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pan y cine y el santo

Sátira Que Muerde


[A.O. Scott] Y también los zombis.
Nada satisface tanto el apetito de alegoría como una película sobre zombis caníbales. De algún modo, el género, al menos tal como es practicado por sus maestros, tiene la capacidad de iluminar algunos brutales aspectos de la condición humana y sus disfunciones contemporáneas. No hay demasiadas películas recientes que estén a la altura de, por ejemplo, la crítica social emprendida por George Romero en su ciclo de ‘Los muertos vivientes' [Living Dead].
‘28 días después' [28 Days Later] y su nueva secuela, ‘28 semanas después' [28 Weeks Later], dirigida por Juan Carlos Fresnadillo, pueden no jugar en la liga de Romero, pero en sus mejores momentos se acercan a su característica combinación de horror espeluznante, impacto emocional y ácida sátira. Por supuesto hay bastantes mordiscos literales también, ya que las descarriadas criaturas conocidas como los infectados ansían la carne y sangre de sus antiguos vecinos.
Y también su carne y sangre metafóricas. La primera película, ambientada en los primeros días de una pandemia que casi extermina a la población de Gran Bretaña, seguía a una pequeña banda de desconocidos que se reunían y formaban una tribu improvisada. Esta vez, después de que la primera ola del virus pareciera debilitarse, se concentra en las familias y compañeros apartados y puestos unos contra otros por la paranoia, la confusión moral y el interminable conflicto entre el instinto de supervivencia y el sentido del deber. ‘28 semanas más tarde' gira sobre la crisis que sobrevendría en lo que serían sus secuelas.
El DVD de la película de Boyle tiene dos fines alternativos, una ligeramente más cómodo que el otro: La esperanzada conclusión (estrenada originalmente en teatros estadounidenses) resulta ser un delgado hilo, que lleva a una secuela más héctica y lúgubre de Boyle.
El guión (escrito por Rowan Joffe, Fresnadillo, E.L. Lavigne y Jesús Olmo, con Boyle y su frecuente colaborador Alex Garland a mano como productores ejecutivos) empieza con un terrible fracaso. Huyendo de un ataque zombi, Don (un demacrado y apropiadamente ansioso Robert Carlyle) abandona a su mujer, Alice (Catherine McCormack), para entregarse a un horrible y, aparentemente, inevitable destino.
Algunos meses después, es visto en la Zona Verde, un islote de seguridad en Londres controlado por las tropas invasoras estadounidenses dirigidas por el general Stone (Idris Elba). Allá, se reúne con sus hijos Andy (Mackintosh Muggleton) y Tammy (Imogen Poots), que venían de un viaje escolar a España durante el estallido inicial. Les miente sobre el destino de su madre, y su deshonestidad es castigada a su debido tiempo.
Esa escena con los soldados estadounidense patrullando la Zona Verde -¿veis lo que quiero decir con alegoría?- hacen que ‘'28 semanas más tarde' suene pesadamente actual. Pero como en toda buena fábula de ciencia ficción, las analogía que ofrece a la realidad contemporánea son más especulativas que obvias. La benevolencia inicial de la ocupación es bastante clara: un país destruido necesita recuperarse y proteger al resto de la población.
Es sólo cuando las cosas se escapan de las manos que queda en claro la brutalidad inherente de la situación, pero nuevamente aquí la película plantea intratables interrogantes antes que ganarse unos puntos fáciles. Para soldados y supervivientes por igual, sólo hay malas opciones, y hacer lo que parece correcto -salvar de las llamas a una ciudad abierta o rescatar a los niños de las bombas- resulta tener desastrosas consecuencias.
La primera película de Fresnadillo, el thriller en español ‘Intacto', lo mostró como un director con agilidad técnica y una inclinación decididamente filosófica. Aquí se piensa mientras se huye, cuando el derrumbe del orden se extiende en escenas de pánico y caos. Han sido a menudo editadas frenéticamente y apenas iluminadas como para dar miedo, y la mayor cantidad de morbo -los infectados cortados en pedazos por las astas de un helicóptero; cuerpos que explotan en sangre cuando son penetrados por las balas- no es suficiente para aumentar el horror.
El verdadero horror se produce en momentos más tranquilos, cuando unas tomas aéreas exploran los vacíos ecos de Londres, o cuando Tammy y Andy se escapan de la Zona Verde hacia la desolación circundante.
"Londres es mío", exclama Andy, y el claustrofóbico suspense del film es ocasionalmente aliviado por la sensación de aventura. La amenaza de muerte saca a relucir los impulsos más nobles, y los más egoístas. La cobardía de Don contrasta agudamente con el altruismo de algunos soldados norteamericanos: Scarlet (Rose Byrne), una oficial médico; Doyle (Jeremy Renner), un francotirador cuya conciencia se la gana; y, con algo más de reticencia, Flynn (Harold Perrineau), un piloto de helicóptero con fotos de sus hijos pegadas con cinta de pegar sobre las ventanillas.
‘28 semanas más tarde' no es para los débiles de corazón, ni tampoco de estómago. Es tan brutal y casi exhaustivamente aterradora como cualquier película de zombis. Es también refrescantemente inteligente, tanto en sus ideas como en sus técnicas. La última toma produjo un estallido de risas durante la proyección a la que fui yo, una reacción que me pareció tanto un reconocimiento de la astucia de Fresnadillo como una defensa contra su implacable rigor.
De todos modos, me alegró ver que mi vecino se reía, antes que masticarme el cuello. Ese nivel de horror va a tener que esperar por la siguiente secuela.

28 semanas más tarde
Dirección
Juan Carlos Fresnadillo Guión Rowan Joffe, Mr. Fresnadillo, E. L. Lavigne y Jesús Olmo Director de Fotografía Enrique Chediak Montaje Chris Gill Música John Murphy Diseño de Producción Mark Tildesley Producción Enrique López-Lavigne, Andrew Macdonald y Allon Reich Distribución Fox Atomic. Duración: 91 minutos.

Reparto
Robert Carlyle
(Don), Rose Byrne (Scarlet), Jeremy Renner (Doyle), Harold Perrineau (Flynn), Catherine McCormack (Alice), Mackintosh Muggleton (Andy), Imogen Poots (Tammy), Idris Elba (General Stone) y Emily Beecham (Karen).

22 de mayo de 2007
11 de mayo de 2007
©new york times
[viene de mQh ]

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