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pan y cine y el santo

Murió Edward J. Lakso


Guionista escribió para ‘Star Trek’ y ‘Los ángeles de Charlie’.
El 23 de mayo murió en Beverly Hills, por complicaciones del mal de Parkinson, el guionista de televisión Edward J. Lakso, que escribió para ‘Star Trek’ y ‘Los ángeles de Charlie’ [Charlie’s Angels], así como largometrajes y numerosas otras series. Tenía 76 años.
Lakso también trabajó como productor, compositor y letrista, escribió producciones de teatro y era un piloto de avión.
Escribió veinticinco episodios de ‘Los ángeles de Charlie’, produjo veintiocho y compuso la música de dos. Sus otros créditos en televisión incluyen ‘Combat!’, ‘The Rockford Files’, ‘Aventuras en el paraíso’ [Adventures in Paradise], ‘Profesión peligro’ [The Fall Guy], ‘Lobo del aire’ [Airwolf], ‘Starsky y Hutch’ [Starsky and Hutch], ‘Barnaby Jones’, ‘Hawai 5-0’ [Hawaii Five-O], ‘Mannix’ y ‘Mis tres hijos’ [My Three Sons].
Lakso sirvió en la Fuerza Aérea, donde formó equipo con el director de orquesta Tommy Oliver para escribir un original musical, y años después trabajó con Oliver en ‘Watergate: A Musical’.
Empezó a escribir cuando estaba todavía en la Universidad de California en Los Angeles, para la película ‘Cercados’ [Operation Dames] en la que también apareció. En 1959 co-escribió una de las primeras películas de Russ Meyers, ‘El inmoral doctor Teas’ [The Immoral Mr. Teas].
Entre sus otros trabajos cinematográficos se encuentra la película de blaxploitation ‘Brother on the Run’, ‘Gentle Giant’, ‘Cercados’, ‘El juez maldito’ [The Broken Land] y ‘Womanhunt’.
Le sobreviven su esposa, la actriz Lee Travis, dos hijas, cuatro nietos, dos biznietos, una hermana y dos hermanos.

1 de julio de 2009
1 de junio de 2009
©variety 
[viene demQh]

Murió Hal Riddle


Actor de carácter. Era un dedicado coleccionista de souvenirs de Hollywood.
[Pat Saperstein] El 17 de junio murió en Woodland Hills, California, el actor de carácter Hal Riddle, un ávido coleccionista de souvenirs de Hollywood. Tenía 89 años.
Riddle trabajó en numerosas series de televisión en los años sesenta, setenta y ochenta, incluyendo ‘El fugitivo’ [The Fugitive], ‘La casa de la pradera’ [Little House on the Prairie], ‘The Waltons’, ‘Days of Our Lives’, ‘Granjero último modelo’ [Green Acres], ‘The F.B.I.’ y ‘Con ocho basta’ [Eight is Enough].
Su fascinación con Hollywood empezó cuando, a sus once años, escribió una carta a la actriz de cine mudo Billie Dove. Ella le envió una foto autografiada, con la que empezó una colección que llegaría a contar con más de 1.700 artículos relacionados con el cine.
Cuando vivía en el Motion Picture & Television Fund, Riddle conoció y trabó amistad con Dove, y más tarde se encargaría de su panegírico en su funeral. Las historias sobre la relación entre Riddle y Dove fueron publicadas en The New Yorker, Los Angeles Times y Entertainment Weekly.
Riddle empezó su carrera en el mundo del espectáculo en un teatro de verano en Pensilvania.
En 2001, donó su colección a su alma mater, la Universidad de Murray en Kentucky. La colección abarca setenta años de historia de Hollywood, e incluye cartas de Anthony Hopkins, Harpo Marx y el gobernador Ronald Reagan; fotografías autografiadas de Clark Gable, Jean Harlow, Bette Davis, y carteles de películas como ‘Lo que el viento se llevó’ [Gone With the Wind], ‘Un tranvía llamado deseo’ [A Street Car Named Desire] y ‘De aquí a la eternidad’.

30 de junio de 2009
22 de junio de 2009
©variety 
[viene de mQh]

Murió Farrah Fawcett


A los 62 años falleció la actriz y modelo Farrah Fawcett. Símbolo sexual y fenómeno de la cultura de masas de los años ’70, la protagonista de la popular serie de TV fue tan famosa por su corte de pelo como por su tormentosa love story con Ryan O’Neal, quien estuvo a su lado en su lecho de muerte, pidiéndole matrimonio.
La actriz estadounidense Farrah Fawcett, que murió ayer a los 62 años en un hospital de Santa Mónica, California, tras una larga batalla contra el cáncer, alcanzó la fama en la década del ’70 gracias al éxito mundial de la serie de televisión ‘Los Angeles de Charlie’. Sin embargo, fue la aparición en un afiche lo que la convirtió en todo un icono que la elevó al estatus de símbolo sexual y fenómeno de la cultura popular.
Nacida el 2 de febrero de 1947, en el estado de Texas, Fawcett era una actriz y modelo poco conocida cuando fue llamada por la compañía de afiches Pro Arts Inc. en 1976 para formar parte de una sesión de fotografías, a cargo de Bruce McBroom. La foto de Fawcett en un ceñido traje de baño rojo que potenciaba sus pechos turgentes, con una sonrisa radiante y una generosa cabellera cayendo sobre sus hombros en un corte escalonado, definió la imagen de la actriz para siempre. Aquel afiche alcanzó a vender la asombrosa suma de 12 millones de copias y disparó un estilo de corte de pelo que emularon cientos de miles de mujeres alrededor del mundo, conocido en inglés como el ‘Farrah Hair’. En 2007, la revista GQ consideró este poster como "la pieza de arte masculino más influyente en los últimos 50 años" y en el sitio oficial de la actriz se afirma que ha sido pirateado más de 1000 millones de veces. El afiche, a su vez, se multiplicó con apariciones en películas como ‘Fiebre del sábado por la noche’, ‘Encuentros cercanos del tercer tipo’ o ‘Boogie Nights’, y en series de TV como ‘That 70’s Show’ o ‘My Name is Earl’. Aún hoy, comprar el poster a través de la página oficial de la actriz cuesta 100 dólares.
La distribución del poster ocurrió justo cuando se lanzó al aire por primera vez ‘Los Angeles de Charlie’, la serie creada por el magnate de la pantalla chica en Estados Unidos Aaron Spelling, que como varias de sus otras series se transformó en el gran éxito de esa década. Hija de un ama de casa y un empresario petrolero, Fawcett abandonó abruptamente la serie que la había llevado al éxito sólo un año después de comenzar su participación, y el desencuentro con Spelling (que algunos medios atribuyeron a un caso de acoso sexual) acabó con una demanda en los tribunales. Sus exigencias económicas eran mucho mayores que los 10.000 dólares por episodio que cobraba y fue sustituida por Cheryl Ladd, pero Fawcett volvió a aparecer en la serie tres veces más, como resultado de un fallo judicial.
A pesar de la inmensa popularidad que le dio el personaje de Jill ‘Angel’ Munro, Fawcet nunca logró dar el salto a las grandes películas de Hollywood, ni aun cuando fue dirigida por Stanley Donen en ‘Saturno 3’ (1978), acompañada por Kirk Douglas y Harvey Keitel, ni cuando estuvo en ‘El doctor y las mujeres’ (2000), de Robert Altman, con Richard Gere y un elenco multitudinario. También actuó en ‘Myra Breckinridge’ (1970), de Michael Sarne, dentro de un elenco peculiar encabezado por Mae West y John Huston, ‘Alguien mató a mi marido’ (1978), de Lamont Johnson, con Jeff Bridges; ‘Acorralada’ (1986), de Robert W. Young, con James Russo, y ‘El apóstol’ (1997), dirigida y protagonizada por Robert Duvall.
Sin embargo, su papel como una mujer maltratada en la película de televisión ‘The Burning Bed’ le valió en 1985 una de las seis nominaciones a los premios Globos de Oro que acumuló en su carrera, además de tres postulaciones a los Oscar de la televisión estadounidense, los Emmy, cuya última nominación fue en 2003 como mejor desempeño como actriz invitada en la serie ‘The Guardian’. Aunque durante su etapa de esplendor se negó a posar desnuda, la revista Playboy la convenció para dar ese paso en diciembre de 1995, un número que se convirtió en el más exitoso de la publicación en la década, con más de cuatro millones de ejemplares vendidos.
En los años ’70 Fawcett se casó con una de las estrellas del momento en la industria del espectáculo estadounidense, el protagonista de la serie ‘El hombre nuclear’, Lee Majors, de quien se divorció en 1979. En 1982, empezó su larga y tormentosa historia de amor con el actor Ryan O’Neal, con quien tuvo a su único hijo, Redmond, en 1985, y que estuvo en su lecho de muerte, pidiéndole matrimonio, según su propia confesión a los medios. A mediados de los años ‘90, sin embargo, Fawcett y O’Neal habían dado por terminada una relación repleta de conflictos, y la actriz se comprometió con el cineasta James Orr. Años después Orr fue sentenciado a tres años de libertad condicional por golpear a la actriz en su mansión de Bel Air en 1997.
Ese mismo año la vida de Farrah se convirtió en blanco de una serie de especulaciones en los medios, cuando apareció en el popular programa nocturno del comediante David Letterman dando unas declaraciones completamente incoherentes que hasta el día de hoy son recordadas por publicaciones estadounidenses como uno de los momentos más bizarros de la televisión local. A pesar de aquella sonada separación con O’Neal, la pareja volvería a reunirse, remedando la ‘Love Story’ que protagonizó el actor, salvo que ahora él luchaba contra la leucemia y ella contra un extraño cáncer anal.
En los últimos años la salud de Fawcett fue objeto de un intenso escrutinio por la prensa sensacionalista de Hollywood, que intentó varias veces publicar fotos de ella desmejorada como consecuencia de la quimioterapia. La noticia de su lucha contra el cáncer se publicó en octubre de 2006, disparando una cadena de apoyo y declaraciones de afecto de sus fans, que derivaron en un documental visto por más de nueve millones de telespectadores.
En 2007, se declaró en un comunicado que había vencido a la enfermedad: a pesar "del dolor insoportable y la incertidumbre, nunca se me ocurrió dejar de luchar, nunca", recalcó eufórica en febrero de ese año. Pero en abril, sólo dos meses después de anunciar su victoria, el cáncer reapareció y la actriz probó incluso tratamientos alternativos en Alemania, mientras su hijo Redmond atravesaba dramáticos episodios de adicción a las drogas, según documentos judiciales.
En una entrevista al diario Los Angeles Times publicada en mayo de 2009, Fawcett criticó a la prensa que se volcó frenéticamente a hurgar sobre su salud. "Es mucho más fácil atravesar algo y lidiar con eso sin estar bajo un microscopio", dijo Fawcett admitiendo que ese factor agregó estrés a su vida. "Soy una persona con una vida privada (...) Hubiese sido bueno si hubiese podido avanzar y curarme y luego, cuando lo decidiera, salir al público. Hubiese estado bueno", apuntó en su última entrevista publicada.

26 de junio de 2009
©página 12

Alejandro Doria


A los 72 años, murió el director de cine y televisión Alejandro Doria. Estaba trabajando en dos proyectos cuando debió ser internado por un cuadro de neumonía crónica. Dejó obras inolvidables en televisión y cine, donde brilla especialmente ‘Esperando la carroza’.
Argentina. En sus 72 años de vida llevó a cabo una enorme cantidad de proyectos cinematográficos y televisivos, que terminaron prodigándole premios de toda clase y el aplauso sincero del público y la crítica. Pero en esa montaña de creaciones, lo primero que se fija en el recuerdo es una feroz pintura de la clase media argentina en la que un elenco de primera línea giraba alrededor de una inolvidable composición de Antonio Gasalla como Mamá Cora: ‘Esperando la carroza’ es, sin dudas, uno de los legados más valiosos que deja Alejandro Doria, el director argentino que murió ayer en una clínica de Buenos Aires a causa de una neumonía crónica. Sus allegados informaron que será velado en una ceremonia íntima: la noticia llegó al filo del cierre de esta edición, por lo que sabrá disculpar el lector la brevedad de estas líneas, que no se condicen con la larga carrera del autor.
Nacido en Buenos Aires el 1º de noviembre de 1936 en el barrio de Flores, Alejandro Doria se inclinó primero por una carrera tan diferente como la de Ciencias Económicas; sin embargo, la abandonó pronto, se desempeñó como actor y locutor de radio y partió a Estados Unidos para realizar estudios de televisión. A su regreso, su primera experiencia en el terreno de la dirección televisiva fue, también, su primer éxito, con ‘Nuestra galleguita’, telenovela de 1969 protagonizada por Laura Bove y Norberto Suárez, que prendió inmediatamente en el gusto popular y que además marcó el debut de una nena de 4 años llamada Andrea Del Boca. A partir de allí, Doria fue encadenando una serie de programas televisivos que quedaron en la historia de la industria argentina, como ‘Alta comedia’, ‘Pobre Diabla’, ‘Papá corazón’, ‘Identidad’, ‘Escenario universal’, ‘Amores’, ‘Mi mamá me ama’, ‘El Rafa’ (en sus dos versiones) y ‘Los Especiales de Alejandro Doria’.
Con ‘Situación límite’ y especialmente ‘Atreverse’ (que recibió varios premios Martín Fierro, entre ellos Mejor Director y Mejor Programa, en dos entregas consecutivas, y un premio internacional al Mejor Programa de Ficción Hispanoparlante), el director marcó nuevos rumbos en la manera de encarar las ficciones y sobre todo en las temáticas elegidas. Por su trabajo en la pantalla chica llegó a totalizar once premios Martín Fierro, cuatro de ellos en reconocimiento a ‘Los Especiales de Alejandro Doria’, y el Konex de Platino en 1991 en el rubro Director de Televisión.
La carrera del realizador encontró varios hitos en el género cinematográfico, donde comenzó su producción con ‘Proceso a la infamia’ (1974) y siguió con ‘Contragolpe’ (1978), ‘La isla’ (1979) –que ganó el Premio Ecuménico del Jurado del Festival de Montreal–, ‘Los miedos’ (1980), ‘Los pasajeros del jardín’ (1982), la exitosísima ‘Darse cuenta’ (1984, ganadora del Cóndor de Plata), ‘Esperando la carroza’ (1985), ‘Sofía’ (1987) y ‘Cien veces no debo’ (1990). ‘Las manos’, film de 2007 que relató la historia del sacerdote italiano Mario Pantaleo, obtuvo los premios Goya, Oclacc de Cartagena, Premio Sur y Colón de Plata, en Huelva. También participó del film colectivo 18J (2004), una serie de cortos relacionados con el atentado terrorista a la AMIA.
"Siempre siento una gran angustia cuando trabajo. Una gran premura. Es como la necesidad de cumplir. Cuando emprendo una filmación, salgo de un puerto y en cinco, seis o siete semanas tengo que llegar a otro puerto. Soy muy responsable", dijo tiempo atrás a este diario, en una entrevista en la que también señaló que "no hago TV porque no estoy de acuerdo con la ideología que se impuso, una ideología perversa. No estoy de acuerdo ni con las cámaras sorpresa ni con los grandes hermanos".
Doria trabajaba en la producción de dos nuevos largometrajes cuando debió ser internado en un sanatorio por un cuadro de neumonía crónica. Luis Brandoni, uno de los protagonistas de ‘Esperando la carroza’, dijo anoche a la señal de noticias TN que "no estaba preparado para esta noticia. Fue un gran director... Tuve la suerte de hacer con él tres películas. Era un ser muy querido, muy valioso y muy valiente que ha dejado un sello en cada una de las cosas que hizo".

18 de junio de 2009
©página 12

Murió Alejandro Doria


El director de ‘Esperando la carroza’ y ‘Darse cuenta’ tenía 72 años. Padecía de neumonía crónica. Además de destacarse en cine, realizó numerosas ciclos de grandes éxitos en televisión como ‘Alta comedia’ y ‘Atreverse’. El cineasta tenía 72 años.
Argentina. El director y escritor de cine Alejandro Doria murió hoy a los 72 años, debido a una neumonía crónica que venía padeciendo. Había ganado premios de trascendencia como los de Huelva y Biarritz. También el tradicional Martín Fierro en nuestro país.
Nacido noviembre de 1936 en Buenos Aires, comenzó la carrera de Ciencias Económicas. Al poco tiempo la dejó y partió a Estados Unidos donde estudió televisión. A su regresó comenzó a escribir y a producir programas de TV.
Sus películas de mayor repercusión fueron ‘Esperando a la carroza’ y ‘Darse cuenta’. Pero también se destacó en televisión donde dirigió ciclos de gran repercusión como ‘Atreverse’ (1990-1991, un programa que recibió varios Martín Fierro. También se destacó con ‘Los especiales de Alejandro Doria’ y ‘El Rafa’.

18 de junio de 2009
©clarín

Murió Jack Lewis


Marine, novelista, guionista. A los 84.
[Tony Perry] Murió Jack Lewis, un condecorado oficial del Cuerpo de Marines, guionista, escritor de novelas baratas, doble ocasional, co-fundador de la revista Gun World y que se describía como "periodista, borracho, editor y vagabundo". Tenía 84 años.
Lewis murió en Hawai el 24 de mayo, de cáncer al pulmón, una semana después de casarse con su pareja de toda la vida, Stephanie Gonsalves.

Nacido en Iowa el 13 de noviembre de 1924, Lewis se enroló en el Cuerpo de Marines a los dieciocho años para demostrar que eran tan meritorio como su padre, un oficial de caballería del ejército. Sirvió como operador de ametralladora durante la Segunda Guerra Mundial y recibió la Estrella de Bronce por su valentía como corresponsal de guerra en Corea. Fue llamado nuevamente al servicio durante la Guerra de Vietnam y se retiró más tarde como teniente coronel.
"Era inconformista, muy ambicioso, buscando siempre algo nuevo, y totalmente dedicado a los Marines", dijo Ralph Austin, sargento mayor retirado que sirvió con Lewis en Corea y Vietnam y vive ahora en Irvine.
Según sus propias palabras, Lewis fue un hombre de muchas carreras, algunas de las cuales se yuxtapusieron. Después de la Segunda Guerra Mundial obtuvo el diploma de periodismo en la Universidad de Iowa y volvió a los Marines para ayudar a rodar películas de adiestramiento.
Cuando estuvo en Camp Pendleton fue asignado como asesor técnico a la película ‘Arenas sangrientas’ [Sands of Iwo Jima], de 1949. Lewis y el actor John Wayne trabaron amistad, que se consolidó por su afición muta por las armas, la bebida y los asuntos militares.
‘White Horse, Black Hat: A Quarter Century on Hollywood’s Poverty Row’, publicado en 2002, es la historia de Lewis de los famosos, casi famosos y desconocidos que trabajaron en la industria del cine durante los días de las películas de vaqueros de bajo presupuesto. Entre las historias hay anécdotas sobre Smiley Burnette vendiendo autógrafos, el joven y hosco Steve McQueen, el famoso pero tímido Audie Murphy, y Slim Pickens, que necesitaba doscientos dólares para comprarse una mula.
Lewis le preguntó a Pickens para qué necesitaba esa mula. "Todo el mundo debe tener una", dijo Pickens, como si otra explicación fuera redundante.
Como guionista, su crédito más grande fue ‘La jungla en llamas’ [A Yank in Vietnam], con Marshall Thompson, en 1963. Escribió cientos de descripciones de estrellas de Hollywood para revistas y fue escritor fantasma de algunas. Los héroes de sus novelas eran pistoleros del oeste y detectives modernos -a menudo con un tinte autobiográfico.
Uno de sus personajes principales fue Charlie Cougar, un apache mescalero, doble, borracho y cowboy de rodeo. "Soy un cuarto mescalero y he hecho todas esas cosas", dijo Lewis. Escribía a menudo con su seudónimo C. Jack Lewis para evitar ser confundido con otros escritores llamados Jack Lewis.
Recibió la Estrella de Bronce en Corea por avanzar antes que las tropas de combate para hacerse con un sitio desde donde filmar de cerca los enfrentamientos. Minimizaba la valentía. "Cuando caían las bombas tanto detrás como frente a nosotros, me preguntaba qué estaba haciendo allí".
Aunque sus despachos desde el frente se caracterizaban por los detalles y seriedad, su libro de 1966, ‘Tell It to the Marines’, captaba el bizarro humor de los marines en combate. El libro llevaba un aviso: "Toda similitud con personas, lugares o incidentes es altamente probable; sólo lo nombres han sido cambiados para evitar la corte marcial".
Sus actuaciones como doble incluyen arrojarse de un buque para la película ‘Escala en Hawai’ [Mister Roberts], junto con otros marinos ansiosos de libertad (algunas versiones también le atribuyen haber saltado en moto). Lewis dijo que le atraía trabajar como doble porque ganaba más que como guionista.
Además de su esposa, le sobreviven cinco hijos de matrimonios previos y ocho nietos.

14 de junio de 2009
11 de junio de 2009
©los angeles times 
[viene de mQh]

Murió David Carradine


La estrella de ‘Kung Fu’. Fue encontrado muerto en su cuarto de hotel en Bangkok, donde estaba trabajando en una película.
[Dennis McLellan] Murió David Carradine, que se convirtió en un icono de la televisión a principio de los años setenta como el enigmático monje budista con facilidad para las artes marciales en ‘Kung Fu’ y más recientemente como el jefe de un grupo de asesinos en las películas ‘Kill Bill’. Fue encontrado muerto en Bangkok, Tailandia. Tenía 72 años.
Carradine fue encontrado el jueves, colgado en la suite de un lujoso hotel, según informó el diario tailandés The Nation en su página web, citando fuentes policiales no identificadas. El actor, que estaba en Bangkok para el rodaje de una película, no pudo ser contactado después de que no se apareciera para una cena con el equipo de filmación, dijo el diario.
Su cuerpo fue encontrado por una criada del hotel el jueves en la mañana.
Un agente de policía tailandés que está investigando la muerte del actor dijo a la Associated Press que el cuerpo desnudo de Carradine fue encontrado ahorcado en el clóset de su suite.
El diario tailandés informó que una investigación preliminar de la policía determinó que Carradine se colgó a sí mismo con un cordón de las cortinas y no había signos de que hubiesen intervenido terceros en su muerte.
Chuck Binder, que era el agente de Carradine, llamó a no concluir precipitadamente que el actor se había suicidado y enfatizó que su muerte estaba siendo investigada por la policía.
"Conozco muy bien a David", dijo Binder. "No creo que sea un candidato para el suicidio. Tenía familia. Tenía su vida. Era feliz. Esta película en Bangkok marchaba muy bien. Estaba trabajando en otras tres películas. Estaba de muy buen ánimo".
En una declaración al Times, Martin Scorsese, que conocía a Carradine desde que lo digiriera en la película ‘El tren de Bertha’ [Boxcar Bertha] en 1972, dijo que la muerte del actor le "entristecía profundamente".
"David era un gran colaborador, un actor muy talentoso, y una maravillosa persona", dijo.

Hijo del renombrado actor de carácter John Carradine, David Carradine trabajó en más de cien películas, incluyendo ‘El huevo de la serpiente’ [The Serpent’s Egg] (1977) de Ingmar Bergman.
También representó al cantante popular Woody Guthrie en ‘Esta tierra es mi tierra’ [Bound for Glory] (1976) de Hal Ashby y apareció con sus hermanos Keith y Robert en la película de vaqueros de 1980, ‘Forajidos de leyenda’ [The Long Riders].
Más recientemente fue el personaje del título como un samurai convertido en asesino en la saga de dos películas de Quentin Tarantino, ‘Kill Bill’ (2003 y 2004).
Sin embargo, Carradine siguió siendo conocido por ‘Kung Fu’, que transmitió el canal ABC de 1972 a 1975.
La serie -con episodios de una hora- mostraba a Carradine como el rapado Kwai Chang Caine, el hijo huérfano de un estadounidense y una mujer china que se había educado en un monasterio shaolin, donde su mentor ciego, Master Po, llamaba ‘Saltamontes’ a su joven pupilo.
Cuando Po es asesinado por el sobrino del emperador chino, Caine mata a este y huye al Oeste americano para evitar ser ejecutado.
La serie, por la que Carradine fue nominado a un Emmy, ayudó a popularizar las artes marciales en Occidente.
Pero en sus memorias ‘Spirit of Shaolin’, Carradine admitió que mientras hacía la serie "yo era un farsante".
"No sabía nada sobre kung fu", escribió. "En esa época no lo entendía en absoluto, y sólo pretendía que conocía los movimientos. Soy un actor. Simplemente pensábamos que teníamos una buena historia".
Carradine, sin embargo, estudió más tarde las técnicas y filosofía de las artes marciales y grabó una serie de videos instructivos.
Volvió para representar al nieto de su personaje original en la serie ‘Kung Fu’ en 1993-1996, en la serie sindicada ‘Kung Fu: La leyenda continúa’ [Kung Fu: The Legend Continues].
Un desconocido en Hollywood según su propia definición, Carradine gozaba de la reputación de lo que escritor de la Associated Press describió en 2004 como "un actor que estallaba rápidamente, bebedor y parrandero". Pero se dice que dejó la bebida en 1996 y discutía francamente su pasado de alcohol y drogas. Carradine dijo que había usado "un montón de drogas psicotrópicas".
Carradine, que apareció en la miniserie de televisión ‘North and South’ en 1985, trabajó generalmente en pequeñas películas independientes en las últimas décadas.
"Fue subvalorado como actor", dijo a Star-Ledger de Newark, Nueva Jersey, en 2004, Stacy Keach, amigo de Carradine de toda la vida con el que apareció en ‘Forajidos de leyenda’ y ‘Alerta roja, Neptuno hundido’ [Gray Lady Down]. "David es un gran practicante de los detalles, de los matices, que es donde reside el gran arte. Tenía una enorme imaginación y un punto de vista totalmente único sobre todas las cosas".
Carradine volvió al primer plano hace algunos años cuando Tarantino lo puso en el reparto de ‘Kill Bill’, con Uma Thurman.
"Actuar en ‘Kill Bill’ ayudó", dijo Carradine al Austin American-Statesman en 2005. "Hasta entonces todo el mundo me decía ‘Saltamontes’. Ahora todos me llaman ‘Bill’".
Tarantino, conocido por resucitar las carreras de actores veteranos, adaptó para Carradine el rol de Bill.
"David Carradine -Caine-, yo crecí con ese tío", dijo Tarantino antes del estreno de ‘Kill Bill: Vol. 1" en 2003. "Era tan chévere como Caine. Era siempre chévere. Y era todavía más chévere en ‘Kill Bill’. Él es Bill".
Su actuación en ‘Kill Bill: Vol. 2’ le reportó a Carradine una nominación a un Golden Globe como mejor actor secundario.
En una entrevista con el Baltimore Sun en 2004, mientras promocionaba ‘Kill Bill: Vol. 2’, Carradine dijo: "Nunca he estado satisfecho con nada en toda mi vida. Estoy en la seguridad social. Tengo mi pensión, y el hecho es que todavía estoy tratando de hacerme un hueco".

Nacido en Hollywood el 8 de diciembre de 1936, Carradine estudió teoría musical y composición en San Francisco State. Adquirió su interés por la actuación mientras escribía música para las revistas del departamento de teatro y se incorporó a una compañía de repertorio shakespeareano.
Carradine, que pasó dos años en el ejército a principio de los años sesenta, apareció en Broadway a mediados de los sesenta en ‘The Deputy’ y ‘The Royal Hunt of the Sun’.
En torno a esa época también apareció como actor invitado en algunas series de televisión como ‘Caravana’ [Wagon Train] y ‘El virginiano’ [The Virginian], y fue protagonista de la breve serie de vaqueros ‘Shane’, de 1966.
Le sobreviven su esposa Anne Bierman Carradine, y sus hijos.

Valerie J. Nelson contribuyó a este artículo.

13 de junio de 2009
5 de junio de 2009
©los angeles times 
[viene de mQh]

Cuando Miller Conoció a Marilyn


La vida del dramaturgo con Marilyn Monroe.
[Dwight Garner] Arthur Miller tenía 33 años y estaba en la cúspide de su carrera cuando, en 1951, vio por primera vez a Marilyn Monroe. Era el autor de ‘Todos eran mis hijos’ [All My Sons] y ‘Muerte de un vendedor’ [Death of a Salesman], la primera pieza que ganaría los tres premios de teatro más importantes del país (el Pulitzer, el Tony y el del Círculo de Críticos de Teatro de Nueva York). Pronto empezaría a trabajar en ‘Las brujas de Salem’ [The Crucible]. Ella tenía veinticuatro y, con apenas algunos papeles cinematográficos menores, era prácticamente desconocida.
La ocasión fue una fiesta en Hollywood en homenaje a Miller. Casado y padre de dos hijos, se quedó deslumbrado con el erótico escenario. Las mujeres se le ofrecían. Más tarde escribiría que no había "visto nunca el sexo tratado de modo tan casual como una recompensa al éxito".
Cuando llegó Monroe, se veía "casi ridículamente provocadora", metida en un vestido que era "descaradamente apretado, declarando antes que insinuando que había traído su cuerpo a la fiesta y que era el mejor que había en el salón". El director Elia Kazan captó "la deliciosa mirada de lascivia" en los ojos de Miller.
Miller y Monroe no se conocerían propiamente sino poco después, en el terreno de 20th Century Fox. Se atraían mutuamente. Para Monroe, conocerlo "fue como chocar contra un árbol", dijo. "Sabes, fue como un refresco cuando tienes fiebre". Pero Miller -alto, lincolnesco, faro de una probidad moral ahora en problemas- volvió a su vida y a su familia en Nueva York. Monroe se casaría pronto con Joe DiMaggio. No volvería a ver a Miller en varios años, y no se casarían sino en 1956.
La larga, extraña y elegíaca balada de Arthur Miller y Marilyn Monroe -que terminaría, en el caso de ella, en abortos, frascos de pastillas y una conducta cada vez más errática, y en el de él en una larga laguna en su carrera teatral- ocupa sólo algunos capítulos de ‘Arthur Miller, 1915-1962’, la nueva, sobria y gigantesca biografía de Christopher Bigsby. Pero son capítulos cruciales. El libro  avanza inexorablemente hacia la aparición de Monroe; su magnetismo succiona todo a su alrededor hacia ella, y rápidamente. La larga vida de Miller (1915-2005) puede ser dividida perfectamente entre A.M. y D.M. -antes y después de Marilyn.
La historia de Miller ya ha sido contada en su propia y amena autobiografía, ‘Timebends’, y más recientemente en la vigorosa y pendenciera biografía de Martin Gottfried, de 2003. Bigsby, un académico británico -la solapa se refiere a él como un "profesor de Estudios Americanos y director del Centro Arthur Miller de la Universidad de East Anglia"-, llega con materiales nuevos, especialmente cajas de documentos, incluyendo manuscritos inconclusos, puestos a su disposición antes de la muerte de Miller. Es un testigo más comprensivo que Gottfried de la vida de Miller, aunque algo más inclinado a los análisis culturales y literarios pedantes. Pero el esquema básico de la historia de Miller sigue siendo el mismo, y siempre tan fascinante.

El segundo de tres hermanos, Arthur Miller nació en el seno de una familia acomodada. Su padre, un emigrado judío de Polonia, era un poderoso y analfabeto hombre de negocios cuya compañía de ropa femenina empleaba a cerca de cuatrocientas personas y enviaba a vendedores a todo el país. La familia Miller vivía en East 110th Street en Manhattan; poseían una casa de verano en Far Rockaway, Queens; tenían chofer.
Todo se derrumbó. El padre de Miller había invertido fuertemente en la bolsa de valores y durante la Depresión perdió casi todo. La familia se marchó a Brooklyn, en lo que más tarde Miller llamó el territorio de Willy Loman. El adolescente Miller repartía pan todos los días a las cuatro de la mañana, antes de ir a la escuela, para ayudar a la familia.
Más interesado en los deportes que en el estudio, Miller ingresó a la Universidad de Michigan, donde empezó a escribir piezas de teatro y profundizó su interés en causas políticas radicales -un interés que lo llevaría a declarar ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas de la Cámara en 1956. (Miller había participado en reuniones del Partido Comunista, aunque dijo que nunca fue miembro; fue condenado por desacato al Congreso, un cargo desechado posteriormente, por negarse a mencionar a los otros asistentes).
Egresó de Michigan en 1938 y volvió a Nueva York, donde escribió radioteatro hasta que logró que sus trabajos más ambiciosos fueran puestos en escena. En 1940 se casó con su novia de la universidad, Mary Slattery. Su primera pieza representada en Broadway, ‘Un hombre con suerte’ [The Man Who Had All the Luck], fue destrozada por los críticos y cerró después de cuatro presentaciones. Tres años después, ‘Todos eran mis hijos’ [All My Sons] llegó a Broadway, derrotando a ‘El repartidor de hielo’ [Iceman Cometh], de Eugene O’Neill, al ganar el Premio del Círculo de Críticos de Teatro de Nueva York. Fue su despegue.
El libro de Bigsby está abarrotado de detalles picantes. Miller vivió brevemente en el mismo Brooklyn pardo rojizo que el joven Norman Mailer. (Mailer diría más tarde: "Sé que pensaba de mí que yo nunca iba a llegar a significar algo"). Miller escribió partes de ‘Muerte de un vendedor’ [Death of a Salesman] y ‘Las brujas de Salem’ [The Crucible] en verso. Escribió la primera parte de ‘Muerte de un vendedor’ una sola agotadora jornada. Estuvo a punto de titular como ‘Spirits’ a ‘Las brujas de Salem’. Veía a Dustin Hoffman, la estrella de un revival de 1984, como un Willy Loman "ligeramente dictatorial".
Bigsby, el comprensivo biógrafo, nos entrega una muestra de los severos críticos de Miller. Muchos veían su trabajo como programático. Mary McCarthy, por ejemplo, escribió que ‘Muerte de un vendedor’ "sufría" por la "insistencia en la universalidad" de Miller. (Bigsby se ha divertido con McCarthy, escribiendo sobre su rechazo de Eugene O’Neill: "Le fascinaba tanto que rodeó su trabajo como un murciélago lanzando chillidos agudos con la esperanza de que rebotara en alguna parte y se produjera un eco"). Hace zozobrar este libro del mismo modo que hizo zozobrar, durante un tiempo, la vida de Miller. Nos arrastra a todos, como a él. Es buen teatro.
Monroe venía saliendo de su infeliz matrimonio de nueve meses con DiMaggio. Miller se estaba preparando para declarar ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas de la Cámara, y su propio matrimonio se encontraba desde hacía bastante tiempo en problemas. Como el diabólicamente oportuno Kazan lo había dicho antes: "Se moría de ganas de alguna aventura sexual".
El público no aplaudió exactamente esta unión. Columnistas de chismes se obsesionaron, como lo dice Bigsby, con "el rojo encamado con la reina de las nieves de Estados Unidos". Mailer ironizó que "el Gran Cerebro Americano" había conocido al "Gran Cuerpo Americano".
Miller abandonaría su carrera para ayudarla con la suya, y pasó años trabajando en ‘Vidas rebeldes’ [The Misfits], dirigida por John Huston, para el que escribió el guión y que la tendría a ella como protagonista. Tuvo que ser hospitalizada y fue en esa época que tuvo su aventura con Yves Montand. La pareja se divorció en México en 1961; Miller se casaría con el fotógrafo de Magnum, Inge Morath, al que había conocido durante el rodaje.
Tras la muerte de Monroe en 1962, Bigsby en realidad levantó su enorme y ajetreada tienda. Miller siguió escribiendo importantes obras, como ‘Después de la caída’ [After the Fall] (1964), pero sus mejores trabajos estaban en el espejo retrovisor.

Libro reseñado
Arthur Miller, 1915-1962
Christopher Bigsby
Ilustrado
739 páginas
Harvard University Press
$35

10 de junio de 2009
2 de junio de 2009
©new york times
[viene de mQh]