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pan y cine y el santo

Murió Robert Prosky


Actor de amplio repertorio y versatilidad. A los 77.
[Douglas Martin] El lunes murió, en Washington, Robert Prosky, el corpulento actor de cara arrugada que después de veintitrés años de trabajo en un teatro regional se convirtió en un rostro familiar en Broadway, en películas y en series de televisión, especialmente como un ronco sargento en los últimos años de ‘Canción triste de Hill Street’ [Hill Street Blues]. Tenía 77 años.
La causa de su muerte fueron complicaciones de una operación al corazón, informó su hijo John.
Prosky -que fue nominado dos veces a los premios Tony por su trabajo en Broadway y apareció en populares películas, como ‘El mejor’ [The Natural] (1984), ‘Papá por siempre’ [Mrs. Doubtfire] (1993) y ‘Al filo de la noticia’ [Broadcast News] (1987)- personificaba la versatilidad de un consumado actor de carácter; en un año representó al director de la CIA, y al director de la KGB.

El instantáneo éxito de Prosky en la serie ‘Canción triste de Hill Street’ en 1984, como reemplazante del adorado sargento representado por Michael Conrad, que había muerto, reflejaba su agudeza en la actuación. Prosky creó un personaje totalmente nuevo, que combinaba la agresividad con una actitud defensiva y una inclinación hacia los accidentes ridículos. Esta persona cuidadosamente elaborada se convirtió en sinónimo de la frase típica del nuevo sargento: "Hagámoslo antes de que ellos nos lo hagan a nosotros".
El Sunday Mail, un diario londinense, dijo que la actuación de Prosky daba a la transición "la fluidez de un acto de magia de primera clase".
Prosky apareció en 220 piezas de teatro, 38 películas y cientos de series de televisión, desarrolló su oficio en el Arena Stage de Washington, un teatro regional admirado por su alcance y ambición. Todavía se recuerdan sus dos exquisitos retratos de Willy Loman en ‘Muerte de un vendedor’ [Death of a Salesman]. En 1980 Mel Gussow escribió en el New York Times que Prosky representaba "la certificación de la efectividad del movimiento teatral estadounidense en regiones".
Adoraba el escenario, tanto por su diversidad de roles como su estimulante urgencia. En una entrevista con The Washingtonian en 1993, dijo que "esa incertidumbre, ese vivir el momento, es la esencia del oficio de actor".
En 1982 rechazó el papel de Coach en ‘Cheers’ -y un buen montón de dinero- porque no podía soportar la idea de hacer el mismo papel durante los siete años especificados en el contrato. (El papel se lo dieron a Nicholas Colasanto).
Prosky apareció en medio docena de piezas en Broadway y fue nominado a los premios Tony por su papel como el vendedor charlatán de ‘Glengarry Glen Ross’ en 1984-1985 y como el negociador del desarme soviético en ‘A Walk in the Woods’ en 1988.
Su talento para retratar las emociones crudas fue sugerido en la reseña de Frank Rich de ‘Glengarry’ en The Times: "No hay color en la cara pastosa y boba -simplemente el abyecto terror de una vida en la que todas las palabras finalmente no significan nada porque es sólo el dinero lo que importa".
Este retrato reflejó la meticulosa preparación de Prosky. Él y otras estrellas entrevistaron a toda una gama de vendedores, desde la señora Fuller Brush a los ingeniosos operadores de refugios fiscales.

Robert Joseph Prosky nació como el hijo único de un tendero el 13 de diciembre de 1930 en lo que más tarde llamó el ‘gueto polaco’ en Filadelfia. Empezó a actuar en la escuela secundaria, aunque sacó su diploma en economía en la Temple University. Se enroló en la Fuerza Aérea, pero fue exento del servicio para que ayudara con la tienda de la familia cuando su padre murió repentinamente.
Mientras trabajaba en la tienda participó en el teatro amateur y ganó un torneo de talentos. Eso lo llevó a un curso de dos años en el American Theater Wing en Nueva York. Se inscribió en el Arena Theater y después solo trabajó como actor.
A los 49 empezó a actuar en películas cuando el director Michael Mann lo contrató para su película ‘Ladrón’ [Thief] (1981). En una entrevista con el Washington Post en 1992, Prosy dijo que "en una época en que se están cerrando la mayoría de las opciones para los hombres, las mías se están abriendo".
Apareció, entre otras, en películas como ‘Christine’ (1983); ‘Las cosas cambian’ [Things Change] (1988); ‘Rudy, reto a la gloria’ [Rudy] (1993); ‘Hoffa, un pulso al poder’ [Hoffa] (1992); y ‘Pena de muerte’ [Dead Man Walking] (1995). Parte de su enorme trabajo en televisión fue hacer de padre de Kirstie Alley en un episodio de ‘Cheers’ y en la serie ‘El secreto de Verónica’ [Veronica’s Closet].
En los últimos años Prosky se dedicó a hacer giras con sus dos hijos, John y Andrew, ambos actores, en ‘El precio’ [The Price], la pieza de Arthur Miller. Este año actuaron los tres en una presentación de la pieza en Washington.
Le sobreviven su esposa, la ex Ida Hove, antropóloga; otro hijo, Stefan, microbiólogo; y tres nietos.
Las capacidades de Prosky como actor estaban finamente elaboradas, como las plumas de madera que hacía como pasatiempo. Como personalidad, desaparecía en sus roles, diciendo a The Washingtonian que la gente en la calle se acercaba a él como si fuera "un primo al que no ven hace mucho tiempo, o algo parecido".
"A veces tengo que decirles que soy un actor", dijo. "Entonces repentinamente me encuentro en una ridícula posición, enumerando mis logros a completos desconocidos".

22 de diciembre de 2008
11 de diciembre de 2008
©new york times 
[viene de mQh]

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