hannibal Rising' es demostrativamente su mejor novela. Y hasta sus últimas páginas nos protege de las macabras frases ingeniosas que, demasiado a menudo, definen la persona cinemática de Lecter.
Luego la venganza lleva a Aníbal a Estados Unidos y su residencia en la Universidad John Hopkins; pero los fanáticos se alegrarán de saber que todavía quedan veinte años inexplorados, sus historias todavía desconocidas, hasta su fatídico encuentro con Will Graham, el técnico del FBI que lo llevó (aunque brevemente) a la justicia.
Esos veinte años representan todo un reto para Harris. En ‘Hannibal', un camillero observa que Lecter prefería víctimas meritorias, olvidando a los agentes que habían muerto cumpliendo su deber y el encuentro casi fatal de Graham con la cuchilla de linóleo de Lecter. En ‘Hannibal Rising', el castigo de Lecter es casi heroico: justificado, incluso perversamente honorable. Que sea ilegal y horrendo parece ser, en el contexto más amplio, casi trivial.
Pero la venganza es lo que agentes de policía y psiquiatras e incluso autores de reseñas bibliográficas llaman motivo, algo humano y explicable -a diferencia del Aníbal Lecter que cautivó primero nuestra imaginación. A medida que ‘Hannibal Rising' se acerca a su conclusión, el inspector de policía francés, Popil -que, como observa Lecter maliciosamente, "nunca sabrá nada sobre mis gustos"-, confirma lo que las novelas anteriores nos habían enseñado: "¿Qué es él ahora? No existe una palabra para ello. A falta de un término más apropiado, lo llamaremos monstruo". Sin embargo, conociendo su origen, Aníbal Lecter y su creador deben consideran el destino de otros muchos monstruos, reales e imaginados: "Mientras más sabemos sobre ellos, menos temibles nos parecen".

Libro reseñado:
Hannibal Rising
Thomas Harris
Delacorte
327 pp.
$27.95

15 de febrero de 2007
8 de febrero de 2007
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Murió Guionista Bezzerides


A los 98. Escribía películas de misterio.
Los Angeles, Estados Unidos. A.I. Bezzerides, novelista convertido en guionista y conocido por sus clásicos del cine negro de después de la Segunda Guerra Mundial, como ‘El beso mortal' [Kiss Me Deadly], ‘La casa en la sombra' [On Dangerous Ground] y ‘Mercado de ladrones' [Thieves' Highway], murió el 7 de enero después de una breve enfermedad, informó su hija. Tenía 98 años.
Bezzerides trabajaba como ingeniero de comunicaciones para el Departamento de Agua y Electricidad de Los Angeles cuando su novela de 1938, ‘Long Haul', fue llevada al cine como ‘La pasión ciega' [They Drive by Night], un melodrama de 1940 con George Raft y Humphrey Bogart como dos hermanos camioneros.
La primera película de Bezzeride fue ‘Juke Girl', una historia de 1942 sobre campesinos inmigrantes con Ann Sheridan y Ronald Reagan. Se hizo conocido con ‘Mercado de ladrones', la película policial dirigida por Jules Dassin basada en la novela de Bezzeride de 1949; ‘La casa en la sombra', el drama pasional de 1952 de Nicholas Ray; y ‘El beso mortal', el thriller de Robert Aldrich.

9 de febrero de 2007
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