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pan y cine y el santo

Murió Frederica Sagor Maas


Guionista de la era del cine mudo. Uno de sus guiones lanzó al estrellato a Clara Bow. Disgustada, Maas finalmente dejó el mundo del cine y escribió más tarde un irónico libro sobre la industria.


[Valerie J. Nelson] Como uno de los últimos vínculos con la era del cine mudo, Frederica Sagor Maas  escribió el guión de ‘The Plastic Age’, que lanzó la carrera de la actriz Clara Bow. Pero observó con horror que su serio tratamiento de las mujeres y el trabajo fue convertido en el frívolo musical ‘La extravagante señorita Pilgrim’ [The Shocking Miss Pilgrim], de 1947, con Betty Grable en un papel estelar.
Fue la última actuación de Maas.
Disgustada por la superficialidad de la industria, ella y su marido guionista contemplaron el suicidio antes de dejar el mundo del cine, escribió ella más tarde.
Para Maas, vivir una vida extremadamente larga fue la mejor venganza.
“Mi único consuelo es pensar que todos esos asquerosos están seis metros bajo tierra y yo todavía estoy aquí. Es una satisfacción, pero no una gran satisfacción”, dijo al San Francisco Chronicle en 1999.
Maas, que desde hacía mucho tiempo llamaba hogar a San Diego, fue la tercera californiana más longeva cuando murió el jueves a los 111 años, dijo el doctor Stephen Coles, del Grupo de Investigación Gerontológica, que confirmó su extrema vejez.
Le tomó diez años escribir sus memorias, ‘The Shocking Miss Pilgrim: A Writer in Early Hollywood’, publicadas cuando cumplía 99 años. El libro retrataba al joven Hollywood como despiadado e inmoral.
El libro de más de trescientas páginas gira sobre una carrera como guionista que empezó cuando tenía veintitrés en una industria en la que “mucha gente trabaja simplemente por el dinero” y contó historias sobre personajes famosos. El legendario productor Irving Thalberg estaba “muy, muy sobrestimado” y ella “nunca conoció a nadie” al que le gustara Louis B. Bayer.
Ella y su marido, Ernest Maas, sufrieron el robo de sus ideas y fueron víctimas de plagio, y estuvieron en la lista negra de la industria del cine después de ser acusados falsamente de ser comunistas, escribió.
“Su libro es quizás el mejor libro de memorias escandaloso sobre los primeros años de Hollywood”, dijo el historiador del cine, Alan K. Rode. “Era uno de los últimos vínculos vivos con el cine mudo, y su autobiografía es un registro irremplazable escrito desde la rara perspectiva de una mujer que vivió todas esas épocas”.
“Era sincera, y era divertida”, dijo, “y mantuvo ese tipo de ingenio y cinismo hasta pasados los cien años”.

Frederica Sagor nació el 6 de julio de 1900 en Nueva York y estudió periodismo en la Universidad de Columbia.
A los veinte fue contratada como asistente de editor en Universal Pictures en Nueva York. Cuando sus jefes –a los que más tarde llamó ‘chauvinistas’- se negaron a ayudarla a convertirse en guionista, se marchó a Hollywood. Tenía 23 años.
La academia de cine fue el teatro, donde miraba las producciones actuales una y otra vez para entender el “ritmo de las escenas”, contó a la Radio Nacional Pública en 1999.
A fines de los años veinte se casó con Ernest, que era su colega como guionista. Sus guiones para películas mudas incluyen los largometrajes de 1926, ‘El demonio y la carne’ [Flesh and the Devil], con Greta Garbo, y ‘Dance Madness’.
Maas tenía casi veinte créditos, incluyendo ‘La secretaria’ [His Secretary], en 1925, y ‘El sexo débil’ [The Waning Sex], al año siguiente. En ambas la estrella fue Norma Shearer, que fue una buena amiga de Maas hasta que le advirtió infructuosamente que no se casara con Thalberg.
“Me encantaba escribir, pero no ser guionista”, dijo Maas al San Diego Union.Tribune en 1999. “No te respeta nadie”.
Muchos de los guiones que ella y su marido escribieron entre 1938 y 1950 no fueron producidos nunca. Desesperados, humillados y sin dinero, la pareja condujo hasta una colina con vista a Hollywood con la intención de suicidarse en su Plymouth. Abrazados, empezaron a llorar y se dieron cuenta de que “ninguna de esas cosas importaban. Nos teníamos uno al otro”, escribió Maas, que no tenía hijos. Su marido murió en 1986.
Finalmente trabajó como agente de seguros y dijo que si tuviera que hacerlo de nuevo, preferiría ser “la señora del lavado”.
10 de enero de 2012
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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